Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 101, 26/04/07
 

 

 

 

 

 

Las luchas son crecientemente políticas

Lo que está en juego es el “modelo” K

El que crea que en esta coyuntura se trata de meros conflictos “reivindicativos” está muy equivocado. El propio gobierno ha reflejado en sus declaraciones el carácter político de la lucha en curso, lo mismo que el hecho de que al calor de los duros conflictos del interior se haya puesto sobre el tapete la renuncia de Sobisch y Sancho.

Por esto mismo es que no se puede desconocer que, está comenzando una experiencia con el gobierno entre sectores más amplios que una mera vanguardia, sea porque los que luchan se enfrentan directamente a la administración Kirchner –el caso de Santa Cruz es palmario en ese sentido; uno de los cantitos más escuchados en las marchas ha sido “es para Lupo que lo mira por TV”– o porque la inflación comienza a golpear el bolsillo de crecientes sectores. En estos casos, y aunque por ahora no peligra la reelección oficialista, lo que se evidencia son los límites del “progresismo” K, es decir, el verdadero carácter patronal del gobierno.

En este marco, dos temas políticos de extrema importancia se han puesto de relieve en la actual coyuntura.

Por un lado, todo el debate acerca de cómo “enfrentar el conflicto social”. Una discusión con ribetes cínicos e hipócritas de parte del gobierno en la medida en que en casi nada se diferencian los métodos de Sobisch de los que la propia administración K viene aplicando en Santa Cruz, que sólo por casualidad no han terminado en hechos de sangre. Este debate a nivel de la clase dominante refleja o expresa a la vez otro conexo: la “morosidad” del gobierno K en derrotar la experiencia de lucha que viene de las jornadas del 19 y 20 de diciembre.

Capitalismo es explotación y represión

Hay otra cuestión de igual o mayor importancia aún, que es la que le da un carácter eminentemente político a las peleas en curso: en medio de crecientes señales de alerta en el terreno de la economía, lo que está en juego es el propio “modelo” K. ¿Por qué? Muy sencillo: la “lógica” de la economía K se basa en la tendencia a precios en dólares y salarios en pesos devaluados. Es decir, una economía armada en función de la exportación, una de cuyas mayores ventajas competitivas son los salarios miserables en términos internacionales. Claro está que para que esto no fuera tan “brutal” y desatara nuevamente aires de rebelión en todo el país, Kirchner instrumentó un cuasi control de precios en algunos bienes de consumo más sensibles y mantuvo congeladas, por un tiempo, las tarifas de servicios públicos como el transporte, luz, gas, etc.

Pero ocurre que en este preciso momento este control de precios está estallando por los aires, mal que le pese a la manipulación K de los índices del INDEC: empieza a haber desabastecimiento de productos sensibles como la carne y los lácteos, que los empresarios prefieren exportar (para obtener mejores precios) o vender en el mercado interno, pero a precios... dolarizados. Mientras tanto, comienzan a aumentar servicios muy sensibles en invierno, como el gas domiciliario para amplias zonas del Gran Buenos Aires.

Los empresarios, a pesar de los inmensos subsidios del estado que reciben, están en una cruzada por mantener sus cuotas de superganancias, incluso amenazando con desabastecer el mercado (como es el caso de la carne ahora), al tiempo que nuevamente –como en el pasado– la variable de ajuste son los salarios, a los que se pretende por detrás de los aumentos de precios y de la productividad.

Mientras tanto, y justo cuando la economía empieza a acumular elementos de crisis, en el mismo acto de la firma del techo salarial con Moyano, Kirchner salió a afirmar que su gobierno “quiere que los trabajadores participen cada vez más en la renta, y también queremos la rentabilidad empresaria (...) es una idea errada mostrar como una contradicción la mejora de los sueldos de los trabajadores con la rentabilidad empresaria” (La Nación, 21/4). 

Pero a la vista de cualquier trabajador (no necesita ser de izquierda) esto es completamente falso y ridículo, una lisa y llana mentira. El capitalismo se basa en la explotación de trabajo de la clase obrera, trabajo no pagado de donde obtienen sus ganancias y superganancias los capitalistas: uno no puede caminar sin la otra. Y, por lo tanto, sí hay contradicción, y es una contradicción absoluta, antagónica. Cuando se trata de algo más que migajas, sólo tocando las superganancias empresariales se puede realmente aumentar el nivel de vida de los trabajadores

Toda otra afirmación es una redonda mentira al servicio de legitimar el techo salarial K, los miserables aumentos al básico, la continuidad de las condiciones de explotación heredadas de los 90 y el funcionamiento de un capitalismo de “inclusión”. Un capitalismo donde lo que ha cambiado es que ahora más trabajadores, respecto de años atrás, han conquistado el “derecho” de ser superexplotados cotidianamente por los capitalistas.  

A esto se reducen los logros del “capitalismo nacional y productivo” y las “tensiones del crecimiento” del gobierno K. “Tensiones” que naturalmente no excluyen ... fusilamientos como el del compañero Carlos Fuentealba.