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IV
Congreso del nuevo MAS
La
emergencia de una nueva generación obrera y
la lucha por la independencia de clase
Presentamos
los tramos fundamentales del informe que abrió los debates
sobre la situación nacional, que estuvo a cargo del compañero
Héctor “Chino” Heberling. Reproducimos en particular, más
que los elementos de la coyuntura, los aspectos más estratégicos
y a mediano plazo que se desarrollaron en su intervención. Seguimos
de esta manera haciendo públicos nuestros debates, a los
que consideramos un aporte a la discusión que se está
procesando en la vanguardia obrera y juvenil, lo que hace
también a un método sano de construcción y elaboración partidaria.
Un
nuevo ciclo de luchas
Hay
que empezar por dar cuenta de los cambios. Aunque suene
obvio, hay que decirlo, porque hay corrientes que siempre
ven más de lo mismo, y eso no es así. En la calidad y
sutileza del análisis se basa la justeza de la política
revolucionaria.
El
Argentinazo abrió un nuevo ciclo de luchas, y en este
ciclo, que sigue abierto, hubo y habrá distintos momentos.
A partir de la rebelión popular se desarrolló una primera
fase con una característica que hay que señalar, y que
trajo consecuencias: no entró en escena el movimiento
obrero ocupado como tal. Ese fue un límite muy
importante para la radicalización y profundización del
proceso. Después hubo un segundo momento, que es el que
estamos transitando: el de la mediación y la reabsorción
del Argentinazo.
En
su momento dijimos que Kirchner era el hijo burgués del
Argentinazo, por lo que había que constatar de dónde surgía
y los límites que conllevaba ese origen.
En
2005, luego de las elecciones y teniendo en cuenta que el
gobierno había ganando las elecciones y que había un
consenso general de las masas en relación a Kirchner,
dijimos que el Argentinazo se había cerrado en el
sentido de la crisis de dominación. Igualmente,
sostuvimos que seguían operando los problemas más de fondo
y estructurales, y que el ciclo abierto con las rebeliones
continuaba, aunque bajo otras determinaciones.
Cuando
hablamos de momento de mediación tenemos muy en cuenta el
mejoramiento de la economía. Ésa la base fundamental para
la estabilidad de Kirchner. Lo importante, y que queremos
destacar, es que no ha habido una derrota; ha habido
reabsorción, pero no ha habido derrota, lo que significa
que no han podido cerrar el ciclo de las luchas.
Eso
tiene una consecuencia fundamental: no se vuelve a las
relaciones de fuerza de los 90. Esto hay que señalarlo con
mucho énfasis, porque es una determinación que continúa
operando: las relaciones de fuerza le imponen límites al
accionar del gobierno.
Perspectivas
políticas para 2007
Hay
un aspecto que empezamos a desarrollar, que es que el 2007
puede ser un año en que empiecen cambios más profundos. En
estos momentos el gobierno vive una crisis, abierta con una
sucesión de hechos que dejaron a gobierno totalmente en
falsa escuadra.
El
primer hecho fue la desaparición del compañero López, lo
que puso en crisis toda la política reformista en derechos
humanos. Siguió la patota K en el Francés, un conflicto
que lleva mas de un año de desarrollo, que tuvo un salto a
nivel nacional a raíz del escándalo con la patota del
gobierno pegándoles a trabajadores y periodistas
impunemente, ante las cámaras de la TV. Después vinieron
el bochorno en San Vicente el 17 de octubre y la continuación
de la crisis de la burocracia sindical, con las peleas
interburocráticas, Enseguida llegó la derrota electoral
del gobierno en Misiones. A eso se suma la obstinada lucha
de Gualeguaychú contra las pasteras y en estos últimos días
el paro del campo. Por supuesto, todos estos procesos tienen
distintas características –por ejemplo, unos son
progresivos y otros reaccionarios–, porque reflejan
problemas de diversa índole, pero tienen en común que
empiezan a golpear al gobierno.
En
todo caso, lo importante es señalar que ha comenzado
cierto deterioro del gobierno. Hay sectores que empiezan
a hacer la experiencia y se empiezan a observar ciertas
divisiones en las clases medias, a derecha y a izquierda,
cierta polarización..
Por
ejemplo, en el caso de Gualeguaychú hay un sector que se
radicaliza a izquierda en general, pero por otro lado hay
sectores de la clase media que se polarizan, o se van a la
derecha por el problema de la seguridad. También influye
esa forma de gobernar de Kirchner de avasallar todo; de eso
se toma mucho la oposición burguesa, que en estos últimos
tiempos ha empezado a levantar cabeza después de un largo
período de inoperancia política.
