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XXII
Encuentro de la Mujer
Hacer efectivo el
plan de lucha
Las
Rojas
Al regreso de Córdoba recibimos una carta anónima
dirigida a Las Rojas, que es un buen “botón de muestra”
de la ideología con que están dirigidos los Encuentros de
Mujeres y nos ayuda a ordenar un balance.
“Una vez más compruebo que
ustedes le hacen el juego a la derecha de la iglesia y al
kirchnerismo. Son divisionistas, trataron todo el tiempo de
romper el encuentro de mujeres en Córdoba y por suerte y
gracias a todas las que defendemos este espacio ustedes
fracasaron. Espero que hayan aprendido este año algo de lo
que significan para las mujeres los encuentros y que nunca
podrán romperlos ni dividirlos porque saben que ustedes son
minoría. ¿Se dieron cuenta que no pueden? ¿Que se creen más
avanzadas que el resto de las mujeres? ¿Será que ustedes
son las más atrasadas que no entienden nada de unidad? El
plan de lucha que quieren sacar es totalmente divisionista.
En muchas cosas podemos coincidir pero el encuentro no es el
lugar de presionar para que todas aprobemos su plan de
lucha. Creo que deben aprender a trabajar en unidad y
sobre todo a respetar
la opinión de las mayorías. Espero que en Córdoba
hayan aprendido cómo se debate, cómo las mujeres pese a
todo intento de
ruptura de todos los sectores lo defendimos y ganamos…”
Adjetivos antipáticos aparte, es útil detenerse en las
palabras que subrayamos. ¿Por qué es divisionista un plan
de lucha por la legalización del aborto? ¿Qué mayor
respeto por la opinión de las mayorías que proponer en ese
Encuentro un objetivo con el que la abrumadora mayoría está
de acuerdo? Si un encuentro donde se reúnen 30.000 mujeres
de todo el país no es el lugar para resolver un plan de
lucha, ¿qué es entonces ese encuentro? Y sobre todo: ¿por
qué las propuestas de un sector minoritario, como en efecto
es la izquierda organizada, produce en la dirección del
Encuentro esta sensación de ataque bélico masivo
(“intento de ruptura de todos los sectores”)?
La posición defensiva que aparece en esta carta, durante
el Encuentro llegó a una verdadera actitud de gato panza
arriba. Salieron corriendo de una asamblea que ellas mismas
convocaron (ver más abajo), intentaron simular ataques físicos
de nuestra parte que nunca existieron, amenazaron con no
dejar entrar a la izquierda a los talleres.
La explicación, de fondo de esta actitud está, a nuestro
entender, en lo que fue el pico de esta confrontación política,
la asamblea convocada por fuera de los talleres para
discutir los pasos a seguir en la lucha por el aborto legal.
Aquí una breve reseña de la misma.
La asamblea del sábado
La “Campaña por el derecho al aborto” (dirigida por
el PCR, la CTA y feministas históricas) llamó a una
asamblea, al término de los debates del sábado, para
decidir cómo sigue la campaña por la aprobación del
proyecto de ley presentado el 28/5 en el Parlamento.
Las Rojas le dimos mucha importancia a esta asamblea. Uno
de los graves problemas de estos Encuentros es que no hay
prevista en ellos ninguna instancia de decisión. Los
debates terminan sólo en “conclusiones”, pero no se
puede votar, ni siquiera se hace constar si tal o cual
conclusión es de la mayoría o de una minoría. Tampoco
hay, luego de los talleres, una instancia plenaria donde
resolver alguna acción en común.
Este método (pensado con toda intención para esterilizar
las ideas y desmovilizar al movimiento por parte de un
feminismo institucional cooptado por el gobierno y el Banco
Mundial, con la anuencia del increíble PCR y la inefable
CTA) empezó a ser fuertemente cuestionado, desde hace
algunos años, por amplios sectores de las asistentes a los
Encuentros, además de, por supuesto, la izquierda y muchos
movimientos sociales.
