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Historia
de una de las experiencias clasistas más importantes de la
clase obrera argentina
El
SITRAC-SITRAM no ha muerto ni morirá jamás
Por Oscar Alba
En momentos en que el gobierno de Kirchner (junto a la burocracia de
la CGT y la CTA) está jugado a imponer un techo salarial
miserable, distintos sectores de trabajadores están
peleando duramente por mejores convenios salariales y
condiciones de trabajo. Los compañeros de subtes, los
ferroviarios, los obreros de FATE y otros están dando pelea
a las pretensiones del gobierno y las patronales. Es al
calor de las luchas que emerge una nueva generación obrera,
que comienza a hacer sus primeras armas. Esta misma generación,
a medida que se va “elevando”, busca afanosamente puntos
de referencia en la tradición de lucha de la clase obrera
que le permita reestablecer su memoria histórica y que le
sirva de punto de apoyo en sus nuevos desafíos.
Parte de lo más importante de la tradición combativa e independiente
de la vanguardia obrera fue la experiencia que se desarrolló
en las fábricas de la FIAT (Concord y Materfer) en la
provincia de Córdoba en 1970 y 1971. Experiencias que
tienen algunos puntos de contacto con las rebeliones obreras
en curso hoy en fábricas como FATE o Pirelli. El presente
artículo es el primero de dos que elaboramos sobre las
experiencias del SITRAC-SITRAM a fin de aportar sus enseñanzas
a los nuevos luchadores obreros.
La
empresa FIAT fue una de las primeras fábricas automotrices
de capital privado que se instaló en la provincia de Córdoba.
En 1953 lo había hecho la IKA (Industrias Kaiser
Argentina), de origen yanqui y que luego fuera absorbida por
la francesa Renault. La FIAT a su vez absorbe a la fábrica
local de tractores Pampa, e irá creciendo y abriendo nuevas
plantas. Surgen entonces FIAT Materfer (de material
ferroviario), la planta de Grandes Motores Diesel (Fiat GMD)
y la FIAT Caseros en el Gran Buenos Aires. Y el 30 de
septiembre de 1959 se aprueba la propuesta de FIAT de
invertir 4,5 millones de dólares para la construcción de
una planta en la localidad de Caseros. También se abrirá
la planta FORJA.
Este
proceso de extensión de las plantas fabriles de la empresa
trajo aparejada una concentración de miles de trabajadores en cuyo seno se va a
desarrollar un proceso de organización
independiente de la burocracia que controlaba el gremio
metalúrgico. Este proceso no fue lineal. Tuvo luchas
ascendentes y derrotas, en las que se
fue forjando una camada de dirigentes y activistas que
van a dar cuerpo a una de las direcciones clasistas más
importantes prohijadas por la etapa abierta con el Cordobazo
en mayo de 1969.
El camino hacia el SITRAC-SITRAM
Después
de la huelga metalúrgica de 1959, en algunos sectores
comenzó a desarrollarse la idea de constituir sindicatos
por fábricas. Esta idea, si bien era en principio impulsada
por trabajadores cercanos a la Democracia Cristiana, también era alentada por la patronal italiana de FIAT. “Los
trabajadores de FIAT fueron los únicos en toda la industria
automotriz que no estuvieron afiliados al SMATA. En lugar de
ello, FIAT presionó a los gobiernos de Frondizi e Illia
para obtener sindicatos de planta, ignorando de esa forma
las prácticas vigentes en el país de sindicatos por rama y
asegurándose un interlocutor sindical meramente formal que
sirviera para controlar y disciplinar a la fuerza laboral”
(El clasismo y los
obreros. El contexto fabril del “sindicalismo de liberación”
en la industria automotriz cordobesa, 1970-1975, James
P. Brennan).
Uno
de los argumentos en que se apoyaba esta idea era que
organizando sindicatos por fábrica se podrían lograr
conquistas laborales que la FIAT estaba dispuesta a otorgar,
pero que no podía hacerlo ya que el convenio de la UOM (Unión
Obrera Metalúrgica) abarcaba también a pequeñas y
medianas empresas que no estaban en condiciones de hacer
esas concesiones, mientras que la FIAT sí podía hacerlo.
