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Córdoba:
Condena al general Menéndez
Triunfo
que fortalece la pelea por el juicio y castigo
Por
Adrián Peryam
Sin duda el
jueves 24 de Julio del 2008 pasará a la historia. Ese día
será recordado como el día en que Mario Benjamín Menéndez
pasó por primera vez la noche en una cárcel común, en
cumplimiento de la sentencia de cadena perpetua en el juicio
que se le siguió por el secuestro, torturas y asesinato de
cuatro militantes del ERP.
Esta
condena histórica es el resultado de una larga lucha de más
de 30 años de familiares, trabajadores, jóvenes y de
organizaciones de derechos humanos y de izquierda que a lo
largo de estos años vinimos peleando y nunca bajamos los
brazos para llevar esto adelante y por eso la emoción de
todos los que asistimos a las puertas de los tribunales para
ver la sentencia. Pocas veces se pudo ver a distintas
generaciones festejando una condena de la forma en la que se
festejó la de este genocida. La sentencia se esperó con
ojos llorozos, puños apretados y al momento de leerse la
condena, muchos de esos puños trompearon al aire en señal
de alegría por el fallo.
Indudablemente,
poco creíbles resultan las lágrimas de aquellos que se
quieren adjudicar esto como un triunfo político del
gobierno, que si bien avanza en los juicios poco hace por
encarcelar a todos los genocidas, ya que hasta el momento sólo
encarcela a las caras más visibles de la represión. Las
lagrimas de Schiaretti resultan ridículas cuando vemos cómo
la policía cordobesa reprime movilizaciones, como la del
aumento del cospel, o toma medidas que perjudican a los
trabajadores como es la reforma previsional. Quiere lavarse
la cara, mostrándose satisfecho por el encarcelamiento de
estos ocho represores, pero nada hace para continuar con el
castigo a todos aquellos que participaron tanto en los
operativos militares, como los civiles y eclesiásticos que
colaboraron con los militares para llevar adelante el
genocidio.
Menéndez
no es un genocida más, era un militar con influencia política,
ligado siempre a los sectores de poder. El peso político
del ex titular del 3ª cuerpo no fue solamente durante la
dictadura, sino que también estuvo vinculado a los
sucesivos gobiernos de la Provincia durante las décadas de
los ’80 y los ‘90. Pero su alcance no se circunscribe
solamente a Córdoba, sino que su figura está asociada a la
represión en todo el noroeste argentino. Es la primera vez
en tantos años que se lo juzga, cuando fue detenido
anteriormente, se vio beneficiado por los decretos
menemistas.
Durante su
descargo antes de la sentencia, Menéndez hizo una clara
apología del genocidio perpetrado. Tuvo un largo discurso,
en el que reivindicó a las fuerzas represivas y expuso con
claridad la forma en la que se fue avanzando hacia el plan
de exterminio de la vanguardia y los luchadores, lo que deja
al desnudo la complicidad de todo un sector político y
social que entre otras cosas, creó como predecesora al
golpe a la Triple A, para “borrar del mapa” a todos
aquellos que se organizaban para la transformación de la
sociedad. Les recordó a los presentes que el primer decreto
para “aniquilar la subversión” había sido bajo el
gobierno democrático peronista a cargo de Isabel Perón y
de Ítalo Lúder. Indignante fue escucharlo hablar, pero dejó
marcada la complicidad de sectores civiles en el accionar
golpista y cómo éste se venía engendrando desde antes del
24 de marzo del ‘76.
Hoy, el
gobierno busca encarcelar a los referentes más importantes
de la dictadura, pero sin tocar un pelo del aparato
represivo del estado, que continúa vigente, y eso queda al
descubierto con la fuga del “Laucha” Corres en una
dependencia policial en Bahía Blanca, y con la desaparición
de Julio López, que continúa impune. Por eso, hoy más que
nunca, hay que luchar por el encarcelamiento de todos y
absolutamente todos los responsables del genocidio, tantos
civiles como militares, como así también de todos aquellos
que se anticiparon a los ellos, como fue la Triple A y por
el desmantelamiento represivo que sigue presente hoy y que
lo vemos funcionar en cada lucha de la clase obrera.
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