Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 114, 15/11/07
 

 

 

 

 

 

Los alcahuetes al servicio de Cristina K quieren más privilegios

Prepararse para enfrentar y desbordar a
la burocracia sindical

Por Oscar Alba

Con el triunfo en las urnas de Cristina Fernández de Kirchner se hizo más candente, en la transición al nuevo gobierno, la puesta en marcha del Pacto Social, anunciado como política central de la presidenta electa. Esto vuelve a poner en carrera las apetencias de la burocracia sindical por una porción de mayor poder en el futuro gobierno y las internas interburocráticas. Los trabajadores no pueden esperar que de estos embrollos salga nada bueno para sus intereses.

Cristina Fernández de Kirchner ha desplegado como bandera y objetivo, la necesidad de un "pacto social” entre gobierno, patrones y trabajadores para “seguir avanzando en los cambios necesarios”.  Esto es: profundizar la política actual del presidente Kirchner, aplicando un mayor ajuste a los bolsillos de los trabajadores y mayor explotación por parte de las patronales. En este sentido, Daniel Millaci, dirigente de la Confederación General Económica (CGE) expresó en una reunión a la que asistió Hugo Moyano como secretario general de la CGT: “La CGE y la CGT son históricas en este tipo de acuerdos, han nacido juntas en el país, y es importante demostrarle a la gente que los trabajadores y los empresarios estamos en la misma vereda” (Diario gremial.com, 10-10) En esa reunión se firmó un primer acta acuerdo para un nuevo pacto social.[1]

El gobierno, Cristina y la burocracia discuten en las alturas

Los burócratas saben que en este pacto social su papel es fundamental. Ellos deberán ser quienes pongan la mordaza y el freno a la lucha de los trabajadores para que el gobierno pueda garantizar jugosas ganancias a los capitalistas y, por lo tanto reclaman también una mayor porción de prebendas y privilegios. Comenzando, entre otras cosas, por un espacio mayor en las decisiones políticas del próximo gobierno. Claro que en la mesa del pacto social no hay lugar para todos, y esto origina tironeos y reacomodamientos en los nefastos “cuerpos orgánicos”. De esta manera, se están desarrollando dos puntos centrales de conflicto en las alturas: por un lado, la presión de la burocracia sobre el gobierno para ocupar un mayor espacio político y por otro lado, la pelea entre los propios burócratas, incluida la CTA, que a cambio del apoyo al nuevo gobierno reclama su personería jurídica.

En relación al tironeo con Cristina K, los moyanistas ya han planteado con claridad sus pretensiones. Durante la 83ª Asamblea Anual del Sindicato de Maquinistas de Trenes realizada en Córdoba, con la asistencia del propio Moyano, el presidente del sindicato, Omar Maturano, expresó que el próximo gobierno debe “entender en qué gremios y sectores reside el poder real del sindicalismo, equivocarse en este diagnóstico es comprarse un escenario conflictivo” (Diario gremial, 12-10) En tanto, Moyano, apoyado por el ministro de Planificación Julio De Vido, presiona para que el próximo ministro de Trabajo sea el diputado nacional y asesor de la CGT, Héctor Recalde.

La pelea por el silloncito de la CGT

La puja por la dirección cegetista actualmente ha dado lugar a la conformación de distintos bloques: el que encabeza Moyano, el de los “gordos”, el que dirige Luis Barrionuevo y también Antonio Caló, de la UOM. Estos bloques, que se arman y desarman de acuerdo a los “enjuagues” de los burócratas, están ligados a distintos sectores del gobierno. Cristina K impulsaría un cambio en la dirección cegetista promoviendo a Antonio Caló, principal cabeza de la UOM. Como dijimos anteriormente, Moyano tiene el apoyo de Julio De Vido, y “Barrionuevo y los gordos tendrían la venia de Alberto Fernández” (Prensa De Frente, 15-10). El gobierno K ha pedido a los burócratas que paren la disputa hasta que asuma el nuevo gobierno, el 10 de diciembre. No obstante, está previsto que se ponga fecha al próximo Congreso Confederal –máximo organismo burocrático–, donde se encontrarán todos los gremios y definirán a la nueva conducción, lo cual va a intensificar la pelea interburocrática.

