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Palestina:
la situación en Gaza
Fracasa el
golpe de los títeres de Israel y EEUU
Por
Claudio Testa
Desde hace
meses, eran notorios los preparativos para un golpe de
estado contra el gobierno de Hamás, electo democráticamente
y por abrumadora mayoría en las elecciones legislativas del
25 de enero de 2006. Pero los golpistas –el
“presidente” de la “Autoridad Nacional Palestina”,
Mahmud Abbas, y los traidores de Fatah– fueron totalmente
derrotados en Gaza. Sin embargo, esa pandilla de corruptos a
sueldo de Israel y EEUU mantiene el control de Cisjordania,
gracias a la ocupación directa de Israel de ese territorio.
Esto abre una situación de grave peligro. Israel y los
imperialistas yanquis y de la Unión Europea han establecido
un bloqueo para rendir por hambre y enfermedades al heroico
pueblo de Gaza.
Traidores
se alquilan
Pocas
veces un golpe de estado fue más publicitado antes de que
ocurriera. Desde hace meses la prensa de Medio Oriente y del
resto del mundo informaba de los preparativos auspiciados
por Israel y EEUU para derribar por la fuerza al legítimo
gobierno palestino, presidido por Ismael Haniye, de Hamas. Y
hasta ya era público el nombre del candidato a Pinochet: el
antiguo agente de la CIA Mohamed
Dahlan, señor de la guerra de Gaza y jefe de los
pistoleros de Fatah que componen la llamada “guardia del
presidente Abbas”.
Curiosamente,
los
preparativos para un golpe sangriento estilo Pinochet se
desencadenaron después de la constitución de un
“gobierno palestino de unidad nacional”, acordado en
febrero entre Hamas y Fatah en La Meca, bajo el auspicio de
la monarquía saudita. El “gobierno de unidad nacional”
fue sólo el prólogo (tramposo) para desembocar finalmente
en la fallida intentona de golpe, fogoneada por Olmert y
Bush. Pero está visto que a esta pareja nada le sale bien
últimamente.
Los problemas de fondo: la ocupación
colonial-racista del sionismo y la burla de los derechos
democráticos del pueblo palestino
Pero
estas anécdotas sólo son la expresión de grandes
problemas de fondo. El primero y fundamental, que
Palestina fue invadida y colonizada por los sionistas con
apoyo del imperialismo británico, primero, y de EEUU después.
La población originaria, luego de décadas de guerras,
masacres y “limpiezas étnicas” perpetradas por los
colonizadores sionistas, fue en parte arrojada al exilio,
principalmente a los campamentos de refugiados de Líbano y
Jordania. Pero otra parte, que quedó en Palestina, ha sido
encerrada en su mayoría en guetos o bantustanes como el de
Gaza.
Como
sucede con todo régimen colonial, los sionistas encaran la
cuestión de qué hacer con población nativa. Las matanzas
y la expulsión fuera de Palestina sólo resolvieron una
parte del problema. Por eso Israel fue yendo paulatinamente
a una “solución” estilo Sudáfrica. Allí, los racistas
blancos constituyeron los “bantustanes”: pequeños
enclaves donde encerraban a la población africana. Esto se
hacía en el marco de un régimen racista –el apartheid–, donde los únicos que tenía plenos derechos civiles y
políticos eran los blancos.
En
Palestina, los colonizadores sionistas han establecido un régimen
de apartheid
semejante, con las únicas diferencias que no se trata de
africanos sino de palestinos... y de que cuentan con sponsors
más poderosos, principalmente EEUU. También, de la misma
manera, el Estado racista de Israel ha ido desalojando de
sus tierras a la población originaria y encerrándola en
bantustanes (uno, el de Gaza, y otros tres en Cisjordania),
rodeados de un muro de cemento de 8 metros de altura. En las
puertas de estas grandes “prisiones a cielo abierto”, el
ejército colonialista de Israel controla la entrada y
salida.
Pero
la similitud entre la ocupación sionista y el régimen de
apartheid de Sudáfrica no termina allí. Al frente de los
bantustanes, los racistas blancos ponían a “gobernar” a
africanos traidores. Montaron la farsa de “reinos” y
“estados independientes” africanos, mediante renegados a
su servicio: un tropel de “reyes” y jefes tribales se
prestó a esa canallada a cambio de privilegios. Esto tenía
sus ventajas: la primera, que esos africanos traidores se
encargaba directamente
del control y del “orden” (es decir, de la represión)
en los bantustanes. La segunda, que eran una parodia de
“estados” y “gobiernos” negros.
Los
sionistas hicieron lo mismo. Después de la Primera Intifada
(1987), que puso en grave crisis a los colonizadores,
decidieron pasar de
la ocupación directa, a la ocupación a través de una
“mediación”, de un “intermediario” palestino
(que además podía crear durante un tiempo la ilusión de
“autodeterminación” y de “gobierno propio”).
Para
eso negociaron los infames “Acuerdos de Oslo” (1993) con
la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y
especialmente con Fatah, el tradicional movimiento
nacionalista laico. De ese modo, Fatah, de combatir a Israel
pasó a conchabarse de gendarme en los bantustanes de
Cisjordania y Gaza... Así se constituyó la Autoridad
Nacional Palestina, que no es un verdadero gobierno, porque
“gobierna” sin plena soberanía, en un territorio
ocupado. A pesar de eso, la cosa funcionó durante algunos años,
pero finalmente entró en crisis irreversible con la Segunda
Intifada (2000).
