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Con
la crisis energética de fondo
La
“argentinización” de Repsol-YPF
Por
Mario Balmaceda
Bastaron dos o tres días seguidos de frío para poner
sobre la mesa la crisis energética que el oficialismo vino
negando durante los últimos años. Sin que haya llegado a su pico ni mucho
menos, es evidente que la penuria de generación de energía
es muy seria. A fin de no cortar el suministro de gas
domiciliario –medida que caería pésimo a tres meses de
las elecciones–, el gobierno se vio obligado a reducir de
manera sustancial la provisión de gas a la industria, con
la secuela de caída de la producción, suspensiones y
quejas airadas de la UIA.
Pero
la falta de gas es sólo un costado del problema energético
más general, que incluye en primer plano a los
hidrocarburos. En efecto: una de las consecuencias negativas
–que todos los implicados conocían– de la escandalosa
privatización de YPF fue que, como era de prever, Repsol se
dedicó a reventar
reservas y exportar crudo como si éste fuera un
verdadero país petrolero. Por supuesto, ni remotamente se
encargó de la parte más onerosa del negocio, es decir, reponer las reservas invirtiendo en exploración. El resultado, tal
como vienen anticipando todos los especialistas desde hace
tiempo, es que Argentina podría pasar
en no más de dos años de exportador a importador de petróleo,
siendo que la ubicación histórica del país desde
principios del siglo XX es la de un país autoabastecido,
esto es, que no podía exportar pero tampoco necesitaba
importar.[1]
En
el terreno energético, al igual que en el conjunto de la
economía, tanto los
empresarios como el kirchnerismo saben que la “fiesta”
del crecimiento sin inversiones de fondo no da para más.
Pudo salir del paso durante estos años gracias a que se
partía del piso bajísimo de 2002, pero un ritmo de
crecimiento del 8-9% anual ya no se sostiene sin una inyección
de inversión de capital genuina. En la infraestructura, y
en particular en energía, es donde más se nota esa
carencia, y eso es lo que pone de manifiesto el virtual
colapso de la provisión de gas, cuando el invierno apenas
empieza.
Ésa
es una de las razones que explican el interés del gobierno
por meter baza en las decisiones estratégicas de la
principal petrolera del país. Pero esto no significa, desde
ya, ninguna “nacionalización”, aun limitada. Tampoco
significa siquiera que se le vaya a dar algún rol real a
Enarsa, que va a seguir siendo una petrolera estatal
fantasma, sin pozos, sin inversiones y sin presupuesto.
No:
de lo que se habla es de la “argentinización” de YPF;
esto es, del ingreso como accionista de la petrolera de un
grupo empresario local.
Que
nadie piense que se trata de una “movida estratégica”
que implique hostilidad alguna hacia Repsol. Es sabido que
Kirchner, desde sus épocas de gobernador de Santa Cruz, fue
un firme partidario de la privatización, y más allá de
algunos tironeos, la relación entre el presidente argentino
y el grupo español jamás fue de conflicto sino más bien
lo contrario.
La realidad es que la primera interesada en la
“argentinización” de YPF fue la propia Repsol.
Una reunión de la Junta de Accionistas del 31
de mayo de 2005 ya reclamaba la “reducción de la
exposición” en Argentina, y en febrero
de 2006, el titular de la petrolera, Antonio Brufau,
dijo en Londres que “si vender parte de YPF es bueno para
la compañía, evaluaríamos hacerlo”. Hace poco, el
director financiero de Repsol, Fernando Ramírez, tuvo que
dar explicaciones por escrito a la SEC (Comisión del
Mercado de Valores de Nueva York, entidad que regula el
mercado bursátil de EE.UU.) acerca de la reducción
del nivel de reservas de Repsol-YPF y la seguridad de sus inversiones en América Latina (Clarín,
18-5-07).
