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¿Es
Afganistán la siguiente derrota?
Por
Immanuel Wallerstein
Para
la mayoría de la gente, la catástrofe de Bush y EEUU en
sus últimas intervenciones militares se identifica casi
exclusivamente con la situación de Irak. Sin embargo, las
cosas también van de mal en peor en la primera aventura bélica
de Bush: Afganistán. El gran historiador Immanuel
Wallerstein llama la atención sobre este hecho de gran
importancia en el marco de la crisis de dominación del
imperialismo yanqui. (SoB)
Todos
saben que Estados Unidos ha perdido la guerra en Irak. Hoy,
la política de Washington DC es simplemente una serie de
maniobras entre republicanos y demócratas para posicionarse
a sí mismos, de modo que el otro partido pague el precio
electoral del fiasco. ¿Será Afganistán la siguiente
derrota? Hace seis años Osama Bin Laden predijo que Estados
Unidos sufriría la misma derrota que la Unión Soviética.
¿Estaba en lo cierto?
Después
del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos y Gran Bretaña
se dirigieron contra el régimen afgano de los talibanes con
miras a cambiarlo –decisión que hoy sabemos ya había
tomado Estados Unidos desde julio de 2001, dos meses antes
del 11 de septiembre. El principal argumento público era
que el régimen albergaba a los líderes de Al Qaeda y sus
campos de entrenamiento. El presidente Bush le hizo un ultimátum
a los talibanes el 21 de septiembre, el cual rechazaron, y
el 7 de octubre las tropas estadounidenses–británicas
invadieron.
En
ese entonces casi todo el mundo estaba del lado de los
invasores. Los talibanes eran el modelo mismo de un terrible
y aterrador régimen. No sólo daban refugio a Al Qaeda (y
con orgullo), sino que imponían la práctica de una versión
extrema de la sharia musulmana (o "ley islámica",
como se le conoce), y eran particularmente crueles y severos
con las mujeres –negándoles empleo, educación y la
posibilidad de abandonar sus hogares, a no ser que salieran
cubiertas con una muy extensa burka (gran velo utilizado en
muchos países islámicos, pero que en Afganistán asume la
forma de una amplia y total túnica), y las acompañara un
pariente adulto hombre. Entonces, cuando Estados Unidos
invadió, casi todo el mundo aplaudió –no sólo los
aliados occidentales de Estados Unidos, sino también
(recordemos) Rusia e Irán. Casi la única resistencia
provino de Pakistán.
Por
supuesto, esas reacciones no fueron sorpresa. Hacía mucho
tiempo que Rusia respaldaba a un grupo antitalibán conocido
como la Alianza del Norte, compuesto por grupos étnicos
diferentes de la mayoría pashtún, que era la base de las
fuerzas talibanes. De igual modo, Irán había estado
apoyando a un grupo antitalibán con el que tenían lazos étnicos.
Y en cuanto a Pakistán, los talibanes eran sus protegidos,
y la agencia de inteligencia paquistaní (ISI) era el
principal respaldo de éstos. Sacar del poder a los
talibanes significaba sacar a Pakistán de su esfera de
influencia (vacío al que los hindis se apresuraron a
precipitarse).
Para
entender lo que ocurrió desde 2001, debemos llevar el
relato por lo menos 30 años atrás. En el siglo XIX
Afganistán fue terreno en disputa entre Rusia y Gran Bretaña.
En el periodo posterior a 1945 se convirtió en terreno de
disputa entre la Unión Soviética y Estados Unidos.
En
1978 el Partido Democrático del Pueblo de Afganistán (PDPA),
comunista, derrocó al gobierno –en contra de los deseos
de Moscú. Dado que el PDPA estaba compuesto por dos
facciones en fuerte competencia (divididas, en parte, según
líneas étnicas), se desencadenó un periodo de luchas
intestinas entre los comunistas, a las cuales fue arrastrada
la Unión Soviética. Finalmente, en diciembre de 1979 las
tropas soviéticas entraron en Afganistán para intentar
estabilizar la situación.
Años
más tarde Zbigniew Brzezinski reveló que Estados Unidos
hizo todo por arrastrar a la Unión Soviética hacia
Afganistán, anticipando que se volvería su
"Vietnam". En tanto, Estados Unidos y Pakistán
respaldaron muy activamente el entrenamiento y armamento de
los mujaidines islamitas, quienes buscaban derrocar al régimen
comunista. Osama Bin Laden era uno de aquellos para quienes
el entrenamiento militar fue regalo de Estados Unidos. El régimen
comunista no era ningún idilio, pero por lo menos era laico
y ofrecía muy extensos derechos a las mujeres. Nada de esto
fue cierto en ningún régimen subsecuente.
La
invasión soviética resultó ser, de hecho, una experiencia
semejante a Vietnam para la Unión Soviética –muy costosa
en vidas, dinero y respaldo popular en casa–, y durante el
gobierno de Gorbachov los soviéticos comenzaron a
retirarse. Sin embargo, la guerra civil no cesó. De hecho,
se expandió. Porque ahora había grupos de ex mujaidines
que competían por instalarse en el poder en Kabul.
Tras
varios años de una guerra civil desgastante y destructiva,
un grupo de "estudiantes" islámicos, conocidos
como talibanes, con respaldo del ejército paquistaní,
barrieron el país, ocuparon Kabul y para alivio general
establecieron una suerte de orden.
Sin
embargo, muy pronto resultó que el "orden" que
establecieron no era del gusto de todos. Los pashtún eran
el grupo étnico más grande, pero de ninguna manera el único
importante. Y los otros se sintieron excluidos. Además, los
talibanes se volvieron más vociferantes en ser islamitas,
lo que incluyó la destrucción de una de las maravillas
arqueológicas de Afganistán –dos enormes estatuas
budistas–. Y el líder de los talibanes, el mullah Omar,
estableció una relación cercana con Osama Bin Laden. De ahí
la invasión estadounidense en 2001.
En
ese momento volvieron los grupos en competencia que los
talibanes habían corrido. Y de inicio se estableció un
nuevo orden, con la ayuda militar de Estados Unidos y la
intervención diplomática de Naciones Unidas. Se creó un
gobierno nacional encabezado por Hamid Karzai, quien
estableció su autoridad en Kabul –pero no realmente en el
resto del país. El orden se deterioró de nuevo, y en 2003
comenzó a resurgir la fuerza militar talibán, con la
tolerancia tácita de Pakistán.
Debido
a que Estados Unidos se hallaba embrollado en Irak, apeló a
la OTAN para que ayudara. En enero de 2006, la seguridad la
asumió la Fuerza de Asistencia en Seguridad Internacional
de la OTAN (NISAF, por sus siglas en inglés), con unidades
de un gran número de países –Gran Bretaña, Canadá,
Holanda, Dinamarca, Australia, Estonia, Noruega, Francia,
Italia, Nueva Zelanda–.
Sin
embargo, la mayoría de estos países fueron renuentes a
usar sus tropas –y cada uno estableció reglas diferentes
de involucramiento e insistió en localizaciones
particulares para sus tropas (con frecuencia prefiriendo
Kabul, el lugar más seguro). Ahora, en virtualmente cada
uno de estos países, hay un activo debate político en
torno a si deben mantener sus tropas allá.
Entonces,
los talibanes están de regreso y tienen fuerza. NISAF puede
no sobrevivir por mucho más tiempo. Y es poco probable que
resurjan los modernizadores laicos, que eran los comunistas.
¿Acaso pensamos realmente que hay un ángel que cuida al
mundo occidental y que dice "buen trabajo"?
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