|
Después
del conflicto “campo”-gobierno K
Retorna
la guerra entre las clases
A
lo largo del dilatado conflicto entre el gobierno y las
entidades del campo señalamos que dada la lógica patronal
de esta disputa, los platos rotos los pagaríamos los
trabajadores. Esto es lo que esta ocurriendo: un
brutal ajuste se está descargando sobre los
trabajadores.
Tanto
el gobierno K como los gobernadores y el conjunto de la
patronal están imponiendo escandalosas medidas antiobreras
y antipopulares como suspensiones, despidos, negativa a
la reapertura de paritarias, rebaja de jubilaciones, aumentos
de tarifas, etc.
El
caso más paradigmático de esta situación es el que se está
viviendo en el gremio del neumático: una lisa y
llana provocación empresaria. Una jugada que busca
mantener las condiciones de esclavitud laboral y aplastar la
experiencia independiente que se expande desde FATE al
conjunto del gremio por el expediente de producir
despidos en masa ¡en plena negociación paritaria!
Se
trata de 200 trabajadores arrojados a la calle (la flor y
nata del activismo), del rechazo a otorgar un aumento
salarial que no sea una burla grotesca (13% para este año y
el 15% recién en enero del 2009), de la cerrada negativa
a reincorporar a los cesanteados incluso luego de
dictada la conciliación obligatoria.
Se
rearma la Santa Alianza reaccionaria
Sin
embargo, a lo largo de los últimos meses también dijimos
otra cosa: que la clase obrera argentina no se iba a
dejar esquilmar tan fácilmente. Porque
la relativa recuperación del nivel de vida, empleo y
organización de los últimos años –subproducto de la
rebelión popular del 2001– no podrá ser borrada de un
plumazo sin pasar por la prueba de durísimas peleas de
resistencia.
Esto
es lo que está comenzando a ocurrir: el importante
incremento en la conflictividad social como producto del
ajuste económico puesto en marcha bajo la batuta del
gobierno K. Ajuste económico que cuenta con la abierta complicidad
no sólo de las patronales de la industria sino de quien
hasta ayer mismo era su supuesto “oponente”: las
patronales del campo (“chacareros” de la FAA incluidos)
y el conjunto de la oposición política capitalista.
Cuando se trata de atacar a los trabajadores, no tienen
empacho en rearmar su Santa Alianza reaccionaria antiobrera
y antipopular.
Por
ejemplo, ya es un secreto a voces que se viene el incremento
de todas las tarifas: transporte, luz, gas,
combustibles, etc. Aumentos que impactarán de lleno sobre
la inflación, aun a pesar de que habría una “meseta”
en el alza debido al enfriamiento (reducción del
ritmo de crecimiento) de la economía, que ya comenzó y está
dando lugar a las actuales suspensiones y despidos.
De
la pelea entre los de arriba estamos pasando entonces a un
momento marcado por el retorno de una durísima guerra de
clases entre esta Santa Alianza (gobierno K, patronales,
instituciones de la “democracia” y burocracias de todos
los colores) y los distintos sectores de trabajadores que
comienzan a dar pelea (neumático, docentes de la provincia
de Buenos Aires, estatales de Córdoba, etc.).
Y
lo que estamos viviendo en el neumático es la lucha
de un importantísimo sector del proletariado industrial que
ya pinta como para escribir una de las páginas más
gloriosas de la historia de la clase obrera de los últimos
años, y que hay que disputar con uñas y dientes para
ganarla.
El
salario del miedo
La
decisión de Cristina K de quedarse (luego de los amagues de
renuncia) significa su aceptación de que hará el “trabajo
sucio” que le está pidiendo el conjunto de la
patronal. Es decir, buscar las vías para que los
trabajadores paguemos el altísimo precio de la crisis. Por
esto mismo, ya está a la cabeza de un brutal ajuste económico.
No hay que dejarse engañar: los K están implementando
este escandaloso ajuste pero buscando mantener las formas
típicas del matrimonio presidencial. Es decir, enmascarándolo
detrás de palabras y gestos vacíos.
