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A
tres meses del asesinato de Carlos Fuentealba
“Sobisch es exactamente igual que el
que jaló el
gatillo”
El 22 de junio se llevó a cabo una charla
en el marco de la campaña por el castigo a los
responsables de la masacre de Puente Pueyrredón y del
asesinato de Carlos Fuentealba en la Facultad de Humanidades
de la Universidad del Comahue, organizada por el centro de
estudiantes. En ella estuvieron presentes Sandra Rodríguez
(compañera de Carlos Fuentealba), Alcides Christiansen (ex
dirigente de la UOCRA Neuquén y dirigente de nuestro
partido), compañeros docentes, de Zanón y del Polo Obrero.
Antes del inicio se descubrió una placa que designaba con
el nombre de Carlos Fuentealba el aula 1 de esa sede y se
inauguró un mural que homenajeaba las luchas de los
docentes. Reproducimos las intervenciones de Sandra Rodríguez
y Alcides Christiansen.
Sandra Rodríguez:
Para
mí es existencial el pedido de Justicia
ya! Nosotros debemos revertir, ésta es la
responsabilidad nuestra, la impunidad que hubo en todos los
casos como el de Kosteki y Santillán, como Teresa Rodríguez,
Silvia Rochetti y tantos casos más. Todas
las paredes están llenas de impunidad. Yo quiero que
impulsemos una campaña lo más amplia posible, exigiendo
que se haga justicia efectiva. Para eso necesitamos la mayor cantidad de
pronunciamientos, la mayor cantidad de firmas, pero no sólo la firma, sino el compromiso con la acción, con salir a luchar
en la calle, que es donde somos escuchados porque no les
queda otra. Ellos son inmorales, la moral es nuestra; la
ubicación como trabajadores la tenemos nosotros, por lo
tanto la exigencia debe ser nuestra. Es por esto que
nosotros tenemos que seguir exigiendo la renuncia de Jorge
Sobisch. Lo tenemos que cercar políticamente, aislar políticamente
en todo el país.
En
mis visitas a Buenos Aires pude constatar que hay una gran
predisposición de todos los sectores, de los trabajadores,
en las organizaciones, de mantener viva esta exigencia, con
la memoria activa diciendo: Basta
de impunidad y justicia ya!
Carlos
debe ser un caso ejemplo, para que podamos revertir un montón
de cosas. Primero teníamos que meter preso al que jaló el
gatillo; ahora vamos por
Sobisch, que para mí es exactamente igual que el que jaló
el gatillo. El cinismo con que se reprimió fue enorme,
se transformó en una enfermedad para los docentes. Si
nosotros no nos levantamos y nos ponemos de pie, qué futuro
podemos dar a esto. Una carta que me llegó decía: “Un país
que mata a un maestro deja sin palabras al futuro”, y es
así, nos dejó mudos, en silencio, callados, enfermos, nos
mata de a poco de alguna forma. A mí me siguen llegando
cartas de apoyo, pronunciamientos, pero para mí se está
viviendo un estado de terrorismo en nuestra provincia. Es
como que estamos refugiados en lugarcitos para hablar del
tema. No está toda la Universidad acá hoy hablando del
tema, sería interesante que se sume toda la Universidad a
discutir lo que pasó.
Cuando
hablamos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán estamos
hablando de personas, que tienen su identidad, su historia,
su trayectoria. El gobierno quiere borrarles su identidad y
tratarlas como un número. Un muerto más, un número más,
que sea anónimo. Yo, como compañera, tengo el deber de
hablar quién era Carlos. Él tenía sus convicciones,
mantenía sus banderas enarboladas. Es verdad que podía
haber sido cualquiera, fue un momento muy difícil. Yo sé
lo que ocasionó en muchos de sus compañeros. Cuando yo
dije que habían fusilado a mi familia, también están
fusilando de alguna forma a los docentes.
Está
en nosotros no bajar los brazos. Que ese mensaje que quiso
dar Sobisch al escarmentar a los docentes se vuelva su
contrario, que el escarmiento sea para este gobierno que con total libertad reprime
y fusila cobardemente por la espalda a un trabajador.
Este
fue un fusilamiento en un período democrático, Carlos se
estaba retirando, ni siquiera le dieron la posibilidad de
defenderse. Ellos le quitaron esa posibilidad. Todos
actuaron como en la época de la dictadura, en el encierro
de los autos, en el cinismo de un torturador, porque fue una
tortura lo que se hizo con los compañeros, persiguiéndolos,
amedrentándolos, sembrando miedo. Fueron tan crudas las imágenes
que se vieron, que en lugar de generar una bronca impulsiva
está generando el acallar, el silenciar y el inmovilizar,
esa cosa que nos provoca la impotencia. Si nosotros dejamos
que esto pase, si permitimos que esto quede impune… hoy
fue Carlos, cuántos Carlos más van a haber. Y no Carlos
“maestro”, sino Carlos “cualquier-trabajador” que
salga a pelear, que salga a luchar por reclamos justos.
Ustedes saben que los reclamos los vamos a tener que hacer
por mucho tiempo, hasta que realmente este sistema cambie.
Habla
Alcides Christiansen
“Carlitos vivió queriendo cambiar este
sistema
podrido”
Yo
fui compañero de Carlos desde hace 20 años, estuvo con
nosotros en la UOCRA y durante estos 3 últimos años fue
docente. Lo conocíamos bien y sabemos cómo pensaba.
