Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 97, 22/02/07
 

 

 

 

 

 

Nicaragua

El regreso de Daniel Ortega

Daniel Ortega ha vuelto a la presidencia de Nicaragua, encabezando al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Pero esta “segunda presidencia” tiene poco que ver con la situación y las condiciones de la primera, cuando en 1979 el FSLN tomó el poder al frente de una insurrección popular que destruyó al ejército y derrocó la sanguinaria dictadura de la familia Somoza, que gobernaba desde hacía casi medio siglo. Presentamos este artículo del compañero Orson Mojica publicado en El Socialista Centroamericano Nº 60 (enero 2007), órgano del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Nicaragua, donde se analizan las condiciones en que se inicia este nuevo caso de un  gobierno de “centroizquierda” en América Latina.

En su célebre obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx escribió hace más de un siglo que “todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Con el 38% de los votos válidos, Daniel Ortega ha conquistado por segunda ocasión la Presidencia de Nicaragua, provocando la alegría de muchos militantes de izquierda en América Latina. Pero, como trataremos de demostrar, las apariencias engañan y el triunfo del FSLN amenaza convertirse en una gran farsa.

La transformación del FSLN

La revolución (1979-1990) fue una verdadera tragedia: las masas lucharon heroicamente hasta el límite del cansancio, pero al final, por los gravísimos errores políticos de la conducción sandinista, la revolución terminó siendo corroída desde adentro, facilitando la labor destructora de los enemigos externos (intervención imperialista).

La derrota electoral del FSLN en 1990 puso fin a una tragedia, pero abrió las puertas a otra: la reconstrucción del capitalismo semicolonial bajo el auge del “neoliberalismo”.

La primera duda que debemos despejar es si Nicaragua se encuentra en una revolución o se encamina aceleradamente hacia ella. A diferencia de 1979, cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) encabezó la lucha popular y la insurrección contra la dictadura somocista, desarrollando la movilización revolucionaria y promoviendo las milicias populares, en esta ocasión estamos ante un triunfo electoral en el marco de las instituciones de una frágil democracia burguesa que el mismo FSLN ayudó a construir en los últimos 16 años (1990-2006). Con muchas contradicciones, por su autoridad sobre un importante sector de las masas populares, el FSLN ha sido objetivamente el principal impulsor de la reconstrucción del Estado burgués en los últimos casi 30 años.

Tres décadas no pasan en vano, sobre todo cuando la alta dirigencia sandinista ha estado administrando total o parcialmente las instituciones del Estado que se reconstruyó después de 1979. La administración del Estado burgués produjo profundos cambios políticos y sociales dentro del sandinismo.

En 1979 el FSLN era una organización nacionalista pequeño burguesa, antiimperialista, que apelaba a las masas en su lucha contra el imperialismo yanqui. Sin embargo, después de 1990, especialmente con el fenómeno de la “Piñata”, por medio del cual la alta dirigencia del FSLN privatizó en su propio beneficio los bienes del Estado, ésta se transformó en una nueva clase capitalista emergente, aunque las bases sociales del sandinismo continuaron siendo plebeyas o populares.

Poco a poco, el FSLN se transformó en un partido nacionalista burgués, aunque cada vez menos nacionalista o antiimperialista. Daniel Ortega mantuvo durante algún tiempo, especialmente bajo el gobierno de Violeta Chamorro, un discurso revolucionario que le permitió evitar un deterioro del caudal de votos. En una democracia burguesa, cada cierto tiempo, el control de las instituciones y las cuotas de poder se resuelven o negocian por medio de los votos obtenidos. Esto le permitió al FSLN desarrollar la habilidad de manejar un discurso revolucionario y una aparente sensibilidad sobre los problemas sociales, al mismo tiempo que aprovechaba cualquier resquicio para obtener mayores cuotas de poder.

En las elecciones de 1996, por ejemplo, Daniel Ortega fustigó duramente a Arnoldo Alemán, al que consideraba la personificación de la restauración somocista. Fue la última ocasión en que el FSLN desarrolló una campaña electoral con un discurso de izquierda. Dos años después, a finales de 1998, el FSLN inició una negociación política con el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que concluyó con las reformas constitucionales del año 2000, que modificaron las reglas del juego electoral y restauraron un sistema bipartidista de repartición de los cargos públicos entre las dos principales fuerzas políticas: el liberalismo y el sandinismo.

La reforma del 2000 y el giro a la derecha

La reforma constitucional del año 2000 sirvió para repartirse por la mitad los cargos públicos y el control de los Poderes e Instituciones del Estado. Pero, con la visión estratégica que caracteriza a las direcciones guerrilleras, el FSLN insistió en bajar el porcentaje de votos para obtener el triunfo electoral.

En 1995, la reforma constitucional estableció el sistema de dos vueltas electorales y la cantidad mínima del 45% de los votos válidos para conquistar la Presidencia de la República. La reforma del año 2000 alteró sustancialmente las reglas del juego electoral, al bajar el requisito del 45 al 40% de los votos válidos “salvo el caso de aquellos que habiendo obtenido un mínimo del 35 por ciento de los votos válidos superen a los candidatos que obtuvieron el segundo lugar por una diferencia mínima de cinco puntos porcentuales”.