Es
por eso que Repsol habla más bien de la “latinoamericanización”
de YPF. El plan de la compañía es transferir a YPF los
activos de Repsol en Bolivia y en Venezuela. Precisamente,
dos de los países “problemáticos” que generan
resquemor en la bolsa yanqui y en los accionistas españoles.
Fue
sólo después
que Repsol hizo explícita su intención de empezar a
salirse del negocio en los lugares “complicados”
–reservándose, como luego veremos, la parte más
jugosa– que el gobierno empezó a hacer aparato con la
“argentinización” de YPF y la invocación a las
inversiones, al proyecto productivo, al crecimiento
sustentable, a la “burguesía nacional”... Toda la
sanata de costumbre.
Negocios crudos y nada refinados
La
“argentinización” de YPF consiste en la siguiente
operación: el grupo
Eskenazi compra el 25% de las acciones de YPF por un valor
cercano a los 3.000 millones de dólares.
De esa cifra, un anticipo de alrededor del 15% se pagará al
contado, y el resto lo financiará un consorcio de bancos
internacionales.
La garantía serían las mismas acciones, y la intención
del grupo comprador es ir pagando las cuotas restantes con
el (supuesto) aumento de utilidades de la compañía.
Digamos de paso que se trata de un mecanismo similar al de las compras “apalancadas” de empresas
endeudadas o en crisis que
hizo furor en la segunda mitad de los 90 de la mano del
grupo Excel y otros, por lo general con destino funesto.
¿Qué
es el grupo Eskenazi? Su titular es Enrique Eskenazi, ex
director de Bunge y Born en los 80, fundador de la COPAL (la
más importante cámara de la alimentación), creador de la
constructora Petersen (una de las de mayor crecimiento en el
reciente “boom” del ramo) y controlador de los ex bancos
provinciales de Santa Fe, San Juan, Entre Ríos… y
Santa Cruz. Es decir, es quien tiene depositados en
Suiza, por cuenta y orden del gobierno provincial, los
famosos 600 millones de dólares de regalías petroleras. Más
allá de las obvias sospechas que genera este último dato,
se trata, a no dudarlo, de un
típico representante de la burguesía argentina tal como
fue siempre (esto es, con rasgos muy lejanos a los de la
mítica “burguesía nacional”).
El
plan de Repsol continúa con los siguientes pasos:
transferir a YPF los activos latinoamericanos, y luego, en
un plazo de un año, vender en la Bolsa de un 15 a un 20%
adicional del paquete accionario. Esa movida es la que da más
lugar a especulaciones: que Eskenazi compraría el total
para pasar a tener el 45%, que si aparecen otros interesados
argentinos, que Eskenazi vendería pronto su parte… Sea
como fuere, dos cosas parecen seguras. Primero, que el
gobierno argentino va a tener más peso en las decisiones
de la compañía. Y segundo, que los nuevos socios no
parecen, justamente, especialistas en hidrocarburos que van
a impulsar un decisivo golpe de timón hacia la inversión y
la producción, sino más bien lo de siempre: capitalistas
de vuelo bajo que buscan el negocito de corto plazo para
después salir corriendo.
En
realidad, si eso llega a suceder, no es para asombrarse: a una escala un poco mayor, Repsol hizo exactamente lo mismo. Veamos
cómo. Repsol no nació como una petrolera –difícilmente
podía serlo en España, país sin petróleo– sino como
refinería. Eso significa su sigla: Refinería de Petróleos
y Solventes. La amplia mayoría de sus reservas y de sus
ganancias se basa en su actividad en América Latina, que es
bastante reciente. Su principal operación fue la compra de
YPF, cuya “estrategia” fue, como vimos, el puro expolio:
extrae reservas, las
exporta, se llena de dólares, no invierte, descapitaliza la
compañía por no reponer las reservas, y cuando la cosa se
pone espesa… vende. Se va. Y no sólo de la Argentina,
sino de todos los países que sugieran regulaciones o trabas
a su lógica de capitalismo de saqueo.
