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El
nuevo mas
ante el debate político nacional
La Carpa Roja en el Congreso
Después de llamados infructuosos para que sea una
iniciativa común al resto de las organizaciones de
izquierda que levantan –aun con inconsecuencias– una postura independiente en el conflicto
entre el gobierno y las entidades ruralistas, el nuevo mas
decidió hacerse presente en la Plaza de los Dos Congresos
para hacer oír una voz distinta. Una voz que denuncie tanto
a la pérfida patronal oligarca disfrazada de “humildes
productores” como a un gobierno que no para de mentir
sobre la “redistribución de la riqueza”, ocultando que
las principales beneficiarios de las retenciones a los ricos
del campo son… otros ricos. Una voz que defienda los
intereses de la mayoría absoluta de la población: los
trabajadores de la ciudad y del campo, los asalariados, los
desocupados, los sectores pobres urbanos, los jubilados…
Porque son ellos los que en definitiva van a pagar la
factura del conflicto, a menos que empiecen a intervenir con
sus propias luchas y reclamos.
El objetivo de la Carpa Roja es muy sencillo:
mostrar que es posible y necesaria la aparición en el
escenario de la crisis de un “tercer actor”, el
movimiento obrero, aunque hoy esté contenido por las
burocracias de la CGT y la CTA. En tanto, es un deber
impostergable de toda la izquierda revolucionaria agotar los
esfuerzos e instancias para llegar a la población con un
punto de vista independiente de los dos bandos capitalistas,
en defensa de los verdaderos intereses de la clase
trabajadora y los sectores populares.
No bien Kristina anunció el envío del proyecto de
ley sobre las retenciones al Congreso, las entidades
patronales ruralistas (¡basta de hablar del “campo”!)
se dispusieron a armar el lobby correspondiente. Esto incluía
tanto “aprietes” a legisladores de las provincias como
montar una carpa oligarca (perdón, de los pobrecitos
productores con las manos sucias de tierra) frente al
Congreso.
Inmediatamente, los alcahuetes K, en primer lugar
los ex piqueteros -hoy fuerza de choque “social” del
gobierno-, quisieron arruinar la maniobra instalando no una,
sino seis carpas oficialistas. Los ruralistas, de todos
modos, armaron su “carpa verde” con el apoyo de los maoístas
del PCR, la inefable Vilma Ripoll y cuanto reaccionario
derechista pulula por ahí, con actividades tan interesantes
como misas, shows folclóricos y ramplonas demostraciones de
nacionalismo berreta (faltaba Rimoldi Fraga cantando “¡Argentino
hasta la muerte!”).
Hasta ahí, la insoportable cantinela de estos
meses: los “luchadores”-funcionarios disfrazados de
representantes de los pobres versus los dueños de la tierra
disfrazados de esencia de la argentinidad. La cosa tiene
también un costado de circo mediático, con pingüinos y
toritos inflables…
Pero allí apareció una nota nueva, no escuchada
hasta ahora, que busca expresar a un amplio sector que
no se siente representado por ninguno de los dos bandos que
ellos y los medios buscan instalar como los únicos con los
que es posible alinearse. Es la que intentamos difundir
desde la “Carpa Roja” que organizó el nuevo mas.
La idea inicial no fue sólo nuestra. Tampoco
quisimos simplemente apropiárnosla; por el contrario,
invitamos inmediatamente al PO y al PTS a montar la carpa en
común, ya que era mucho mejor que apareciera el conjunto de
la izquierda “roja” en defensa de una postura clasista.
Pero no hubo respuesta, lamentablemente (ver aparte). Y no
había todo el tiempo del mundo: la decisión urgía. Por
eso, con la firmeza que nos da haber mantenido desde el
primer momento una postura de independencia de clase frente
a los dos bandos capitalistas, resolvimos dar esa pelea política
en el ámbito donde hoy está planteada.
El lugar del Congreso en la crisis
Porque, efectivamente, la crisis política –aún
no cerrada– se ha mudado de las rutas al Congreso, por voluntad
de ambos “campos” burgueses que veían que la dinámica
de cambiar “golpe por golpe”, como en el boxeo,
encerraba demasiados riesgos (ver SoB 129).
