|
Editorial
Con Cristina en campaña y la economía en tensión
Prepararse para enfrentar el
“pacto social”
Cristina K, acompañada por su marido, está desarrollando
una campaña electoral, como mínimo, algo curiosa: se lleva
a cabo más en el exterior que dentro de nuestro propio país.
En los últimos días, realizó sendos viajes por España y
México, donde fue presentada como la “futura presidenta
de los argentinos”. Con el rey Juan Carlos, con Zapatero y
con Calderón se trataron “cuestiones de Estado”. Pero
lo más “jugoso” fueron los encuentros con lo más
granado del empresariado
de ambos países; sector que –a no olvidarlo– es la verdadera base de apoyo social de un gobierno que, como el de Néstor
Kirchner, ha garantizado la continuidad de las
superganancias de los grandes grupos capitalistas. Plan que
forma parte, por supuesto, de las intenciones de Cristina K,
muy lejos de cualquier veleidad “nacionalizadora” de
empresas.
Es que, fiel a la agenda que viene desplegando la candidata
del “cambio dentro de la continuidad”, Néstor y
Cristina se están esforzando por propagandizar los ejes
de su futura gestión de gobierno. Estos ejes (los
venimos analizando desde estas paginas), en el fondo no son
más que una clara
oferta de “garantías” acerca de que el “clima de
negocios” en el país y las “inversiones” realizadas y
por realizar no se encontrarán con “imprevistos”. Por
el contrario, a la economía se le harán los “ajustes”
que sean necesarios para que la cosas sigan marchando sobre
carriles de creciente “normalización”. Demás está
decir que estos compromisos se llevaron las palmas de los españoles y también el beneplácito de magnates
mexicanos como Carlos Slim (reconocido como el hombre más
rico del mundo, por encima incluso de Bill Gates), que
agradeció con sofisticados presentes tecnológicos (una
laptop de última generación) a la “señora (casi)
presidenta”.
El temblor de los mercados
Claro que no todas fueron rosas para el matrimonio K en
estos días. Hay que explicar la razón por la cual cuando
los “mercados” estornudan internacionalmente, aquí
amenazan con una neumonía. Lo ocurrido pinta bien las fragilidades y los estrechos
límites dentro de los que se mueve la “normalización”
económica y política alcanzada por el país.
La explicación no es tan difícil de esbozar. En Estados
Unidos –hoy un punto débil hoy de la economía
mundial–[1] periódicamente se arman “burbujas”
económicas, que no son otra cosa que un crecimiento
“artificial” de los precios y las acciones que expresan
una determinada rama de la economía. Años atrás, hubo una
burbuja de las acciones tecnológicas. Hoy aparecen como sobrevaluados los valores en la rama de la construcción. Es decir,
una situación de sobreinversión y sobreconstrucción que,
de no encontrar compradores, dejaría al descubierto una
cantidad de casas y edificios sobrantes,
lo que haría caer los precios inmobiliarios de conjunto. La
situación es que para alentar la continuidad de las
compras, se han dado créditos de muy dudosa calidad (los llamados subprime), que, en caso de
desvalorizarse el conjunto de este mercado-negocio, haría
que estos prestamos se vuelvan incobrables.
En ese caso, las pérdidas no serían nada
“despreciables”: se habla de “punciones” (quebrantos) de varios cientos de miles de
millones de dólares.
Esto hizo temblar por unos días las bolsas del mundo,
acompañada por una continua caída
del valor del dólar respecto del resto de las monedas
fuertes del mundo. No se trata sólo del euro o el yen. En
nuestro vecino Brasil, el real alcanzó picos
históricos, llegando a cotizar por debajo de los dos
reales igual un dólar.
Pero lo paradójico
del caso fue que, en nuestro país, las reacciones fueron
exactamente inversas.
El dólar, en vez de caer... subió,
alcanzando los $ 3,20 por dólar, acompañando una de
las máximas caídas
de la bolsa en el orden mundial. También subió el
riesgo país (que tuvo el mayor crecimiento respecto de los
demás países del continente), y en el día más difícil
(viernes 27), el BCRA debió salir a vender 150 millones de dólares para “planchar” el alza de la cotización.
Martín Redrado y demás autoridades monetarias del
gobierno se apresuraron a recordar que con casi 45.000
millones de reservas en el Central “no había que temer
ninguna corrida”, porque existirían “suficientes
reservas para controlar la situación”. Pero la segunda
paradoja es que aunque las reservas alcancen un valor
“histórico”, si no hubiera ningún riesgo, este tipo de
declaraciones estarían de más.
Hoy la situación aparece como “normalizada”. Y sin
embargo, el valor que tuvieron esos días negros
(jueves 26 y viernes 27 de julio) es su carácter de síntoma de que algo que no anda bien en la economía.
La necesidad de un “pacto social”
A esa fragilidad y vulnerabilidad en el funcionamiento de
la economía K se refiere un periodista, Fernando Laborda,
en oportunidad del lanzamiento de la candidatura
presidencial de Cristina K, cuando ésta planteó que apenas
inicie su mandato se lanzará a buscar un “pacto social”
de mediano y largo plazo entre empresarios y
“representantes de los trabajadores”: “Quizá esta
herramienta sea necesaria ante un escenario socioeconómico
en el cual no habrá
tiempo para debates ideológicos y estará dominado por la
crisis energética, la inflación reprimida, el
sinceramiento de tarifas del que ya se habla, la
necesidad de reordenar
la política de subsidios y las presiones
sectoriales” (La
Nación, 20-7-07).
