Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 113, 01/11/07
 

 

 

 

 

 

Francia: brutal ataque a los trabajadores

Huelgas contra Sarko paralizan el país

Por Flor Beltrán
Corresponsal en Francia de Socialismo o Barbarie, 25/10/07

Sarkozy anunció los próximos ataques a los trabajadores, empezando por la anulación de las pensiones "especiales", que es una conquista fundamentalmente de los trabajadores del transporte público. Entre sus "múltiples" objetivos se encuentran eliminar la jubilación obligatoria antes de los 65 años, perseguir a los trabajadores sin visas con controles policiales seguidos de expulsión del país, imponer las franquicias sobre los gastos médicos, modificar la sagrada jornada laboral francesa de 35 horas y el seguro de desempleo. Estas son algunas de las "perlas" del paquetazo que largó al ruedo el presidente francés.

París.- Estamos contentos por el éxito de la primera jornada de lucha contra las reformas antiobreras de Sarkozy.

La huelga fue más masiva que los paros iniciales de 1995. Pararon todos los transportes públicos y hasta de empresas privadas. A pesar de que los burócratas sindicales llaman hoy a volver a trabajar, en muchas asambleas de base votaron continuar la huelga este viernes. Hay también muchos sindicatos de base que se preparan para una lucha larga a pesar del saboteo de las centrales sindicales. También pararon el correo, sectores de la educación y otros gremios menores.

Hubo también piquetes y manifestaciones muy combativas y masivas en todo el país, en total unos 300 mil manifestantes, jóvenes en su gran mayoría, pese a que los medios de comunicación no paran de declarar que el pueblo francés quiere las “reformas” de Sarko. Pero los trabajadores saben que sólo la lucha unida, consecuente y decidida puede derrotar los planes neoliberales de este gobierno. Por eso la consigna más gritada en las manifestaciones fue: “¡Todos juntos, todos juntos, contra los patronos y el gobierno!”

Estas huelgas y movilizaciones fueron precedidas el 13 de octubre por una manifestación de más de 15.000 trabajadores que salieron a la calle contra la reforma al sistema de salud.

Fue una manifestación impresionante. Se trataba en su mayoría de trabajadores enfermos por las condiciones de trabajo. Hubo un cortejo enorme de afectados por el amianto, material cancerígeno que usaban en la construcción: iban en sillas de ruedas, con bastones y muletas, como sobrevivientes de la guerra. El gobierno y la patronal sabían que era mortal, pero no se prohibió su uso hasta 1997.

Son importantes y significativas estas primeras respuestas, pero hay que alertar al mismo tiempo de los peligros que se presentan ante el movimiento y su continuidad. Los paros del 18 los llamaron los mismos burócratas sindicales que han venido frenando y traicionando las luchas libradas por el movimiento obrero y los estudiantes en los últimos años.

Desde mediados de los ‘90, los trabajadores franceses han resistido con relativo éxito las pretensiones patronales de liquidar radicalmente sus conquistas. Ciertamente han retrocedido, pero todavía no han sufrido una apabullante derrota, como sucedió en EEUU, Gran Bretaña y otros países imperialistas. La llamada “excepción francesa” es además un punto de referencia de la lucha de clases en toda Europa continental.

Pero esto lo han logrado los trabajadores y estudiantes franceses porque desde 1995 y en repetidas ocasiones salieron a luchar desbordando a los burócratas canallas (como sucedió el año pasado con los estudiantes), aprovechando sus organizaciones sindicales de base y/o creando otras nuevas, asamblearias. Es decir, realizando acciones independientes, que muchas veces la burocracia debió asumir y ponerse al frente para no quedar liquidada.

Los burócratas sindicales de todos los colores, desde los amarillos de Force Ouvrière hasta los “rojos” de la CGT, comenzaron arrodillándose ante Sarkozy. En vez de alertar desde el inicio sobre sus planes salvajes antiobreros y organizar la resistencia, han pasado meses en amigables cenas, almuerzos y reuniones a puertas cerradas con Sarko y sus ministros... Y, lo que es peor, han venido haciendo toda suerte de declaraciones confusas para desarmar y desmoralizar a los trabajadores.

Ahora, cuando ya no pueden seguir ocultando las cosas y la rabia de las bases comienza a afectarles, convocan a este paro de algunos gremios y no proponen darle continuidad alguna. La burocracia no lo dispone como inicio de un plan de lucha que proseguiría después del 18.

Es la clásica maniobra que practican todos los burócratas sindicales del mundo: cuando “las papas queman”, llaman a medidas parciales y aisladas, para descomprimir la situación. Si la medida tiene éxito, toman esto de pretexto para abrir el período más largo posible de “negociaciones”... y de pasividad y desmovilización. Y si la acción fracasa, entonces declaran que no se puede hacer nada porque “las bases no quieren luchar”.

Estas traiciones de la burocracia han vuelto a funcionar. Después de la jornada del 18, dos sindicatos votaron proseguir la huelga, por lo cual el 19 también siguió paralizado un sector importante del tranporte. Pero la mayoría de las direcciones burocráticas dispusieron levantar los paros y el proceso quedó momentáneamente trunco.

Otro elemento preocupante de esta situación es que las principales corrientes de la “extrema izquierda” –la LCR y LO– se callan la boca frente a estas abiertas traiciones de las burocracias sindicales. Es casi imposible encontrar en Rouge (órgano de la LCR) o en Lutte Ouvriére alguna línea de alerta sobre sus maniobras traidoras. Y menos aún, por supuesto, de una política para combatirlas.

Bajo distintas formas, tanto la LCR como LO creen que el necesario frente único obrero contra Sarko lo van a lograr, a nivel sindical, implorando a la burocracia que una a los trabajadores para luchar, sin hacerle crítica alguna; y, a nivel político, haciendo exorcismos sobre el cadáver hediondo del Partido Comunista Francés, para que resucite y además se vuelva anticapitalista.

Lamentablemente, los dirigentes de la LCR y LO desechan la principal experiencia de más de una década de lucha del proletariado francés: desde las grandes huelgas de 1995 hasta el movimiento de los estudiantes-trabajadores del 2006, ninguna gran movilización victoriosa se desarrolló por obra y gracia de la podrida burocracia, sino contra ella, desbordándola y generando organismos, acciones y direcciones independientes.