Por otra parte, el hecho de darle intervención al
Parlamento es también resultado de la necesidad de oxigenar
otras instituciones del régimen ante el peligroso
deterioro de la institución más importante, la presidencial.
Se da así una especie de “relevo” del ámbito de
tratamiento de la crisis, que permite a los actores
burgueses evitar que se salga de los carriles manejables. Si
no podía haber solución desde los cortes de ruta ni desde
la Casa Rosada, es en interés del conjunto de la clase
capitalista que el Congreso sea la mediación
“legal” y controlada que provea un marco aceptable
para ambos sectores en pugna. Si puede cumplir hoy ese rol
de relativo “arbitraje” es precisamente por la no
irrupción de acciones independientes del movimiento obrero.
Sin embargo, como señalamos aparte en esta edición,
el traslado parlamentario agrega un elemento contradictorio
en su objetivo de actuar como instancia de mediación.
Supone la apertura de un debate
nacional más de conjunto acerca de qué hacer no sólo
con el campo sino con el trabajo nacional y el propio
proyecto de país. Esta realidad es la que se expresa en la
actividad desde la Carpa Roja, donde se detecta un intenso
clima de debate político. Así, la crisis también ha
generado una cierta politización general que no estaba en
los cálculos.
Por otra parte, nada bueno para los trabajadores
puede salir de esa cueva de bandidos. Pero,
lamentablemente, el escenario político está ocupado de
manera casi excluyente por gobierno y ruralistas. De modo
que no son sólo ellos, sino la amplia mayoría de la
población –al menos, de la que no ha caído en la apatía
y el escepticismo– la que aguarda expectante el resultado
de las “negociaciones” en el Congreso.
Las famosas carpas –más allá de su costado mediático–
son expresión justamente de esa nueva realidad: la disputa
política y económica real entre las dos fracciones
burguesas tiene ahora como escenario el Parlamento. Ése
es el contenido simbólico de las carpas: manifiestan
una toma de posición sobre el conflicto frente al
conjunto de la sociedad allí donde hoy se dirime.
Es sabido que no hay diputados “rojos”
que puedan aprovechar el Congreso como caja de resonancia de
una denuncia tajante de los K y de los oligarcas. En
consecuencia, resultaba y resulta una necesidad política de
primer orden aprovechar
la audiencia política del fenómeno de las carpas para
intentar instalar a un nivel superior al de la vanguardia
el punto de vista que viene faltando desde el comienzo de la
crisis: el de los trabajadores. Al servicio de esta
tarea del momento podía y debía estar la izquierda que no
ha capitulado ni al gobierno ni a los ruralistas. Ante las
oscilaciones y cavilaciones del resto de los sectores
independientes, el nuevo mas, evitando autoproclamaciones
pero también la miopía política, asumió su
responsabilidad.
Los versos de los ruralistas y de los K
Desde estas páginas hemos planteado infinidad de
argumentos, datos y polémicas respecto del carácter de los
bandos en pugna, de modo que sólo queremos desmontar
algunas de sus mentiras más flagrantes. De hecho, sólo
dicen parte de la verdad cuando critican al otro…
Verso oligarca 1: “Somos la Patria del
interior”.
Por desgracia, mareados por el derroche de banderas
argentinas, las vestimentas de gaucho y las tonadas
regionales, muchos se han creído esta verdadera zoncera. De
más está decir que los peces gordos del campo, los que
manejan cientos de miles de hectáreas y cientos de millones
de dólares de exportaciones, ni asoman la nariz por los
piquetes… pero son los verdaderos grandes beneficiados de
la “rebelión agraria”. Y muchos de ellos no pertenecen
a la “patria” argentina ni a ninguna otra: son fondos
de inversión internacionales.
En realidad, “patria” es un concepto tan gaseoso
que no significa nada concreto, y que ha sido
utilizado toda la vida por oligarcas, golpistas y
conservadores en general para adueñárselo contra
cualquiera que amenace sus intereses. En particular, la idea
de que la “esencia” de la patria radica en el interior
rural, contra los aires “extranjerizantes” de las
grandes urbes, como Buenos Aires, ha sido un tópico de
todos los reaccionarios desde la Revolución Francesa.
