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El
Sitrac-Sitram no ha muerto ni morirá jamás (II parte)
Una
de las expresiones políticas más avanzadas del clasismo
Por
Oscar Alba
Presentamos la segunda parte del texto sobre la
experiencia del Sitrac-Sitram en Córdoba (la primera se
publicó en SoB 105). Se trata en este caso del período políticamente
más activo y fecundo, y el que ofrece más lecciones para
las nuevas generaciones de luchadores obreros.
Sin duda, el
desarrollo de los sindicatos clasistas del Sitrac-Sitram se
da en el marco político general impuesto por el Cordobazo.
Esta seminsurrección obrera y estudiantil de mayo de 1969
tuvo como afluentes distintas corrientes del sindicalismo
cordobés. A su vez, estas corrientes reflejaban, no siempre
en forma idéntica, las principales líneas políticas-sindicales
que se expresaban en el orden nacional. Así, en 1968 se podían
identificar en la provincia tres sectores: los
“ortodoxos”, que estaban encabezados por Alejo Simó, de
la UOM; los “legalistas”, que tenían al frente a
Elpidio Torres del SMATA y a Atilio López de UTA (Unión
Tranviarios Automotor), y los “independientes”, con el
“Gringo” Agustín Tosco de Luz y Fuerza a la cabeza.
Estos
sectores se integraban en la CGT de los Argentinos –que a
nivel nacional lideraba el dirigente gráfico Raimundo
Ongaro y que en Córdoba agrupaba a una serie de sindicatos
chicos, a sectores burocráticos “ortodoxos” y a
Tosco– y en la CGT Azopardo, donde se van a nuclear los
“legalistas”.
Este
entramado del sindicalismo
cordobés era también, y fundamentalmente, producto del
acomodamiento de las direcciones de los gremios a las
presiones del ascenso obrero. Esto, por ejemplo, significó,
entre otras cosas, que la central obrera provincial
declarara una veintena de paros generales entre 1969 y 1971.
A
mediados de 1970, la burocracia del SMATA cordobés impulsa
la toma de varias fábricas con una serie de paros que duran
poco más de un mes y que finalmente terminarán, por la
traición de la dirección sindical, con el despido de 800
trabajadores de IKA-Renault. Ante esta situación, Elpidio
Torres renuncia a su cargo como secretario de la CGT, lo
cual va a provocar un nuevo reacomodamiento en las
tendencias sindicales de la provincia. En los últimos meses
de ese año, legalistas e independientes van a conformar una
alianza para superar, en parte, el vacío de conducción y
las permanentes disputas, agudizadas por la renuncia de
Torres. Pero si en la superestructura de los gremios se
reflejaba un verdadero crucigrama de sectores, las luchas
obreras iban consolidando y fortaleciendo por la base la
emergencia de una vanguardia cada vez más amplia y
combativa.
El clasismo
Es
en este marco en que comienzan a surgir direcciones
clasistas en diversos sectores de trabajadores, de las cuales el Sitrac-Sitram
va a trascender las fronteras cordobesas y logrará una
proyección nacional. En San Lorenzo (Santa Fe), los obreros
de Petroquímica Sudamericana (PASA) van a imponer una
dirección clasista. En las comisiones internas de Citroen,
Mercedes Benz y Chrysler tendrá un papel preponderante la
TAM (Tendencia de Avanzada Mecánica), que también tenía
influencia en otras fábricas automotrices como Peugeot y
otras. En el Banco Nación surge también una dirección
clasista.[1]
El
triunfo obrero del Sitrac, imponiendo una nueva dirección
antiburocrática y antipatronal, va a dar impulso a los
obreros de Materfer para pelear también contra la
burocracia, en este caso de Hugo Casanovas, secretario
general del Sitram. Pocos días después de la caída del
burócrata Lozano en el Sitrac, hubo una verdadera rebelión
obrera en Materfer.
El
3 de junio los trabajadores tomaron la planta exigiendo la
renuncia de Casanovas y toda la dirección del sindicato. Así,
siguiendo el ejemplo de sus compañeros de Concord, los
1.500 obreros de Materfer se armaron de una nueva dirección
combativa.
En
Concord, desde un principio, la nueva dirección se plantó
frente a la patronal para luchar contra los ritmos de
producción infernales que la FIAT imponía a sus
trabajadores. La Comisión Directiva del sindicato, apoyándose
en el activismo, comenzó a controlar al pie de las líneas
de producción para que los ritmos bajaran, sin que se
redujeran los salarios. Así fue que le torcieron el brazo
a la patronal, que tuvo que ceder y lograron un gran
triunfo.
Pero
la patronal no se quedó quieta y largó un nuevo zarpazo.
