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La
Plata
Ejecutado
en un patrullero
Una nueva víctima
del gatillo fácil viene a engrosar la extendida lista de
personas asesinadas a manos de las fuerzas represivas del
Estado. Esta vez le tocó a Darián Barzábal, un joven de
17 años perteneciente a la localidad de Los Hornos, quien
fuera golpeado y ejecutado de un tiro en la nuca el 10 de
enero mientras era trasladado en un patrullero a la comisaría
3ª de esa localidad, tras haber sido detenido por un
“presunto” robo en la casa del policía Luis Dorato
perteneciente a esa dependencia.
La muerte
del joven, perpetrada por los efectivos policiales Santiago
Regalía y Cristian Gutiérrez alrededor de las 2 de la
madrugada, y encubierta por los demás efectivos de la
seccional, fue comunicada con un retraso de 14 horas a los
familiares de la víctima, tiempo necesario para montar una
escena donde se inculpaba al joven asesinado. Harto
conocidos son los artilugios utilizados por las fuerzas
policiales para encubrir los casos de gatillo fácil
(alteración de la escena del crimen, incriminación de la víctima
plantando armas, drogas, adulteración de los registros,
etc.). En el caso particular de Darián, se le plantó un
arma a la víctima y se intentó hacer pasar el hecho como
un accidente después de un forcejeo dentro del móvil
policial. Una vez fracasado este intento de inculpar al
joven asesinado, el gobierno intervino de la mano del
ministro de seguridad, Arslanián, con el claro objetivo de
calmar las aguas, ordenando la cesación y detención de los
implicados en el caso y la intervención de la comisaría.
La reacción
de los familiares, amigos y vecinos de la víctima no tardó
en llegar. Al día siguiente de lo sucedido, realizaron una
concentración frente a la comisaría 3ª repudiando el
accionar policial y reclamando por el esclarecimiento del
caso. La concentración fue acompañada por un centenar de jóvenes,
los organismos de DDHH, como Hijos La Plata, Correpi, La
Multi-sectorial de La Plata y organizaciones sociales y políticas,
entre ellas el MAS, el PTS y el PO.
La
respuesta del gobierno no dio lugar a dudas de a quién
defiende: se montó un operativo policial que contó con
unos 400 efectivos apostados tras las vallas que rodeaban a
la comisaría, y otros tantos en los alrededores esperando
la señal para intervenir ante cualquier posible desborde.
Esta provocación causó indignación en los manifestantes
que comenzaron a arrojar piedras sobre los efectivos,
mientras gritaban “asesinos”. El final es conocido; la
concentración terminó con la represión, persecución y
encarcelamiento de once manifestantes, que fueran retenidos
y soltados al día siguiente.
Las
declaraciones de la vicegobernadora Graciela Giannettasio
son claras en definir la política del gobierno: “se
procuró evitar que el dolor producido por estos hechos
desgraciados generaran desbordes de parte de grupos
radicalizados” (El Día, 12-01). Pareciera que para
la vicegobernadora el asesinato de Darián, llevado adelante
por la fuerza policial, es sólo un “hecho desgraciado”;
y para colmo llama “grupos radicalizados” a los pibes
que reaccionan indignados ante tanta represión sufrida
cotidianamente por las fuerzas represivas.
Pero la política
del gobierno no puede contentarse con cuidar a los policías
implicados en casos de gatillo fácil, con vallados a las
comisarías, operativos policiales, represión y
criminalización de la protesta. Debe, además, hacer creer
que estos crímenes se deben a la existencia de “malos
policías” a los cuales hay que limpiar de la institución
para que todo funcione “mejor”. En este sentido, el
ministro de Seguridad Arslanián sostuvo que “el grueso de
la fuerza [la Bonaerense] funciona muy bien” y que sólo
“hace falta depuración” (El
Día, 19-01). Pero mientras el ministro hacía estas
vergonzosas declaraciones, la Cámara de Apelaciones
en lo Criminal y Correccional de La Plata otorgaba la
excarcelación a cuatro policías de la comisaría de Los
Hornos acusados de intentar encubrir el asesinato (capitán
Carlos Morales, teniente Lucas Oyarzábal, teniente primero
Iván Martínez, y sargento Christian Gutiérrez). Las
palabras sobran.
La
propuesta del gobierno de “depuración de las fuerzas
policiales” que deja libre a asesinos y encubridores es,
en última instancia, una medida que intenta legitimar, a
sangre y fuego, las fuerzas represivas del estado tan
necesarias para mantener el control social de la población.
Para llevar adelante la lucha contra el “gatillo fácil”
de manera consecuente, debemos denunciar esta política y
exigir el juicio y encarcelamiento a los asesinos de los
casos de “gatillo fácil” y el desmantelamiento del
aparato represivo; sólo de esa manera podremos conseguir la
justicia para Darián y las demás víctimas de las fuerzas
de seguridad.
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