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Obama
Cambios
de forma continuidad de fondo
Por Claudio Testa
Ha finalizado el primer acto del circo electoral
estadounidense, al que los monopolios mediáticos nos
obligan a asistir, quieras que no, en primera fila. El
segundo acto, va a ser la carrera entre Barack Obama y John
McCain.
Sobre el segundo de ellos –McCain– no hay mucho que
decir, ya que (aunque hace esfuerzos por disimularlo)
representa la continuidad de Bush. Por eso, los reflectores
de la pista del circo y las miradas de los espectadores están
enfocados en Obama.
La mayoría de los charlatanes mediáticos presentan a
Obama como un cambio
profundo en relación a la administración Bush. Sin
embargo, como veremos, los
cambios son más de formas y de modales, que de fondo…
de tácticas y no
de programa y objetivos estratégicos.
El rechazo,
tanto al interior de EEUU como mundial, a la “era Bush”
y sus políticas, y la doble
crisis que padece el imperialismo yanqui (en el dominio
mundial y en la economía) hizo necesario presentar una
alternativa de “cambio”.
Ese fue, precisamente, el lema de Obama: “Change,
we can believe in” (Cambio: podemos creer en él).
En ese sentido, no sólo ese lema sino también lo de
poner de candidato a un negro con lejanos antecedentes
“progres” (“liberals”,
en la jerga estadounidense), es una “puesta en escena”
genial. Pero los “directores” de esa “puesta en
escena” son los
mismos de siempre: las grandes corporaciones, corazón
del imperialismo yanqui. Ellos son los dueños
del circo, que permanecen mientras “cambian” los
presidentes.
Dime quién te paga y te diré quién
eres
Las elecciones burguesas se asemejan a las artes de la
magia y el ilusionismo: nada es lo que aparenta ser y las
masas espectadoras siempre reciben gato por liebre. EEUU ha
llevado esto a su máxima sofisticación.
El sistema electoral norteamericano está diseñado,
quizás más que ningún otro en el mundo, para cerrar el paso a cualquier alternativa que no represente a las
grandes corporaciones y su aparato político demócrata-republicano.
Por eso, muchos analistas sostienen que, de hecho, hoy en
EEUU no hay ni siquiera “bipartidismo”, sino un
solo partido con dos cabezas: una, se llama “Demócrata”,
usa de símbolo un burro y su color es el azul; la otra
cabeza se denomina “Republicana”, su emblema es un
elefante y su color, el rojo.
Como son dos cabezas, a veces piensan distinto; por
ejemplo, en temas religiosos y “morales”. Pero ambas tienen el mismo cuerpo al que alimentan y defienden: el gran capital
imperialista estadounidense y su dominación mundial.
Un gran problema es cómo convencer a los votantes de
que republicanos y demócratas son muy diferentes. Entonces,
las campañas versan en buena medida sobre minucias
personales de los candidatos y sus familiares, los
“valores morales”, etc. Ahora, por ejemplo, los
republicanos han comenzado una campaña contra Obama basada
en que su esposa es muy “mandona” y de mal carácter.
Sin embargo, la crisis política y económica, y el
descontento empujan ahora a tocar temas menos imbéciles.
En estas elecciones, la doble crisis y el descontento
profundo que anida en las masas estadounidenses, acentúa
esa necesidad de presentar como muy diversos a los
candidatos. Así Obama es pintado como un “outsider”,
alguien que viene “desde afuera”, un “insurgente”
contra el “establishment”.
A su vez, Obama declaraba que sus fondos de campaña le
vienen de “pequeños donantes individuales” y que “no
aceptaría dinero de los lobbies” (“grupos de presión” económicos y políticos).
Estos mitos se desvanecen cuando se va al tema de
fondo; es decir, los fondos:
¿quién paga
realmente la campaña de Obama? O dicho de otro modo: ¿por
quién votaron ya las corporaciones y los millonarios?
Es conocido que las presidenciales en noviembre van
precedidas meses antes por las llamadas “elecciones
primarias” (que esta vez aturdieron a todo el mundo
con la competencia Hillary-Obama). Sin embargo, fuera de
EEUU pocos saben que, mucho antes, se inicia lo que alguien
llamó la “money
primary” (“primaria del dinero”), que continúa
después de nominados los candidatos.
En ellas no se vota con papeletas ni máquinas electrónicas,
sino con dólares.
Y el dato es que Obama viene
ganando con porcentajes abrumadores. El “outsider”
es, de lejos, el candidato favorito de los millonarios.
El régimen estadounidense tiene legalizada la
compra-venta de políticos, directa o indirectamente a través
de lobbies. Según
la ley, las “donaciones” al bolsillo de los políticos
deben hacerse públicas. Aunque, por supuesto, hay ríos de
dólares que corren por vías subterráneas, los datos públicos
indican sin embargo desde
dónde sopla el viento… Por ejemplo, durante el mes de
enero de 2008, Obama recaudó “en blanco” 28 millones.
Mientras tanto, a su actual rival, McCain, le había llevado un año recolectar la misma suma… Las
corporaciones ya estaban votando por Obama y su
“cambio”…
Hoy, la lista de contribuyentes a Obama habla por sí
misma, acerca de a quiénes representa el presunto “outsider”: En la primera fila de donantes están las más
grandes firmas de Wall Street: Goldman Sachs, UBS AG, Lehman Brothers, JPMorgan
Chase, Citigroup, Morgan Stanley, el Credit Suisse y el
gigantesto hedge fund
Citadel Investment Group. “Siete de los 14 principales
donantes –escribe el investigador Pall Martens– son de
las mismas firmas de Wall Street que están implicadas en
los fraudes hipotecarios”. [1]
Detrás de esta impresionante
“vanguardia” de donantes, se alinean las corporaciones
de otros rubros, como de la industria de guerra, farmaceúticas
y salud, y una larga lista…
Aunque la mayoría de ellos
también ponen dólares en la gorra de McCain, la
desproporción es
aplastante. Las corporaciones ya
votaron por Barack Obama.
1.-Citado por Socialist
Worker, EEUU, 02/06/08.
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