El 13 de enero de 1971 son despedidos Bizzi, Páez y Torres,
Sigampa y Jiménez, dirigentes del sindicato y del cuerpo de
delegados. Los obreros no hicieron esperar su respuesta y
tomaron la fábrica, manteniendo en su poder a varios
directivos como rehenes, pese a las amenazas del gobierno de
declarar a la provincia zona de emergencia para que el Ejército
desalojara la fábrica.
“Esa
noche en la asamblea se estuvo a punto de aceptar el
desalojo ante lo que parecía la inminente llegada del Ejército.
Fue en ese momento decisivo que intervino el compañero Páez,
logrando que no se realizara el abandono hasta que no se
reuniera el cuerpo de delegados y los activistas, que en ese
momento estaban en los distintos puestos de control. Reunido
el cuerpo de delegados, en un clima cargado de emotividad y
decisión de luchar, se resolvió resistir las amenazas y la
dictadura tuvo que dar marcha atrás”.[2] Rápidamente,
los trabajadores de otras fábricas hicieron llegar su
solidaridad efectiva. Cientos de trabajadores de
IKA-Renault, Perdriel y Materfer se encolumnaron para llegar
hasta la planta tomada. Nuevamente la patronal tuvo que
bajar el hocico y reincorporó a todos los despedidos.
El Sitrac-Sitram, el “Viborazo” y la ofensiva de la
dictadura
El
ascenso obrero no se detenía. A inicios de 1971 la lucha de
clases en Córdoba volvió a agudizarse. El Plenario de
Gremios de Córdoba rompe la tregua con el gobernador
Bernardo Bas y larga una huelga general. Al mes siguiente,
cae el gobierno provincial de Bas y es reemplazado por el de
Camilo Uriburu. La designación de este personaje de la
derecha como gobernador es repudiada por los trabajadores y
los estudiantes. El “Comando de lucha” [3] llama a un
nuevo paro general. El Sitrac-Sitram adhiere al paro
cortando la ruta 9 a la altura de Ferreira. La movilización
se extiende a los barrios. El corte de ruta es reprimido y
cae asesinado el obrero Adolfo Cepeda, de 17 años.
La
CGT provincial repudia la represión y llama a un nuevo paro
general para los días15 y 16 de marzo. Respondiendo a las
palabras del nuevo gobernador, los obreros y los estudiantes
ponen en marcha el “Viborazo”.[4]
El
primer día de paro, unas 12.000 personas concurren a un
acto en Plaza Vélez Sarfield. Por la tarde se ocupan los
barrios Güemes, Colón, Clínicas, Alberdi, Córdoba Centro
y Villa Revol.[5] El 17 de marzo cae el gobernador Uriburu y
la dictadura va a lanzar una represión sobre la vanguardia,
a la vez que prepara una nueva apertura democrática, el
Gran Acuerdo Nacional.
En
los meses siguientes continúa el ascenso de luchas, el
gobierno interviene organizaciones gremiales y son detenidos
cientos de activistas. En octubre, la dictadura del general
Lanusse prepara un nuevo golpe contra la vanguardia obrera
de Córdoba. El ejército desplaza tropas hacia las fábricas
de Ferreira y Santa Isabel, y el 26 de ese mes se lanza la
ofensiva contra el Sitrac- Sitram.
El
Ministerio de Trabajo le retira la personería gremial. La
policía ocupa los locales sindicales y la Gendarmería
ocupa las fábricas Concord y Materfer. No obstante, los
trabajadores resuelven, en un primer momento, mantenerse
dentro de las plantas. Se realiza una asamblea y se ratifica
la ocupación de las plantas. La policía reprime lanzando
gases vomitivos. Poco después los trabajadores deciden
abandonar las fábricas. El Sitrac-Sitram es disuelto y son
despedidos cerca de 400 trabajadores, mientras sus
dirigentes eran perseguidos y/o encarcelados.
El Sitrac-Sitram como herramienta política y sindical
El
desarrollo del Sitrac-Sitram debe ser visto no sólo desde
el punto de vista de su capacidad y su fuerza para organizar
huelgas, movilizaciones y tomas de fábrica, sino también
desde el punto de vista de su esfuerzo por dar respuestas políticas, no sólo ante los reclamos
obreros sino frente a los hechos políticos que sacudían el
país. El 22 y 23 de mayo de 1971, los sindicatos de
Concord y Materfer convocan al primer Plenario Nacional de
Sindicatos Combativos. Aunque Tosco y el peronismo combativo
no asistieron al mismo, y una delegación de 35 delegados de
la Intersindical de San Lorenzo fue detenida cuando se dirigían
al plenario, la concurrencia de los sectores ongaristas y
comisiones orientadas por el PRT (LV), entre otros, le
confirió una significativa representación. También
estuvieron presentes agrupaciones estudiantiles y políticas
de la izquierda. Allí,
el Sitrac-Sitram presentó su programa político, que tenía
un carácter anticapitalista, antiburocrático y
antiimperialista.