Perón y los gorilas que tumbaron a Perón, los
Montoneros y Videla, piqueteros kirchneristas y piqueteros
ruralistas… todos hablan en nombre de la patria. Regla de
oro: cuanto más etéreo es el concepto que se dice
defender, más tangible y material es el interés que se
busca proteger. Como decía una vieja canción de Sui
Generis: “Si ellos son la patria, yo soy extranjero”…
Verso K 1: “Las retenciones son para mejorar la
distribución del ingreso”.
Sí, claro: entre los ricos. Porque es cierto
que los ruralistas “la quieren toda para ellos”, como
dicen los K. Lo que no dicen es que el gobierno quiere una
porción de la renta extraordinaria del agro para
favorecer a los capitalistas amigos, no a trabajadores,
pobres y jubilados. No hay más que mirar el
Presupuesto. Entre los gastos del Estado, los que más
aumentan, por lejos, son tres: el pago de intereses de la
deuda (¡hasta acá llegó el cacareo contra el FMI!), los
subsidios (para las empresas de servicios y aliados varios)
y la obra pública usada como prenda de negociación con
intendentes y gobernadores a cambio de apoyo político y
electoral.
El caso de los subsidios es particularmente
escandaloso: Javier González Fraga estimó que el millón
de familias más ricas recibe en subsidios el equivalente a
5 planes sociales de los que cobra el millón de familias más
pobres. ¡Vaya “redistribución”! Para no hablar del
resto. ¿Salarios? Anclados. ¿Jubilaciones? Sólo un 15%
para todo el año. ¿Pobreza e indigencia? En franco aumento
por la disparada de la inflación...
Verso oligarca 2: “Los pequeños productores
estamos a punto de fundirnos por culpa de las
retenciones”.
¡Y uno que se cansaba de leer notas periodísticas
que hablaban del boom económico del interior, de las
exposiciones agrícolas exitosas, del despegue de ciudades
como Río Cuarto, Rafaela, Pergamino y muchas más de la
zona núcleo, con ostentación de camionetas 4 x 4, autos
importados y otros signos de prosperidad! ¡Y todo esto con
retenciones que fueron del 27 al 35% en los últimos seis años!
¡Mirá vos, resulta que apenas ganaban para vivir, y ahora,
con las retenciones móviles, ni siquiera eso!
Muchos de estos “productores al borde de la
bancarrota” tienen ingresos por cientos de miles de dólares
y patrimonios millonarios en dólares (una hectárea en
la zona núcleo vale entre 8.000 y 15.000 dólares; sólo
100 hectáreas ya superan el millón de dólares). No son
“humildes labriegos” que emplean su trabajo y el de su
familia: son pequeños empresarios capitalistas.
Cuando a un trabajador “le va mal”, es
porque se queda sin trabajo o su sueldo no le alcanza para
vivir, con lo que él y toda su familia se ven amenazados
por el hambre inminente, la falta de vivienda, de
cobertura médica, etc.
La misma situación de zozobra viven los verdaderos
trabajadores del campo, los que ponen los brazos y
manejan las máquinas. En verdad, su situación es más
vulnerable aún, porque ellos son la rama productiva peor
paga del país y con mayor porcentaje de trabajo en
negro. Para los pocos productores pequeños en reales
problemas, hay muchos instrumentos de ayuda (que, por otra
parte, los asalariados no tienen). Que todos los demás
nos vengan a correr con el peligro de extinción de la raza
agraria por las retenciones… ¡a otro perro con ese hueso!
Verso K 2: “La institucionalidad se defiende con más
institucionalidad”.
Esta famosa frase de Kristina sirvió para anunciar
el envío de las retenciones al Congreso. Naturalmente, los
K recurrieron al Parlamento porque no les quedaba más
remedio, después de licuar buena parte de su capital político
en apenas seis meses, debilitar la figura presidencial y
comprometer de manera casi irreversible las elecciones
parlamentarias de 2009. Pero les daba una ventaja: sacaba el
conflicto de las rutas, algo que el conjunto de la clase
capitalista estaba reclamando.