Pero la verdadera razón era que para la patronal de FIAT
los sindicatos de fábrica les permitirían fragmentar
las fuerzas obreras de su empresa. Esta política se
enmascaraba con el concepto tradicional de la “gran
familia de FIAT”. A tal fin, entre otras cosas, se habían
construido clubes en las plantas de la empresa con canchas
de fútbol, quinchos y otras instalaciones deportivas para
que los obreros “disfrutaran” a la sombra del paternalismo
de los capitalistas de la industria automotriz. La
burocracia metalúrgica, con Augusto T. Vandor (1) a la
cabeza, desde luego, se oponía, ya que le recortaba la
fuente de prebendas y negociados con la patronal.
Así
surgieron el SITRAC (Sindicato de Trabajadores de Concord),
el SITRAM (Sindicato de Trabajadores de Materfer), el
SITRAFIC (Sindicato de Trabajadores de FIAT Caseros) y el
SITRA GMD (de los trabajadores de Grandes Motores Diesel).
El sindicato de Concord consiguió la personería en 1965
bajo el gobierno del radical Illia. Su reconocimiento legal
estuvo signado por la puja con la burocracia peronista.
En
1960, con el argumento de que se había restringido la
producción de tractores, la patronal despide a 200
trabajadores de la Concord. La dirigencia vandorista no hace nada por evitar los despidos. Dos años más tarde, en 1962,
el despido de un obrero provoca un conflicto importante.
Esta vez, el sindicato convocó a una asamblea que votó el
paro total dentro de la planta. La patronal informa que está
dispuesta a reincorporar al despedido, pero luego da marcha
atrás y los trabajadores decidieron continuar la huelga.
“En la segunda semana de huelga, hay un día de feriado
optativo. Como los paros se hacían dentro de la fábrica,
ese día muchos compañeros optan por no concurrir a la
planta, y los que concurren no marcan la tarjeta. Ni lerda
ni perezosa, la patronal a la salida del último turno del día
viernes cierra las
puertas de la fábrica y comienza el envío de telegramas de
despido con el pretexto de que en el feriado optativo,
al no concurrir o hacerlo sin marcar tarjeta, se ha hecho
abandono de trabajo”.(2) La huelga debe continuar fuera de
la fábrica... A medida que pasan los días, comienza a
pesar el aislamiento y el paro empieza a decaer. Finalmente,
la patronal logra derrotar la huelga y asesta un duro golpe
a los trabajadores. Muchos de los obreros que se reintegran
a su trabajo son obligados a firmar una nueva solicitud de
empleo. Es decir, como si recién entraran a trabajar, con
lo cual pierden su antigüedad y el régimen de licencia.
Por otra parte, toda
la Comisión Interna y los delegados más combativos son
despedidos. Otros delegados que habían jugado el papel
de rompehuelgas, incitando a los compañeros a trabajar, son
los que van a formar la nueva Comisión Interna, puesta a
dedo por el sindicato. La derrota de la huelga de 1962 abre
un período de retroceso en el cual los delegados son
directamente agentes de la patronal. Es en este marco que en 1965, como dijimos
anteriormente, se legaliza el SITRAC. El desprestigio de la
UOM, producto de su nefasto papel en el conflicto del 62 y
sus consecuencias, ayuda a que la idea del sindicato por fábrica
se fortalezca. De esta manera, los trabajadores de Concord
quedan divididos: la mayoría en el SITRAC y los de la
planta de automóviles en el SMATA.
Entre reorganizaciones y derrotas
La
apertura de la discusión del convenio trae aparejada una
nueva instancia de organización. La burocracia del SMATA
(bajo la dirección de Elpidio Torres) había ganado terreno
ante la retirada de la UOM de la empresa. Pero durante los
preparativos de la discusión paritaria, el asesor gremial
del SITRAC propone (y la asamblea lo aprueba), que se elija un
cuerpo de delegados del SITRAC, una comisión paritaria, y
que luego de la firma del convenio se plebiscite si los
trabajadores quieren ir al SMATA o al SITRAC.(3)
Las
negociaciones paritarias mostraron una brecha muy grande
entre lo que peticionaban los obreros y lo que estaba
dispuesta a dar la patronal. Finalmente, las negociaciones
se rompen y estalla el conflicto, que comienza con paros
sorpresivos de dos horas por turno. Junto con esto, los
trabajadores hacen carteles para que se conozca el
conflicto.
La
patronal firma el convenio con los sindicatos
(propatronales) de Materfer y de la FIAT Caseros. Luego de
esto, inicia una campaña sobre los trabajadores de Concord
aduciendo que “no podía hacer diferencias” entre sus
trabajadores y los insta a “deponer su actitud huelguística”.