Carlitos no fue solamente un trabajador de la construcción,
un maestro, sino que también educaba en otras cosas: cómo defenderse de la patronal, cómo acuñar la democracia obrera en
las obras; enseñó la solidaridad junto a los compañeros
que estábamos con él y nos formamos con él. El compañero
aprendió a abrazar las banderas de la lucha de clases, pero
también las de la revolución socialista; era un
revolucionario. Él se educó así y así educaba. Carlitos
quería cambiar este sistema, murió luchando por mejores
condiciones de vida, pero Carlitos vivió queriendo cambiar este sistema podrido donde no podemos
salir a la calle a pelear porque nos mandan a fusilar y a
matar. Y no es solamente acá; el gobierno nacional y
los gobiernos provinciales tienen que llevar adelante una
política de hambre urgente porque tienen que cerrarles los
números a ellos y a los empresarios.
Allá
vimos la muerte de los compañeros Kosteki y Santillán,
cuando estaban peleando por fuentes de trabajo y estaba
prohibido pedir trabajo y había que fusilarlos. Por eso hay
grandes coincidencias entre la muerte de estos compañeros,
de las cuales se cumple 5 años este 26 de junio, y el caso
de Carlitos. Si bien
están presos los que dispararon, los responsables siguen
sueltos, porque los jueces los quieren sueltos para que
sigan haciendo lo que hicieron aquella vez con Darío y Maxi
y lo que hicieron con Carlitos. Por eso depende de nosotros
cómo nos paramos frente a esta agresión. Y no sólo de
Sobisch; ya vimos cómo en Santa Cruz, gracias a la mala
puntería, hoy no tenemos un compañero estatal muerto.
Porque
a ellos nunca se les puede hacer un juicio, porque el que
necesita a esta gente libre es el sistema para reprimir a
las luchas de los trabajadores. Así
es el sistema capitalista contra el que Carlitos murió
peleando. Y ésa es la enseñanza más grande que nos
tiene que quedar. Muchos
nos vamos a encontrar en las calles peleando y allí les
vamos a decir: “No termina la lucha en el tema salarial,
hay una perspectiva mucho más profunda, cambiar este
sistema podrido”. Para que estos jóvenes, que no son el
futuro sino el presente (muchos les quieren prometer el
futuro para que no hagan nada ahora), aprendan de estas enseñanzas, de estos libros que escribe la lucha de
clases, que se escribe en las calles, en las aulas y las
obras; para poder llevar adelante una pelea, que no es sin
fin, que va a llegar a término cuando la clase trabajadora
y los pueblos estemos en una posición en la que mandemos
sobre nuestras vidas.
El problema central que nos cruza hoy es que no podemos
dejar impune la muerte de nuestro compañero. Ellos nos
quieren sentar un precedente como el que quisieron sentar
hace 10 años, cuando fuimos presos y el pueblo nos sacó,
por ir a protestar a la Gobernación, a pedir, igual que
Kosteki y Santillán, fuentes de trabajo, y terminamos tras
las rejas. No es casualidad que Carlitos estaba en esa pelea
y que se fuera último con nosotros, defendiendo a los compañeros
y a las compañeras que estaban siendo agredidas por la
policía. Tuvimos otra actitud, nos
defendimos y atacamos. Nos habían encerrado y tuvimos que
salir a pegar, en ese caso las ambulancias entraron a cargar
policías, y Sobisch se escapó por la ventana. Puede
ser casualidad o no que Carlitos haya caído, pero Carlitos
estaba ahí.
Para
llevar adelante con todo esta campaña, necesitamos la
fuerza de todos con las diferencias que tenemos. Hay un
punto de coincidencia: Juicio y castigo, No a la impunidad. Pero todo el mundo a marchar, no solamente juntamos las firmitas,
hay que ponerle las fichas a la lucha y a la movilización. En
este sentido, los estudiantes tienen que marchar junto con
nosotros. Por eso saludo la iniciativa de esta charla. El 4
de julio vamos a hacer una gran marcha, quisiera verle las
luces apagadas de la universidad porque estemos todos en la
calle. Y ahí sí que empieza a gustarme esta película,
porque empiezan a moverse aquellos que el gobierno no quiere
que se muevan, aquellos que tienen por delante una vida
completa, que el gobierno quiere que la tengan rezando y
trabajando como esclavos silenciosos. Nosotros
queremos que la tengan en la lucha de clases.
Fíjense
que si quisiéramos llenar el calendario con compañeros caídos,
lo llenamos, y eso es lamentable; por eso tenemos que tomar
los más inmediatos para revertir ese precedente que nos
quiso tirar Sobisch. Hacer lo mismo que hacía la Triple A
en el 74, con la diferencia que ellos tiraban y se iban,
este hijo de mil puta tiró y se quedó, se quedó a decir:
“así te vamos a seguir pegando si salís a luchar”.
Sobisch no es un loco, tiene los principios burgueses
capitalistas bien puestos, por eso mismo lo tenemos que
tratar como tal. Sobisch
no está muerto, quiere nacer de vuelta. A los muertos
los contamos cuando están fríos, es decir, cuando caen.
En
este sentido la lucha va a ser un éxito, pero no un exitazo
–un éxito mediado en relación a lo que perdió Sandra y
sus hijas y lo que perdimos nosotros– cuando éstos estén
tras las rejas. Va a ser una victoria total cuando todos
aquellos compañeros que cayeron o están presos sean
vengados por nosotros. Ese día nosotros vamos a decir:
tarea cumplida. Para ese día falta mucho, compañeros, pero
para andar mil kilómetros hay que dar el primer paso y a
eso los convoco.
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