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Un debate con las compañeras de Pan y Rosas
Hay espacio para pelear una posición de
lucha contra el
gobierno
Las Rojas
La participación en este Encuentro dejó ver algunas
diferencias importantes que tuvimos, y que nos gustaría
debatir.
El objetivo prioritario de Las Rojas en este Encuentro era
la asamblea llamada por la “Campaña” en vista de la
pelea por el aborto legal. Sabíamos de las limitaciones que
la dirección de la “Campaña” le iba a poner a esa
asamblea (ver notas de balance), pero apostamos a que, si la
izquierda llevaba su posición a ese espacio, podíamos ser
escuchadas por cantidad de compañeras independientes que
apoyan la campaña verde, que coincidirían con nosotras en
que hay que sacar la pelea por el aborto legal de la charca
parlamentaria y llevarla a la calle. También consideramos
que el domingo teníamos que llevar las resoluciones de la
asamblea a los talleres y proponer a las demás mujeres el
plan de lucha que votamos. En suma, hacer en los talleres el
debate que la “Campaña” no quiso hacer en la asamblea
misma.
Pan y Rosas, en cambio, tenía como objetivo prioritario
echar a la Iglesia del Encuentro. Según entendimos, por dos
razones: una era que la condena a Von Wernich había sido un
golpe a la Iglesia que demostraba que por ese camino se podía
avanzar. Otra, que no había manera de golpear al gobierno y
sus aliadas en la “Campaña”. Esta posición se vio ya
en el preencuentro que hicimos en conjunto, donde las compañeras
de Pan y Rosas expresaron que no querían llevarle gente a
la asamblea de Marta Rosemberg (dirigente de la “Campaña”
feminista que apoya al gobierno). No veían ninguna
posibilidad de que la izquierda o las mujeres independientes
que quieren luchar pudieran pesar en esa asamblea. A pesar
de ello, la mayoría de las presentes en el preencuentro se
pronunció a favor de jugarnos a la asamblea y a la discusión
posterior en los talleres.
Es cierto que también nos pronunciamos por “fuera la
Iglesia del Encuentro”. Pero esto puede entenderse de dos
maneras. Una es la que practicó Pan y Rosas, a saber: el
Encuentro Nacional de Mujeres sigue siempre igual a sí
mismo, con la única diferencia de que, de ahora en más,
una guardia roja interrumpirá los debates expulsando físicamente
a las mujeres de la Iglesia de las comisiones.
Otra es la que entendemos nosotras: hay que dar una pelea
política para lograr que los Encuentros de Mujeres se
conviertan en el congreso de un movimiento de lucha contra
el Estado y sus amigos, entre ellos la Iglesia. De este
modo, la Iglesia queda afuera por definición. O sea, tal
como nos acusan las feministas y el PCR, queremos cambiar el carácter de los Encuentros. Eso significa pelearle la
dirección del movimiento de mujeres a la CTA, el PCR y las
feministas cooptadas por el gobierno.
Aunque parezca que estos objetivos nos quedan grandes, la
vida demuestra que cuando la izquierda le da pelea a la CTA
y afines, siempre les gana terreno. A veces todo el terreno,
como en Fate. A veces un espacio importante, como en el
gremio de prensa, donde, ayudados por la desubicación del
sector de la CTA que lo dirige, causamos un gran revuelo y
les provocamos una crisis. Y a veces ganamos nuevas
relaciones con sectores del movimiento a los que hasta el
momento no habíamos llegado, y avanzamos en sacarles otro
pedazo de careta a estas direcciones, como creemos que pasó
en este Encuentro.
Ya el año pasado, en Jujuy, Pan y Rosas se negó a
concurrir al acto por Romina, con el argumento de que estaba
dirigido por el PCR. Ya vieron lo que pasó: la movilización
de las mujeres, mucho más extendida que aquellas a las que
influencia la izquierda, le pasó por encima al PCR y
convirtió su pequeña ceremonia de lamentaciones en un
verdadero acto de repudio multitudinario.
Nos parece que los hechos, también en este caso,
demostraron que sí tenemos un espacio para pelear una
posición de lucha contra el gobierno. Marta Rosemberg y sus
incondicionales huyeron de la asamblea, y muchas compañeras
“verdes” se quedaron. Y luego, en los talleres donde
pudimos discutir, muchas también acordaron con el plan de
lucha. Por supuesto que esto no garantiza que se lleve a la
práctica. Depende en gran medida de que la izquierda se
mantenga en sus trece y se juegue a llevarlo adelante,
porque a partir de
haber logrado esa asamblea, estas compañeras que rompen o
cuestionan la política de la “Campaña” nos empiezan a
ver como un factor de posible unificación. Y aunque
son, como nosotras, una minoría entre las miles que van a
los Encuentros, son minorías activas y muy luchadoras, como
las mujeres de la Multisectorial de Santa Fe, que llevaron
adelante la pelea por Ana María Acevedo, o los grupos
feministas de Córdoba que ya están diciendo que la
“Campaña” no va más y que hay que coordinar con la
izquierda, o las de la Casa del Encuentro, influenciadas por
el feminismo histórico pero que también quedaron
entusiasmadas con los resultados de nuestra acción en la
asamblea.
Por último: en su balance posterior al Encuentro, Pan y
Rosas dice que las kirchneristas participaron muy poco en
los debates. Es verdad que muy pocas mujeres se animaban a
defender abiertamente al gobierno, pero no se engañen: la
pata del gobierno en los Encuentros no son las militantes K,
sino las dirigentes de la “Campaña”, Rosemberg y compañía.
La política del gobierno para el movimiento de mujeres
no es (por ahora) “viva Cristina” directamente. Esa
posición abriría, justamente, la discusión política que
no quieren hacer. La burocracia no abre discusiones. Su política
es “no hagamos política, no metamos al Estado en esto (la
lucha contra el Estado), fuera los partidos”. Y esta
posición sí estuvo
presente todo el tiempo, contra ella batallamos en Córdoba,
y esta vez con toda claridad ganamos a un sector.
Por eso nos parece importante avanzar en este debate,
porque queremos lograr una coordinación convencida y
convincente en este plan de lucha, empezando por ustedes y
las demás corrientes con las que actuamos en este Encuentro
en un bloque común.
Un abrazo, Las
Rojas
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