A todo esto, incluso si Eskenazi u otro comprador llegan a
adquirir el 45% citado, la
operación petrolera de YPF seguirá en manos de Repsol.
¿Significa
esto que Repsol se despide definitivamente de América
Latina? Qué va: sólo de los negocios menos
rentables. Por ejemplo, ya es hizo público que la venta
de YPF y los demás negocios latinoamericanos no
incluirá los activos relacionados al gas
natural licuado (GNL), que según los especialistas
tiene un amplio futuro en la región, ya que permite
exportar gas sin gasoductos. Repsol participa en dos mega
emprendimientos de GNL en Perú y Trinidad Tobago que
apuntan a la exportación (Clarín,
8-6-07). Tanta jerarquía le da a este negocio Repsol que
creó una Dirección de GNL, a cuyo frente estará…
Enrique Locutura, el actual presidente de YPF.
Más
claro, agua: Repsol,
después de haber expoliado lo suficiente el subsuelo
argentino, y sin ganas de soportar negociaciones con
gobiernos de centro izquierda, busca nuevos horizontes.
El gobierno argentino aprovecha para darle entrada a un
negocio alicaído a sus capitalistas amigos, que seguramente
harán sus buenos mangos, a la vez que todo el asunto le da
a Kirchner la posibilidad de cacarear un poco sobre la
“patria” y la “soberanía”, sin ningún efecto
visible. O sí: que los perdedores serán los trabajadores, el pueblo y la Nación entera,
que pasarán del espectáculo de un saqueo imperialista a
gran escala a los negocitos de cabotaje de capitalistas
locales a los que les importa mucho el flujo de caja y muy
poco el flujo de petróleo. Y que viva el “desarrollo
sustentable” del segundo mandato K…
Un informe reciente citado por Marcelo Bonelli (Clarín, 15-5-07) alerta que la
producción de petróleo viene cayendo sistemáticamente
desde 2002 –YPF se privatizó en 1998–, pese a
lo cual la exportación de crudo sigue lo más pimpante.
Resultado: las reservas comprobadas de crudo cayeron a sólo
siete años, y es por eso que el
fin del autoabastecimiento está a la vuelta de la
esquina. Las estadísticas de la propia Repsol son
concluyentes: mientras que las reservas comprobadas de
petróleo y gas natural de la Argentina ascendían en
2001 a 3.290 millones de barriles, la cifra a diciembre
de 2006 sólo alcanza los 1.403 millones de barriles. La
pérdida de reservas es de casi el 60%.
Tanto
Kirchner como Cristina Fernández se ocuparon de
subrayar ante los capos de la Unión Industrial
Argentina que “llegó la hora de las inversiones”,
algo que suena a la vez como un reclamo y como una
promesa de protección.
Recordemos
que el 100% de YPF se vendió en 1998 a 14.000 millones
de dólares, lo que incluía una generosa porción de títulos
de la deuda externa que cotizaban a la cuarta o quinta
parte de su valor nominal. Sólo en tres años de
convertibilidad (1999-2001), YPF declaró ganancias por
unos 5.500 millones de dólares. Un regalo. A todo esto, la evaluación de los activos de la compañía
necesariamente debía bajar por las razones ya
apuntadas: se dedicó a exportar reservas –es decir, a
hacer plin caja– sin casi invertir en exploración.
Por otra parte, hay
infinidad de
versiones sobre la posible participación de otros
grupos argentinos y extranjeros en otras etapas de
la operación. Una nota de Marcelo Canton (Clarín,
10-6-07) aclara que se menciona a IRSA, a PDVSA, a
empresarios ligados a Kirchner, a Francisco de Narváez
y a una sociedad entre el ex ministro de Menem José
Luis Manzano y capitales chinos como posibles actores
del negocio.
Así,
como dijimos, Repsol piensa retirarse rápidamente de
Bolivia y Venezuela. No así de México, donde gobierna
gente con menos pretensiones regulatorias que Chávez,
Evo Morales o el propio Kirchner.
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