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Miseria salarial y explotación obrera
Kirchner, la CGT y la CTA
nos quieren conformar con migajas
Se
acerca una nueva ronda de negociaciones “paritarias”. En
la mayoría de los gremios éstas comenzarían a mediados de
marzo. Néstor Kirchner ha venido alardeando que esta ronda
seria “libre, sin cupos ni techos”...
Sin
embargo, hay que desconfiar: la tan promocionada
“libertad” pareciera no haber durado lo que un suspiro:
con los empresarios hablando de “otorgar no más de un
10%” y el gobierno deslizando que “entre un 13 al 15%
estaría muy bien”, es un secreto a voces que el gremio
metalúrgico –el primero que se ha sentado a la mesa–
sería el encargado de poner el techo en alrededor del 15%.
A
pesar de que algunos gremios hablan de porcentajes más
altos, el mecanismo sería el “clásico”: reclamar una
determinada cantidad para luego terminar acordando por...
mucho menos. Esto, con la eventual maniobra de
circunscribir los aumentos al básico en la línea de lo que
quiere el gobierno (no más del 15%) e ir a un sueldo
“conformado” adicionando “sumas fijas” o jugando con
el aumento (en realidad, hay que plantear su eliminación)
del piso del impuesto a las ganancias que haga que la suba
parezca más elevada.
Inflación
y recomposición salarial
Como
venimos señalando, el sindicato que marcaría la pauta sería
la UOM. Se está hablando de que Caló (su secretario
general) firmaría por el 15% para todo el 2007. El
gobierno ha dicho que la inflación de este año no llegará
al 10% (el 2006 habría dado el 9.8%). Entonces, argumenta
que de lo que se estaría hablando es de “aumentos reales
de los salarios”. Pero esto no es más que una ficción.
Como
todo el mundo sabe, días atrás se vivió el escándalo del
INDEC: el gobierno lisa y llanamente manipuló el índice
inflacionario según sus necesidades. En estas condiciones,
la inflación de enero habría alcanzado solo el 1.1%. Pero
en este índice se obviaron los aumentos de salud (sobre un
22%, solo se registró 2%). Y, sobre todo, el turismo (de
tanta incidencia en los meses del verano).
Sorprendentemente, en enero de este año, se midió en este
rubro un aumento de solo el 3.7% (para el mismo mes del año
pasado había alcanzado el 16.5%). Pero todos los que
pudieron tomarse unos días de vacaciones saben
perfectamente que los precios estaban remarcados en un 20
o 30% respecto del año anterior.
En
consecuencia, de haberse medido la inflación tal cual fue
realmente, el índice hubiera rondado el 2%, lo que
proyectado a todo el año da una inflación real del 25%,
muy por encima de la pauta salarial del 15% que se pretende
firmar!!!
Más
aún: si se consideran las canastas de indigencia (lo
estrictamente necesario para alimentar una familia tipo) y
de pobreza (alimentación mas algunas cuestiones básicas
como el transporte) la inflación respectiva de enero
alcanzó el 2.6% y el 1.6% respectivamente. Lo que
proyectado anualmente, también da mucho más que el 15%.
Sin
embargo, no se trata solo del índice general de los
salarios: todo el mundo sabe que hay una tremenda
fragmentación y dispersión en las escalas salariales
dependiendo básicamente de tres situaciones laborales: los
ocupados privados en “blanco”, los ocupados en
“negro” y los trabajadores que dependen del Estado.
Es
archí conocido que si los primeros –formalmente– le
habrían “ganado a la inflación” desde el 2002 (125.98%
de aumento contra una inflación del 86.7%; pero con la
espada de Damocles del impuesto a las ganancias que afecta a
500.000 asalariados!), los trabajadores en negro (44% de los
ocupados; casi la mitad de la población asalariada) sólo
han alcanzado una “recuperación” del 57.89%; por no
hablar de los estatales y docentes que solo han obtenido un
miserable 45.44%. Es decir que ambas categorías siguen
bien por detrás de los ya miserables salarios del 2001.
En síntesis:
el porcentaje que se está hablando no alcanza –en la
mayoría de los casos– siquiera a cubrir las pérdidas
acumuladas por la inflación, por no hablar de los cientos
de miles que siguen desocupados y que a lo sumo embolsan los
miserables $ 150 del Plan Trabajar.
¿Quién
se queda con la productividad?