Es
exactamente lo ocurrido con el show del Consejo del Salario
Mínimo. El inicio de la semana estuvo marcado por el
anuncio con bombos y platillos del acuerdo alrededor del mínimo.
Ríos de tinta se escribieron acerca de una puesta en escena
que tuvo más de maniobra que de cualquier otra cosa.
Porque
el “universo” de trabajadores que abarca este
“aumento” no va más allá de, a lo sumo, 300.000
trabajadores. Se trata de aquellos sectores que están en
blanco pero fuera de los convenios que abarcan las
paritarias. Para ellos, el mínimo aumento de 980 a 1200
pesos (más ¡40! a fin de año) no deja de ser una
escandalosa miseria cuando la canasta básica bordea los
3000 pesos o más.
Se
trata de una medida que implica dos maniobras simultáneas.
Por un lado, el Consejo de Salario Mínimo se viene
reuniendo al final de la ronda de paritarias. Por lo tanto,
lo que se busca en el actual acuerdo entre
gobierno-empresarios-CGT-CTA es certificar la no
reapertura de las paritarias, que es un clamor en los
lugares de trabajo ante la escalada inflacionaria.
Simultáneamente,
existe una trampa más siniestra: en nuestro país permanece
como un dato estructural impuesto por los patrones en
la década del ’90 (y legitimado por el gobierno K) el
hecho de que prácticamente el 45% de la fuerza de trabajo
permanece en negro. No sólo ninguna medida efectiva ha
sido tomada frente a esta realidad, sino que, ex profeso, el
salario mínimo acordado en nada obliga a las patronales
que emplean trabajadores en negro a tomar esta miserable
cifra como el piso de los salarios que pagan, los que, créase
o no, rondan en promedio la irrisoria cifra de 600 pesos
mensuales. Para no hablar de los casi dos millones de
trabajadores que siguen desocupados (o subocupados), y cuyos
planes sociales –para la minoría que los recibe– siguen
clavados en la vergonzosa cifra de 150 pesos.
La
nota de color estuvo dada por las entidades del agro. Aunque
tratando de disimular, estaban sentadas –como
corresponde– del lado patronal en el Consejo. Y
junto con los demás capitalistas, Tomada y los burócratas
de la CGT, votaron el aumento miserable del mínimo a
1200 pesos.
Para
colmo de colmos, y vergonzosamente, su voto fue puramente testimonial,
porque en realidad el peón rural se rige por otro convenio
–heredado de la dictadura militar– que fija un salario mínimo
aun menor que el urbano. En este sentido, las
declaraciones de Silvio Corti, de la FAA (no de la oligárquica
Sociedad Rural o de la CRA), no tienen desperdicio: “El
reclamo es justo, pero hay que consensuar bien las cifras.
Los productores vinculados a la agricultura intensiva están
en condiciones de afrontar las subas, pero la ganadería está
en una crisis tal que un incremento complicaría los números.
Ojalá pudiéramos dar el aumento, pero el problema es que
la producción no vale, nos mantienen los precios por debajo
de los costos”. Es decir, el típico lamento de todas
las patronales que en este mundo capitalista hay.
Y
para la antología del cinismo están las
declaraciones de Gerónimo Venegas, secretario general de la
UATRE. Después de haber apoyado incondicionalmente el lock
out agrario patronal, viene a decir que: “los
jornaleros fueron los grandes perjudicados en el conflicto”.
¡Chocolate por la noticia! Que tome nota de esto la
capituladora “izquierda campestre”, que no ha tenido
empacho en proclamar como un “triunfo popular” el
triunfo archi-reaccionario de las patronales agrarias, que
ahora se descarga bajo la forma de ajustazo sobre todos los
trabajadores del país.
Estallido
en Córdoba
Para
completar la maniobra distractiva, el gobierno K
acaba de anunciar un proyecto de “movilidad
jubilatoria”: se trataría de dos aumentos por año (a
partir del 2009) pero no comenzando por un sustancial
incremento de los mínimos ni indexado por inflación, sino
sobre la base del miserable piso de los increíbles 690
pesos que rigen hoy.
Es
decir, bajo el gobierno de los K y del conjunto de la
oposición patronal (en las provincias), los jubilados sólo
pueden esperar seguir viviendo sus últimos años en la
miseria.
