Socialismo o Barbarie, periódico Nº 116, 13/12/07
 

 

 

 

 

 

Ante el día internacional de lucha contra el HIV

El Sida como cuestión política

Por César Rojas
Agrupación Carne Clasista
Contra la opresión sexual y social

El pasado 1° de diciembre se conmemoró el Día Internacional de Lucha contra el SIDA. La fecha nos da pie para esbozar algunas reflexiones sobre el estado de la lucha contra el Sida y las distintas estrategias en una enfermedad que nace estrechamente ligada a las minorías sexuales. Su erradicación continúa siendo prioritaria a la hora de pensar no sólo en la políticas Educativas y de Salud sexual y reproductiva, sino en la experiencia de la sexualidad como problema político.

El “fantasma del Sida” y las minorías sexuales

A fines de los ‘80, parafraseando el Manifiesto Comunista, un ex militante del Frente de Liberación Homosexual, Néstor Perlongher, escribía: “Un fantasma recorre los lechos, los flirts, los callejeos: el fantasma del Sida. La sola mención de la fatídica sigla (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) basta para provocar una mezcla morbosa de curiosidad y miedo”1.

De esta forma daba cuenta del carácter atemorizador que pretendía darse a la enfermedad, al presentar el virus como un agente extraño al cuerpo social y cuyo pánico tenía como blanco privilegiado a los considerados “Grupos de riesgo” como las minorías sexuales, en particular a los gays. Esto tenía como base real, el hecho de que los primeros casos masivos fueron detectados en la ciudad de San Francisco, centro de la comunidad gay de los ‘80 y principal centro donde la “revolución sexual” de los ‘70 había creado su impronta más liberada y progresista. De allí es que al comienzo se denominó al Sida, “peste rosa” o cáncer Gay, llegando incluso a llamársele GRID: Gay Related Inmune Deficiency (Deficiencia Inmunológica Relacionada con la Homosexualidad).

Por supuesto que al comprobarse otros casos en el resto de la población, tomó el nombre con que actualmente se conoce.

Pese a esto, y que la cantidad de personas infectadas dentro de las minorías sexuales se redujo sensiblemente en los últimos años (por ser justamente una comunidad que tomó conciencia y cartas en el asunto como una de las más afectadas y diezmadas), parte de la estigmatización hacia las minorías se mantiene. De hecho, actualmente en Argentina no se les permite donar sangre a las personas gays, lesbianas, bisexuales, trans, por considerarlas “grupos de riesgos”, aún cuando posean el análisis que certifique que están sanas.

Es que como toda enfermedad, y en especial las relacionadas con la sexualidad, va a ser llenada de significaciones y sentidos que están en relación con la ideología y la moral vigentes.

Así que no es casual este sentido de “peste bíblica” o “castigo divino” que ha pretendido darse al Sida, como ya ha pasado en siglos anteriores con la sífilis por ejemplo, ya que este “castigo” relacionado con la sexualidad presupone una culpa y “culpables” (enfermos) que deben purgar esas fallas2.

Aunque son diversas y aún se discuten las causas de la aparición del Sida, sí es muy clara la utilización y la manipulación ideológica reaccionaria que se ha hecho de ella. Esto como parte de volver a restaurar bajo el azote de ese “fantasma”, una sexualidad cada vez más normalizadora y disciplinaria, en los estrictos marcos de la monogamia heterosexista y una sexualidad sólo reproductiva.

Aquí hay que señalar que este impacto sobre la experiencia de la sexualidad, las conquistas de las minorías sexuales y los avances de la “revolución sexual” de los ‘70 (que permitió separar definitivamente la reproducción del placer), no se explica sólo por la potencia destructora de la enfermedad misma, sino que ésta aparece en un momento particular de la historia. Este momento coincide con un período de derrota histórica de la clase trabajadora en los ‘80 y ‘90, donde son derrotadas también muchas organizaciones de “política sexual” que consideraban inescindibles la revolución social y la revolución sexual.