El llamamiento a asamblea (más allá de las maniobras de
la dirección de la “Campaña” para esterilizarla también)
podía ser visto por muchas mujeres como ese “momento de
decisiones” siempre negado. Además, el tema de la
legalización del aborto (aunque las organizadoras del
Encuentro lo nieguen y sigan reivindicando la “diversidad
de intereses y experiencias”, o sea, la dilución absoluta
de problemas de vida o muerte como el derecho al aborto en
un mar de boludeces como “talleres de aromaterapia”) es
hoy el gran convocante del movimiento de mujeres y de la
mirada pública acerca de la situación de las mujeres
pobres.
Hicimos en el preencuentro la propuesta de priorizar esta
asamblea, convocar todo el día sábado en los talleres y
concurrir para proponer en ella un plan de lucha por la
aprobación del proyecto de ley de la “Campaña”. También
decidimos que, después de la asamblea, llevaríamos a los
talleres sus resoluciones y propondríamos a las demás
mujeres la participación en el plan de lucha. La mayoría
del preencuentro votó a favor de esta posición.
El día sábado, a la hora citada, concurrimos las
agrupaciones de la izquierda y muchas mujeres
independientes. Seríamos unas 1.500. Cuando llegamos, nos
encontramos con que la “Campaña” había dispuesto un
lugar con capacidad para 250 personas. Considerando que en
el Encuentro había 20.000 mujeres, la única conclusión
posible es que no planeaban una asamblea real, sino una
reunión de las militantes afines a la “Campaña”. Al
ver que no podríamos sesionar allí por la cantidad que éramos,
propusimos que la asamblea se hiciera en la calle. La gente
de la “Campaña” contestó que no se podía, porque no
había equipo de sonido y en la calle no se escucharía lo
que se hablara. Las compañeras del P.O. trajeron un equipo
de sonido, y salimos todas a la calle. Una vez allí, se
arrinconaron en las escaleras diciendo que no querían usar
ese sonido, porque era del P.O. (¡Qué argumentos
imbatibles! ¡Qué muñeca política! Estamos
boquiabiertas.) Finalmente se
retiraron a hacer su propia “asamblea” en otra
esquina. Más allá de sus ridículas excusas, lo cierto es
que la dirección de la “Campaña” se retiró de su
propia asamblea porque la perdía. Tenían que huir de las
mujeres que venían a votar un plan de lucha contra el
gobierno al que la “Campaña” no se quiere enfrentar.
La asamblea se realizó igual, a pesar de que las
convocantes se retiraron. Muchas compañeras con pañuelo
verde se quedaron, y no podían creer lo que estaba haciendo
la “Campaña”. Muchas de ellas se ligaron a esa
organización porque fue lo que encontraron para llevar
adelante una pelea que les parece justa, pero ahí les empezó
a caer la ficha: nadie que realmente
quiera ganar una pelea tan dura como la legalización del
aborto, se aparta de 1.500 personas para quedarse con 200, sólo
porque las 1.500 son de izquierda.
Entre las que se quedaron con nosotras, están las mujeres
de la Multisectorial de Santa Fe, que son las médicas,
enfermeras y activistas que lucharon por la vida de Ana María
Acevedo, y luego de su muerte, por la destitución de los
funcionarios implicados en el asesinato. Estas compañeras
acordaron coordinar con el plan de lucha que votamos en la
asamblea, y movilizarse en Santa Fe cuando lo hagamos en
Buenos Aires (ver recuadro).
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Plan
de Lucha Nacional
para conseguir la aprobación del Proyecto de Ley
presentado en el Congreso el 28/05 por el Derecho
al Aborto Libre, Legal, Seguro y Gratuito
25/11/07:
Día contra la violencia hacia la mujer
10/12/07:
Día Internacional de los Derechos Humanos
23/02/08:
A 5 años de su detención, por la libertad inmediata
a Romina Tejerina
08/03/08:
Día Internacional de mujer trabajadora
01/05/08:
Comienzo de las sesiones legislativas |
El ritual de la
derrota se derrumba
La antigua sociedad ateniense, donde las mujeres eran
esclavas aún en las clases altas, creó un ritual llamado
la Fiesta de Apolo. Una noche en el año, las mujeres tenían
permiso de reunirse entre ellas, sin hombres, en los techos
de la ciudad. Allí se contaban sus penurias, compartían
sus sueños y se liberaban por un rato de sus represiones.
