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La tragedia de Aluar
Una radiografía de la Argentina K
Por Oscar Alba
A pocos días de cumplirse tres años de la tragedia minera
de Río Turbio, en la que murieron catorce trabajadores del
carbón, nuevamente la muerte se abatió sobre una decena de
obreros, esta vez del gremio de la construcción. El miércoles
13 de junio se derrumbó un silo en construcción en el
interior de empresa Aluminio Argentino en Puerto Madryn,
provincia de Chubut.
En las primeras horas de la tarde del 13 se desplomó el
techo de un silo de cincuenta metros de altura, justo en
momentos en que se encontraban trabajando en él un grupo de
obreros. Fueron aplastados al caer la estructura sobre un
andamio, quedando como triste saldo 13 trabajadores sin vida
y tres gravemente heridos. Los trabajadores pertenecían a
la subcontratista Cadel y de los diez muertos, no
casualmente, nueve eran bolivianos y sólo uno nacionalizado
argentino. Es decir, se trata de las franjas de la clase
trabajadora más duramente superexplotada.
Según La Nación
del jueves 21, “actualmente, Aluar cuenta en su planta con
cuatro silos en operación. Dos son utilizados como depósito
de alumina, materia prima para la producción de aluminio.
Los obreros trabajaban en un quinto silo, que también sería
utilizado para acopio de los materiales de la planta”. La
obra iba a ser “bendecida” con la visita del presidente
Kirchner en estos días. Lo cual también era motivo para
que los trabajadores aumentaran sus ritmos de trabajo. La
obra de ampliación de Aluar, de la cual era parte el silo
cuyo techo se vino abajo, tiene un presupuesto de alrededor
de 800 millones de dólares, lo cual le permitirá a la
empresa de la familia Madanes Quintanilla pasar de 272.000
toneladas a 400.000 toneladas anuales.
Aluar rápidamente se lavó las manos emitiendo un
comunicado donde informaba que “la obra estaba a cargo de
una de una subcontratista”. Es decir, un burdo intento
para deslindar responsabilidades. Mientras tanto, los
familiares acudían para informarse (entre la angustia y la
desesperación) al Centro Nacional Patagónico, lugar adonde
llevaron los cuerpos de los muertos... en bolsas de nylon.
Madanes y el gobierno
son los responsables
En el mes de abril, la OIT (Organización Internacional del
Trabajo) celebró el “Día Mundial sobre la Seguridad y la
Salud en el Trabajo”. Allí, Alfredo Conte Grand, en
nombre del gobierno kirchnerista afirmó: “Promover la
salud y la seguridad no es cosa de un día ni
responsabilidad de algún sector sino que es responsabilidad
de todos, porque el trabajo seguro y saludable tiene alta
incidencia en la productividad y lo contrario tiene costos
altísimos que se agregan al sufrimiento humano”.
Más allá de que en sus palabras (como en el de todo
funcionario capitalista, por más “progresista” que se
proclame), la productividad y los costos económicos valen más
que el “sufrimiento humano” (por eso los nombra en
primer lugar), no se puede dejar de señalar la hipocresía
de un gobierno como el de K, derramando lágrimas de
cocodrilo por esta tragedia cuando todo el mundo sabe que el grado de “siniestralidad” en el trabajo en nuestro país es récord
mundial.
En este marco, la construcción es uno de los gremios que más
accidentes registra, y éstos han venido creciendo en forma
directamente proporcional al crecimiento económico de las
empresas constructoras. Así, en marzo de este año la UOCRA
informó que en 2006 se había producido la friolera de
72.130 accidentes. De estos, unos 9.000 correspondían a caídas
de trabajadores desde la altura, y otros 27.400 eran golpes
con y contra objetos con consecuencias diversas (Clarín).
Los reclamos de los vecinos de algunos barrios de la Capital
Federal, luego de varios derrumbes, pusieron al desnudo la precariedad
y los bajos costos con que se manejan los empresarios de la
construcción.
María José Insúa, en su trabajo “Boom inmobiliario es
¡boom y buuh!”, plantea: “Todo crecimiento inmobiliario
conlleva tres cosas elementales en su receta: buena guita
para el dueño de la constructora; gran cantidad de reclamos
vecinales y obreros
muertos en buena cantidad”. A estos tres elementos que
Insúa sintetiza hay que agregar la complicidad del gobierno
K y de la Justicia para cubrir la responsabilidad de los
capitalistas en la muerte de miles de trabajadores. Después
de tres años de la tragedia minera de Santa Cruz (la
provincia K), sólo
hay dos supervisores procesados. Nos preguntamos: esta
tragedia ¿será otras tantas de las “tensiones del
crecimiento” de la economía de las que suele hablar
Kirchner, o estamos en presencia de una verdadera radiografía
de la Argentina capitalista comandada por el gobierno?
Una lucha de vida o
muerte
En muchos casos, fundamentalmente en las obras en
construcción, los obreros deben resignar su obra social,
sus aportes jubilatorios y los elementos de seguridad para
poder acceder a un puesto de trabajo y ganar un salario de
miseria. En el caso de Puerto Madryn, la mayoría de los
muertos eran bolivianos. La comunidad de trabajadores
bolivianos es numerosa en el gremio de la construcción y
muchos de ellos son indocumentados. Así recorren nuestro país,
muchas veces hacinados en galpones para vivir y sometidos a
largas y extenuantes jornadas de trabajo. Es la condición
de extranjeros en necesidad, de la cual se aprovechan las
patronales para darles los trabajos más duros y
superexplotarlos. Para esto cuentan con
la complicidad de Gerardo Martínez y sus pares de la
burocracia de la UOCRA, que en Puerto Madryn se limitaron a
adherir a los tres días de duelo que decretó el gobernador
de Chubut. ¡Una vergüenza nacional!
En síntesis, en circunstancias como ésta se puede
visualizar que la pelea por mejores
condiciones de trabajo se convierte no sólo en una
pelea meramente reivindicativa, sino que es una verdadera
lucha de vida o muerte que se inscribe en la lucha
global contra la política del gobierno y el capitalismo en
nuestro país. Está planteada la necesidad del control
de los trabajadores de la seguridad y la salubridad en los
lugares de trabajo. Debe ser un aspecto fundamental de
los convenios y acuerdos laborales vigentes y reclama el
apoyo del conjunto de los trabajadores y las organizaciones
de la izquierda revolucionaria.
En lo inmediato, hay que levantar bien alto las banderas
por el juicio y
castigo a todos los responsables de esta tragedia.
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