En
una situación cada vez más difícil para sostener la
legitimidad del “gobierno” (elegido por nadie) de la
Autoridad Nacional Palestina, a los “cráneos” del
imperialismo –después de la muerte del líder histórico
de Fatah, Yasser Arafat– se les ocurrió una solución
genial: convocar a elecciones para una legislatura palestina
que formaría un gobierno.
Pensaban
que, de esa manera, darían un ejemplo de “democracia
occidental” a los bárbaros de Medio Oriente. Y, lo más
importante, que establecerían un nuevo
“gobierno” títere de Fatah pero legitimado
por el voto popular.
El
tiro les salió por la culata. En enero de 2006, las masas
palestinas emitieron un “voto castigo” contra Fatah y
dieron una arrasadora mayoría al movimiento islamista
Hamas, que había rechazado la traición de Oslo.
Las
elecciones fueron absolutamente libres y democráticas según los cánones
occidentales. Pero Israel, EEUU, la Unión Europea y las demás
“democracias” de Occidente no podían tolerar que
los palestinos “votaran mal”. Es decir, que no
eligieran a sus canallas y corruptos agentes.
A
partir de allí se dio uno de los más infames episodios de
dominación colonial y de atropello a un pueblo. Los
predicadores de la “democracia” decidieron no sólo desconocer
el resultado de estas elecciones libres y democráticas,
sino castigar a los
palestinos por atreverse a “votar mal”.
Establecieron un bloqueo económico y financiero que ha
hundido en la miseria, el hambre y las enfermedades a los
palestinos, especialmente los de Gaza. Y los genocidas
sionistas iniciaron una campaña de bombardeos,
ametrallamientos y matanzas sistemáticas de la población
civil.
Así,
a la intolerable opresión colonial se le sumó la negación del derecho democrático de votar y elegir.
Los
palestinos no se rindieron
Los
“democráticos” bárbaros de Israel y de Occidente
pensaron que tras unos meses de hambre, falta de medicinas y
de bombardeos y matanzas diarias, las masas palestinas iban
inclinarse contra Hamas y volver a los brazos de Fatah, que
les garantizaría la suspensión del bloqueo y los
asesinatos.
Sucedió
exactamente lo contrario: "Desde que Hamas ganó las elecciones
legislativas palestinas –reconocía The
New York Times en un reciente editorial–, el
presidente Bush y el primer ministro Ehud Olmert de Israel
han hecho todo lo que uno pueda imaginar para aislar a
Hamas... Diecisiete meses más tarde, Hamás es mucho más
fuerte y Fatah es mucho más débil".
Una vez más,
los palestinos “se portaban mal”. La “solución” del
golpe de estado surge, entonces, para remediar esto. Pero el
cambio en las relaciones de fuerza que advierte The New York Times, fue también el motivo de su fracaso (o semi
fracaso). Para un triunfo rotundo del golpe, la partida
fundamental se jugaba en Gaza, porque allí los traidores no
contaban con la protección directa e inmediata de las
tropas sionistas.
Para eso,
el candidato a Pinochet palestino, el agente de la CIA Mohamed Dahlan, nombrado por Abbas como “jefe del Consejo de
Seguridad Nacional”, recibe 60 millones de dólares de
EEUU, armas de Israel y desarrolla la “Fuerza de Seguridad
Palestina”. En Gaza, acumula armas y recluta a centenares
para su milicia, desde delincuentes hasta palestinos muertos
de hambre. Luego, pasa al terreno de las provocaciones y
asesinatos. Pensaba que eso iba a instalar un clima de
terror en Gaza, que allanaría el camino al golpe.
Pero
ocurrió lo opuesto. Como señala un comentarista, “el
plan estadounidense
fracasó espectacularmente. Tan pronto como la lucha se
inició en Gaza, los hombres de Dahlan se dejaron llevar por el pánico y huyeron a través
de la frontera con Egipto. Los que quedaron se rindieron
y fueron desarmados”.
El
corresponsal británico de The
Observer (edición dominical del 17 de junio de The
Guardian) explica el secreto de esta desbandada:
“Muchos
miembros dentro de Fatah apoyan las acciones de
Hamas. El ex miembro de alto rango de Fatah Khaled Abu Helah
dijo por la estación de televisión de Hamas que él «acogió
positivamente la limpieza por parte de Hamas de los
traidores y colaboradores en Fatah». Además, que «varios
oficiales en la guardia presidencial habían enviado sus
tropas a casa cuando comenzó el combate».
“Un
residente de Gaza agregó: «Los combatientes de Hamas no
reciben salarios. Ellos creen en lo que están haciendo.
Combatieron por cuatro días sin ir a dormir a sus casas. En
cambio, las fuerzas de seguridad de Fatah pelean por algunos
shekels [moneda israelí] o unos paquetes de cigarrillos.
Dahlan había usado la pobreza para reclutarlos. Por eso, la
mayoría ni siquiera se presentó para defender sus
estaciones. Muchos se quedaron en casa. La mayoría no se
puso los uniformes. Decenas llamaron al Qassam y dijeron:
‘Queremos irnos, dennos seguridad y pasaje seguro’. La
mayoría de la gente decente de la seguridad no quería
pelear por Dahlan o Israel o Estados Unidos. No sienten que
deben morir por la agenda norteamericana o israelí»”. Hay poco que agregar a estos testimonios para entender el verdadero
sentido de la “guerra civil palestina” que propalan los
medios de desinformación.
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