Socialismo o Barbarie, periódico Nº 121, 06/03/08
 

 

 

 

 

 

Declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie, del PST de Costa Rica y el PST de Honduras

Repudiamos la cobarde masacre perpetrada por
el títere de Bush, Álvaro Uribe

No a la guerra entre países hermanos latinoamericanos, alentada desde Washington. Por una movilización continental para impedirla

Exijamos a todos los gobiernos de América Latina la ruptura de relaciones con el régimen narcoparamilitar de Bogotá

Por el reconocimiento de las FARC como fuerza beligerante

La cobarde matanza realizada por la aviación ¿colombiana? en territorio de Ecuador, donde perdió la vida Raúl Reyes –uno de los principales dirigentes de las FARC y encargado de las negociaciones de paz y de liberación de rehenes– ha conmovido a Latinoamérica y al mundo entero.

Contradiciendo las mentirosas informaciones iniciales del gobierno de Bogotá, no hubo en verdad combate alguno, ni las tropas de Uribe cruzaron la frontera en la dinámica de una batalla iniciada en territorio colombiano.

Por el contrario, se trató de una operación de “asesinato selectivo” (como las que comete a diario Israel) en los marcos de la llamada “doctrina Bush”, formulada en el 2002, según la cual EEUU (o el títere que lo representa) se arroga el derecho de atacar militarmente a otro país, so pretexto de “lucha contra el terrorismo”.

Pero en este caso, la marca de Made in USA que ostenta esta operación no se limita al pretexto invocado. Fue el gobierno de Washington quien dio a su títere de Bogotá la señal para actuar. Ha sido reconocido públicamente que fue la CIA la que ubicó las señales del teléfono móvil de Raúl Reyes… y la que orientó por satélite las aeronaves que bombardearon. El principal papel del Ejército “colombiano” de Álvaro Uribe –que en los combates cuerpo a cuerpo con la guerrilla no muestra tanta efectividad– fue el de recoger los cadáveres de Raúl Reyes y otros guerrilleros muertos, para después organizar un macabro show televisivo en Bogotá.

Estamos ante un hecho de extrema gravedad. La política belicista de Bush se ha saldado con los graves y conocidos fracasos en Iraq y otros países de Medio Oriente. Esto ha llevado a una seria crisis política y de dominación mundial del imperialismo yanqui. Sin embargo, hoy, a pesar de esos fracasos, desde Washington se pretende iniciar la aplicación de la “doctrina Bush” en América Latina. Esto, que ya estaba implícito en el llamado Plan Colombia, ha pasado a ser ahora un peligro real.

Si esto sigue su desarrollo lógico, este curso podría desembocar mañana en una guerra fratricida entre Colombia, Venezuela y Ecuador. Aunque esto no sea algo inmediato, hay que ser plenamente conscientes de adónde lleva el camino iniciado por el pequeño Bush de Bogotá.

Para cerrar el paso a esta monstruosidad –el peligro de una guerra entre hermanos latinoamericanos en beneficio del imperialismo yanqui–, es necesaria una movilización continental de la clase trabajadora y las masas populares. Esto sería la única garantía plena de que la mano criminal de Bush a través de su marioneta colombiana, fracasará.

Exijamos a todos los gobiernos de América Latina la ruptura de relaciones con el fantoche de EEUU en Bogotá

La primera y principal demanda concreta de esta lucha debe ser la exigencia de la ruptura total de relaciones diplomáticas con el gobierno del narcoparamilitar Álvaro Uribe.

El atropello de invadir territorio ecuatoriano es un hecho tan grave –hasta desde el punto de vista del derecho internacional burgués– que incluso los gobiernos latinoamericanos más obsecuentes de Washington –como Alan García y Michelle Bachelet– se vieron obligados a criticarlo. Los gobiernos europeos –la mayoría socios abiertos o encubiertos de las aventuras bélicas de EEUU– también fueron más o menos críticos. Bush fue prácticamente el único gobierno que ha salido a aplaudir y felicitar a Uribe.

Sin embargo, como ha sucedido en tantas ocasiones, el rechazo generalizado hasta ahora no va más allá de las bonitas declaraciones para consumo público. Por eso, en todos los países de América Latina, hay que exigir que las palabras de crítica se traduzcan en hechos: comenzando con la ruptura de relaciones con el fantoche de Bush en Bogotá.

Esto es lo mínimo que podemos exigir, especialmente a gobiernos como los de Cristina K., Evo Morales, Lula & Cía., que se llenan la boca hablando de la unidad latinoamericana.

