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7
de mayo de 1974: otro crimen de la Triple A
Asesinan al “Indio” Fernández
Por
Oscar Alba
De
la redacción de Socialismo o Barbarie
La
reapertura de la causa por los asesinatos cometidos por la
Triple A, en manos del juez Norberto Oyarbide, se encuentra
paralizada a pesar de que distintas organizaciones son
querellantes y han aportado pruebas. La causa comienza a
recorrer nuevamente el
camino que han recorrido tantos crímenes cometidos por el
Estado y sus fuerzas represivas: el olvido y la impunidad.
El
MAS se ha presentado como querellante en representación de
los compañeros del Partido Socialista de los Trabajadores
(PST) asesinados por la organización peronista de
ultraderecha, entre ellos el compañero “Indio” Fernández.
No podemos confiar en la justicia ni en el gobierno de
Kirchner – ya cuenta en su haber la desaparición de Julio
J. López y la muerte de nuestro compañero Carlos
Fuentealba–; sólo la movilización puede mover los
papeles de la querella y abrir la posibilidad de castigar a
los culpables.
El
1º de mayo de 1974, Juan Domingo Perón, desde los balcones
de la Casa Rosada, echó a los Montoneros que, agrupados en
nutridas columnas, coreaban consignas contra el entorno
presidencial, encabezado fundamentalmente por su mujer
Isabel Martínez y
el esotérico y siniestro ministro de Bienestar Social, José
López Rega. Los grupos juveniles de la llamada Tendencia
Revolucionaria del peronismo lanzaban consignas como “¿Qué
pasa, qué pasa General, que está lleno de gorilas el
gobierno popular?”. De esta manera, el contenido de las
consignas y la política montonera no enfrentaba
directamente a Perón, sino que buscaba descargar las culpas
del reaccionario y represivo gobierno peronista en los
ministros y funcionarios que lo rodeaban.
Ya
en enero de ese
mismo año, Perón había dicho con claridad cómo iba a
frenar las luchas obreras y a los sectores clasistas y
revolucionarios: “Nosotros vamos a proceder de acuerdo con
las necesidades, cualquiera sean los medios. Si no hay ley,
fuera de la ley también lo vamos a hacer, y lo vamos a
hacer violentamente” (J.D. Perón, enero de 1974) No es
casualidad que poco después de estas palabras del General,
la Triple A, a fines de ese mes, hace conocer públicamente
su primera lista de sentenciados a muerte. Como dijimos en números
anteriores, en esa lista figuraban dirigentes políticos y
sindicales como Silvio Frondizi, Agustín Tosco, Raimundo
Ongaro, Nahuel Moreno y los abogados Mario Hernández y
Ricardo Curutchet, entre otros, y era el propio Perón quién
había sido el mentor de su organización.
Ese
1º de mayo, el ataque de Perón a la “gloriosa
juventud,” como él mismo la había llamado en el exilio,
fue un acicate más para que las bandas de la Triple A
fortalecieran sus acciones. Una semana después, el Partido
Socialista de los Trabajadores va a sufrir en carne propia
las consecuencias de esta política. Poco después de las
cuatro de la mañana del 7 de mayo, en una esquina de la
localidad de Ingeniero Maschwitz,
en la zona norte del Gran Buenos Aires, cae asesinado
Inosencio “Indio” Fernández, obrero metalúrgico y
militante del PST. A
pocos metros de su casa, cuando el Indio se iba para el
trabajo, un disparo de Itaka en medio del pecho terminó con
su vida. El grupo parapolicial que lo atacó cargó su
cuerpo, lo envolvió en una frazada y, horas después, lo
dejó carbonizado en unos baldíos de Campana.
Nacido
en Formosa, el Indio Fernández trabajaba en la fábrica
Cormasa, en la localidad de General Pacheco. Era miembro de
la lista de oposición a la burocracia metalúrgica de la
zona, encabezada por el secretario general de la seccional
Vicente López de la UOM, Gregorio Minguito.
En
la zona norte existía una fuerte oposición antiburocrática
y antipatronal, que día a día iba tomando fuerza en
importantes fábricas como Cormasa, Corni, TENSA (Talleres
Electrometalúrgicos Norte Sociedad Anónima), Del Carlo,
Buffalo y otras. El PST tenía una fuerte inserción en esa
vanguardia obrera, y había organizado el Frente de los
Trabajadores que nucleaba a delegados y activistas de la
zona. La burocracia, por su parte, permanentemente apelaba
al matonaje para romper asambleas o amedrentar a los
activistas. Ese mismo año, por ejemplo, en la fábrica
TENSA, en determinado momento, baja la burocracia de la
seccional y llama a una asamblea de fábrica. Una vez en
ella y estando los trabajadores reunidos, entran matones
armados y sacan a punta de pistola a los activistas de la
oposición, los golpean y luego la patronal los despide.
También Mario Marzoca, activista de la Juventud Trabajadora
Peronista, es duramente golpeado por la patota del
sindicato.
El
asesinato de Inosencio Fernández es un salto en la escalada
contra los trabajadores y muestra
los estrechos vínculos de la burocracia sindical peronista
con las bandas de la Triple A. Para el PST, va a
significar un golpe que preanunciará no sólo otros más
sino que la militancia cotidiana se va a endurecer, poniendo
a prueba la abnegación, la solidaridad y el heroísmo de
sus militantes junto al resto de la vanguardia que, a pesar
de los atentados y asesinatos de la Triple A, va a seguir
ampliándose en los lugares de trabajo.
La
memoria del Indio Fernández debe ser honrada redoblando los
esfuerzos para castigar a los culpables de su asesinato y
levantando la bandera de la lucha antipatronal y antiburocrática
y por el socialismo que su joven vida nos dejó.
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