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La voz del amo
Ley Antiterrorista K dictada por Bush
Entre gallos y medianoche, el Congreso
argentino acaba de votar una ley que tiene como primera
particularidad que fue literalmente dictada
en EEUU a la señora Cristina Fernández de Kirchner por el
Departamento de Estado y el Consejo Judío (norte)Americano,
una de las principales entidades del lobby sionista en ese
país.
La segunda peculiaridad es que fue
aprobada por gran mayoría, tanto
por el bloque oficialista como por diversas bancadas
“opositoras”... lo que demuestra que en eso de
arrodillarse ante el Gran Hermano del Norte no hay mayores
diferencias entre los “progres” K y sus adversarios de
“derecha”.
Como recompensa a tanta obediencia,
Bush recompensaría a los argentinos generosamente. ¡Se
podrá viajar a EEUU sin visa! Esto debe haber dejado
indiferentes a los millones de viajeros que penan en el Roca
o el Sarmiento, pero es un gran alivio para las señoras que
viajan a hacer compras en las boutiques de Nueva York. Ahora
no van tener que perder tiempo haciendo largas colas en la
embajada.
Pero lo de la Ley Antiterrorista
Bush-Kirchner no es broma. Es un hecho muy
grave y de dimensiones internacionales.
Veamos algunos de sus peores aspectos.
•
Esta Ley se encuadra en la “guerra contra el
terrorismo” declarada por Bush para invadir y masacrar al
país que desee, en primer lugar a los del mundo árabe e
islámico. Como señala un estudio de la CORREPI
(Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional)
producido por Daniel Stragá, la Ley Antiterrorista deja
inmunes a los terroristas Nº 1, los “terroristas
de estado”. Por ejemplo, a los Bush, a los Blair
(responsables de 650.000 víctimas sólo en Iraq), a los
Olmert (cobarde masacrador de libaneses y palestinos), etc.
•
Como sucede siempre con este tipo de leyes represivas, están
redactadas en forma suficientemente ambigua para que puedan
usarse contra las luchas sociales y políticas nacionales e
internacionales que molesten al poder de turno. Para
eso, la ley tiene como uno de sus pilares la tristemente célebre
figura de la “coacción
agravada”, que viene
de la legislación de la dictadura militar. Considera
punible “obligar a un gobierno o a una organización
internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”.
Este truco ha servido para procesar y/o encarcelar a
infinidad de luchadores. Ha bastado que en alguna movilización
se rompa un vidrio o se produzca un incidente con la policía
(muchas veces desatado por provocadores), para que caiga el
garrote legal de la “coacción agravada” y los
luchadores vayan presos. Ahora se lo eleva a la décima
potencia, porque se lo internacionaliza. Se apunta a proteger a cualquier gobierno criminal (como, por ejemplo, el de Bush, que
asesina diariamente a centenares de personas desde Somalia a
Afganistán, y que ha establecido una red de campos de
detención y tortura, como el de Guantánamo). ¡Prohibido
“obligar” a Bush a que deje de asesinar y torturar!
•
Otro aspecto importante subrayado por Stragá: se
castiga “estar organizados en redes operativas internacionales”. De esa
manera, cualquier movilización internacional
antiimperialista o anticapitalista en la que intervengan
nacionales de diferentes países –como las recientes y
multitudinarias manifestaciones en Rostock, Alemania contra
el G8– caería bajo el garrote de nueva Ley K.
• La frutilla del postre es que legaliza que los servicios de las Fuerzas Armadas hagan nuevamente
espionaje interno. El repudio popular a los crímenes de
la dictadura obligó a prohibir por ley que estos servicios
actuaran dentro del país. Pero, después de haber sido
echados por la puerta, la nueva Ley Antiterrorista K les
permite ahora volver por la ventana: legaliza
el espionaje interno y autoriza a miembros de las Fuerzas
Armadas a realizar tareas de inteligencia y cumplir un rol
policial.
Podríamos llenar este periódico con
el recuento de las barbaridades de esta ley dictada desde
Washington. Nos parece que los partidos de izquierda, las
organizaciones de derechos humanos independientes del
gobierno K y los activistas obreros, estudiantiles y
sociales debemos tomar muy en serio esta amenaza. El primer
paso podría ser el de una campaña para concientizar sobre
los peligros de esta legislación que, en medios de los
tumultos de los últimos meses, logró pasar casi
inadvertida por el público.
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