En
la tercera semana del conflicto, la patronal provoca un
“lock out” y envía telegramas de despido a la mitad del
personal. El 23 de julio los trabajadores intentan ocupar la
planta. Se concentran frente a la planta (custodiada por la
caballería de la policía provincial), y cuando lo
intentan, unos sesenta trabajadores logran entrar a la
planta saltando el alambrado pero la policía lanza la
represión y logra dispersar a los obreros. El conflicto se
debilita y la patronal impone un acuerdo por el cual se
comprometía a continuar la discusión del convenio pero
despedía a 125 trabajadores. Luego de 27 días, la lucha
llegó a su fin. Como en 1962, los trabajadores de Concord
deberán remontar una importante derrota.
Cuando el horno no está para bollos
En
el período siguiente a la finalización del conflicto, la
burocracia de Vandor vuelve a la carga. Aprovechando el
clima de desazón y derrota de los obreros, recupera la
Comisión Directiva para la UOM. En connivencia con Oberdan
Salustro, director de la FIAT (4), la burocracia logra
integrar la lista al sindicato. La burocracia vandorista va
a dirigir al sindicato de fábrica hasta 1970.
En
marzo de ese año, el sindicato llega a un acuerdo con la
patronal sobre el convenio. El convenio sólo tenía en
cuenta reivindicaciones mínimas. Un rollo de papel higiénico
y un jabón mensuales eran presentado como “conquistas”
por la burocracia frente a los trabajadores. El 23 de marzo,
la burocracia encabezada por Jorge Lozano convoca a una
asamblea para refrendar el acuerdo firmado. Los trabajadores
van a la asamblea dispuestos a no dejar pasar un nuevo
atropello. En el inicio de la asamblea, los trabajadores desconocen
a la dirección de la asamblea que pretendían imponer
los delegados y votan a otros compañeros para dirigirla.
Posteriormente, y a propuesta de un obrero, los trabajadores
estallan contra la burocracia y resuelven echarla votando una nueva Comisión Provisoria para dirigir al sindicato.
Junto con esto, la asamblea desconoce el acuerdo firmado
entre los delegados vendidos y la patronal.
Los
burócratas no se quedan quietos y al día siguiente de la
asamblea, a través de la mayoría del Cuerpo de Delegados,
hace homologar el convenio. En la fábrica, los
trabajadores, al enterarse de esta maniobra, realizan
una asamblea donde se ratifica a la Provisoria y se resuelve
lanzar la campaña por su reconocimiento legal, con el aval
de 2.500 trabajadores. Luego de distintas actividades
para la legalidad de
la nueva dirección, los trabajadores resuelven quedarse en
la planta hasta que se reconozca a la Comisión. Esto duró
algunas horas pero fortaleció al activismo, y un mes después
de agotar las instancias legales, el 14 de mayo de 1970, los
trabajadores toman la fábrica, dejando dentro de ella, en
calidad de rehenes, a varios directivos. Finalmente, dos
días después, la patronal accede a reconocer a la Comisión Provisoria y se nombra un delegado del Ministerio de Trabajo para llamar a
elecciones en treinta días. Así, la Provisoria es
votada como nueva Comisión Directiva el 7 de julio de ese año.
La nueva comisión estaba conformada por el Gringo Carlos
Masera como secretario general, Domingo Bizzi como adjunto y
los compañeros Mortigliengo, Romero, Clavero, Torres,
Gregorio Flores y José Francisco Páez entre otros. Aquí
comienza, realmente, la
histórica experiencia clasista de los obreros de la FIAT que
desarrollaremos en nuestra próxima entrega.
Unas primeras conclusiones
La
experiencia del SITRAC-SITRAM debe ser comprendida en el
marco de la lucha que ha llevado la clase obrera en nuestro
país para arrancar de raíz los “cuerpos orgánicos” de
la burocracia sindical, enfrentando en forma independiente y
combativa a la patronal y los gobiernos. Esta lucha, como lo
muestra el surgimiento del SITRAC, fue muy dura y sus enseñanzas
cobran nueva vigencia
en nuestros días. Esto es, cuando observamos los primeros
destellos de una nueva generación obrera que no sólo
enfrenta a la patronal, sino que, harta de las condiciones
de esclavitud laboral y el manoseo de los dirigentes, comienza
a desarrollar experiencias para conformar nuevas direcciones
que respondan a las bases, como es el caso no sólo en FATE
sino también en Pirelli.