Por
eso de alguna manera Kirchner tiene que responder a esa
situación dando ciertas concesiones a esos sectores. Un
caso es la iniciativa de reducción de la Corte Suprema, o
la renuncia a las reelecciones indefinidas después del
triunfo de Piña en Misiones. También en política
exterior, como meter otra vez a Irán en la bolsa de los
malos de la película, dando una señal clara de
alineamiento con los yanquis
Teniendo
en cuenta que la economía va a seguir más o menos bien
–no vemos grandes motivos de zozobra en ese terreno, al
menos a corto plazo–, sobre esa base lo más probable es
que el gobierno de Kirchner, con muchos más problemas de
los que se preveían, vaya a la reelección “con un
pingüino o con una pingüina”.
La
previsión más general es que después de las elecciones,
una vez reelecto y asumido el nuevo equipo de gobierno,
vengan más problemas, porque tiene que ir más a
fondo. Eso es lo que está pidiendo la mayoría de la
burguesía: la reabsorción completa del proceso.
Creemos que va a ser eso es lo que esté en discusión en el
próximo año o año y medio,
No
descartamos que a mediano plazo, y ésa es la previsión a
la que nos jugamos, haya desbordes por izquierda a
estos gobiernos de mediación. Para eso nos tenemos que
preparar. En ese sentido, polemizamos con corrientes como el
PO, que ve todo como una línea recta, sin problemas, y
también con el PTS, que en este momento está viendo un
giro a la derecha en la situación, no en el gobierno.
Nosotros sí planteamos que en el gobierno hay un giro a la
derecha por ahora más bien superestructural. Esos matices más
finos en el análisis tienen que ver, justamente, con no
impresionarnos y estar preparados para posibles cambios
bruscos en la situación, incluyendo la reapertura de la
crisis.
El
proceso de recomposición del movimiento obrero
Haciendo
un poco de historia, hay que decir que el proceso de
recomposición previo al Argentinazo y que emergió con
fuerza con él fue el movimiento de desocupados, que
en general en ese momento era independiente, aunque
sectores estaban ligados a la CTA. Se dio esencialmente por
fuera de los aparatos, de la CGT y de los partidos
tradicionales. La otra pata del proceso fueron las fábricas
recuperadas, que justamente como producto de la brutal
crisis económica y la quiebra de cientos de empresas, mostró
cómo sectores de trabajadores, para no quedar en la calle,
tomaron las fábricas. Un proceso no muy extendido, pero de
un valor importantísimo. Después estaban las asambleas
populares, que reflejaban más que nada a los sectores de
clase media empobrecidos, que se organizaron alrededor de
los primeros meses del Argentinazo.
El
movimiento obrero de conjunto estuvo a la retaguardia,
fundamentalmente por el rol de la CGT y la CTA, que
bloquearon completamente la posibilidad de la entrada en
escena de los trabajadores organizados, si bien hubo algunos
procesos de vanguardia importantes en ese momento. A eso se
le sumó el miedo a la desocupación.
Pero
aproximadamente desde 2004 hubo un relevo en el proceso
de recomposición, y los que han estado a la vanguardia
fueron sectores de la clase obrera ocupada. Hubo toda una
oleada de luchas importantes reivindicativas, por salario,
por condiciones de trabajo, algunas por despidos. Porque la
situación económica mejoró, y la clase obrera, al empezar
a recomponer sus planteles y con la visión de que había
trabajo y se podía pelear, inició ese proceso de luchas
para recuperar parte de lo perdido. Ahí estuvieron
subte, telefónicos, la salud, petroleros, etc.
Lo
más objetivo, lo más material, es que hay una nueva
generación obrera en las fábricas y lugares de trabajo,
y eso es importantísimo. Por supuesto, no lo descubrimos
hoy, sino que ya desde hace un tiempo veníamos teniendo esa
sensibilidad de que grandes contingentes de la juventud
entraron a trabajar. Esto tiene una importancia estratégica,
porque no da lo mismo llegar al próximo ascenso con una
clase obrera que tiene recompuestos sus planteles, con una
nueva generación trabajando. Por otro lado, hay importantes
experiencias de vanguardia pero no hay un fenómeno de
vanguardia obrera, como fenómeno político.
Otra
característica del proceso de recomposición es que
fundamentalmente se dio por la recuperación de los
organismos de base. No solamente aquellos donde participa y
es activa la vanguardia independiente, a veces ligada a los
partidos de izquierda, sino que, en general, el primer paso
que da el movimiento obrero en su proceso de recomposición es
ir a los organismos tradicionales, es la elección de
delegados, comisiones internas, etc. La excepción son
algunas experiencias muy importantes pero que no son la tónica,
como la de Atdemis en Córdoba.
No
lo podemos mensurar con precisión, pero cabe tomar un dato
general, para hacerse una idea: hace cinco años en la UOM
Avellaneda se juntaban 60 delegados; hoy son entre 120 y
140, y todavía en muchísimas fábricas ni siquiera hay
cuerpo de delegados, porque en la etapa anterior barrieron
casi a toda la fábrica y recién ahora se están
recuperando.
