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Un
primer balance de la lucha por la democratización
Falta
un programa político y espacios
de participación
Por
Sergio Revelli
Durante
todo este año, los estudiantes de la UBA dimos una durísima
pelea contra el régimen universitario y contra el gobierno
por la democratización de la UBA. Esta lucha tuvo como eje
los sucesivos boicots a la Asamblea Universitaria y el
Consejo Superior, llegando a enfrentarnos físicamente a las
patotas de las camarillas profesorales, a la burocracia de
APUBA y a la propia Policía Federal. Durante todo este
proceso desde el Ya Basta!-MAS dejamos en claro que se
necesitaba abrir canales de participación para masificar la
lucha y un programa claro que expresara un horizonte para
esta pelea.
Desde
la dirección de la Federación no se tuvo una política
para masificar, para que el conjunto del movimiento
estudiantil –no sólo su vanguardia– hicieran propia
esta lucha. Por el contrario, la gran preocupación de la
conducción de la FUBA fue ir de evento en evento (hubo
actos casi semanales antes de finalizar el primer
cuatrimestre en Rectorado, Medicina, Derecho...) pero sin
tener una política audaz que abriera las puertas al
estudiantado para que entrara masivamente en el proceso.
En
vez de tener iniciativas de participación, llegaron a hacer
una parodia de Seminario en julio, que prometían que iba a
ser el gran evento de miles de estudiantes. Esto fue acompañado
con la no convocatoria a las Asambleas Interfacultades. La
conducción de la Federación se negó a someter a votación
tanto las políticas como las actividades, llegando al colmo
de negarse a
aprobar el programa de la lucha en el mismísimo Congreso de
la FUBA, tan manijeado desde arriba que votó la dirección
sin votar la política. Los compañeros independientes que
concurrieron al congreso se fueron muy frustrados por culpa
de la presidencia de la Federación.
Todas
estas maniobras fueron alejando a la conducción de la FUBA
(que fue la dirección en el proceso) de la base del
movimiento estudiantil, que si bien sigue apoyando a la
izquierda en los centros de estudiantes por acordar en líneas
generales con la lucha, se muestra muy crítica de los métodos
utilizados por las conducciones.
En
suma, la política llevada adelante por el frente PO-CEPA-MST
llevó a aislar a la vanguardia de la masa estudiantil, una
vanguardia sin un programa votado democráticamente y sin
espacios de discusión, donde todo quedaba abrochado en la
rosca del local de la FUBA en Uriburu.
Hubo
en el medio de todo este proceso un escándalo político
cuando la CEPA y el MST quisieron votar a Buzzi como rector.
Se dio una pelea durísima para que la conducción de la
FUBA no capitulara ante Buzzi, pero ni esto motivó abrir la
discusión al conjunto del movimiento estudiantil. Por otro
lado, este triste episodio no habría sido posible si el
programa de lucha hubiese sido votado democráticamente en
alguna instancia.
Respecto
a los métodos de la FUBA, el frente PO-CEPA-MST dejó claro
que consiste en negociar todo entre cuatro paredes sin
fomentar la participación en espacios democráticos de
discusión y resolución. Fue un paso atrás cuando
Izquierda Socialista, que, aunque tibiamente, daba una pelea
por abrir los espacios de discusión, se empezó a
incorporar a la conducción... “para dar la pelea por
dentro”, cosa que nunca hizo. Aún más llamativo fue
el giro político dado por el PTS, que pasó de
vociferar casi irresponsablemente contra la FUBA en el 2005
a pasar a dar la lucha también “por adentro de la
FUBA”. A partir de esto pasó a ser el furgón de cola
del frente PO-CEPA-MST. Actualmente En Clave Roja se
jacta en todos lados de pertenecer a la conducción de la
Federación, y dejó de dar discusiones políticas de manera
consecuente hacia la FUBA. Como tampoco el PTS desmintió
nunca públicamente haber acordado junto al frente del
PO-MST-CEPA no hacer la Interfacultades después de la
multitudinaria marcha al Rectorado contra la patoteada de
APUBA en Medicina.
Por
un movimiento estudiantil y una FUBA basada en Asambleas e
Interfacultades
Para
nosotros hay que discutir darle un giro de 180 grados a la
conducción de la FUBA. La falta de masificación tiene que
llevar a replantear los métodos de organización y empezar
a construir un movimiento estudiantil y una FUBA basada en
asambleas e interfacultades.
Ahora
se abre la pelea contra la nueva gestión, votada de manera
escandalosa, por el desprocesamiento de los compañeros y
contra los planes del gobierno. Superar estas limitaciones
va a reorientar al movimiento estudiantil y a su conducción.
Abriendo los canales de participación saldaremos ese vacío
entre la vanguardia y la masa del movimiento estudiantil y
estaremos en condiciones de pasar a la ofensiva con mucha más
fuerza.
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