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Bolivia:
Después
de la firma de los nuevos contratos con las multinacionales
Cinco
claves para entender
la falsa nacionalización del gas
Por
José
Luis Rojo,
sobre la base de datos de Martín Camacho y Carla Punkoya
“Con
estos contratos queremos resolver los problemas del país,
sentamos soberanía sobre nuestros recursos sin expulsar a
nadie, esa es la nacionalización sin indemnización (...)
Respetamos la seguridad jurídica y jamás vamos a violar
estos contratos transparentes”. (Evo Morales)
En
la declaración de Socialismo o Barbarie Bolivia publicada
poco después del 1° de Mayo del 2006, dimos una definición
precisa de la “nacionalización” de Evo Morales
decretada ese día: la definimos como una renegociación
de los contratos SIN expropiación de las multinacionales
cuyos objetivos centrales eran aumentar los ingresos
fiscales del Estado y tener un mayor control y/o regulación
sobre el negocio gasífero. Es decir, de ninguna manera
una auténtica nacionalización como pretendió ser vendida.
Esto ha sido confirmado totalmente el 29 de octubre pasado
cuando fueron firmados los nuevos contratos entre el
gobierno de Morales y multinacionales como Petrobras, Repsol,
Shell, Amoco y otras que monopolizan la producción del gas
en el país andino.
En
lo que sigue, presentaremos sintéticamente 5 claves para
entender el verdadero carácter de la “nacionalización”
de Morales y Linera.
No
hay verdadera nacionalización
Contra
viento y marea del impresionismo de casi todas las
corrientes de izquierda que definieron la puesta en escena
del gobierno del MAS como “un paso adelante”, un
“triunfo histórico”, una “auténtica nacionalización”,
desde SoB Bolivia tomamos desde el comienzo distancia esta
medida (1) por lo que de “parcial”, “ficticia” e
incluso “tramposa” la misma tenía, con más
contenido de “concesión” y “trampa” que de
conquista como subproducto de la lucha popular.
Denunciamos
que el objetivo central de Morales y Linera era lograr un
sustancial aumento de los ingresos fiscales del Estado
por la extracción y producción del gas; pero de ninguna
manera expropiar a las multinacionales y hacerse cargo del
proceso productivo que quedaría en manos de las
multinacionales.
No
es casual que ahora Morales haga alarde de que se trata de
una “nacionalización sin indemnización”, claro está
con el “pequeño detalle” de que no hay indemnización
sencillamente porque lo que ha ocurrido en Bolivia no es... ninguna
verdadera nacionalización (2).
Por
el contrario, lo que se ha hecho es forzar a las empresas a
una renegociación de los contratos con el objetivo de que
el Estado boliviano pueda obtener más recursos por la
explotación del gas. Y, en todo caso, que el gobierno pueda
arrogarse un mayor control político sobre la operación del
negocio, exigencias éstas inevitables si de lo que se trata
es de afirmar el gobierno sobre la base de un país que ha
vivido una tremenda rebelión popular.
En
estas condiciones, la firma de los contratos petroleros el
29 de octubre pasado (fecha límite estipulada por dicho
decreto para la “migración” de los mismos) viene
entonces a confirmar completamente lo que dijimos
seis meses antes (ver SoB periódico N° 79 del 19/05/06):
en síntesis, que no se trataba de ninguna verdadera
nacionalización, ni burguesa ni anticapitalista.
Los
activos siguen en manos de las multinacionales
Como
venimos señalando desde mayo afirmamos que la medida tomada
por Morales no significaba una verdadera expropiación. Esto
era muy sencillo visualizarlo (y los nuevos contratos lo
vienen a confirmar): los activos más importantes de las
empresas extranjeras de ninguna manera han pasado a manos
del Estado. Razón por la cual, el núcleo básico del
proceso productivo, es decir, la extracción del gas y el
petróleo ha quedado
en manos de las multinacionales, ahora legalizado con los
nuevos contratos. Por comparación (como ya hemos
planteado en la nota 2) podemos decir que cuando se trata de
una nacionalización burguesa, las empresas sí pasan
realmente a manos del Estado, pero son indemnizadas. Cuando
se trata de una auténtica expropiación, no solo no hay
indemnización, sino que además las empresas son
inmediatamente puestas bajo control y/o administración
obrera.