Es sabido que la única institución que les importa
a los K es la presidencial. El problema es que esta apelación
a la “legalidad” –muy visible en el discurso de
Kristina el 17 de junio, y también en los recientes de Néstor
Kirchner– se dirige hoy contra los piquetes de los
ruralistas, pero será instrumento mañana contra el verdadero
enemigo estratégico del kirchnerismo y todos los
capitalistas: los trabajadores y las luchas populares.
Los que dicen que hay que alinearse con los K
porque “los del campo son más reaccionarios aún”
–cosa que es verdad– pierden de vista este elemental
criterio de clase. Porque un fortalecimiento del
gobierno no le servirá sólo para derrotar a los oligarcas.
También le permitiría enfrentar en mejores condiciones
la muy probable reacción de los trabajadores ante el
creciente deterioro del salario y las condiciones de vida
de la Argentina de Kristina, que ya no es la de Néstor. Esa
perspectiva es la que deberán afrontar los trabajadores,
los luchadores y la izquierda en un futuro bien próximo.
Hay muchos más versos, de ambos lados, pero alcanza
por ahora con estos botones de muestra.
Carpa Roja del lado de los trabajadores
No hay una sola voz dentro del Congreso que vaya a
defender los intereses de los trabajadores. No importa si pesará más
la conveniencia electoral o la seducción de la caja
oficial: diputados y senadores sólo van a decidir qué
sectores patronales, y en qué proporción, se van a quedar
con la riqueza generada por los trabajadores de la ciudad y
del campo, así como la renta extraordinaria.
Con retenciones móviles o inmóviles, con
compensaciones para productores de hasta 500 hectáreas o de
hasta 1.000, con votación “a libro cerrado” o con
“consenso”, los grandes perdedores van a ser los
trabajadores, los asalariados y la población en general.
Porque la única “redistribución” será entre
capitalistas a expensas del salario obrero, de los
estatales, de los jubilados y de los que necesitan un
aumento del gasto público para atender las necesidades
reales. En cambio, aumentarán los subsidios para ricos y
para “pequeños productores” millonarios.
Los intereses de los trabajadores no tienen nada que
ver con los del kirchnerismo ni los de los productores
agrarios.
Su principal preocupación es la inflación, que
justamente con este conflicto pegó un salto en los
alimentos y se come el ingreso obrero. ¡De eso no hablan
ni los ruralistas ni el gobierno! Y es lógico, porque
uno y otro bando viven a espaldas de las necesidades de las verdaderas
mayorías.
Es esta realidad la que el nuevo
mas
quiere difundir
desde la Carpa Roja. No se trata de elucubraciones
retorcidas, sino de verdades de a puño, y así lo reconocen
infinidad de compañeros y simples transeúntes que pasan
por la carpa y saludan la iniciativa. “Ya era hora de
que alguien dijera que los dos son una porquería” es
el comentario de muchos.
Por supuesto, los medios masivos, especialistas en
hacer cualquier cosa con la información, como no pueden
ignorar la Carpa Roja, la presentan de las maneras más insólitas.
Como no está “ni con el gobierno ni con el campo”, con
ignorancia o mala intención (o ambas cosas), le adjudican
una posición “neutral” o hasta “de centro”. ¡Estar
en contra de dos puntos de vista no es ser
“neutral” ni mucho menos equidistante!
Pero la mentira no puede sostenerse mucho tiempo. El
nuevo MAS ha tenido desde el inicio del conflicto una clara
posición contraria a la postura reaccionaria de los
ruralistas y también del gobierno, porque se ubica en la
trinchera de la clase trabajadora, urbana y rural. Por
eso, pese a ser sin duda una fuerza minoritaria, tiene
autoridad política para levantar una voz independiente,
socialista y clasista.
Esperamos que en el desarrollo del debate nacional
sobre este conflicto seamos muchos más los que nos
plantemos frente a la falsa opción “gobierno o campo”
desde el lugar que le corresponde a toda corriente o compañero
auténticamente de izquierda: no con los K, no con los
oligarcas de cualquier tamaño, sino con los obreros y los
sectores populares. Al servicio de esta tarea ponemos la
Carpa Roja.
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