Esto
es lo que produjo el estallido cordobés de los últimos días.
Su gobernador, el pro-campo Schiaretti (connotado miembro de
una oposición patronal que abarca desde Macri hasta Vilma
Ripoll), descargó una lisa y llana reducción de las
jubilaciones (y no sólo para las mayores de 5.000
pesos, como miente el Grupo Clarín).
Que
el universo de trabajadores abarcados en este saqueo es
inmenso lo vino a reflejar la multitudinaria movilización
de los estatales provinciales, escandalosamente
reprimida como forma de facilitarle el trabajo sucio a la
Legislatura provincial, que ni lerda ni perezosa votó a
favor de este robo a los trabajadores. No trata sóo de
Schiaretti: otros gobernadores –tanto K como pro campo-,
están planificando medidas de ajuste presupuestario por el
estilo. Para no hablar de que las patronales están
remarcando los precios sin ningún tipo de control por parte
del gobierno, mientras las paritarias permanecen cerradas
bajo siete llaves.
Consigna
oficial: que la experiencia de FATE no se extienda
Esta
coyuntura post conflicto campo-gobierno K no esta sólo
caracterizada por el enfriamiento económico y el ajuste: está
despuntando una ola de luchas y reclamos obreros de
importancia. Entre ellas hay una pelea en particular que
tiene todas las características que la caracterizan como el
caso testigo del momento: la pelea de los obreros del
neumático por el salario, contra los despidos y en
defensa del activismo y el Cuerpo de Delegados y Ejecutiva
de FATE.
Aquí
están en juego dos aspectos entrelazados. Por una parte, la
patronal del neumático (Madanes y las patronales
multinacionales japonesas e italianas) están jugadas a mantener
a rajatabla las brutales condiciones de explotación y
miseria salarial que conquistaron en los 90. Quincenas
que en muchos casos no alcanzan los 700 pesos (horas extras
y jornadas “normales” de 12 horas incluidas, como en
Pirelli), turnos continuos de trabajo sin fines de semana
(en todas las plantas) y otras condiciones de esclavitud
laboral que despiertan la envidia de otros sectores
patronales es una parte de lo que esta en juego. De ahí la
vergonzosa situación de que mientras el SUTNA todavía no
hay firmado su paritaria (y ya tiene encima 200 despidos),
por abajo se está exigiendo la “reapertura” (mas
allá de la cerrada negativa de la CGT y el CTA) de los
convenios firmados meses atrás.
Pero
hay otro componente de importancia estratégica: una
parte creciente del gremio no soporta más la dirección
traidora de Pedro Wasiejko, entregador del viejo convenio
durante los 90 y organizador sistemático de derrotas y
entregadas.
Por
eso, contra viento y marea, está avanzando la Lista Marrón.
Experiencia que desde FATE amenaza con extenderse a
Pirelli y Firestone. Una experiencia marcada por la
intransigente independencia de la patronal y la democracia
de las bases, y que ya le está ya disputando en los hechos la
dirección de todo el gremio, configurando un hecho casi
sin precedentes cercanos y realmente revolucionario en el
proletariado industrial argentino.
Esto
es lo que explica que la respuesta de la patronal haya sido
tan brutal, así como también la casi abierta complicidad
de la dirección del SUTNA. Es que en plena negociación
paritaria ha montado la provocación de producir despidos
en masa, echando –hasta el momento y en varias
tandas– casi 200 trabajadores de las tres plantas (los
que ahora, conciliación obligatoria mediante, revisten la
figura de “licenciados”).
Una
provocación en toda la línea porque, formalmente, la
medida fue tomada contra el paro legal de 48 horas que se
cumplió a mediados de julio, paro que fue convocado por la
propia dirección del SUTNA (bajo la presión de las bases
del gremio), sindicato que lógicamente tiene personería
gremial y está autorizado legalmente a convocar a medidas
de fuerza.
