|
|
Israel
quiere desquitarse de su derrota en Líbano
Matanza
diaria de mujeres y niños palestinos
Por
Claudio Testa
Hasta
la televisión y la prensa al servicio de EEUU e Israel han
debido hacer algunas menciones a la matanza de palestinos
que están perpetrando diariamente los criminales de guerra
Olmert y Peretz. Las mismas tropas sionistas que se
retiraron del Líbano con el rabo entre las piernas, ahora
se ejercitan en la “heroica” tarea de apretar botones
para bombardear desde prudente distancia a la población
civil desarmada.
La
atroz matanza de Beit Janún, en la noche del 7 de
noviembre, que por sus dimensiones no pudo ser ocultada, es
un ejemplo de la vida diaria de los palestinos bajo la
ocupación de los colonialistas israelíes. Ese día culminó
una semana de bombardeos que produjeron casi 90 muertos,
la mayoría menores de edad.
Un
corresponsal español en Gaza recogía poco después estos
testimonios en Beit Janún: “«En mis cinco años de
enfermero no había visto nunca nada tan horrible... por las
escaleras había manos, cabezas, piernas, por los suelos,
gente postrada o gritando desesperadamente», cuenta Ahmed
Abu Alesh, que llegó en la segunda ambulancia que acudió a
recoger a los heridos. Por su parte, Um Al Abed, de 45 años,
cuando se produjo el ataque creyó que era uno más de los
que ha sufrido esta localidad. Pero luego «empecé a oír
gritos y el ruido de muchas ambulancias; con otras mujeres
salí de casa descalza para socorrer a las víctimas y lo
que vi fue montones de gente hecha pedazos». Ibrahim Al
Atanma, otro vecino de 29 años, vio cómo las primeras
bombas caían sobre un edificio habitado y cómo luego
quienes habían acudido a socorrer a los heridos caían víctimas
de nuevos proyectiles. Me describe una escena dantesca de «cabezas
cortadas entre los escombros».” (Corresponsal de Gara,
diario de Euzkadi, 9-11-06)
Lo
de Beit Janún tuvo una repercusión internacional
desagradable para sus responsables. Es que esta vez las
decenas de mujeres y niños muertos excedían la cuota
rutinaria de palestinos masacrados que no merece mención de
las agencias noticiosas occidentales. Por eso, los señores
de la Asamblea General de la ONU tuvieron que refunfuñar
una amonestación a Olmert y Peretz (que antes había sido
vetada en el Consejo de Seguridad de la ONU por el
representante de EEUU, John Bolton, que sostiene que Israel
tiene derecho a asesinar al que desee). Sin embargo la
“condena de la ONU” sobre la que se hizo tanta bulla, no
es una “tarjeta roja” para Israel, sino apenas un suave
tirón de orejas, sin mayores consecuencias prácticas.
De
todos modos, este hecho tiene su importancia, aunque más
por lo que refleja que por su valor propio... Es que Israel
va “cuesta abajo” en su “legitimidad” internacional.
En la guerra del Líbano, Israel mereció el repudio de la
mayoría de la opinión pública de Europa y América
Latina. Y los grandes bonetes de la ONU han tenido que
reflejar algo ese hecho. Esto es falsamente presentado por
EEUU e Israel como una “nueva ola mundial de
antisemitismo”, cuando en verdad se trata de una cosa muy
distinta: la creciente pérdida de legitimidad de un
Estado colonial y racista, enclave de EEUU en Medio
Oriente, que existe gracias a la “limpieza étnica” de
la población originaria, los palestinos. Fuera de una minoría
que sobrevive cada vez con más dificultades como ciudadanos
de segunda clase en Israel, la mayoría de los palestinos
han sido expulsados del territorio de la Palestina histórica
o encerrados en bantustanes [1] como el de Gaza.
Las
matanzas cotidianas de palestinos, especialmente de
civiles, mujeres y niños, son una “política de
estado” en Israel por varios motivos.
Toda
ocupación colonial, como “norma”, debe tratar de
aterrorizar permanentemente a la población originaria, y
con más razón con los palestinos, que jamás cesaron su
resistencia a los colonialistas.
Pero
además juegan problemas políticos inmediatos. Israel
recibió una gran paliza en el Líbano, donde se acabó el
mito de la “invencibilidad” de los sionistas. Israel se
siente más débil que antes de la guerra. Esto está en
la raíz de estas “demostraciones de fuerza”.
La
derrota en Líbano ha producido una crisis política al
interior de Israel. En lo inmediato, se ha expresado en un vuelco
a la derecha. El gobierno ha incorporado como viceprimer
ministro a un nazifascista declarado, Avigdor Lieberman,
cuyo programa es profundizar la “limpieza étnica”,
procediendo al “traslado” (es decir, la expulsión del
país) de la minoría de árabes que tienen la ciudadanía
israelí, junto con el fusilamiento de sus parlamentarios.
Otro
motivo importante de los ataques es el de “castigar” a
los palestinos de Gaza y Cisjordania por haber “votado
mal” en las elecciones de enero pasado. En vez de hacerlo
por los siervos de EEUU e Israel (como el presidente de la
“Autoridad Palestina”, Mahmud Abbas), votaron a los
islamistas de Hamas, que no han doblado sus rodillas. Los
asesinatos diarios actúan como un chantaje para que los
dirigentes políticos de Hamas finalmente capitulen y
acepten, como Abbas, el papel de administradores nativos de
los bantustanes palestinos.
Sin
embargo, las bestialidades de Israel tienen un efecto contraproducente.
Profundizan no sólo la rabia de los palestinos y de 300
millones de árabes (que un día puede descargarse sobre su
cabeza), sino también la visión de ilegitimidad de
ese estado racista que empieza a generalizarse en todo el
mundo, cosas muy peligrosas para la continuidad de esa tardía
aventura colonial. Ambos hechos son un problema serio, por
lo menos a largo plazo, para un estado que además ha
amarrado su destino a un imperialismo en decadencia, los
Estados Unidos.
Nota:
1.
Bantustanes: pequeños
territorios establecidos en el estado racista blanco de Sudáfrica
para concentrar y encerrar a la población negra. Este
“modelo” de los racistas sudafricanos ha servido de
inspiración a Israel, para ir recluyendo a la mayoría de
los palestinos en cuatro bantustanes, el de Gaza y otros
tres en Cisjordania, rodeados de un muro de cemento de 8
metros de altura.
|
|