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Francia:
brutal ataque a los trabajadores
Huelgas
contra Sarko paralizan el país
Por Flor Beltrán
Corresponsal en Francia de Socialismo o Barbarie, 25/10/07
Sarkozy
anunció los próximos ataques a los trabajadores, empezando
por la anulación de las pensiones "especiales",
que es una conquista fundamentalmente de los trabajadores
del transporte público. Entre sus "múltiples"
objetivos se encuentran eliminar la jubilación obligatoria
antes de los 65 años, perseguir a los trabajadores sin
visas con controles policiales seguidos de expulsión del país,
imponer las franquicias sobre los gastos médicos, modificar
la sagrada jornada laboral francesa de 35 horas y el seguro
de desempleo. Estas son algunas de las "perlas"
del paquetazo que largó al ruedo el presidente francés.
París.- Estamos contentos por el éxito de la primera jornada de lucha
contra las reformas antiobreras de Sarkozy.
La huelga fue más masiva que los paros iniciales de 1995. Pararon
todos los transportes públicos y hasta de empresas
privadas. A pesar de que los burócratas sindicales llaman
hoy a volver a trabajar, en muchas asambleas de base votaron
continuar la huelga este viernes. Hay también muchos
sindicatos de base que se preparan para una lucha larga a
pesar del saboteo de las centrales sindicales. También
pararon el correo, sectores de la educación y otros gremios
menores.
Hubo también piquetes y manifestaciones muy combativas y masivas en
todo el país, en total unos 300 mil manifestantes, jóvenes
en su gran mayoría, pese a que los medios de comunicación
no paran de declarar que el pueblo francés quiere las
“reformas” de Sarko. Pero los trabajadores saben que sólo
la lucha unida, consecuente y decidida puede derrotar los
planes neoliberales de este gobierno. Por eso la consigna más
gritada en las manifestaciones fue: “¡Todos juntos, todos
juntos, contra los patronos y el gobierno!”
Estas huelgas y movilizaciones fueron precedidas el 13 de octubre por
una manifestación de más de 15.000 trabajadores que
salieron a la calle contra la reforma al sistema de salud.
Fue una manifestación impresionante. Se trataba en su mayoría de
trabajadores enfermos por las condiciones de trabajo. Hubo
un cortejo enorme de afectados por el amianto, material
cancerígeno que usaban en la construcción: iban en sillas
de ruedas, con bastones y muletas, como sobrevivientes de la
guerra. El gobierno y la patronal sabían que era mortal,
pero no se prohibió su uso hasta 1997.
Son importantes y significativas estas primeras respuestas, pero hay
que alertar al mismo tiempo de los peligros que se presentan
ante el movimiento y su continuidad. Los paros del 18 los
llamaron los mismos burócratas sindicales que han venido
frenando y traicionando las luchas libradas por el
movimiento obrero y los estudiantes en los últimos años.
Desde mediados de los ‘90, los trabajadores franceses han resistido
con relativo éxito las pretensiones patronales de liquidar
radicalmente sus conquistas. Ciertamente han retrocedido,
pero todavía no han sufrido una apabullante derrota, como
sucedió en EEUU, Gran Bretaña y otros países
imperialistas. La llamada “excepción francesa” es además
un punto de referencia de la lucha de clases en toda Europa
continental.
Pero esto lo han logrado los trabajadores y estudiantes franceses
porque desde 1995 y en repetidas ocasiones salieron a luchar
desbordando a los burócratas canallas (como sucedió el año
pasado con los estudiantes), aprovechando sus organizaciones
sindicales de base y/o creando otras nuevas, asamblearias.
Es decir, realizando acciones independientes, que muchas
veces la burocracia debió asumir y ponerse al frente para
no quedar liquidada.
Los burócratas sindicales de todos los colores, desde los amarillos de
Force Ouvrière hasta los “rojos” de la CGT, comenzaron
arrodillándose ante Sarkozy. En vez de alertar desde el
inicio sobre sus planes salvajes antiobreros y organizar la
resistencia, han pasado meses en amigables cenas, almuerzos
y reuniones a puertas cerradas con Sarko y sus ministros...
Y, lo que es peor, han venido haciendo toda suerte de
declaraciones confusas para desarmar y desmoralizar a los
trabajadores.
Ahora, cuando ya no pueden seguir ocultando las cosas y la rabia de las
bases comienza a afectarles, convocan a este paro de algunos
gremios y no proponen darle continuidad alguna. La
burocracia no lo dispone como inicio de un plan de lucha que
proseguiría después del 18.
Es la clásica maniobra que practican todos los burócratas sindicales
del mundo: cuando “las papas queman”, llaman a medidas
parciales y aisladas, para descomprimir la situación. Si la
medida tiene éxito, toman esto de pretexto para abrir el
período más largo posible de “negociaciones”... y de
pasividad y desmovilización. Y si la acción fracasa,
entonces declaran que no se puede hacer nada porque “las
bases no quieren luchar”.
Estas traiciones de la burocracia han vuelto a funcionar. Después de
la jornada del 18, dos sindicatos votaron proseguir la
huelga, por lo cual el 19 también siguió paralizado un
sector importante del tranporte. Pero la mayoría de las
direcciones burocráticas dispusieron levantar los paros y
el proceso quedó momentáneamente trunco.
Otro elemento preocupante de esta situación es que las principales
corrientes de la “extrema izquierda” –la LCR y LO–
se callan la boca frente a estas abiertas traiciones de las
burocracias sindicales. Es casi imposible encontrar en Rouge
(órgano de la LCR) o en Lutte Ouvriére alguna línea de
alerta sobre sus maniobras traidoras. Y menos aún, por
supuesto, de una política para combatirlas.
Bajo distintas formas, tanto la LCR como LO creen que el necesario
frente único obrero contra Sarko lo van a lograr, a nivel
sindical, implorando a la burocracia que una a los
trabajadores para luchar, sin hacerle crítica alguna; y, a
nivel político, haciendo exorcismos sobre el cadáver
hediondo del Partido Comunista Francés, para que resucite y
además se vuelva anticapitalista.
Lamentablemente, los dirigentes de la LCR y LO desechan la principal
experiencia de más de una década de lucha del proletariado
francés: desde las grandes huelgas de 1995 hasta el
movimiento de los estudiantes-trabajadores del 2006, ninguna
gran movilización victoriosa se desarrolló por obra y
gracia de la podrida burocracia, sino contra ella, desbordándola
y generando organismos, acciones y direcciones
independientes.
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