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¿Giro
la derecha o más polarización social y política?
Por Flor Beltrán
Corresponsal en Francia de Socialismo o Barbarie
El
triunfo electoral de Sarkozy es, por supuesto, un hecho que
no debe subestimarse. Sin embargo, hay que dimensionarlo
en sus reales proporciones, comenzado por el hecho de
que Ségolène Royal no presentaba un programa alternativo más
que en sus “modales”, menos brutos que los de Sarko.
Las
conclusiones más equivocadas –de las que interesadamente
la mayoría de los medios se hace eco– son, por un lado,
las que caracterizan la victoria electoral de Sarkozy como
un vuelco categórico
de la sociedad francesa hacia la derecha y, por el otro
lado, las que dan ya
por hecho el triunfo del proyecto de Sarko, que es
imponer en Francia una brutal contrarreforma neoliberal al estilo de la que hizo Margaret
Thatcher hace 20 años en Gran Bretaña.
Pero,
en verdad, la situación es muy
diferente. En la sociedad francesa se profundiza una polarización
social y política, que a nivel electoral se expresó en
el triunfo de Sarko porque su “polo de izquierda” (Ségolène)
era un fraude completo, ya que en el fondo sostenía también
un programa neoliberal no muy distinto al de la derecha. Con
toda razón, el “nuevo” PS de Ségolène y su marido
Hollande ha sido comparado al “New Labour” de Tony Blair.
Pero
más importante aún es saber que si bien ha habido una
importante victoria electoral derechista, falta lo más difícil
para la derecha y la burguesía: bajar
ese triunfo desde las alturas “electorales” al terreno
de las relaciones entre las clases.
Eso
es lo que han intentado hacer los sucesivos gobiernos de
derecha (y sus mellizos “socialistas”) desde hace más
de una década... y no lo lograron por completo. Desde 1995,
fueron tropezando con una dura resistencia obrera y juvenil,
que fue poniendo en crisis un gobierno tras otro. Aunque
pudieron imponer muchas medidas neoliberales, estuvieron muy
lejos de un triunfo rotundo y total estilo Thatcher. Es
decir, de un cambio
radical de las relaciones de fuerza entre las clases.
La
misma campaña electoral fue precedida y acompañada de
fuertes luchas obreras. Y tiene el precedente cercano de la
gran movilización estudiantil y de trabajadores que
desbarató el intento de imponer los “contratos-basura”,
el Contrato Primer Empleo (CPE). ¿Ahora Sarko lo va a poder
establecer sin protestas de los jóvenes, por obediencia al
sagrado voto “republicano”? El hecho es que cada
vez hay más jóvenes que se radicalizan y entran en política
precisamente bien a la izquierda, como lo han demostrado
las últimas movilizaciones y también el voto por
Besancenot (LCR).
Los
jóvenes saben lo que les espera si se imponen las reformas
de Sarkozy. Por eso, algunos salieron más rápido que
inmediatamente a protestar, después de conocer el
resultado. Esto fue algo
nunca visto en un país donde “los viejos” –de
derecha y de “izquierda”– practican con fervor la
religión del sacrosanto respeto a la democracia burguesa
electoral y “republicana”.
Es
por todo eso que los patronos de la Francia y de toda Europa
claman contra “la excepción francesa”. ¡Se
escandalizan por la Francia “ingobernable”, por “el país
de las huelgas”, “el país de las revoluciones”!
En
verdad, ahora uno de
los más grandes problemas va a ser
no tanto los resultados electorales, sino
las direcciones sindicales traidoras, que siempre tratan
de vender las luchas cuando no pueden impedirlas. Gracias a
sus traiciones, se bajaron las pensiones de los trabajadores
retirados [jubilados] en el 2003, y el gobierno logró
aumentar los años de trabajo necesarios para recibir pensión
completa en el sector público.
Entonces,
no hay que prepararse para irse del país, como dicen tantos
chistes que circulan aquí. No hay un “fascismo
triunfante”. Estamos al principio de una gran lucha, no al final. ¡Hay que preparase para luchar rabiosamente!
Y
Sarkozy tiene sus problemas. A diferencia de Margaret
Thatcher, Sarko sale a escena no en el amanecer
del neoliberalismo sino en su ocaso,
cuando las críticas y las protestas redoblan en Europa y en
todo el mundo... y en un país donde ningún político burgués
se atreve a proclamarse
“neoliberal” (aunque casi todos lo sean). Por
eso, para ganar a sus votantes, Sarko tuvo que apelar a
cualquier cosa: desde el racismo anti-inmigrante (para
satisfacer a los fachas de Le Pen), hasta las promesas de
terminar con el desempleo (para confundir a los trabajadores
y las clases medias).
Sus
promesas racistas puede tratar de cumplirlas... pero acabar
con el desempleo es otra historia. Allí se acaba la
demagogia de la derecha.
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