Muchas
de las experiencias de lucha de toda esta oleada son
encabezadas por sectores independientes, antiburocráticos,
antipatronales, pero con una limitación muy grande: son
poco anti gobierno, justamente porque tienen
ciertas expectativas en Kirchner. Esto es muy importante,
porque no basta ser antiburocrático, no basta ser
antipatronal, sino que la recomposición debe apuntar a un
contenido político de independencia de clase. Si no,
toda la actividad sindical queda en el aspecto meramente
reivindicativo y corporativo.
El
debate estratégico
Desde
antes que se abriera el Argentinazo y después también,
nuestra apuesta fue hacia el movimiento obrero, y por eso,
desde un primer momento marcamos que había un límite muy
importante: si no entraba el movimiento obrero iba a ser muy
difícil transformar la rebelión popular en revolución
social.
Ha
habido una mecánica de alianzas de clases durante el
Argentinazo. En su momento hubo una expresión que sintetizó
eso, que era “piquete y cacerola”. Es obvio que le
faltaba una pata fundamental: sólo con esos dos componentes
no se podía profundizar el Argentinazo.
Así
fue que en ese momento dimos batallas estratégicas, como la
pelea por la unidad de clase, por que los movimientos
de desocupados influyeran sobre la clase obrera ocupada con
un programa y una política de unidad de clase. Y eso se
sintetizaba en que el centro de la lucha de los movimientos
debía ser el trabajo genuino, la reducción de la jornada
laboral y contra la esclavitud laboral. Esa batalla la
perdimos, pero esa experiencia nos dio calidad, porque era
dificilísima la pelea, pero igualmente la dimos y nos
calificamos en la vanguardia.
Más
cerca en el tiempo, y para tomar un ejemplo candente, está
la lucha del Hospital Francés. Es una experiencia que está
en curso, pero es un ejemplo de cómo tenemos que intervenir
en los conflictos. Esta lucha ha enfrentado duramente al
gobierno, pero no es que la mayoría de los trabajadores está
contra el gobierno. Al contrario, al primer amague del
gobierno de dar algo, la cosa baja, porque existe el
problema del entendimiento a fondo de qué significa el
gobierno.
Por
eso pegamos con el eje de que la pelea era por la estatización
y nos jugamos con todo. Lo que tenemos, lo hemos puesto:
carteles, pintadas, acciones, vuelco al conflicto,
movilizaciones; están los debates públicos con el resto de
las corrientes. Ahora estamos empezando otra etapa del
conflicto, y entre la vanguardia se está procesando este
debate de fondo. Es que una tarea clave es bajar a tierra el
debate estratégico, y en eso lo del Francés es un buen
ejemplo.
Si
queremos empezar a tallar en el movimiento obrero, hay que
afinar todo el bagaje que tenemos, en el sentido de plantear
una política no sindicalista, no corporativa, de
independencia de clase. Porque para que esta vanguardia
sea más clasista, para romper el monopolio del peronismo y
la burocracia, no solamente tiene que haber ascenso, sino
personas de carne y hueso calificadas políticamente,
que tengan conciencia y claridad de hacia dónde van.
Hay
un proceso molecular en los lugares de trabajo que todavía
no tenemos bien agarrado, aunque hemos participado en
diversos movimientos por abajo. Entonces, es de cajón, está
dicho, escrito, repetido y hay que entenderlo así, que uno
de los elementos que tenemos que sacar en limpio de la
discusión de este punto nacional es la idea de que vamos
hacia una apuesta estratégica, que es el movimiento obrero,
el proletariado industrial. Hay que adaptar la política a
eso, empezar a formular la política concreta, bajarla a
tierra y también dar pasos concretos, organizativos, para
que esa política y esa orientación pueda empezar a tener
carne.
Entonces,
para el año que viene, y por un período, el centro de la
actividad política partidaria será volcarnos más a las
luchas obreras, al apoyo, la solidaridad, a hacer campaña,
etc. Por supuesto, es algo que hemos hecho en las luchas más
importantes, incluso una que nos toca de lleno, que es la de
Crónica; estamos en el Francés, en la lucha del Hospital
Garrahan, somos parte de los Sutebas opositores y su sector
más consecuente, estamos en Ecocarnes, etc. Pero el desafío
es meternos más y más en la nueva generación obrera, para
que cuando se dé el próximo ascenso estemos en los centros
neurálgicos del movimiento obrero. Esa posibilidad la
tenemos y para eso nos tenemos que preparar.
Sin
duda, hay otros temas que van a cruzar la vida política del
país: la lucha democrática que hoy tiene como eje la
aparición del compañero López, y lógicamente las
elecciones. Pero lo estratégico es comprender y ser parte
de este proceso del surgimiento de una nueva generación
obrera.
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