|
Proyecto de ley por el aborto legal
Imponer en las calles el derecho al aborto
Las Rojas
La “Campaña por el
aborto legal, seguro y gratuito” tuvo su lanzamiento en un
acto casi “clandestino” en el Congreso. El desarrollo
del acto y los límites evidenciados por la política de las
organizadoras muestran que el camino para imponer el derecho
al aborto libre, gratuito y seguro pasa por la movilización
independiente, no por la confianza en proyectos
semioficiales o de “amigos del gobierno”.
Las organizaciones de mujeres nos
enteramos, mediante un flash de cuatro segundos en un
noticiero, de que el 28 de mayo (Día de la Salud de la
Mujer) la “Campaña por el aborto legal, seguro y
gratuito” presentaría un proyecto de ley en el Congreso
nacional, acompañado por un acto en la puerta del edificio
parlamentario. Mediante una misión de espionaje con
triangulación en el interior del país, conseguimos el
texto del proyecto, más clandestino y secreto que un
mensaje cifrado de Al Qaeda sobre el paradero de Bin Laden.
Más allá de que este proyecto tiene aspectos que se podrían
mejorar, y de que no acordamos en absoluto con su
fundamentación (ver más abajo), nos
parece que da la oportunidad de dar un paso adelante, dándole
al movimiento de mujeres un eje muy claro de lucha por su
aprobación. Así que, en cuanto nos enteramos, Las Rojas
largamos todo y fuimos volando al Congreso. A partir de aquí queremos dar una opinión crítica acerca del modo en que se desarrolló este acto,
que no es más que la continuación del criterio con que la
“Campaña por el aborto legal, seguro y gratuito” encara
la pelea por esta reivindicación de las mujeres.
En
la puerta del Congreso nos encontramos con las pocas mujeres
convocadas por las pocas organizaciones que se enteraron, y
con las mujeres de la “Campaña”, que al tiempo que
invitaban a las presentes a hacer uso de la palabra, les arrebataban
el micrófono en cuanto decían algo que no les gustaba.
¿Y qué es lo que no les gustaba?
1) Cualquier mención a la existencia de clases
sociales: las compañeras de “La Casa del Encuentro”,
habitantes de una villa de emergencia, agarraron el micrófono
para decir que la penalización del aborto castiga sobre
todo a las mujeres pobres, que son las que se mueren por
abortos en malas condiciones, mientras las mujeres de las
clases pudientes pueden acceder al aborto clínico... pagándolo.
Las mujeres de la “Campaña” no las dejaron hablar más.
2) Cualquier mención a la existencia del Estado y del
gobierno: Las Rojas hablamos en el acto preguntándonos si el
ministro Ginés realmente está de acuerdo con la
despenalización, a pesar de que firmó el petitorio de la
“Campaña”, porque no elaboró un solo proyecto de ley
en este sentido, y durante su mandato se presentaron incluso
casos que entrarían en el aborto no punible, según la ley
argentina, y no los defendió. En el Hospital Argerich
procesaron a una mujer que llegó con secuelas de un aborto
mal realizado, y Ginés tampoco la defendió. Por todo esto,
opinamos que las mujeres debemos confiar sólo en nuestra
propia capacidad de lucha para imponer nuestros reclamos, y
no en la buena voluntad de ningún funcionario, siempre
atados a compromisos con el poder. Cuando escucharon esto,
las mujeres de la “Campaña” nos quitaron el micrófono.
3) El reclamo de libertad para Romina: cada
vez que cantábamos “A los violadores la cárcel ya, para
Romina la libertad”, desde el equipo de sonido
(completamente monopolizado por la “Campaña…”) se
elevaba algún estridente canto que intentaba tapar nuestras
consignas.
Por qué esto es un problema
Es cierto lo que dijeron en ese acto
las compañeras de la Casa del Encuentro: el derecho al
aborto legal, el derecho a la maternidad elegida, aunque esté
negado en los papeles
para todas las mujeres, está negado en los hechos para
las mujeres de las clases pobres.
Esto corre para todos los derechos de la mujer. La mujer
trabajadora y pobre es la que no accede a guarderías, la
que no puede irse de la casa de un hombre golpeador, ni
contratar un buen abogado para juicios por alimentos, y
tampoco pagar un aborto o acceder a educación sexual y
anticonceptivos adecuados.