En la mayoría de los países de América Latina se ha establecido el sistema electoral de dos vueltas, con la excepción de México, Honduras, Panamá, Bolivia y Paraguay. Solamente en Argentina y Ecuador se contempla la posibilidad de que no hubiese una segunda elección si la diferencia entre el primero y segundo lugar es del 10% de votos. Sin embargo, en Argentina el requisito para ganar en primera vuelta es del 45% y en Ecuador del 40%. Al haber reducido del 45% al 35 % los votos necesarios para ganar en primera vuelta, la reforma del año 2000 preparó las condiciones para el regreso del FSLN al gobierno. Con esta modificación constitucional, el pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán estableció en los hechos la alternabilidad en el gobierno por parte de las dos principales fuerzas políticas. Este cambio en las reglas del juego provocó un distanciamiento entre el gobierno de los Estados Unidos y el presidente Arnoldo Alemán, porque el Departamento de Estado consideró que el pacto había revitalizado al FSLN, como efectivamente sucedió. En realidad, se pasó del sistema de dos vueltas electorales al sistema de mayoría relativa, es decir, podía ganar la minoría más importante Las condiciones para que el FSLN recuperara el gobierno estuvieron dadas en el año 2001, pero el imperialismo frustró los planes de alternancia en la medida en que intervino decididamente para reunificar a las fuerzas antisandinistas bajo la candidatura de Enrique Bolaños.

En la campaña electoral del año 2001, el FSLN ya no utilizó un discurso de izquierda. En esa ocasión, conformó la llamada "Convergencia Nacional" con los despojos de partidos burgueses que fueron aniquilados por el triunfo de Arnoldo Alemán en 1996: socialcristianos, conservadores, renovadores sandinistas y conjunto de pequeños partidos.

Abandonó la tradicional bandera roja y negra por una bandera rosada, pero encabezando siempre los cargos propietarios (titulares) y dejando los cargos suplentes para los aliados. Fue la primera vez que el FSLN formó una alianza electoral. El esfuerzo de amplitud y unidad electoral dio resultados: obtuvo el 44% de los votos válidos y subió 7 puntos en relación con la votación de 1996. Fue su votación más alta en los últimos 16 años.

Un gobierno débil, minoritario

La segunda gran duda que debemos despejar es si el FSLN ha logrado ganarse nuevamente la simpatía de las masas populares. A pesar de que en las elecciones del 5 de noviembre pasado entró a votar una significativa nueva masa de votantes jóvenes que en 1990 tenían un año o estaban naciendo, este crecimiento del padrón electoral no se tradujo en un incremento de los votos sandinistas.

Contrario a lo que se puede creer, la votación del FSLN decrece en el tiempo. En 1984, en plena revolución, obtuvo el 62,89% de los votos válidos. En 1990 perdió el gobierno con el 38,38% de los votos válidos. En 1996 mantuvo estancada su votación con el 37,74% de los votos. En 2001 aumentó su votación hasta el 44,18% de los votos. Y en el 2006 obtuvo el 38,06%, una cantidad de votos similar a cuando perdió el gobierno en 1990. Aquí es donde la reforma constitucional del 2000 nos muestra su verdadera importancia.

Si comparamos los votos del FSLN en relación con el padrón electoral, la caída es estrepitosa. En 1984 obtuvo el 47,43% del padrón electoral, en 1990 se redujo al 33,09%, en 1996 esta cantidad se redujo al 27,65%, para incrementarse levemente al 30,21% en el año 2001 y luego descender al 23,30% del padrón electoral durante las elecciones del 2006.

Y si comparamos la cantidad de votos válidos a favor del FSLN en las últimas cinco elecciones presidenciales, observamos que obtuvo 50.000 votos menos que en 2001, y aun así logró conquistar la Presidencia de la República.


Un gobierno de minoría

Rafael Correa en Ecuador obtuvo el 56,67 % de los votos validos. Hugo Chávez en su reelección obtuvo más del 60% de los votos validos. Sin embargo, Daniel Ortega conquisto por segunda vez la Presidencia de la República con el mismo 38% con el que fue desalojado del gobierno en 1990.

Lo anterior convierte al gobierno sandinista en un gobierno débil, de la minoría más importante y mejor organizada de Nicaragua, pero siempre es una minoría en relación al conjunto de la población. Esta debilidad intrínseca del nuevo gobierno presagia grandes conflictos políticos y sociales.

Elecciones presidenciales de Nicaragua

 

Año

 

Votantes
inscritos

 

Votos Validos

 

Votos FSLN

% del FSLN en relación al padrón electoral

% del FSLN en relación a los votos validos

1984

1.551.597

1.170.142

735.967

47,43 %

62,89 %

1990

1.752.088

1.510.838

579.886

33,09 %

38,38 %

1996

2.421.067

1.773.401

669.443

27,65 %

37,74 %

2001

2.997.228

2.049.771

905.589

30,21 %

44,18 %

2006

3.665.141

2.244.215

854.316

23,30 %

38,06 %

Fuente: Consejo Supremo Electoral  

 

Resultados elección presidencial del año 2006

Partido

Votos

Porcentaje

FSLN

854.316

38,06 %

ALN

650.879

29,00 %

PLC

588.304

26,21 %

MRS

144.596

06,44 %