Precisamente son ésos los factores que generaron la
paradoja de que el dólar crezca en medio de su caída
mundial, y que la bolsa tuviera un bajón récord en nuestro
país (respecto de las otras de la región) a fines de la
semana pasada. A la
economía K se le han venido acumulando contradicciones,
y la respuesta a ellas se le hace cada vez más cuesta
arriba al gobierno, que quiere postergarlas a todo trance
hasta después del 28 de octubre.
¿Cuál es la contradicción principal del “modelo” en
este momento? El hecho que la economía ha sido reordenada
por la devaluación en un sentido exportador,
lo que en las condiciones de la recuperación del ciclo de
las luchas sociales y el empleo de los últimos años
significa que los trabajadores –que palpan cotidianamente
cómo el aumento de los precios se devora su salario– no se amilanan en salir a reclamar frente a la estafa de un
empresariado que está embolsando ganancias a dos manos y
pretende conformar con migajas
a los obreros.
Aquí reside la contradicción
de hierro del modelo K: los precios de las exportaciones
argentinas están por las nubes y, para que les convenga
vender en el país, reclaman precios internacionales; al
mismo tiempo, los prestadores de servicios (luz, gas y teléfonos)
consideran que la emergencia política “ya pasó”, y
reclaman ahora, sí o sí, aumentos de las tarifas; los
transportistas (colectivos y trenes) tienen una opinión
similar y reclaman lo mismo.
Pero, además, el propio “modelo” es inflacionario porque el precio de lo producido está abaratado
artificialmente por la devaluación monetaria. Nos
explicamos: hay dos maneras de lograr mercancías baratas. O
la economía sufre un proceso de desarrollo real y entonces
incrementa su capacidad –también real– de producir
más producto en igual tiempo, o, si el grado de
productividad realmente no tiene estándares
internacionales, con la devaluación de la moneda la
producción aparece
en los mercados mundiales más barata. El problema es
que esto no deja de
ser artificial. Y, entonces, puede haber nuevamente dos
consecuencias: o todo aumenta y se vuelve a la
“realidad”, o aparece otro ancla: el
ancla clásica de ajustar a los trabajadores.
Nuevamente nos explicamos: la otra manera de lograr una “diferencia” real que evite el
descontrol de la inflación es mantener lo más
estrictamente posible las condiciones
de explotación del trabajo heredadas de los 90, y los
salarios, lo más bajos posibles. Porque éstos SI, al
ser baratos (aunque hay que competir con... China e India), son
un factor de “competitividad” en el terreno del mercado
mundial.
Y es precisamente ahí, entonces, donde aparece la nueva
“varita” mágica de Cristina K: el “pacto social”,
un instrumento que –en las condiciones que venimos
describiendo– se va a utilizar contra los trabajadores desde el comienzo mismo del 2008. Esto es,
para imponer un “disciplinamiento”
de sus reclamos (de la mano de la CGT y el CTA) para que
este diferencial de
productividad en el mercado mundial (las condiciones de
esclavitud laboral y los bajos salarios) se mantenga.
Claro está que aquellos sectores de trabajadores que
intenten salirse del “pacto” y los “cuerpos orgánicos”
deberán enfrentar condiciones de luchas aún más duras que las que debieron afrontar este año. Lo que
preanuncia un primer semestre del 2008 eventualmente más movido que el que se vivió este año.
Las luchas siguen y seguirán diciendo presente
Se sigue manifestando la tendencia que se observa desde el
comienzo de 2007. Es decir, el gobierno y las patronales (de
la mano de las direcciones sindicales) se han esforzado por
poner límites a los reclamos y por “normalizar” el conflicto social
en el sentido que los acuerdos se discuten por arriba en
paritarias donde se busca que prime la “responsabilidad”
de los dirigentes, y luego se busca –hacia abajo–
“disciplinar” a las bases para que nadie ose salir a
pelear.
Pero al mismo tiempo, si bien no de manera masiva o que
llegue a configurar un ascenso en regla, en todos estos
meses no han
faltado luchas emblemáticas:
ahí estuvieron las huelgas docentes de Neuquén y Santa
Cruz, o huelgas obreras de gran valor sintomático, como ha
sido el caso de Fate o el atisbo de pelea en Aluar.
Y el hecho es que, en plena coyuntura electoral, esta
tendencia que viene desde abajo se
sigue haciendo sentir: la explosión del duro conflicto
de la pesca en Puerto Deseado (habría entrado ahora en
conciliación obligatoria) y ahora la huelga de los obreros
del pescado en el puerto de Mar del Plata (ver cobertura
en esta edición) ilustran lo que venimos diciendo.
Entre el impulso “disciplinador” que viene desde arriba
y las tendencias a salir a la pelea, incluso por fuera de
los “cuerpos orgánicos”, que viene desde abajo
(alimentada por la inflación creciente y por una mayor
confianza en sus propias fuerzas entre sectores de la clase
obrera), se preanuncia que este ciclo de duras luchas
obreras que estamos transitando no sólo va a seguir, sino
que para comienzos del año próximo se va a poner más al
rojo vivo. Al
servicio de esto habrá que poner la próxima campaña
electoral de la izquierda clasista.
Nota:
1. Si en los últimos 30 años el capitalismo ha logrado
ganancias degradando las condiciones de vida y trabajo de la
clase obrera mundial, así como por el surgimiento de
enormes mercados para la producción mercantil como China,
India y los llamados ex países “socialistas”, esto no
ha impedido el retroceso que viene sufriendo la principal
economía imperialista, sometida a déficits combinados en
materia de comercio exterior, de endeudamiento y fiscal. Es
esta fragilidad de la economía norteamericana la que
desvela a los analistas, y de donde podrían venir los
temblores más dramáticos en la economía mundial, lógicamente
con inevitables consecuencias en Latinoamérica.
|