No
tratamos de negar el derecho “en abstracto” de todas las
mujeres a gozar de su sexualidad en iguales condiciones que
los varones. Pero la falta de ese derecho, al concretarse en
la vida real de las mujeres, produce situaciones demasiado
diferentes en las distintas clases sociales. Para las
mujeres pobres (es decir, la gran mayoría), es cuestión de
vida o muerte, y se convierte en un derecho humano elemental
y urgente. La propaganda de la “Campaña…”, que
constantemente con discursos como “las que acuden a una
curandera arriesgando su vida y también las que abortan en
condiciones clínicas pero culpadas por la sociedad…”,
intenta igualar la situación de todas, intenta también
desligar la tragedia de Romina de la ilegalidad del aborto,
y le quita a esta lucha sus banderas más sentidas, como la
muerte de Ana María en Santa Fe y la de las miles que
mueren por esta causa, que son todas
mujeres pobres.
Esta
es la razón por la que el gobierno se niega a legalizar el
aborto, a pesar de que el 80% de la población se ha
declarado a favor en numerosas encuestas. La clase burguesa,
a la que el gobierno representa, no lo necesita, y sí
necesita en cambio mantener los
mecanismos de control hacia los trabajadores y pobres que
son la Iglesia, la familia y
la maternidad compulsiva.
Los derechos de las mujeres pobres son los de toda la
clase trabajadora
Las
mujeres que tienen dinero, además, aunque se aprobara una
ley de aborto legal, seguirían acudiendo a clínicas
privadas, que es la medicina que utilizan habitualmente. La
mujer trabajadora es la que tendrá que seguir luchando para
que, junto con la legalización, haya hospitales en pie
donde se puedan realizar abortos “seguros y gratuitos”.
Toda la catástrofe de la salud y la educación en nuestro
país se sintetiza en la tragedia de las mujeres. No podemos
luchar seriamente para parar las muertes por aborto si no
luchamos por una salud y educación dignas para todos. Y
esta es una lucha contra el Estado capitalista, no hay
vuelta. Kirchner opina que “salir del infierno” es tener
40.000 palos verdes guardados en el Banco Central. La mujer
trabajadora no va a salir del infierno hasta que esos
recursos no salgan de allí para levantar los hospitales,
las escuelas y condiciones de trabajo y salarios dignos.
Esta es la contradicción de hierro que convierte en un
absurdo la confianza de la “Campaña…” en los
“funcionarios progresistas que apoyan los derechos de la
mujer”.
Para
imponer el derecho al aborto tenemos que unirnos todos los
que estamos a favor, pero nos parece que vamos al fracaso si
la voz de esta lucha la monopolizan las feministas
institucionales de la “Campaña…”, asociadas por
mil lazos al mismo Estado ante el cual reclaman. Lazos muy
concretos como cargos bien pagados y subsidios sin fin, y
que por eso maniobran todo el tiempo para negar
que ésta es una pelea contra el Estado, quitándole así al
movimiento de mujeres todo su potencial movilizador.
No
son precisamente los “funcionarios progresistas” los que
han sacado a la luz los hechos aberrantes que la ilegalidad
del aborto sigue produciendo, ni han movido un dedo para
ayudar. En los días en que Ginés García declaraba que
“en la práctica ya no se aplica la penalización del
aborto” (!!!), en Jujuy le negaron la pastilla del día
después a una joven jujeña que denunció una violación y
quedó embarazada. Fueron sus vecinos quienes se movilizaron
y juntaron el dinero para el aborto. En todos los casos
sucede lo mismo. ¿Dónde está el “apoyo” de los
funcionarios en los que se “apoyan” las militantes de la
“Campaña…”? ¿Dónde estaban los defensores de las
mujeres del gobierno cuando el Estado asesinó a Ana María
Acevedo en Santa Fe? Están gobernando el mismo Estado donde
trabajan los jueces, policías y curas cómplices de la
trata de mujeres y niños.
Las
Rojas ya iniciamos muchas actividades en facultades,
escuelas, barrios y lugares de trabajo en pos de lograr una
campaña masiva por la legalización del aborto. Llamamos a
la izquierda, a los movimientos sociales, a las trabajadoras
y luchadoras de los barrios a tomar esta campaña en
nuestras manos y hacer oír nuestra propia voz.
En
octubre tenemos una gran oportunidad en el Encuentro de
Mujeres a realizarse en Córdoba para votar allí un plan de
lucha nacional por la aprobación del proyecto de ley
presentado el 28 de mayo, y que jamás se va a convertir en
ley si queda en un mero debate parlamentario.
Ganemos las calles, los hospitales y los juzgados para
imponer el derecho al aborto legal y a la anticoncepción, y
por la libertad de Romina.
|