Al día siguiente, luego del desahogo, todo volvía a la
normalidad, es decir, a la esclavitud.
El moderno capitalismo, durante los años de derrota del
movimiento obrero y popular de los 80 y 90, convirtió al
Encuentro de Mujeres en una Fiesta de Apolo.
La clase capitalista, a través de sus Estados y
organismos internacionales, hizo con las dirigentes
feministas el mismo trabajo de cooptación que realizó el
kirchnerismo con los principales organismos de derechos
humanos de la Argentina. Estas feministas
“institucionales”, para servir a su nueva política
de adaptación a la democracia burguesa y de defensa de los
gobiernos que la encarnan, crearon
toda una ideología de embellecimiento de la derrota.
Como no podemos llevar a la práctica las decisiones que
tomamos, pues no tomemos decisiones: a esto le llamamos
“consenso”. Como la clase obrera perdió, juntémonos
las mujeres de todas las clases a discutir qué significa
ser mujer: a esto le llamamos “identidad”. Como no
podemos destruir al capitalismo patriarcal, dediquémonos a
hacer trepar a las mujeres en el escalafón del sistema. A
este recurso de los derrotados, tan viejo como el mundo, mi
abuelita lo sintetizaba con un refrán: “si no puedes
vencerlos, únete a ellos”. Las feministas institucionales
le pusieron un nuevo nombre: “empoderamiento”.
Esta ideologización de la derrota es la que ha ganado a
la dirección del Encuentro Nacional de Mujeres. Su objetivo
político es evitar que
el movimiento de mujeres luche y accione contra el gobierno.
De allí brotan los alaridos que escuchamos en este evento
cada vez que alguien sugiere que es ridículo viajar mil kilómetros
para hacer lo mismo que hacemos en casa, escuchar bandas de
música o charlar de nuestros problemas: “¡Quieren romper
el Encuentro! ¡Quieren cambiar el carácter del
Encuentro!”.
Es que, en efecto, la lucha de las mujeres que
intervinieron en casos concretos de embarazos por violación,
de abortos clandestinos que terminaron en muerte o cárcel
para la víctima, las que se movilizaron por la libertad de
Romina, las médicas y enfermeras que batallan día a día
en los hospitales contra este femicidio del aborto ilegal,
los familiares de las desaparecidas de la democracia que son
las víctimas de las redes de prostitución, empiezan
a exigir acción, y lo más natural del mundo es que
vayan al Encuentro de Mujeres a
intentar unificar tanta pelea dispersa y silenciada.
La fuerza de nuestra política en el Encuentro (y el
ataque de nervios de su dirección) estuvo justamente en
esto, en que conectamos con un reclamo que se generaliza y
se hace más fuerte en cada Encuentro, al que la dirección
del Encuentro quiere acallar y que sólo necesitaba un lugar
y una hora donde expresarse, y un objetivo concreto y
unificado: el gobierno es responsable, luchemos contra el gobierno. Sabemos que
fue sólo un comienzo, pero creemos que el plan de lucha que
votamos, convirtiendo lo que iba a ser un ritual más en una
verdadera asamblea, es un buen punto de partida para seguir
convocando a ese movimiento de mujeres trabajadoras que,
desperdigado por todo el país, empieza a hacer oír su voz:
Convivimos con la
muerte todos los días, no estamos para charlas y bailes,
necesitamos unirnos para interpelar públicamente al que
decide: el Estado. Y hacerlo del único modo en que el
movimiento de mujeres puede “empoderarse”: movilizándonos.
Si podemos poner en práctica este plan de lucha, si va
creciendo en número y en acciones, sin duda contribuirá,
junto con las demás luchas que los trabajadores comiencen a
librar, a darle un golpe al nefasto pacto
social antipopular de Cristina.
Convocamos a las agrupaciones de izquierda, a las compañeras
de la Casa del Encuentro, que estuvieron con nosotras en el
preencuentro, a las de la Multisectorial de Santa Fe que ya
nos expresaron su intención de coordinar, y a las muchas
compañeras que no esperan nada de la charla de café con
los funcionarios en quienes confía la dirección de la
“Campaña”, a comunicarnos y hacer efectiva esta
coordinación nacional votada en la asamblea.
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