Pero
nada de esto ha ocurrido en Bolivia. Lo único que se declaró
“nacionalizado” (que estaba ya contenido en la propia Constitución Política
del Estado de Sánchez de Losada), es que el fluído gas
como tal, el recurso natural, es de “propiedad estatal”,
lo que es propio de todas las constituciones burguesas que
en hay en el mundo (en nuestro país, los “dueños” del
recurso natural, son los estados provinciales). Pero claro
está, esto carece en realidad de todo efecto práctico
en la medida que el proceso productivo para extraer el gas
del subsuelo... sigue siendo propiedad (es decir, estando en
manos) de las empresas imperialistas.
No
se llega siquiera a configurar elementos de un
“capitalismo de Estado”
Porque
el “capitalismo de Estado” es sencillamente una cantidad
importante del PBI y las empresas en manos del estado
capitalista. Es el caso de PDVSA en Venezuela que produce el
80% del PBI de ese país y está controlada por Chávez.
Es
en este marco que se debe comparar con la pregonada
“refundación” de YPFB (Yacimientos Petrolíferos
Fiscales de Bolivia) por parte del gobierno del MAS. Porque
el gobierno de Morales echó a rodar el proyecto de
“refundar” esta empresa a partir de la “reversión al
estado” del 50% mas una de las acciones de una serie de
compañías llamadas “capitalizadas” (en manos de Fondos
de Pensión) que operan entre el 6 y el 12% de la extracción
del gas.
También
planteó el traspaso al estado de “Transredes”, otra
empresa capitalizada bajo la misma modalidad que se ocupa de
la distribución del gas dentro de Bolivia (paso todavía no
consumado). Y Solís Rada (el echado Ministro de
Hidrocarburos que anunció junto con Evo la “nacionalización”
el primero pretendió hacer lo propio con las dos únicas
empresas de refinación de petróleo que hay en Bolivia (en
manos de Petrobras) y que refina el fluido destinado al
consumo interno del país (3).
Estas
últimas medidas (para colmo no consumadas) parecerían
“contradecir” el subtítulo que encabeza este punto,
pero no es así. Se trata de una serie de medidas que tienen
dos objetivos: por un lado, darle al Estado un cierto
terreno de intervención y regulación (así sea con una
porción muy menor de la producción de gas) en el negocio;
así como darle también un terreno de control
respecto de la distribución y comercialización del gas y
el petróleo en el mercado interno. Es decir, medidas más
bien políticas que realmente económicas (aunque tienen una
cierta base económica menor), pero que no llegan a
transformar realmente al Estado en un actor económico
propiamente dicho.
En
síntesis, se trata de medidas timoratas que oscilan
entre una cierta orientación de capitalismo de Estado y un
contenido –si se quiere mayor– de intervención política
del Estado para regular los precios del gas sobre todo en lo
que hace al mercado interno. Es decir, al efecto que
puedan tener los precios sobre la población.
No
hay verdadera industrialización
Esta
es otra cuestión de enorme importancia. Nuevamente como en
el caso del ciclo de la plata o el estaño, lo que se lleva
a cabo en el país es la extracción del recurso mineral: es
decir, la parte más “penosa” del proceso productivo
como denunciaba Zavaleta Mercado (esto es así sobre todo en
la minería; aunque no tanto en el gas y petróleo, pero
sirve a modo “ilustrativo”). Es decir: la que requiere más
esfuerzos y tiene menor valor incorporado. Siendo mas
concretos: en el negocio del gas la extracción del fluído
significa la obtención de la mera materia prima. Luego
de este paso viene la separación de los distintos gases, la
refinación y otro tipo de procedimientos industriales que
dan lugar a los distintos productos que van al consumo.
Desde ya que es obvio que el gas extraído como tal es el
más barato y que los distintos procesos de
industrialización van agregando valor y precio.
Pero
como en el caso de la minería en la revolución del ‘52,
no casualmente el levantamiento de Octubre del 2003 exigió la
industrialización del gas en manos bolivianas. Pero el
gobierno de Morales tampoco va a cumplir con esta elemental
exigencia(4). En lo esencial, los contratos de venta de gas
con Argentina y Brasil (que se llevan la parte del león de
la producción; el resto es lo que queda para el mercado
interno) es la venta de gas en “bruto”; es decir, la
venta de la materia prima. Siquiera en el caso del
mercado interno del propio país todavía está garantizado
de que las dos refinadoras ya señaladas pasen a manos de
YPFB.
Lo
que queda: un mero aumento de los ingresos fiscales, pero
muy por debajo del alardeado 82%
Finalmente,
incluso en el propio terreno del alardeado aumento de los
impuestos y regalías cobrados a las empresas por el Estado,
“no todo lo que reluce es oro”.