Pero
en las paritarias que se vienen hay una trampa más
sutil que afecta todas las escalas salariales: se trata
de las ganancias de “productividad”
que se han venido embolsando las patronales. Es decir, el
abaratamiento de la producción producto –esencialmente–
no de grandes inversiones sino del deterioro en las
condiciones de trabajo que se ha venido acumulando en
las últimas décadas. Es decir, las en muchos casos
inhumana extensión de la jornada laboral, aumento de
intensidad y ritmos de trabajo, y también una organización
del proceso de trabajo en el que han desaparecido los fines
de semana y las horas extras. Insistimos: de esto se
habla poco y nada en las paritarias que se anuncian, cuando
precisamente debe ser el otro gran eje de las
negociaciones.
Veamos
algunos datos. Si se compara el costo laboral en la
industria manufacturera en el año 2005 respecto de 1997 (es
decir, antes de la recesión 1998-2002) encontramos que
mediante una combinación de salario, volumen de producción
y cantidad de trabajadores, ese costo es ahora un 28.4%
inferior (y un 33% más bajo, si se lo considera
respecto del 2001). Solo para dar el ejemplo de algunas de
las ramas mas importantes de la industria, podemos decir que
en la alimentación el costo laboral bajó un 15.1%; en
bebidas alcohólicas y no alcohólicas, un 30%; en las
automotrices... la friolera del 54.8%; y en el calzado, un
56.3%.
En
el mismo sentido va el índice que muestra que para una
producción industrial que ya ha superado el máximo histórico
del año 1997 aumentando desde marzo del 2002 en más del
60%, la ocupación obrera todavía es un 10% inferior a
la de aquel año.
Estos
sencillos datos dan la pauta de las inmensas ganancias en
“productividad”:
es decir, mayor producción con menos trabajadores y menor
costo laboral. Ganancias que se están embolsando las
patronales y que –como ya hemos señalado– se basan en
el deterioro de las condiciones de trabajo sufridas en la década
del ’90: fragmentación de los planteles en efectivos,
contratados y por agencia; brutal aumento de los ritmos y
accidentes de trabajo; alargamiento de la jornada laboral,
etc.
La recuperación de conquistas
Por
esto, junto con la necesaria pelea por enfrentar los techos
salariales que nos pretenden imponer hay que dar pasos para
quebrar las imperantes condiciones de flexibilización
laboral, señalada base de los aumentos de productividad.
Para
esto, hay que apoyarse en un proceso de inmensa importancia
que se viene expresando entre la clase trabajadora y que
debería ser parte de las actuales paritarias: la
tendencia a la recuperación de condiciones de trabajo más
“benignas”.
Es
evidente: producto de los cambios operados en el país a
partir del 2001, no es lo mismo aceptar condiciones de
esclavitud en las circunstancias de duras derrotas como los
’90 que hoy día, después del “que se vayan todos”.
También incide enormemente el hecho “material” de la
importante recuperación en el nivel de empleo acompañado
por la caída de la tasa de desocupación (del 20 al 10% de
la población activa), sumado a la dificultad empresaria de
encontrar personal “calificado”.
Todo
esto ha hecho al fortalecimiento de la situación
objetiva de los trabajadores en muchos lugares de
trabajo: el terror al desempleo está cediendo paso a una
mayor disposición de lucha.
El
caso “emblemático” ha sido el del subte, donde luego de
una larga década de derrota a partir de la privatización, en
el 2004 logró la reducción de la jornada a 6 horas amén
de importantes aumentos salariales.
Por
esto no ha sido casual que ahora la Fraternidad (maquinistas
ferroviarios) esté exigiendo reducciones de la jornada a 7
y 6 horas en determinados servicios, ejemplo que debería
ser aplicado y seguido en el conjunto de los gremios.
Y
en este terreno hay muchos más reclamos: se empiezan a
abrir paso la exigencia del retorno al pago de los fines de
semana al 100 y 200% (caso reciente del gremio de Comercio).
O el cuestionamiento a los inhumanos “turnos americanos de
trabajo continuos” que liquidan los fines de semana de los
compañeros. O la exigencia de pase a planta permanente de
los trabajadores tercerizados. O también las exigencias de
recategorización que están a la orden del día en muchos
lugares.
En
síntesis, la lucha contra el techo salarial y por avanzar
en la recuperación de conquistas obreras que liquiden la
flexibilización laboral, son las tareas de la hora.
Mayor cantidad producida sobre la base de menos personal
y mayores ritmos de trabajo.
Evidentemente este es el secreto de los altos salarios
promedio que se pagan en las automotrices. Incluso en
ellas la recuperación salarial ha estado por detrás de
los efectos combinados de la devaluación sumados a los
aumentos en la producción.
El diario La Nación
acaba de informar lo siguiente: “las ganancias
globales de las empresas extranjeras llegaron a niveles
nunca antes vistos. Solo en los primeros 9 meses del año
anterior (2006), las multinacionales devengaron 4121
millones de dólares, cifra incluso superior a los
niveles que lograban en los ’90” (18/02/07).
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