Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 115, 29/11/07
 

 

 

 

 

 

El retorno del debate estratégico

¿Chavismo o marxismo revolucionario?

Por José Luis Rojo

Venezuela es un inmenso laboratorio y / o crisol de las tendencias políticas-ideológicas en obra. Tanto por sus alcances como por sus límites. El “rojo-rojito”, los “motores a toda revolución”, los banderines del PSUV y la prédica acerca de las “comunas populares”, le da él tono a un amplio debate entre importantes sectores de masas.

Como la sombra al cuerpo, esto va acompañado por expresiones intelectuales que reflejan casi todos los matices de opinión del pensamiento “socialista”. Casi, porque claro está que el “matiz” que está ausente, es el del marxismo revolucionario (dada la relativamente poca tradición del trotskismo en el país[1]).

Es decir, incluso en los exponentes más “serios” del marxismo “bolivariano” (como es el caso de Michael Lebowitz, vinculado a Marta Harnecker), lo que se ve es una combinación de un acendrado reformismo, con elementos “utopistas”, condimentado con la prédica guevarista del “hombre nuevo” y algo de maoísmo... Pero lo que queda fuera del cuadro es la tradición revolucionaria del socialismo, particularmente Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo y el trotskismo como tal!

Porque en él limite, toda la “astucia” de los “estrategos” del chavismo se puede resumir en la orientación del “rodeo”. Es decir, la puesta en pié de las llamadas “comunas populares” (claro que por “decreto” y desde arriba), pero esto sin destruir el Estado existente; o “paralelizar” la propiedad privada y el trabajo asalariado (que permanecen sin cambios a la vista), con estatizaciones y propiedad “social” para el desarrollo “endógeno”.

Es decir, una estrategia reformista sin ruptura revolucionaria que –por lo tanto- no acaba con el Estado patronal ni con la clase capitalista. En palabras de El Troudi: “El poder ya no se sitúa en el Estado o en una institución, tampoco en los círculos económicos, de allí que ‘la toma del poder’ en términos clásicos no es posible. El poder esta en la vida misma, en los hábitos y las costumbres, en los pensamientos, en las maneras de corresponderse, en la identidad, el lenguaje y la cultura. En todos los ámbitos y relaciones sociales esta presente el poder, sin importar la condición de clase de quienes se relacionan entre si”[2]...

Lebowitz, que correctamente rechaza la idea de Holloway de “cambiar el mundo sin tomar el poder” (aunque su ‘toma del poder’ sea un operativo meramente reformista), señala en sentido convergente: “Pero ¿qué es la producción? No es algo que solo ocurre en la fabrica o en lo que tradicionalmente identificamos como lugar de trabajo. Toda actividad que tenga por objetivo proporcionar aportes para el desarrollo de los seres humanos (...) tiene que ser reconocida como producción”[3]. Si en el camino queda el “pequeño” problema del trabajo específicamente productivo y el imprescindible desarrollo de las fuerzas productivas para el progreso socialista, bueno, eso no es más que un “detalle”!

Claro que todo esto está acompañado por el redondo desprecio al papel de la clase obrera como “protagónica”; clase a la que se busca una y otra vez, disolver en lo “popular”, al tiempo que se destroza la UNT y se busca someterla al directo escrutinio del Estado chavista.

El propio Lebowitz se hace eco de la permanente campaña chavista de que la clase obrera seria “egoísta”. Crudamente señala que: “Chávez comento la orientación de los trabajadores organizados. ‘Los trabajadores organizados –dijo- muchas veces exigen salarios y otros beneficios; y tienen derecho a exigirlos. Pero la clase trabajadora esta obligada no solo a exigir sus derechos, sino a constituirse en un factor transformador de la sociedad’. Los trabajadores, en resumen, tienen que mirar mas allá de sus necesidades especificas y considerar las necesidades de la sociedad en su conjunto, y específicamente, de aquellos mas excluidos entre los pobres. ‘Si tu vas con tus tres hijos y tu mujer en un carro con aire acondicionado y pasas por el lado de un niño de ocho años (...) que esta en la calle a media noche ¿no es un problema tuyo?, pregunto inmediatamente antes de decir esto: ¿si ese no es un problema tuyo, en que sociedad vives tu?”[4]... Esto ocurre en un país donde la burguesía no ha sido expropiada y cuya desigualdad de riqueza es símil sino mayor al resto de Latinoamérica!

Por esto mismo es tan criminal la política de las corrientes que proviniendo del trotskismo, se han pasado –con armas y bagajes- al “socialismo nacional”. En ese pasaje, lo que ha quedado en el “limbo”, son conquistas como la propia UNT, la C-CURA e incluso el pequeño embrión de partido que fue el PRS. Todo en mor de una supuesta “estrategia” de “alcanzar peso de masas” en el PSUV; lo que, en realidad, no ha significado más que una gota de agua en un desierto.

Es decir, su disolución lisa y llana en el chavismo, a la espera que este “expropie” al capitalismo “como hizo Castro en Cuba” olvidándose –entre otras cosas- que este previamente había destruido las fuerzas armadas y el aparato de Estado burgués, cosa que Chávez esta muy lejos de haber llevado a cabo.

Por esto mismo, ante los peligros que se puedan cernir en la coyuntura, poner en pie una fuerte corriente independiente del marxismo revolucionario en Venezuela, es la tarea del día. A ello vamos a intentar contribuir desde CI-SOB.


[1] En la década de los ’80, el grupo mas fuerte llego a ser el PST integrante de la vieja LIT y que llego a tener una importante acumulación de dirigentes obreros (de esa experiencia vienen compañeros como Orlando Chirinos); sin embargo a comienzos de los ’90 entro en la misma vorágine de la crisis de la corriente morenista.

[2] “Ser capitalista es un mal negocio”, Haiman El Troudi, Editorial Monte Ávila, Caracas, junio 2997, pp. 124.

[3] Michael Lebowitz, Construyámoslo ahora. El socialismo para el siglo XXI; Centro Internacional Miranda, Caracas, octubre 2006, pp. 65. 

[4] Lebowitz, idem, pp. 105.