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Mientras
K y Macri se dan la mano
La
procesion va por dentro
El posible corrimiento al centro del
próximo gobierno K ha abierto una discusión en la
vanguardia. La mayoría agita el espantajo de que estaríamos
transitando, o se viene, un redondo “giro a la derecha”
del conjunto de la situación política del país. Veamos
esto más de cerca.
Es
verdad que las elecciones capitalinas expresaron un claro
giro a la derecha electoral, y que las señales que va a ir
dando el gobierno nacional muy probablemente apunten a
robarle banderas a la oposición burguesa. También es un
hecho que a lo largo de todo el año –a través de una
coyuntura de duras luchas– el gobierno ha acumulado
acciones represivas sobre la amplia vanguardia que sale a
pelear. De ahí la importancia que cobran las reivindicaciones
democráticas, como la denuncia por la desaparición del
compañero López o la pelea contra la impunidad por el
asesinato de nuestro compañero Carlos Fuentealba.
Choques sociales en el horizonte
Sin
embargo, toda la realidad no puede definirse por uno solo de
sus elementos, ni las tareas son meramente “democráticas”
y/o “defensivas”. Porque si del 2001 a esta parte no
todo está igual y el proceso de reabsorción de la rebelión
popular ha ido avanzando, más de conjunto el ciclo de
rebelión popular que estamos transitando está
lejos de haberse cerrado.
Por
lo demás, hay otro elemento de importancia: ha
empezado la experiencia con el gobierno de Néstor Kirchner.
Y de ninguna manera lo mas factible es que se vaya a
expresar electoralmente en el país como en la Capital.
Sigue siendo lo mas probable que el gobierno K gane las
elecciones de octubre. ¿Pero qué va a pasar cuando
–eventualmente– a Cristina se le ocurra “sincerar”
las variables económicas con, por ejemplo, un brutal
aumento de los transportes? ¿O si hubiera un apagón
generalizado en la ciudad de Buenos Aires? Está casi
descartado que la respuesta popular no se haría esperar. Ahí
nomás está el estallido de furia en la estación
Constitución semanas atrás, que podría repetirse en
cualquier vuelta de la esquina. No se pueden descartar, en esas condiciones, duros choques sociales en
el horizonte.
En este
marco y de conjunto, lo que se verifica es una tendencia a
la polarización de
las contradicciones sociales con tres “actores”: el
centroizquierdismo K (más corrido a la derecha), la oposición
burguesa presionando por derecha y las luchas obreras,
populares y sociales por “izquierda”, con el grave déficit
de la falta de una expresión política genuina del proceso
de la recomposición.
Las
luchas obreras
Y
es precisamente en el marco anterior que, al mismo tiempo
que de las elecciones capitalinas salió el resultado que
salió, los
trabajadores de ninguna manera han dado signos de
“amilanarse”. Por el contrario, se viene transitando
una coyuntura de muy duras luchas que sigue sin mostrar signos de cerrarse. O las durísimas luchas
obreras y de trabajadores de Salta, Neuquén, Santa Cruz,
Fate, el Casino de Buenos Aires, Aluar, Pirelli, Mafisa y un
largo etcétera.
Es
que ha continuado y no se ha detenido el proceso de
acumulación y recomposición de los trabajadores que viene por
abajo, heredero
directo de las jornadas del 19 y 20 de diciembre. Este
es el fenómeno más importante para los socialistas
revolucionarios, al que debemos dedicar nuestros mayores esfuerzos. Proceso que está dando lugar –en determinadas
circunstancias– a verdaderas rebeliones
obreras contra las condiciones de esclavitud laboral
(ver articulo sobre la tragedia obrera en Aluar) y las
direcciones burocráticas y que expresa un estratégico
despertar del gigante proletario.
Rebeliones obreras que recurrentemente se cobran
nuevas “víctimas”: que lo diga si no Vera Fleitas, burócrata
de estilo cegetista, con reloj de oro y 4 x 4, dirigente de
Pirelli, que, como reflejo de la experiencia de Fate, fue
también profusamente “surtido” por la base obrera de
esa fábrica, harta de 15 años de esclavitud laboral
garantizada por los burócratas.
En
las condiciones señaladas, la
primera y fundamental tarea sigue siendo el apoyo
a las luchas obreras, el aliento al proceso de desborde
a la odiada burocracia y la coordinación
efectiva de las peleas en curso.
Hace
falta un Movimiento Político de Trabajadores
Pero
junto con alentar con todo este proceso de recomposición,
hay que buscar las vías para resolver un problema que se
hace cada vez más cuesta arriba: la falta de una expresión política independiente de este proceso de la
vanguardia obrera. Es decir, la aguda contradicción de
que a falta de una auténtica alternativa política por
izquierda y de clase, la experiencia con el gobierno K la
terminan capitalizando expresiones burguesas como el PRO o
el ARI en Tierra del Fuego.
Lamentablemente,
en oportunidad misma del Argentinazo desde el nuevo MAS
insistimos en que era el momento de dar este paso: la puesta
en pie de un Movimiento
Político de los Trabajadores. Sin embargo, el MST en su
oportunismo electoral (“la única alternativa es Izquierda
Unida”... con el PC); el PO, por su autoproclamación
(“somos EL partido”); y el PTS, por su sectarismo
habitual (“partido revolucionario o nada”), se negaron
rotundamente.
Y
sin embargo, ahora mismo, aun en un momento distinto, esta
tarea vuelve a
hacerse acuciante. Es decir, la puesta en pie de un movimiento o partido político de los Trabajadores que conjugue las
principales experiencias de la vanguardia obrera y las
corrientes de la izquierda revolucionaria. Un paso hacia el
cual puede ser la formación de un bloque
clasista y socialista para las elecciones de octubre próximo.
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