En
su punto tres, el programa expresaba: “La gran tarea del
frente de liberación es aglutinar bajo la dirección de los
trabajadores a todos los demás sectores oprimidos, a los
asalariados del campo y la ciudad, peones rurales,
campesinos pobres y colonos, capas medias de la ciudad,
curas del Tercer Mundo, profesionales, intelectuales y
artistas progresistas y al conjunto de los estudiantes. Este
frente de liberación nacional y social es el instrumento
apto para derrotar a las minorías reaccionarias que
detentan el poder coaligadas con el imperialismo,
instaurando, mediante la lucha popular y las movilizaciones
de masas, un gobierno popular revolucionario dirigido por la
clase obrera que pueda asegurar el cumplimiento del presente
programa, concretando la revolución democrática,
antimonopolista y antiimperialista, en marcha continua hacia
el socialismo”.[6]
Este programa, más allá de ciertos rasgos populistas y
etapistas, tenía el inmenso mérito de colocar a la clase
obrera como sujeto político y social del cambio
revolucionario. En este sentido, fue una de la expresiones
políticas más avanzadas del clasismo.
El
Plenario finalmente
aprobó el programa y
resolvió repudiar el GAN de Lanusse, a la vez que
reclamó un Plan de Lucha y la libertad de los presos políticos.
Para
el 28 de agosto el Sitrac-Sitram llama a un Segundo Plenario
Nacional, que se realizará en Córdoba. Fue una continuidad
del anterior en cuanto a los reclamos y las definiciones políticas,
y se convocó para una nueva reunión nacional de sindicatos
combativos y agrupaciones clasistas para el mes de
noviembre, la cual ya no se pudo realizar.
Los
plenarios fueron esencialmente
políticos, e incluso el debate al interior de la
dirección del Sitrac-Sitram muestran cómo su evolución
clasista fue producto también de arduas discusiones. Las
corrientes de la izquierda revolucionaria fueron otro factor
de influencia sobre las definiciones políticas del
Sitrac-Sitram, en un sentido y en otro. Es decir,
llevando, a través de sus militantes, tanto obreros de fábrica
como compañeros que se acercaban a la nueva dirección el
germen de la lucha revolucionaria. Como también
determinando posiciones erróneas como, por ejemplo, la
influencia sectaria de algunas organizaciones, como los maoístas,
que jugaron en contra de avanzar hacia un espacio clasista más
amplio. Por otra parte, la política aperturista del GAN
significó nuevas expectativas en el movimiento de masas, en
relación a un período de democracia y la vuelta de Perón
al gobierno. El Sitrac-Sitram, correctamente, repudió, como
dijimos, al GAN, ya que éste consistía en una política
para encarrilar el ascenso obrero hacia el parlamentarismo
burgués. Pero la consigna lanzada en su programa político
“Ni golpe ni elección, revolución”, aunque conllevaba un sano propósito de independencia de clase, desconocía
que las expectativas del movimiento obrero exigían dar
también la pelea en el terreno electoral con una
alternativa clasista. Esto
ayudó al aislamiento desde
el punto de vista objetivo y fue en contra de la maduración
del Sitrac-Sitram, ya no sólo como dirección de los
trabajadores de Córdoba sino como referente nacional de la
amplia vanguardia que se desarrollaba en todo el país.
En sus dieciséis meses de existencia, el Sitrac-Sitram dejó
una experiencia invalorable por su clasismo, por su heroísmo
y por haber demostrado en sus palabras y en sus acciones cómo
se pelea contra la patronal, contra la burocracia y los
gobiernos burgueses de turno. “El Sitrac-Sitram no ha
muerto ni morirá jamás” y la nueva generación de
luchadores obreros que
está surgiendo tendrá que completar la tarea que los
clasistas cordobeses dejaron como enseñanza.
Notas:
1.
Tanto el TAM como la Comisión Interna del Banco Nación
estaban orientados por el PRT (La Verdad), organización
surgida de la ruptura del Partido Revolucionario de los
Trabajadores.
2.
Gregorio Flores, “Sitrac-Sitram. La lucha del clasismo
contra la burocracia sindical”.
3.
El “Comando de Lucha” era un organismo creado por la CGT
cordobesa.
4.
El término “Viborazo” hace alusión a las palabras del
gobernador Uriburu, que por esos días había expresado que
en Córdoba anidaba “una venenosa serpiente”, en alusión
al proceso de luchas, a la cual él esperaba poder cortarle
la cabeza.
5.
Beba Balvé, “Lucha de calles, lucha de clases”.
6.
G. Flores: Documentos (“Sitrac-Sitram. La lucha del
clasismo…”)
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