En los primeros días de octubre se realizó en el Luna Park el VII Congreso de Unidad Automotriz, otro de los “cuerpos orgánicos” montados por la burocracia de José Rodríguez. Allí se anunció un nuevo período de cuatro años para la conducción de Rodríguez y a la vez, se dio el apoyo a la candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires de Daniel Scioli. Ante unos 5.000 asistentes, Moyano, invitado al cónclave, elogió la política salarial del gobierno K y agradeció al “Gordo” Rodríguez sus esfuerzos en pos de la unidad sindical.

A poco menos de un mes de las elecciones, la burocracia sigue atacando a los trabajadores. Así lo vivieron en carne propia los compañeros que trabajan en el Casino flotante (ver nota aparte). El matonaje sindical, que en septiembre recordaba a una de sus figuras históricas, José I. Rucci (2), como “el creador del Pacto Social”, es una de las lacras que el movimiento obrero debe enfrentar, y plantea como una tarea de primer orden la organización de la defensa de los trabajadores.

El martes 13, la burocracia de camioneros, colectiveros y taxistas chocó con la policía cuando en la Legislatura de la ciudad se trataba el proyecto de ley que promueve el Registro de conductor con puntaje. Producto de este encontronazo Moyano y compañía anunciaron un paro general de transportes a partir de esa noche. El gobierno llamó a Moyano y los “combativos” levantaron el paro ante la promesa de rediscutir el cuestionado proyecto. Como sucede a menudo, los burócratas son más rápidos para suspender medidas que para hacerlas efectivas, aunque ahora han vuelto con la bravuconada de llamar a un paro de transportes para el 20 de noviembre.

Nuestras tareas

Como venimos planteando, los trabajadores debemos prepararnos para enfrentar al Pacto Social de Cristina K. Si los burócratas le reclaman al gobierno cargos y ministerios, no ha de ser para fortalecer al movimiento obrero sino que es el “presupuesto” por el trabajo de enchalecar una vez más las luchas obreras contra el pacto. Cada uno de los sectores trata de demostrar ante Cristina K su eficiencia en la tarea de garantizar que el pacto social llegue a buen puerto. Incluso, como lo hizo Maturano de La Fraternidad, llegan a advertir sobre un “escenario conflictivo”. Pero estos burócratas serviles, aunque a veces amenacen a los gobiernos o empresarios, terminan golpeando a los trabajadores.

A lo largo de este último año la lucha contra el techo salarial del “pingüino” puso sobre la escena una nueva camada de activistas que hacen sus primeras experiencias en la pelea salarial, por mejoras en las condiciones laborales y en defensa de las fuentes de trabajo. Los compañeros del Hospital Francés, subterráneos, los textiles de Mafissa de La Plata, los trabajadores del pescado en Mar del Plata, la dirección surgida luego de la lucha de FATE, los obreros de Alcoyana, los heroicos docentes y petroleros de Santa Cruz, el surgimiento de una lista de izquierda de oposición en el gremio de Prensa, el paro que actualmente están llevando adelante 4.500 trabajadores del petróleo y gas privados por reivindicaciones salariales, entre otros, están mostrando que se va forjando una nueva generación de luchadores antipatronales y antiburocráticos. En el desarrollo de las luchas han ido imponiendo nuevas herramientas para la pelea, como los veedores para las paritarias en FATE. La burocracia es consciente de este proceso y sabe que no lo puede dejar avanzar. La organización desde abajo, la democracia directa y la movilización son las herramientas que debemos continuar desarrollando para desbordar a la burocracia, imponer nuevas direcciones en cada lugar de trabajo y enfrentar unitariamente a estos parásitos enquistados en los sindicatos.


Notas:

1. Los antecedentes más importantes de este tipo de Pacto Social en nuestro país son el Congreso de la Productividad en 1955, durante la segunda presidencia de Juan D. Perón, y el Pacto Social firmado el 8 de junio de 1973 por el presidente Héctor J. Cámpora, la CGE y la CGT.

2. José I. Rucci había nacido en 1924 en Alcorta, Santa Fe. De joven entró al gremio metalúrgico, que por entonces lideraba Augusto Timoteo Vandor. Luego de salir delegado de fábrica, en 1960 se convierte en secretario de Prensa de la UOM. En 1964 es designado interventor en la seccional San Nicolás de la UOM. Y el 2 de julio de 1970 es nombrado secretario general de la CGT, en cuyo cargo es reelegido en 1972 hasta su muerte. Fue baleado por un grupo cuando salía de un departamento que ocupaba en el barrio de Flores, y su muerte fue atribuida a Montoneros.