Socialismo o Barbarie, periódico Nº 132, 01/08/08
 

 

 

 

 

 

Córdoba: Condena al general Menéndez

Triunfo que fortalece la pelea por el juicio y castigo

Por Adrián Peryam

Sin duda el jueves 24 de Julio del 2008 pasará a la historia. Ese día será recordado como el día en que Mario Benjamín Menéndez pasó por primera vez la noche en una cárcel común, en cumplimiento de la sentencia de cadena perpetua en el juicio que se le siguió por el secuestro, torturas y asesinato de cuatro militantes del ERP.

Esta condena histórica es el resultado de una larga lucha de más de 30 años de familiares, trabajadores, jóvenes y de organizaciones de derechos humanos y de izquierda que a lo largo de estos años vinimos peleando y nunca bajamos los brazos para llevar esto adelante y por eso la emoción de todos los que asistimos a las puertas de los tribunales para ver la sentencia. Pocas veces se pudo ver a distintas generaciones festejando una condena de la forma en la que se festejó la de este genocida. La sentencia se esperó con ojos llorozos, puños apretados y al momento de leerse la condena, muchos de esos puños trompearon al aire en señal de alegría por el fallo.

Indudablemente, poco creíbles resultan las lágrimas de aquellos que se quieren adjudicar esto como un triunfo político del gobierno, que si bien avanza en los juicios poco hace por encarcelar a todos los genocidas, ya que hasta el momento sólo encarcela a las caras más visibles de la represión. Las lagrimas de Schiaretti resultan ridículas cuando vemos cómo la policía cordobesa reprime movilizaciones, como la del aumento del cospel, o toma medidas que perjudican a los trabajadores como es la reforma previsional. Quiere lavarse la cara, mostrándose satisfecho por el encarcelamiento de estos ocho represores, pero nada hace para continuar con el castigo a todos aquellos que participaron tanto en los operativos militares, como los civiles y eclesiásticos que colaboraron con los militares para llevar adelante el genocidio.

Menéndez no es un genocida más, era un militar con influencia política, ligado siempre a los sectores de poder. El peso político del ex titular del 3ª cuerpo no fue solamente durante la dictadura, sino que también estuvo vinculado a los sucesivos gobiernos de la Provincia durante las décadas de los ’80 y los ‘90. Pero su alcance no se circunscribe solamente a Córdoba, sino que su figura está asociada a la represión en todo el noroeste argentino. Es la primera vez en tantos años que se lo juzga, cuando fue detenido anteriormente, se vio beneficiado por los decretos menemistas.

Durante su descargo antes de la sentencia, Menéndez hizo una clara apología del genocidio perpetrado. Tuvo un largo discurso, en el que reivindicó a las fuerzas represivas y expuso con claridad la forma en la que se fue avanzando hacia el plan de exterminio de la vanguardia y los luchadores, lo que deja al desnudo la complicidad de todo un sector político y social que entre otras cosas, creó como predecesora al golpe a la Triple A, para “borrar del mapa” a todos aquellos que se organizaban para la transformación de la sociedad. Les recordó a los presentes que el primer decreto para “aniquilar la subversión” había sido bajo el gobierno democrático peronista a cargo de Isabel Perón y de Ítalo Lúder. Indignante fue escucharlo hablar, pero dejó marcada la complicidad de sectores civiles en el accionar golpista y cómo éste se venía engendrando desde antes del 24 de marzo del ‘76.

Hoy, el gobierno busca encarcelar a los referentes más importantes de la dictadura, pero sin tocar un pelo del aparato represivo del estado, que continúa vigente, y eso queda al descubierto con la fuga del “Laucha” Corres en una dependencia policial en Bahía Blanca, y con la desaparición de Julio López, que continúa impune. Por eso, hoy más que nunca, hay que luchar por el encarcelamiento de todos y absolutamente todos los responsables del genocidio, tantos civiles como militares, como así también de todos aquellos que se anticiparon a los ellos, como fue la Triple A y por el desmantelamiento represivo que sigue presente hoy y que lo vemos funcionar en cada lucha de la clase obrera.

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