Como consecuencia de esto cobran auge las tendencias reformistas del movimiento de minorías sexuales y el movimiento feminista, y se da todo un proceso de “institucionalización” y “Oenegización” de las agrupaciones. Con las ONGs, los organismos financieros internacionales del imperialismo (como el Banco Mundial) comienzan a apoyar las reformas sociales y de “ayuda humanitaria” para evitar desbordes sociales de las consecuencias que sus propios planes de miseria, hambre y explotación generan.

Junto con la derrota y la imposición del neoliberalismo a nivel mundial, se instala una ola de “neoconservadurismo” y reacción contra la liberación sexual para volver a restaurar los valores de la familia burguesa tradicional, la monogamia, la heterosexualidad compulsiva, la condena a la sexualidad libre vista como “promiscuidad”, etc., etc.

En este marco, la visión interesadamente oscurantista del Sida, junto a las tardías políticas de los Estados para tomar seria y científicamente el problema, era un argumento más a favor de la reacción. Así por ejemplo, encontramos que en los pacatos avisos de 1988 del Ministerio de Salud Argentino, apenas si se hacen mención a los preservativos y sí se advierte de los peligros de tener relaciones sexuales con “personas desconocidas”, reforzándose la idea de la “pareja estable” como lo más “aconsejable”.

Pero por supuesto que desde entonces, mucho ha transcurrido en la evolución de una enfermedad que no reconoce fronteras, ni prácticas, ni elecciones sexuales, como ha quedado demostrado. Pero repasemos el estado de situación a la luz de los últimos informes y las distintas estrategias de lucha adoptadas contra la epidemia del Sida.

El SIDA hoy

Según los últimos informes de ONUSIDA (programa conjunto de Naciones Unidas sobre VIH/SIDA) en el mundo se producen 6.800 nuevas infecciones por día y 5.700 muertes cada día. El continente africano es el que posee más portadores del virus: 22.500.000 y se llevan contabilizados ya 1.600.000 muertes. Ante semejantes cifras, no hace falta mucho para darse cuenta de que hay una relación directa entre la pobreza y el Sida, ya que con la atención adecuada para que los enfermos reciban las drogas que eviten la inmunodeficiencia se podrían controlar y mejorar su condición, disminuir la propagación de la epidemia y evitar las muertes.

En el caso de Argentina, según los informes, hay 38.000 argentinos bajo tratamiento, pero “de las 120.000 a 140.000 personas portadoras de la enfermedad en Argentina, tan sólo la mitad sabe que la tiene”. Es decir que dos de cada tres personas que lo poseen, desconocen que están infectadas (Clarín 29/11/07). Esta situación nos enfrenta a un problema serio ya que los tratamientos son de por vida, y ésta es una responsabilidad del sistema público de Salud.

Además de los temores para realizarse los análisis de HIV por miedo a la discriminación y los prejuicios, se suma la dificultad para determinarlo por los tests más habituales (método ELISA), ya que existe un margen de error que puede provocarse al realizar el test durante el “período ventana” (período de 2 a 8 semanas donde el “virus permanece oculto”, es recién después de las 9 semanas que el organismo humano produce los anticuerpos, una fallida defensa, que delata su presencia). Los especialistas recomiendan una combinación de métodos: el Elisa más el “Método de carga viral”, pero éste último tiene la desventaja del elevado costo.

Para completar su reciente informe, ONUSIDA, lo cierra con una “buena noticia”: ellos esperaban que la cifra de infectados en el mundo para este año rondara los 39,05 millones de personas, sin embargo luego de algunos “ajustes y correcciones en las encuestas”, las cifras dieron un total de 33,2 millones... Pero algunos activistas señalan que “llama mucho la atención que estos ajustes se hagan justamente en China e India, donde es muy difícil obtener datos precisos, pero tienen condiciones importantes de transmisión que justifican un número muy grande de contagios. Estos datos de aparentes mejoras, no deben dar pie para que los Gobiernos disminuyan los fondos” (Dra. M. Bianco, Clarín 21/11/07).

Además de estos significativos “retoques” de ONUSIDA (en la mejor tradición del vernáculo Indec) en semanas anteriores al 1° de diciembre, resultaron al menos paradójicas las declaraciones del Embajador de EEUU (Early Anthony Wayne), donde informaba que Bush en persona había pedido al Congreso que duplicara el presupuesto de los planes de un programa de lucha contra el Sida, de manera tal de ubicar al pueblo norteamericano “como ejemplo para el mundo”.

