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Editorial
Después de
la renuncia de Sancho en Santa Cruz
Se le empieza a caer la Kareta
“En Buenos
Aires se hace el Fidel Castro,
pero acá actúa como un
Fulgencio Batista”.
Al cierre de esta edición acaba de caer Carlos
Sancho. La durísima lucha de los docentes santacruceños
(que no se amedrentaron siquiera ante la escandalosa
calificación presidencial de “patoteros”) lo
terminó haciendo saltar por los aires. Una provincia en
rebeldía pudo más que
la provocadora política represiva del gobierno K, que se
había cobrado más de 15 trabajadores heridos, algunos de
ellos de gravedad.
Pero las consecuencias de la caída de Sancho no se
reducen a la renuncia: lo fundamental es que nunca antes
como en las últimas semanas Kirchner se ha desnudado más
como lo que en realidad es:
un gobierno agente de los grandes grupos capitalistas que
no duda en usar la represión contra las legítimas luchas
de los trabajadores. ¡Vaya gobierno “defensor de los
derechos humanos”!
En ese sentido, es muy ilustrativa la referencia
hecha por un periodista de Santa Cruz sobre el doble juego
presidencial: si Kirchner de ninguna manera está
presidiendo un proceso como la revolución cubana de fines
de los 50, es verdad que cuando se le cae la careta como en
su provincia natal lo que queda es un gobierno patronal común
y corriente que, cuando es desbordado por las luchas
obreras, apela a policías y gendarmes. De ahí lo
atinado de la comparación con el dictador cubano
Batista.
Retrocediendo en chancleta
Sin embargo, la situación política del país no da
para “dictadores”: con las brasas aún calientes del
Argentinazo de 2001, el
que se pasa de la raya ante las luchas obreras y populares
casi siempre termina perdiendo. Sucedió cuando Kirchner
y Fernández mandaron su patota al Hospital Francés: la
agresión se les volvió en contra y el gobierno terminó
obligado a decretar la estatización. En el caso de Sobisch,
si bien logró evitar su renuncia luego del fusilamiento de
Carlos Fuentealba, es un hecho que quedó muy debilitado y
no pudo imponerles una derrota a los docentes de su
provincia. Ahora le tocó el turno a Sancho: terminó
volando por los aires sin pena ni gloria.
No se trata sólo de las maniobras represivas:
Kirchner había festejado a lo grande cuando en plena Casa
Rosada firmó el acuerdo por un techo salarial del 16,5% con
Moyano, el 20 de abril. También la CTA y CTERA venían de
hacerle el gran favor de no convocar a un plan de lucha
nacional luego de la enorme jornada del 9 de abril, cuando
con un contundente paro se repudió el asesinato de
Fuentealba.
El gobierno creyó tener entonces la coyuntura en su
bolsillo. Pero la realidad no evolucionó para donde quería:
a pesar del frente único K-CGT-CTA, ahora se ha visto
obligado a retroceder ante la firmeza de los docentes
santacruceños despidiendo a Sancho. Además, están en
curso otras durísimas peleas como las de los obreros de
Fate y se vienen más paritarias (que aun en manos de burócratas
significan cierto juego de presiones y negociaciones). Es
decir, la dura coyuntura abierta, a pesar del rol
“mediador” de los burócratas, no ha podido ser cerrada:
sigue en curso y en ninguna parte está escrito que no pueda haber
triunfos.
“El 16 por ciento se lo meten en el...”
La lucha de los docentes de Santa Cruz lleva ya prácticamente
dos meses. Su fortaleza y valentía son destacables: han
enfrentado las acusaciones gubernamentales de
“extorsionadores” y “patoteros”; la militarización
provincial; la ocupación de los colegios por la Gendarmería;
la quema del auto del sindicato, una molotov arrojada contra
una fiesta escolar, más todo tipo de amenazas; el dictado
de la “conciliación obligatoria” (a la que votaron
desconocer); todo esto, sumado a la represión en los últimos
días, y no se han amilanado. Al contrario. A pesar de las
vacilaciones de la dirección de ADOSAC, el sindicato que
los agrupa, que por dos veces consecutivas, el fin de semana
pasado, planteó “aceptar suspender las medidas para poder
negociar”. La consecuencia luchadora de los docentes les
valió el apoyo de la mayoría de la población trabajadora
de la provincia, así como la adhesión activa de otros
sectores de trabajadores como los estatales y municipales. A
todos los efectos prácticos, una verdadera rebelión popular en la mismísima “granja”
presidencial.
Pero no se trata sólo de esta rebelión en el Sur.
Con menos publicidad pero enorme importancia estratégica,
está en curso otra situación de rebeldía y desborde: la
que están encarnando los obreros de FATE. No vamos a
desarrollar aquí los últimos detalles de esta pelea
(ver artículos en este número). Pero sí destacar
lo acontecido el ultimo martes 18: en
una acción que rememora las grandes jornadas obreras de
movilización en la Panamericana de la década del 70, unos
mil obreros en ropa azul, hartos de las maniobras patronales
y burocráticas y del “silencio de radio” de los medios
respecto de una lucha que ya lleva más de un mes,
decidieron salir masivamente a la calle y cortar nada menos
que Panamericana y Márquez, uno de los accesos mas
transitados de todo el país.
Y le dieron un cachetazo a los miserables acuerdos firmados
por la CGT, al son de “qué boludos, el 16 % se lo meten
en el culo”.
