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Los alcahuetes al servicio de Cristina K quieren más
privilegios
Prepararse para enfrentar y
desbordar a
la burocracia sindical
Por Oscar Alba
Con el triunfo en las urnas de
Cristina Fernández de Kirchner se hizo más candente, en la
transición al nuevo gobierno, la puesta en marcha del Pacto
Social, anunciado como política central de la presidenta
electa. Esto vuelve a poner en carrera las apetencias de la
burocracia sindical por una porción de mayor poder en el
futuro gobierno y las internas interburocráticas. Los
trabajadores no pueden esperar que de estos embrollos salga
nada bueno para sus intereses.
Cristina Fernández de Kirchner ha
desplegado como bandera y objetivo, la necesidad de un
"pacto social” entre gobierno, patrones y
trabajadores para “seguir avanzando en los cambios
necesarios”. Esto es: profundizar la política actual del
presidente Kirchner, aplicando un mayor ajuste a los
bolsillos de los trabajadores y mayor explotación por parte
de las patronales. En este sentido, Daniel Millaci,
dirigente de la Confederación General Económica (CGE)
expresó en una reunión a la que asistió Hugo Moyano como
secretario general de la CGT: “La CGE y la CGT son históricas
en este tipo de acuerdos, han nacido juntas en el país, y
es importante demostrarle a la gente que los trabajadores y
los empresarios estamos en la misma vereda” (Diario
gremial.com, 10-10) En esa reunión se firmó un primer acta
acuerdo para un nuevo pacto social.[1]
El gobierno, Cristina y la burocracia discuten en las
alturas
Los burócratas saben que en este pacto social su papel es
fundamental. Ellos deberán ser quienes pongan la mordaza y
el freno a la lucha de los trabajadores para que el gobierno
pueda garantizar jugosas ganancias a los capitalistas y, por
lo tanto reclaman también una mayor porción de prebendas y
privilegios. Comenzando, entre otras cosas, por un espacio
mayor en las decisiones políticas del próximo gobierno.
Claro que en la mesa del pacto social no hay lugar para
todos, y esto origina tironeos y reacomodamientos en los
nefastos “cuerpos orgánicos”. De esta manera, se están
desarrollando dos puntos centrales de conflicto en las
alturas: por un lado, la presión de la burocracia sobre el
gobierno para ocupar un mayor espacio político y por otro
lado, la pelea entre los propios burócratas, incluida la
CTA, que a cambio del apoyo al nuevo gobierno reclama su
personería jurídica.
En relación
al tironeo con
Cristina K, los moyanistas ya han planteado con claridad sus
pretensiones. Durante la 83ª Asamblea Anual del Sindicato
de Maquinistas de Trenes realizada en Córdoba, con la
asistencia del propio Moyano, el presidente del sindicato,
Omar Maturano, expresó que el próximo gobierno debe
“entender en qué gremios y sectores reside el poder real
del sindicalismo, equivocarse en este diagnóstico es
comprarse un escenario conflictivo” (Diario gremial,
12-10) En tanto, Moyano, apoyado por el ministro de
Planificación Julio De Vido, presiona para que el próximo
ministro de Trabajo sea el diputado nacional y asesor de la
CGT, Héctor Recalde.
La pelea por el silloncito de la CGT
La puja por la dirección cegetista actualmente ha dado
lugar a la conformación de
distintos bloques: el que encabeza Moyano, el de los
“gordos”, el que dirige Luis Barrionuevo y también
Antonio Caló, de la UOM. Estos bloques, que se arman y
desarman de acuerdo a los “enjuagues” de los burócratas,
están ligados a distintos sectores del gobierno. Cristina K
impulsaría un cambio en la dirección cegetista promoviendo
a Antonio Caló, principal cabeza de la UOM. Como dijimos
anteriormente, Moyano tiene el apoyo de Julio De Vido, y
“Barrionuevo y los gordos tendrían la venia de Alberto
Fernández” (Prensa De Frente, 15-10). El gobierno K ha
pedido a los burócratas que paren la disputa hasta que
asuma el nuevo gobierno, el 10 de diciembre. No obstante,
está previsto que se ponga fecha al próximo Congreso
Confederal –máximo organismo burocrático–, donde se
encontrarán todos los gremios y definirán a la nueva
conducción, lo cual va a intensificar la pelea interburocrática.