Se
recordara que por el decreto del 1ª de Mayo el gobierno
aumento la carga impositiva a los dos yacimientos mas
importantes en manos de Petrobras (San Albano y San Alberto)
al 82% de la producción bruta del fluido dejando el 18%
restante en manos de la empresa. En los contratos recientes
estos porcentajes se transformaron en muy “variables”
teniendo toda una serie de determinaciones,
condicionamientos, licencias, etc, que hay que ver en cada
caso.
Sin
embargo, si hay un dato certero: aunque significa un
aumento real en los ingresos fiscales del Estado, incluso
esta limitadísima medida viene con “trampa” (5).
Porque las regalías e impuestos se cobran sobre el precio
fijado del fluído (por una unidad de medida llamada BTU). Y
“sorprendentemente”, el precio tope fijado en el caso
argentino (Brasil quiere uno menor todavía no establecido)
para esta unidad de medida es de 5 dólares el BTU cuando en
el mercado internacional un gas de la pureza del extraído
en Bolivia (es decir, sin azufre, como es el caso del
venezolano) oscila entre 9 y 10 dólares esa unidad de
medida. Desde este punto de vista, está claro que para las
multinacionales es pingüe negocio: porque al ser
empresas como Petrobras y Repsol exportadoras e importadoras
a la vez del gas (están de los dos lados de la frontera) es
obvio que lo pueden “comprar” (a sí mismas) al precio
tope acordado con el Estado boliviano y no tienen ningún límite
para revenderlo al doble de este valor (por no hablar de
lo que pueden agregar de valor con la industrialización)
¿Qué
significa esto?, muy sencillo: no hace falta ser un
especialista en matemáticas para darse cuenta que incluso
si llegaran a pagar el impactante porcentaje del 82% de
impuestos sobre la producción bruta del gas... esa cifra
se reduciría a la mitad sólo con que las empresas revendan
el gas al doble del valor con que lo compraron (y,
nuevamente, sin que agreguemos aquí el aumento del valor
por la industrialización). Esto último es una de las
tantas razones por las cuales las multinacionales están que
“bailan en una pata” luego de la firma de los nuevos
contratos.
En
síntesis, la reivindicación y lucha por una auténtica
nacionalización del gas sigue siendo una tarea pendiente
del proceso revolucionario boliviano, la que no se podrá
obtener de la mano de ningún gobierno de conciliación de
clases al frente del estado burgués, sino
de la mano del poder de los obreros y campesinos.
Notas:
1.
Esto sin menoscabo de que afirmábamos la defensa de la
posición soberana de Bolivia frente a eventuales ataques de
las empresas multinacionales. Pero planteábamos esto sin
caer en titulares catástrofe del estilo de “Defendamos a
Bolivia” como el PO argentino cuando lo que se abría era
un regateo y no ningún enfrentamiento real. Ni en
comparaciones ridículas del estilo del MES brasilero que
comparaba la falsa “nacionalización” de Evo con la real
de Cárdenas en México (en el año 1938) y que dio lugar a
un boicot de parte del imperialismo inglés... Está claro
que nada de esto se ha visto ahora. También el PSTU
cambió su declaración inicial (más circunspecta) pasando
al apoyo a Evo; el MST e Izquierda Socialista –claro está–
saludaron a-críticamente la “nacionalización”. E
incluso el PTS argentino la definió erróneamente como
“un paso adelante”, aunque luego correctamente se
delimitaron de ella.
2.
La característica de las verdaderas nacionalizaciones
burguesas es que hay expropiación pero se indemniza a
las multinacionales. Por otra parte, la nacionalización que
impulsamos los socialistas revolucionarios, la que es
verdaderamente anticapitalista, es la que se lleva a cabo sin
indemnización y con la puesta inmediatamente bajo control
y/o administración de los trabajadores.
3.
Luego de pretender imponer esta limitada medida, termino
cayendo de su puesto y las dos refinadoras siguen en manos
de la empresa “brasilera”.
4.
Ya hemos denunciado en estas páginas la entrega del
yacimiento de hierro del Mutún a una multinacional India y
su NO industrialización en Bolivia salvo de una ridícula
cantidad del mineral extraído.
5.
Parecería que el gobierno de Morales no puede dejar de
hacer nada sin dar completamente vuelta el contenido de las
medidas que verdaderamente toma. Anuncia una nacionalización
que no configura ninguna verdadera nacionalización; anuncia
una reforma agraria que si bien “polariza” los ánimos
no implica verdaderamente liquidar los latifundios aunque el
gobierno lo anuncie lisa y llanamente como “revolución
agraria”; habla de “refundar” el país y solo busca
imponer una serie de reformas al régimen político. Todo es
así: se trata de los esquivos rostros del timorato
reformismo del siglo XXI.
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