|
La ruptura entre
Moyano y Barrionuevo no beneficia a los trabajadores.
CGT-Azul
y Blanca: un nuevo “engañapichanga”
Por
Oscar Alba
El 8 de julio el gastronómico Luis Barrionuevo se fue de la CGT. Luego
de que Hugo Moyano fuera elegido nuevamente secretario
general de la central sindical.
Los tironeos entre los burócratas, por la conducción de la CGT, venía
desde hacía tiempo. La necesidad del gobierno de Cristina K
de contar con una CGT que le fuera uno de sus puntos de
apoyo para imponer su política salarial y de superexplotación
a los trabajadores hacía que la puja interburocrática se
fuera profundizando. Pero será el conflicto entre el
gobierno y el campo lo que va a detonar, aunque sea
indirectamente, esta ruptura. La crisis política abierta
por dicho conflicto provocó en el peronismo una nueva
alineación de fuerzas en donde los sectores de la derecha
peronista encabezada por Duhalde comenzaron a reagruparse
contra la figura del ex presidente Néstor Kirchner, actual
titular del Partido Justicialista. Esta fractura en el
bloque de la burocracia sindical peronista es parte de la
situación al interior del Partido Justicialista.
El gobierno debió esforzarse para lograr acuerdos con los principales
dirigentes sindicales con el fin de ubicar al camionero
Moyano nuevamente al frente de la CGT. Así tuvo que
conceder la secretaría adjunta a la UOM, encabezada por
Antonio Caló, a su vez un hombre cercano al jefe de
gabinete Alberto Fernández. La fracción de Barrionuevo si
bien nuclea a un poco más de cincuenta gremios es de poca
envergadura. Ya que son gremios menores entre los cuales los
principales son plásticos y trabajadores de estaciones de
servicio. De todas maneras el entramado burocrático poco
importa a los intereses de los trabajadores. Sobretodo
porque la burocracia sindical peronista ya nos tiene
acostumbrados a los menesteres de las rupturas. Rupturas que
nunca llegan a ser definitivas ya que son para preservarse
mejor en los sillones de los sindicatos.
La historia vuelve a repetirse
El movimiento obrero ha vivido a lo largo de los últimos cuarenta años,
muchas fracturas sindicales. Sin embargo, esto no significó
dar pasos hacia la perspectiva de una dirección
independiente y combativa unificada. En 1968 durante el
gobierno del general Ongania, la burocracia sindical
peronista se dividía entre los "participacionistas”
que buscaban acercarse al gobierno militar y que tenían
como referente al metalúrgico Augusto T. Vandor; y el
sector más “independiente” entre los que se contaba el
ferroviario Lorenzo Pepe. Este impulsó, en el Congreso
normalizador cegetista del 29 de marzo de 1968 a Raimundo
Ongaro, dirigente de los gráficos, que tenía un perfil más
combativo. El sector vandorista impugnó el Congreso y se
partió la CGT. Ongaro y otros gremios chicos formaron la
CGT de los Argentinos que acercó a grupos de izquierda
encandilados por la retórica combativa y la amplitud de
Ongaro. No obstante, si bien la CGT de los Argentinos se
acercó a las luchas que preanunciaban al Cordobazo del
’69, no llegó a convertirse en una real alternativa de
dirección obrera. Entre otras cosas porque Ongaro, quien
fuera perseguido y encarcelado, nunca llamó a los
trabajadores a romper con la loza de la conciencia
peronista.
Durante la dictadura militar de Videla también el dirigente cervecero
Raúl Ubaldini encabezó una división que se conoció como
la CGT-Brasil y en abril de 1977 llamó a un paro general.
No obstante Ubaldini siempre fue parte de los famosos
“cuerpos orgánicos” de la casta sindical.
Hugo Moyano surgió como dirigente en Mar del Plata y fue parte de la
nefasta Juventud Sindical Peronista, un engendro de matones
y burócratas que en los
`70 se enfrentaba a la izquierda peronista y a los sectores combativos
y clasistas. En
el 2000 provocó una ruptura cegetista. Por aquel entonces
Rodolfo Daer, del gremio de la Alimentación, encabezaba la
central sindical. Durante el período menemista, Moyano se
ubicó como opositor al gobierno nacional y formó lo que se
conoció como Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA). Y
en las elecciones nacionales del 2003 apoyó la candidatura
presidencial de Adolfo Rodríguez Saá. Con este “currículum”
en su haber llegó, unificación mediante, a la secretaría
general de la CGT en el 2004.
Luis Barrionuevo, a su vez, fue uno de los principales dirigentes
aliados al gobierno de Menem y hoy se ubica junto a Duhalde
y se abrazó hace pocos días con Mario Llambías,
presidente de Confederaciones Rurales Argentinas y con Hugo
Biolcati, vicepresidente de la Sociedad Rural, para
manifestarle su apoyo a los ruralistas.
Construir una verdadera
alternativa obrera
Los trabajadores no pueden esperar nada bueno de esta fractura
sindical. Para muestra bastan las declaraciones del flamante
secretario adjunto de la CGT moyanista. Sobre el congreso
sindical expresó: “Estoy seguro que se abre para la CGT
una etapa más democrática y una muestra fue este
Congreso”. Es
bueno saber que el dueño de esta frase es Juan Belén de 70
años y quien fuera durante treinta años, de 1974 al 2004,
dirigente de la UOM de Avellaneda. Toda una vida dedicada...
a probar sillones bien mullidos. El
Congreso fue totalmente ajeno a los trabajadores. Y
el nacimiento de la CGT-Azul y Blanca ha sido esencialmente
superestructural, es decir que la base obrera no ha tenido
ninguna participación y el reclamo que hace Barrionuevo de
un aumento salarial y de las asignaciones familiares, no es
más que una de las típicas bravuconadas burocráticas que
nunca llegan a buen puerto.
El movimiento obrero está sufriendo las consecuencias del conflicto
gobierno-ruralistas y la inflación sigue derritiendo los
salarios y empeorando las condiciones laborales. El
movimiento obrero no es “una olla a presión” como dice
Néstor Pitrola (Prensa Obrera, 10/7/08) y aún no logrado
romper el acuerdo salarial del gobierno, la patronal y la
burocracia. Hay que decirles ¡basta! a estos burócratas corruptos hasta
la médula. Se impone entonces trabajar en el sentido de
recomponer y reorganizar al movimiento obrero en forma
democrática y desde abajo para que en la pelea por las
reivindicaciones inmediatas se forje una verdadera dirección
obrera.
|