Conmovedor, sin duda... viniendo del terrorista N° 1 del mundo. Ironías aparte, lo paradojal es que el propio gobierno de Bush es el que deja a más de 50.000.000 de norteamericanos sin seguro médico y por fuera del sistema de salud3.

Es que esta contradicción (como otras que se advierten en nuestro país), va en perfecta consonancia con la concepción de reformas puntuales, de “ayuda humanitaria” de la lucha contra el Sida que no compromete en nada a los Estados y sus Gobiernos, salvo en su “buena voluntad” para ayudar, cuando debiera exigirse su responsabilidad como políticas de Estado. Tampoco cuestiona ni compromete sus políticas Sociales, Educativas y de Salud. Por supuesto, medidas de efecto como éstas tienen más prensa y son mucho más baratas, que planes sistemáticos y permanentes de prevención, educación, asistencia y tratamientos gratuitos que lleguen a distintos sectores de la población y en particular a los más vulnerados socialmente. Y para estos fines, los gobiernos “humanitarios” y capitalistas cuentan con la invalorable ayuda de las ONGs.

Respecto de nuestro país, le caben las generales de la ley. Más allá de las efemérides, se advierte la falta total de estadísticas y estudios serios sobre la problemática y una debilidad alarmante en el sistema público para realizar campañas sistemáticas de información y prevención ligadas a una educación sexual sin injerencia de la Iglesia. Todo se reduce a repartir algunos preservativos y unos pocos folletos para estas fechas de recordación.

Tampoco aportan demasiado las ONGs y las organizaciones de minorías sexuales que siguen su lógica “asistencialista”, puesto que no quieren dar ningún debate contra las políticas estatales sobre Salud Sexual y Reproductiva, ni las de Educación Sexual. Mucho menos, discutir por qué hay que pelear por una sexualidad para la libertad y el placer, haciendo de esto un hecho político que comprometa la sociedad toda y el conjunto de sus decisiones.

Algunas conclusiones

Ante la situación esbozada, tema que en modo alguno podemos agotar en estas líneas, se impone la necesidad de que las organizaciones de minorías sexuales aportemos lo nuestro.

Creemos que este aporte debemos hacerlo desde la total independencia del Estado y el Gobierno, para exigir respuestas al sistema público de Salud, garantizando los tratamientos gratuitos para todas aquellas personas portadoras del Virus, con la contención social correspondiente, en especial para aquellas personas provenientes de los sectores populares y trabajadores.

A su vez debemos luchar por una educación sexual científica sin injerencia de la Iglesia y por la implementación de Campañas y planes sistemáticos de prevención.

Al mismo tiempo debemos reabrir la discusión sobre el impacto de ésta y otras enfermedades de transmisión sexual, en la experiencia cotidiana de las sexualidades y sus diversas prácticas y manifestaciones, cuestionando el uso estigmatizador y discriminatorio hacia las minorías sexuales por parte de la cultura patriarcal y machista.

Este debate debe también arrojar luz sobre cómo y qué necesitamos saber para poder decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, y cuáles son las condiciones materiales que necesitamos para ejercer estos derechos.

Donde la sociedad represora impuso el miedo, agitó “fantasmas” y muerte, debemos ayudar con la lucha a reinscribir la conciencia, el deseo y el amor a la vida en toda su diversidad. Peleando a su vez, por las condiciones materiales que posibiliten redescubrir el placer y la libertad de ejercer plenamente nuestra sexualidad, y entendiendo la sexualidad como un hecho político, donde se encuentran lo personal más íntimo y lo social de los seres humanos, y como la entendieron los revolucionarios de los ‘70: como “presupuesto básico de la dignidad humana”4.


Notas:

1. N. Perlongher. “El fantasma del Sida”, Punto Sur Edit.1988

2. Sobre el particular, véase un interesante trabajo de Susan Sontag “El Sida y sus metáforas”, Taurus 2005.

3. Ver “Sicko” documental de Michael Moore sobre el sistema de salud norteamericano.

4. Plataforma del Frente de Liberación Homosexual Argentino.