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Llamado
al PO, al PTS y a IS
Por
un acuerdo de los trabajadores y socialista
Después
de amagues, marchas y contramarchas, finalmente hay una
fecha concreta: 3 de junio. Será entonces cuando se realice
la elección a jefe de gobierno porteño (que seguramente
tendrá una segunda vuelta). Independientemente de los cálculos
políticos de los personajes involucrados, una cosa es
cierta: la definición apura los tiempos de la danza de
candidatos en el oficialismo y en la oposición burguesa.
Este
escenario se plantea en momentos en que el “año político”,
en términos de luchas sociales y políticas, todavía no
ha empezado. El gobierno salió al cruce del conflicto
del Hospital Francés por la vía de ceder una conquista
importante como la estatización –que hay que vigilar que
no se transforme en trampa o quede en letra muerta–. Y,
por otro lado, la inesperada resolución de la Corte de La
Haya respecto de los cortes, le quitó presión a Kirchner
en ese tema.
En
este marco, el principal frente de problemas que se sostiene
es el de los derechos humanos, con la causa de la
Triple A y la desaparición de López y que va a tener un
punto de referencia obligado en la próxima marcha del 24.
Junto con esto, seguramente las negociaciones salariales en
el marco de las paritarias y la evolución de la inflación,
van a ser parte importante de la vida política del año
más allá de lo electoral. Allí se va a ver cuánta
consistencia tiene el intento del gobierno por reprimir a la
vez la inflación y los aumentos salariales. Pero si la
economía no se desboca y no asoma algún frente de
conflicto serio, difícilmente el escenario electoral se
modifique demasiado, aunque es muy prematuro todavía para
asegurarlo.
La
discusión en la izquierda
Las
fuerzas de la izquierda obrera y socialista han empezado a
esbozar algunas propuestas electorales. En ese sentido, cabe
hacer una aclaración. Tal como viene planteado hasta ahora
el panorama –que, por supuesto, bien puede cambiar en las
próximas semanas, sobre todo a caballo de la lucha democrática
y la pelea salarial–, a priori no parece que se abra un
gran espacio político electoral independiente para la
izquierda “roja”. Es sabido que, desde hace varios años,
hay una evidente desigualdad entre el peso conquistado por
las fuerzas de la izquierda revolucionaria en el seno de la
vanguardia obrera, estudiantil, de los movimientos de
desocupados y sociales, etc., y la manifestación electoral
de esa innegable influencia. Sin embargo, esto podría tener
dos “atenuantes”: situaciones particulares, locales, en
determinadas provincias, que requieren un análisis concreto
que escapa a los efectos de este artículo. Así como el
eventual desarrollo de alguna de las crisis contenidas o en
ciernes que hagan que algunos sectores de la vanguardia
obrera y juvenil avancen en su experiencia política con el
gobierno K.
Sin
embargo, esto no significa que la pelea en el terreno
electoral sea una cuestión de menor importancia: hay que
buscar la forma de que en el escenario electoral, se pueda
configurar un claro polo contra el gobierno de Kirchner y
por la independencia política de la clase trabajadora.
Esto, desarrollando básicamente dos ejes: el
incondicional apoyo a las luchas obreras; así como el
impulso en la lucha por la aparición de López y causas
importantísimas como las de la Triple A.
Desde
este punto de vista, desde el nuevo MAS, consideramos que
sería progresivo poner en pie un Acuerdo de los
Trabajadores y Socialista entre las principales fuerzas
de la izquierda revolucionaria, que podría incluir al PO,
al PTS, a Izquierda Socialista y a nuestro partido. Se trata
de las fuerzas políticas con las que, más allá de las
conocidas diferencias políticas y metodológicas (por
ejemplo, el hecho de que el PO esté llamando a un frente
electoral... consigo mismo), en principio parecerían existir
coincidencias de tipo general alrededor de la ubicación
frente al gobierno y la necesidad de la independencia de
clase.
El
llamado podría –a priori– ser extensivo al MST, pero éste
debería primero abandonar su oportunista política de
continuar llamando al PC a “reconstituir Izquierda
Unida”. No está mal detenernos un poco más en esto.
Izquierda Unida estuvo integrada, la última vez que se
presentó, por el MST, el PC y el PS. Su candidato a
gobernador bonaerense, Rivas (PS),
hoy busca un lugar bajo el sol kirchnerista, lo que
demuestra que el acuerdo con él fue puro oportunismo
electoral. Y el PC, sólo duda hoy detrás de cuál
candidato o espacio burgués de “centro izquierda”
alinearse. Esto, por no hablar de la “gran personalidad
política” que evidenciaba la “amplitud” de la
“nueva izquierda”: a saber, Mario Cafiero. No sólo
defendió la actuación de su padre Antonio en el gobierno
de Isabel, sino que acusó a Kirchner de querer “destrozar
el peronismo”, principal partido del orden burgués
argentino. Todo lo cual configura un verdadero balance de
los resultados del oportunismo en política, oportunismo
del que el MST parece no querer retroceder.
Por
candidaturas obreras y socialistas
Es
evidente que un acuerdo entre fuerzas obreras y socialistas
debe prescindir de tan dudosas “personalidades”, que son
unos (pocos) votos para hoy y un bochorno político para mañana.
Pero una cuestión de naturaleza enteramente distinta es que
junto con el acuerdo de partidos, está planteada la
necesidad de hacer parte del acuerdo o frente electoral
independiente que se pueda poner en pie, al conjunto o
algunas de las experiencias “clasistas” que han madurado
en el movimiento obrero en los últimos años. Si en general
esto se ha presentado difícil, no deja de ser una necesidad
el dar esta batalla porque compañeros como los del Hospital
Francés, del Subte, del Hospital Garrahan, etc., sean parte
importante de la conformación de las listas de este acuerdo
electoral. Esto, en la perspectiva para la cual hoy no hay
condiciones, pero mañana sí podría haberlas, de la
puesta en pie de un Movimiento Político de Trabajadores que
de pasos hacia la independencia política de nuestra clase.
Hacemos
entonces nuestro llamado para poner manos a la obra por un Acuerdo
de los Trabajadores y Socialista.
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