Socialismo o Barbarie, periódico Nº 131, 17/07/08
 

 

 

 

 

 

La ruptura entre Moyano y Barrionuevo no beneficia a los trabajadores.

CGT-Azul y Blanca: un nuevo “engañapichanga”

Por Oscar Alba

El 8 de julio el gastronómico Luis Barrionuevo se fue de la CGT. Luego de que Hugo Moyano fuera elegido nuevamente secretario general de la central sindical.

Los tironeos entre los burócratas, por la conducción de la CGT, venía desde hacía tiempo. La necesidad del gobierno de Cristina K de contar con una CGT que le fuera uno de sus puntos de apoyo para imponer su política salarial y de superexplotación a los trabajadores hacía que la puja interburocrática se fuera profundizando. Pero será el conflicto entre el gobierno y el campo lo que va a detonar, aunque sea indirectamente, esta ruptura. La crisis política abierta por dicho conflicto provocó en el peronismo una nueva alineación de fuerzas en donde los sectores de la derecha peronista encabezada por Duhalde comenzaron a reagruparse contra la figura del ex presidente Néstor Kirchner, actual titular del Partido Justicialista. Esta fractura en el bloque de la burocracia sindical peronista es parte de la situación al interior del Partido Justicialista.

El gobierno debió esforzarse para lograr acuerdos con los principales dirigentes sindicales con el fin de ubicar al camionero Moyano nuevamente al frente de la CGT. Así tuvo que conceder la secretaría adjunta a la UOM, encabezada por Antonio Caló, a su vez un hombre cercano al jefe de gabinete Alberto Fernández. La fracción de Barrionuevo si bien nuclea a un poco más de cincuenta gremios es de poca envergadura. Ya que son gremios menores entre los cuales los principales son plásticos y trabajadores de estaciones de servicio. De todas maneras el entramado burocrático poco importa a los intereses de los trabajadores. Sobretodo porque la burocracia sindical peronista ya nos tiene acostumbrados a los menesteres de las rupturas. Rupturas que nunca llegan a ser definitivas ya que son para preservarse mejor en los  sillones de los sindicatos.

La historia vuelve a repetirse

El movimiento obrero ha vivido a lo largo de los últimos cuarenta años, muchas fracturas sindicales. Sin embargo, esto no significó dar pasos hacia la perspectiva de una dirección independiente y combativa unificada. En 1968 durante el gobierno del general Ongania, la burocracia sindical peronista se dividía entre los "participacionistas” que buscaban acercarse al gobierno militar y que tenían como referente al metalúrgico Augusto T. Vandor; y el sector más “independiente” entre los que se contaba el ferroviario Lorenzo Pepe. Este impulsó, en el Congreso normalizador cegetista del 29 de marzo de 1968 a Raimundo Ongaro, dirigente de los gráficos, que tenía un perfil más combativo. El sector vandorista impugnó el Congreso y se partió la CGT. Ongaro y otros gremios chicos formaron la CGT de los Argentinos que acercó a grupos de izquierda encandilados por la retórica combativa y la amplitud de Ongaro. No obstante, si bien la CGT de los Argentinos se acercó a las luchas que preanunciaban al Cordobazo del ’69, no llegó a convertirse en una real alternativa de dirección obrera. Entre otras cosas porque Ongaro, quien fuera perseguido y encarcelado, nunca llamó a los trabajadores a romper con la loza de la conciencia peronista.

Durante la dictadura militar de Videla también el dirigente cervecero Raúl Ubaldini encabezó una división que se conoció como la CGT-Brasil y en abril de 1977 llamó a un paro general. No obstante Ubaldini siempre fue parte de los famosos “cuerpos orgánicos” de la casta sindical. 

Hugo Moyano surgió como dirigente en Mar del Plata y fue parte de la nefasta Juventud Sindical Peronista, un engendro de matones y burócratas que en los `70 se enfrentaba a la izquierda peronista y a los sectores combativos y clasistas.  En el 2000 provocó una ruptura cegetista. Por aquel entonces Rodolfo Daer, del gremio de la Alimentación, encabezaba la central sindical. Durante el período menemista, Moyano se ubicó como opositor al gobierno nacional y formó lo que se conoció como Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA). Y en las elecciones nacionales del 2003 apoyó la candidatura presidencial de Adolfo Rodríguez Saá. Con este “currículum” en su haber llegó, unificación mediante, a la secretaría general de la CGT en el 2004.

Luis Barrionuevo, a su vez, fue uno de los principales dirigentes aliados al gobierno de Menem y hoy se ubica junto a Duhalde y se abrazó hace pocos días con Mario Llambías, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas y con Hugo Biolcati, vicepresidente de la Sociedad Rural, para manifestarle su apoyo a los ruralistas.

Construir una verdadera alternativa obrera

Los trabajadores no pueden esperar nada bueno de esta fractura sindical. Para muestra bastan las declaraciones del flamante secretario adjunto de la CGT moyanista. Sobre el congreso sindical expresó: “Estoy seguro que se abre para la CGT una etapa más democrática y una muestra fue este Congreso”.  Es bueno saber que el dueño de esta frase es Juan Belén de 70 años y quien fuera durante treinta años, de 1974 al 2004, dirigente de la UOM de Avellaneda. Toda una vida dedicada... a probar sillones bien mullidos. El  Congreso fue totalmente ajeno a los trabajadores. Y el nacimiento de la CGT-Azul y Blanca ha sido esencialmente superestructural, es decir que la base obrera no ha tenido ninguna participación y el reclamo que hace Barrionuevo de un aumento salarial y de las asignaciones familiares, no es más que una de las típicas bravuconadas burocráticas que nunca llegan a buen puerto.

El movimiento obrero está sufriendo las consecuencias del conflicto gobierno-ruralistas y la inflación sigue derritiendo los salarios y empeorando las condiciones laborales. El movimiento obrero no es “una olla a presión” como dice Néstor Pitrola (Prensa Obrera, 10/7/08) y aún no logrado romper el acuerdo salarial del gobierno, la patronal y la burocracia.  Hay que decirles ¡basta! a estos burócratas corruptos hasta la médula. Se impone entonces trabajar en el sentido de recomponer y reorganizar al movimiento obrero en forma democrática y desde abajo para que en la pelea por las reivindicaciones inmediatas se forje una verdadera dirección obrera.