Rebelión
obrera en el neumático
Así,
la patronal del neumático pretende imponer al activismo y
todos los trabajadores del gremio una derrota categórica
al estilo de la del Casino de Buenos Aires a comienzos de
este año, preparándose para una lucha durísima,
larga, de desgaste, desconociendo en los hechos una
conciliación obligatoria que buscan –en lo que dependa de
ellos– que no tenga ningún efecto práctico. Sólo han
aceptado que los despedidos se transformen en
“licenciados”, permaneciendo fuera de las plantas.
Los
trabajadores del neumático se enfrentan entonces con una
patronal que, rodeada de la misma Santa Alianza que
enfrentamos en oportunidad de la lucha del Casino, busca
imponerle una derrota histórica a la base obrera, y que
cuenta con esto con un arco de complicidades que va desde
el gobierno K hasta la propia dirección del SUTNA.
Un
gobierno K que busca congraciarse nuevamente con las
patronales industriales luego de las “arengas” de su
esposo. Y una dirección del SUTNA que, con más “doble
juego” que la de los gremios portuarios y ALEARA en
oportunidad del conflicto del Casino, busca “calmar las
aguas” del cuestionamiento que sufre desde las bases siendo
cómplice de una eventual dura derrota del activismo y la
Marrón.
Pero
hay que señalar de manera absolutamente categórica: ¡el
neumático no es el Casino! Se trata de un gremio que
abarca tres de las fábricas más importantes del país.
Un gremio industrial con una nueva generación obrera que
está recuperando –de manera creciente aunque todavía
desigual– los métodos de lucha de la mejor tradición
de la clase obrera.
Esto
lo hemos vivido en estos últimos días en jornadas
realmente históricas: ocupación parcial de las plantas
como en Pirelli, organización para hacer entrar a los
despedidos “licenciados” a la cabeza de cada turno como
en FATE, elementos de confraternización entre las bases de
las tres fabricas, incipientes elementos de coordinación
entre la Marrón y el activismo de Pirelli y una disputa más
o menos abierta por la dirección del conjunto del gremio.
En
síntesis: la Santa Alianza enfrenta una creciente rebelión
obrera de la base del neumático que, a pesar de la
brutalidad del ataque en curso, no le va a resultar tan fácil
derrotar.
Por
una campaña de masas de fondo de huelga
En
lo inmediato la situación es la siguiente: se arrancó una
conciliación pero las patronales no la están acatando y el
gobierno K no hará nada para que esto cambie. En Firestone,
la traidora dirección de Wasiejko ha aceptado como un hecho
consumado que los despedidos permanezcan fuera de la planta
en calidad de “licenciados”. En Pirelli se dio una heroica
pelea, logrando que ingresaran y permanecieran dentro de
planta a lo largo de casi media jornada. En el caso de FATE,
y no casualmente, orgullosamente en cada turno se ha
logrado el ingreso con los despedidos-licenciados a la
cabeza, y la situación permanece así al cierre de esta
edición.
Ahora
mismo hay que aprovechar las semanas que vienen para organizar
una campaña de masas de fondo de huelga, sostener la
organización de los despedidos de Pirelli, mantener adentro
de planta a los de FATE, imponerle a la burocracia la
Asamblea General del gremio (como exigió toda la base en
oportunidad del acto el miércoles pasado) y prepararse
para volver a salir con todo a la lucha cuando termine la
conciliación.
El
comité de apoyo en el SUTNA San Fernando puede cumplir un
papel de inmensa importancia también como ámbito de
coordinación efectiva, proyectando la experiencia de
FATE como bandera para todos los sectores en lucha, tanto en
la disputa por la dirección del gremio como en su carácter
de uno de los puntos de referencia más importantes en la
recomposición de la vanguardia de la clase obrera
argentina.
Pero
para esto, la tarea ordenadora de todo es que la lucha del
neumático se gane, que entren todos los despedidos, que
se logre el aumento del 35% y que se consolide así la Marrón.
Para
las corrientes que nos consideramos socialistas
revolucionarias no puede haber hoy tarea más importante que
ésta, y así lo entendemos desde el nuevo MAS.
Nuestro partido está dejando toda otra cuestión de lado en
la tarea por lograr que esta lucha –en la que tenemos una
importante y muy exigente responsabilidad– se salde con un
triunfo estratégico.
¡Adelante
compañeros, a ganar!
|