En estas condiciones, los docentes santacruceños y
los obreros de Fate están dejando una enseñanza
fundamental para todos los trabajadores del país: que la
clave para ir por la ruptura del techo salarial y las
patoteadas del gobierno K es el desborde a los dirigentes
burocráticos; es resolver todo democráticamente en
asambleas de base; es no amedrentarse aunque la pelea venga
dura; es poner en pie representaciones directas de los
trabajadores en lucha; es debatir minuciosamente qué hacer
en cada caso frente a la trampa de la conciliación.
Inflación y autoritarismo K
Las últimas semanas no han sido buenas para Kirchner: por una serie de razones, el
gobierno ha venido quedando demasiado
en evidencia respecto de su verdadero carácter
patronal, con menos margen de maniobras para disimularlo.
Es que el elemento “legitimador” en el que se
viene apoyando toda su gestión, el contraste entre la
relativa estabilización de hoy y el pico de la catástrofe
en el 2001, cada vez puede tapar menos los elementos
de crisis en el “modelo K”.
Nos referimos, por un lado, a los problemas que se
comienzan a acumular en el frente de la economía.
Si bien se desarrolla esto en artículo aparte, adelantamos
que cada vez se hace más cuesta arriba una realidad donde con
salarios devaluados los trabajadores deben enfrentar precios
(y, eventualmente tarifas) crecientemente “dolarizados”.
Los empresarios chantajean con el desabastecimiento o el
aumento de los precios de productos, que amenazan con
destinar a la exportación. Y mientras los subsidios
gubernamentales a los capitalistas cada vez alcanzan menos, los
miserables aumentos salarios son deglutidos por una inflación
que resulta, en este cuadro, creciente. Es que con el 1
a 1 o con la inflación, a la postre, en un país
capitalista y semicolonial como es el nuestro, los
trabajadores siempre vamos a perder. Esto
es lo que comienza a sentir o intuir un amplio sector, aun
esto recién esté en sus inicios.
Por el otro lado, es visible que determinados rasgos políticos
del gobierno K están cada vez más cuestionados. Es que
como subproducto del cuestionamiento a las instituciones de
la “democracia” que viene de 2001, la gestión Kirchner
se caracteriza por determinados rasgos de “árbitro” que
sanciona y resuelve “desde arriba” los conflictos
sociales, pasando relativamente por encima o dándole menos
juego a la oposición burguesa y el Parlamento. Claro está,
los que ponen “el grito en el cielo” son sólo
determinados sectores políticos patronales o grupos
empresarios, disconformes cuando los favores van para un
lado que no es el suyo.
Pero lo importante realmente no son estas expresiones
de descontento patronal, sino las que tienen que ver con la
relación del gobierno ante los sectores en lucha: demasiado a menudo esta pasando de las bellas palabras acerca de los
“derechos humanos” a la provocación, la patoteada y la
represión. “Bonapartismo” se llama a esto en el
lenguaje del marxismo; y la realidad es que entre crecientes
sectores cada vez se soporta menos este “bonapartismo”
presidencial, que ha dejado impune la desaparición de López,
que ha tenido responsabilidad política en la continuidad de
Sobisch y que cada vez apela mas a la represión contra las
justas luchas obreras.
Son estos dos flancos del gobierno K los que empiezan
a acumular elementos de crisis y cuestionamiento y los que
precisamente anuncian que, ahora sí, la
experiencia con el gobierno (incluso aunque la reelección
todavía parezca asegurada) esté llamada a profundizarse
cada vez más.
Se puede ganar
Como ya hemos señalado, no está predeterminado el
resultado de ninguna de las luchas en curso. El hecho de que
el gobierno no haya podido cerrar la coyuntura, sumado a la
caída de Sancho, es un elemento favorable
a los que están en lucha, pero, claro está, no significa
que la coyuntura deje de ser muy dura.
Sin
embargo, la caída de este gobernador K muestra que se puede
ganar: ha sido un triunfo político de los docentes en lucha. Y si,
efectivamente, esto no implica que automáticamente ahora K
vaya a retroceder frente a los reclamos, evidentemente
deja a las luchas en mejores condiciones para imponerlos.
También sirve de ejemplo para los compañeros de FATE, que
frente a la intransigencia patronal y gubernamental y la
posible entregada del SUTNA, seguramente se verán obligados a redoblar su lucha.
En estas condiciones, el apoyo a las luchas en curso sigue siendo la tarea más urgente del
momento para la izquierda independiente y revolucionaria.
Porque no hay nada más importante que jugarse a brazo
partido por romper el techo salarial, dar pasos para poner
en pie direcciones alternativas a las de la burocracia y
empujar cada vez más a fondo la experiencia obrera y
popular con el verdadero carácter del gobierno K.
Días atrás, un
periodista santacruceño hizo estas pintorescas
declaraciones desnudando los límites del discurso
“progresista” de K. Fulgencio Batista era el
dictador que gobernaba Cuba en oportunidad de la
revolución de 1959.
Baradel abrió el reciente congreso provincial del
Suteba diciendo muy ofendido y provocadoramente, que
“hay unos hijos de puta que decían que el SUTEBA tenía
responsabilidad en la muerte de Fuentealba”.
Efectivamente la tiene, y ningún insulto puede borrar
el hecho material de que este fusilamiento ocurrió en
condiciones en que Baradel y Yasky se esforzaron por
dejar aisladas las luchas del interior.
El nuevo MAS fue el único
partido que estuvo presente en esta importantísima
movilización obrera.
Ejemplo actual es el
llamado caso Skanska / Techint.
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