En los primeros días de octubre se realizó en el Luna
Park el VII Congreso de Unidad Automotriz, otro de los
“cuerpos orgánicos” montados por la burocracia de José
Rodríguez. Allí se anunció un nuevo período de cuatro años
para la conducción de Rodríguez y a la vez, se dio el
apoyo a la candidatura a gobernador de la provincia de
Buenos Aires de Daniel Scioli. Ante unos 5.000 asistentes,
Moyano, invitado al cónclave, elogió la política salarial
del gobierno K y agradeció al “Gordo” Rodríguez sus
esfuerzos en pos de la unidad sindical.
A poco menos de un mes de las elecciones, la burocracia
sigue atacando a los trabajadores. Así lo vivieron en carne
propia los compañeros que trabajan en el Casino flotante
(ver nota aparte). El matonaje sindical, que en septiembre
recordaba a una de sus figuras históricas, José I. Rucci
(2), como “el creador del Pacto Social”, es una de las
lacras que el movimiento obrero debe enfrentar, y plantea
como una tarea de primer orden la organización de la
defensa de los trabajadores.
El martes 13, la burocracia de camioneros, colectiveros y
taxistas chocó con la policía cuando en la Legislatura de
la ciudad se trataba el proyecto de ley que promueve el
Registro de conductor con puntaje. Producto de este
encontronazo Moyano y compañía anunciaron un paro general
de transportes a partir de esa noche. El gobierno llamó a
Moyano y los “combativos” levantaron el paro ante la
promesa de rediscutir el cuestionado proyecto. Como sucede a
menudo, los burócratas son más rápidos para suspender
medidas que para hacerlas efectivas, aunque ahora han vuelto
con la bravuconada de llamar a un paro de transportes para
el 20 de noviembre.
Nuestras tareas
Como venimos planteando, los trabajadores debemos
prepararnos para enfrentar al Pacto Social de Cristina K. Si
los burócratas le reclaman al gobierno cargos y
ministerios, no ha de ser para fortalecer al movimiento
obrero sino que es el
“presupuesto” por el trabajo de enchalecar una vez más
las luchas obreras contra el pacto. Cada uno de los
sectores trata de demostrar ante Cristina K su eficiencia en
la tarea de garantizar que el pacto social llegue a buen
puerto. Incluso, como lo hizo Maturano de La Fraternidad,
llegan a advertir sobre un “escenario conflictivo”. Pero
estos burócratas serviles, aunque a veces amenacen a los
gobiernos o empresarios, terminan golpeando a los
trabajadores.
A lo largo de este último año la lucha contra el techo
salarial del “pingüino” puso sobre la escena una nueva
camada de activistas que hacen sus primeras experiencias en
la pelea salarial, por mejoras en las condiciones laborales
y en defensa de las fuentes de trabajo. Los compañeros del
Hospital Francés, subterráneos, los textiles de Mafissa de
La Plata, los trabajadores del pescado en Mar del Plata, la
dirección surgida luego de la lucha de FATE, los obreros de
Alcoyana, los heroicos docentes y petroleros de Santa Cruz,
el surgimiento de una lista de izquierda de oposición en el
gremio de Prensa, el paro que actualmente están llevando
adelante 4.500 trabajadores del petróleo y gas privados por
reivindicaciones salariales, entre otros, están mostrando
que se va forjando una nueva generación de luchadores
antipatronales y antiburocráticos. En el desarrollo de las
luchas han ido imponiendo nuevas herramientas para la pelea,
como los veedores para las paritarias en FATE. La burocracia
es consciente de este proceso y sabe que no lo puede dejar
avanzar. La organización desde abajo, la democracia directa
y la movilización son las herramientas que debemos
continuar desarrollando para desbordar a la burocracia, imponer nuevas direcciones en cada lugar
de trabajo y enfrentar unitariamente a estos parásitos
enquistados en los sindicatos.
Notas:
1. Los antecedentes más importantes de este tipo de Pacto
Social en nuestro país son el Congreso de la Productividad
en 1955, durante la segunda presidencia de Juan D. Perón, y
el Pacto Social firmado el 8 de junio de 1973 por el
presidente Héctor J. Cámpora, la CGE y la CGT.
2. José I. Rucci había
nacido en 1924 en Alcorta, Santa Fe. De joven entró al
gremio metalúrgico, que por entonces lideraba Augusto
Timoteo Vandor. Luego de salir delegado de fábrica, en 1960
se convierte en secretario de Prensa de la UOM. En 1964 es
designado interventor en la seccional San Nicolás de la
UOM. Y el 2 de julio de 1970 es nombrado secretario general
de la CGT, en cuyo cargo es reelegido en 1972 hasta su
muerte. Fue baleado por un grupo cuando salía de un
departamento que ocupaba en el barrio de Flores, y su muerte
fue atribuida a Montoneros.
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