En
el origen del SITRAC confluyen varios factores sindicales y
políticos. El desarrollo de la industria automotriz, con la
consiguiente concentración de trabajadores calificados, se
combina con la irrupción
de una nueva generación de obreros que, a mediados de
los 60, comienzan a
hacer sus primeras armas en la lucha de clases. Por otro
lado, la propia patronal de FIAT estaba interesada en formar
sindicatos “amarillos” por fábrica que les fueran dóciles.
Y se agregan los intereses de las burocracias (tanto del
SMATA como de la UOM), que permanentemente buscan ganar a
sectores obreros para engordar sus bolsillos actuando como
aves de rapiña.
En
este marco, la organización de los sindicatos por fábrica
ha sido punto de discusión en la propia izquierda. Ya
veremos (en el próximo artículo), que en aquellos años 70
el movimiento clasista estuvo cruzado por profundos debates
alrededor de la conveniencia o no de dicha organización.
Pero independientemente de la conveniencia o no de cada
“modelo” de organización sindical (por fábrica o por
rama), es un hecho que en los casos del SITRAC-SITRAM a
la patronal le salió el tiro por la culata. Porque a la
presión de la fragmentación respecto del resto del gremio
y al “amarillismo” inicial de las direcciones del
sindicato se le vino a combinar el hecho de que al ser de fábrica
el gremio, estaba más
al alcance de la mano de la base obrera, que terminó
imponiendo sus métodos de democracia obrera y una nueva
dirección de compañeros honestos surgidos desde abajo.
Algunos
compañeros de la izquierda ven en los sindicatos por fábricas
sólo el aspecto divisionista, real, de los mismos, en
contra de la necesidad de pelear por la unidad de los
trabajadores de un mismo gremio. Sin embargo, para nosotros,
la experiencia
concreta del SITRAC demuestra que el fenómeno es más
contradictorio. No estamos diciendo que los sindicatos
por fábrica son la “receta”. En realidad, no hay receta
“organizativa” que valga en esta materia. La clase
obrera aprende a partir de situaciones concretas,
y así hay que balancear cada
experiencia.
Por
otro lado, si es completamente cierto que la unidad obrera
antiburocrática y antipatronal debe ser siempre una de las
estrategias de los luchadores, no lo es menos que el
desarrollo del SITRAC significó (ante todo) “una genuina
expresión de las bases que rompió los moldes del
sindicalismo tradicional y burocrático” (como lo plantea
Gregorio Flores, uno de sus dirigentes). Y en este sentido,
no hay posibilidad de lograr la unidad necesaria si no vamos
limpiando la maleza inmunda de la burocracia sindical. En
estas condiciones, las pretensiones de la patronal de FIAT
de contar con un sindicato “amarillo” que le respondiera
totalmente saltaron
por los aires cuando el ascenso obrero irrumpió en las
filas de los trabajadores automotrices. La burocracia
vandorista de Lozano tampoco pudo frenar la acción directa
de las bases obreras. La telaraña amarillenta de los
“cuerpos orgánicos” no pudo atrapar y fagocitar la
fuerza del movimiento asambleario del SITRAC.
En
definitiva, el reguero de pólvora de las luchas obreras y
las movilizaciones populares que se extendía por distintos
puntos del país a comienzos de los años 70 tuvo en la
dirección del SITRAC (más allá de sus errores, que también
los tuvo) un soporte invalorable que impulsó y fue parte de
la lucha contra la dictadura militar de Lanusse.
Notas:
(1)
Augusto Timoteo Vandor: secretario general de la UOM desde
1958, nació en 1923 en la localidad de Bovril, provincia de
Entre Ríos. Comenzó como delegado en la fábrica Philips
del barrio porteño de Saavedra. Fue asesinado por un grupo
guerrillero peronista en la sede central del gremio el 30 de
junio de 1969. A su muerte, accedió como secretario general
de los metalúrgicos Lorenzo Miguel.
(2)
Gregorio Flores, SITRAC-SITRAM.
La lucha del clasismo contra la burocracia sindical.
(3)
G. Flores, cit.
(4)
O. Salustro: nacido en Asunción (Paraguay) en 1915.
Director de FIAT, secuestrado por un comando del ERP el 21
de marzo de 1972 en Martínez, Buenos Aires. El 10 de abril
la policía realiza un procedimiento en la casa en que
estaba secuestrado Salustro en el barrio de Villa Lugano.
Los guerrilleros que lo cuidaban se tirotean con la policía
y Salustro cae muerto.
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