No tomar ninguna medida, sentaría el peligroso precedente de que las agresiones militares en el marco de la “Doctrina Bush” resultan impunes. Así, quedarían despejados los obstáculos en el peligroso camino que podría desembocar en una guerra entre países hermanos.

Terminemos con la farsa yanqui del “combate al narcoterrorismo”: hay que reconocer la realidad de las FARC y el ELN como fuerzas beligerantes en una guerra civil de “baja intensidad”.

Junto con esta exigencia, es necesario acabar con la farsa del “combate al narcoterrorismo”, en la que se apoya Washington para justificar estas agresiones y sus planes de dominio en América Latina.

En el caso colombiano, la farsa es doblemente escandalosa. No hay gobierno en el mundo, comenzando por el de Bush, que ignore que Álvaro Uribe comenzó su carrera política y profesional como hombre del cartel de Medellín y que luego, como gobernador de Antioquia, fue fundador de las primeras organizaciones paramilitares. ¿Quién es, entonces, “narcoterrorista”?

En Colombia hay una situación “sui generis” de guerra civil que, con altibajos, se prolonga desde hace sesenta años. ¡Esa es la realidad histórica en que se inscriben las FARC y el ELN!

Diferimos profundamente con el programa, la política y los métodos de las FARC y de las organizaciones guerrilleras en general. Sostenemos, como estrategia, la movilización y organización democrática de la clase trabajadora, y no la de los partidos-ejércitos guerrilleros. En el caso de Colombia, creemos que las orientaciones equivocadas de las FARC y el ELN, lamentablemente, han llevado agua al molino de los Uribe.

Sin embargo, más allá de las opiniones que cualquiera pueda tener sobre ese tema, nadie puede seriamente afirmar “que las FARC son un grupo terrorista marginal”, ajeno a la realidad política y social de su país. Hay que reconocer la realidad: son un actor minoritario, pero real y de importancia fundamental en el escenario político y social de Colombia.

Esto es tan evidente que, hasta ahora, pese a los esfuerzos conjuntos de Bush y Uribe, ningún gobierno latinoamericano ha llegado a declararlos “organizaciones terroristas”. Ahora, la crítica situación planteada, exige reconocer claramente la realidad: las FARC (y el ELN) son fuerzas beligerantes.

Por una movilización continental de las organizaciones obreras, populares y democráticas de América Latina.

Frente a esta situación, los gobiernos de Ecuador y Venezuela, además de la ruptura de relaciones diplomáticas, han dispuesto la movilización de tropas hacia sus fronteras con Colombia.

No se puede tener la seguridad de que estas medidas vayan a poner freno al peligroso curso iniciado por el mini-Bush colombiano. Es que, además, no podemos depositar la menor confianza –ni política, ni militar– en los respectivos ejércitos burgueses de Ecuador y Venezuela… ni tampoco en los gobiernos de Chávez y Correa.

La garantía más firme de frenar a Uribe (y finalmente derrotarlo) es la movilización independiente de los trabajadores y las masas latinoamericanas. Por ese motivo, las organizaciones obreras, campesinas, populares y democráticas del continente tenemos la inmensa responsabilidad de comenzar a dar una respuesta en ese sentido. El primer paso es explicar el peligro abierto, y exigir en cada país la ruptura de relaciones con Uribe.

Esta movilización independiente es además imprescindible para romper el clima patriotero que se está impulsando, sobre todo en Colombia. Casi desde la independencia, las burguesías de los países involucrados –especialmente las de Colombia y Venezuela– fomentaron ese veneno en sus respectivos pueblos. Contra esto, no hay mejor antídoto que hacer oír la voz de nuestros hermanos de clase por encima de las fronteras.

Esto se debe acompañar con la exigencia de medidas radicales contra el imperialismo tanto en Ecuador como en Venezuela: basta de pago de la deuda externa; nacionalización bajo control obrero de todas las empresas productivas, extractivas, de comercialización y bancos en manos de las multinacionales; basta de empresas mixtas con las que desde siempre chupan la sangre de nuestra región.

Además de atacar así a las empresas multinacionales de capital imperialista, también exigir la nacionalización de las empresas de capital colombiano que funcionen en Venezuela o Ecuador, para cortar también las alas de la burguesía de Bogotá, que extrae ganancias y materias primas de la región.

En síntesis, hay que golpear al imperialismo, en primer lugar al yanqui, para que sepa que la va a costar demasiado caro si sigue pretendiendo meter sus sucias uñas en una Latinoamérica que está marcada por un profundo ciclo de rebelión popular.

Corriente Internacional Socialismo o Barbarie
Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Honduras
Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Costa Rica