Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 101, 26/04/07
 

 

 

 

 

 

Hospital Francés

¿Quiénes defendieron la estatización?

El Hospital Francés acaba de pasar a la órbita del PAMI, con lo que pasa a formar parte del sistema estatal de salud. Algunos creen –ayudados por la cháchara oficialista y los medios– que es porque el gobierno de Kirchner tiene vocación de reestatizar sectores de la actividad privada. Como el problema de la salud pública es uno de los más acuciantes en la ciudad de Buenos Aires y en el país, queremos aclarar las cosas.

Cuando estalló la crisis en el Francés, el hospital fue intervenido por un dirigente muy cercano a Alberto Fernández. La intervención sólo hizo desastres contra la atención a los afiliados y contra los trabajadores, que debieron emprender una dura lucha en defensa de la fuente de trabajo y para cobrar sueldos atrasados. Fue en esa lucha que los trabajadores fueron agredidos por la patota mandada por la intervención y encabezada por el hombre de la foto con Kirchner, “Tuta” Muhamad, barrabrava de Chacarita, ñoqui de la Ciudad y mano de obra para trabajos sucios del gobierno.

Si el Francés logró salir de una crisis casi terminal fue gracias a la resistencia de los trabajadores, no al gobierno que los patoteó. Fue gracias a la claridad y firmeza de los trabajadores en plantear que la única salida viable era la estatización, contra las declaraciones públicas de Alberto Fernández, que salió a defender a su secuaz de la intervención y a repetir una y otra vez que “no vamos a estatizar el hospital”. El gobierno se vio obligado a hacerlo contra su voluntad expresa y presionado por la fuerza de la movilización de los compañeros.

Y en esa pelea, el nuevo MAS aportó su grano de arena: defendiendo en cada asamblea la postura de la estatización con control de los trabajadores –cuando ni siquiera otras corrientes de izquierda se animaban a plantearla–; acompañando con sus militantes y con sus dirigentes, en primer lugar el “Chino” Heberling, todas y cada una de las marchas de los trabajadores en lucha; inundando Buenos Aires con afiches y pintadas de difusión y defensa de la causa de los compañeros.

Ni el gobierno nacional –cuyo ministro de Salud y hoy primer candidato de Filmus, Ginés González García, llamó “terroristas” a los trabajadores del Garrahan que defendían su salario y el buen funcionamiento del hospital–, ni el gobierno de Telerman –que derrocha el dinero público en plazas y obras para los turistas, pero asfixia por falta de medios a los hospitales porteños–, pueden ser jamás garantía de defensa de la salud pública. Sólo la acción de los trabajadores está verdaderamente interesada en sostener un servicio básico para toda la comunidad, sin compromisos ni intereses espurios. El nuevo MAS, entonces, ahora y siempre, estará en la primera fila de su lucha.