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Nicaragua:
victoria del sandinismo
De
la revolución a la “reconciliación”
El
triunfo de Daniel Ortega y el FSLN en las elecciones nicaragüenses
merece atención por varias razones. Por un lado, representa
un nuevo dolor de cabeza para Bush, en el marco de las
buenas relaciones del sandinismo con Hugo Chávez. Por el
otro, cabe despejar cualquier mirada romántica sobre los ex
guerrilleros y los comandantes sandinistas como Ortega, que
han dejado de lado toda característica de
“revolucionarios” (salvo la retórica electoral) y se
postulan para administrar el capitalismo sin la menor
pretensión de ruptura. A continuación, presentamos una
versión editada de artículos tomados del periódico El
Trabajador Centroamericano, del Partido Revolucionario de
los Trabajadores de Nicaragua (PRT), números 57 a 59. Allí,
además de explicar quién es quién en la política nicaragüense,
se hace una instructiva reseña de la evolución –o mejor
dicho, involución– del Frente Sandinista y sus
principales dirigentes.
Sin
una opción clasista
Por
Alex Burguess
El Trabajador Centroamericano Nº 59
La
burguesía ha lanzado cuatro opciones políticas, cada una
representativa de los intereses particulares de los grupos
económicos de poder. El FSLN [Frente Sandinista de Liberación
Nacional] y el PLC [Partido Liberal Constitucional], que no
son más que la cara política de una incipiente burguesía
criolla, nacida de la piñata (1990) y del saqueo del Estado
desde el gobierno de Alemán (1996) respectivamente; y que
han encontrado su nutriente en el pacto político que les
permite seguir enriqueciéndose aun sin controlar el Poder
Ejecutivo. Y por otro lado, sus alas reformistas, MRS
[Movimiento Renovador Sandinista] y ALN [Alianza Liberal
Nicaragüense] nacen como reacción al pillaje y medios
empresariales gangsteriles de las cúpulas de sus partidos.
Representan en el caso del MRS a la pequeña burguesía
incipiente; y por otro lado, a la oligarquía tradicional
(Grupo Bancentro y Grupo BAC) en el caso de la ALN.
Ambas
fracciones burguesas ven en el pacto FSLN-PLC una grave
amenaza a sus negocios por la competencia desleal que éstos
representan, legalizada por el Poder Judicial en manos del
FSLN.
Lo
relevante de estas elecciones es que el bipartidismo de
facto que se mantiene desde 1990 se ve resquebrajado. Pero
esta ruptura, lejos de amenazar el régimen, más bien es un
proceso natural de “sanación”, pues todos los partidos
abogan por el modelo neoliberal, y su programa es dirigido a
satisfacer las necesidades de su grupo económico, dejando
irresuelta la problemática del pueblo trabajador.
El
FSLN es sin duda un partido burgués, que hace mucho abandonó
la lucha por la emancipación de la clase obrera, y ahora se
ubica abiertamente del lado de los patronos, llamando a la
“reconciliación” y propugnando un profundo respeto a la
propiedad privada, pero aún se escuda en la retórica
populista y antiimperialista a fin de engañar al pueblo
trabajador más humilde.
No
hay por quién votar
En
Nicaragua, la frase de “no hay por quién votar” tiene
una connotación especial. Fue levantada por primera vez en
1975 por Pedro Joaquín Chamorro, el líder de la oposición
burguesa, posteriormente asesinado por esbirros de la
dictadura somocista.
Después
de 1990, los espacios políticos se han venido cerrando de
manera paulatina. El “pacto” Ortega-Alemán del año
2000 restableció el bipartidismo en Nicaragua. Al igual que
la Constitución, la Ley Electoral fue reformada con el
objetivo de que no surgieran nuevas fuerzas políticas. En
esa ocasión fueron ilegalizados 36 partidos, entre ellos el
Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
Ahora
está de moda la lucha contra el pacto. Como dos retoños,
de los troncos podridos del liberalismo y del sandinismo han
surgido dos nuevas opciones electorales: la ALN del banquero
Eduardo Monteleagre, y el MRS dirigido por el neoliberal de
izquierda Edmundo Jarquín. Estas son las llamadas fuerzas
“antipacto”.
Por
el otro lado, está el sempiterno candidato del FSLN, Daniel
Ortega, que lleva como candidato a vice nada menos que al ex
asesor político de la contra Jaime Morales Carazo. El FSLN
tiene como programa político la “reconciliación
nacional”. El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) es
el partido del ex presidente [condenado por corrupción]
Arnoldo Alemán.
El
MRS ha centrado su campaña en la “Nicaragua linda”, y
en hacer un “pacto limpio con la gente”. El “feo”
Jarquín [ex funcionario del Banco Mundial y el BID, que
lleva como vice a Carlos Mejía Godoy, reconocido cantautor
nicaragüense, también disidente sandinista] tiene el apoyo
de Otón Solís, ex asesor del gobierno de la ex presidenta
Violeta Chamorro.
El
Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) llama en
estas elecciones a hacer el uso del voto como medio de
repudio activo a estos partidos; el 5 de noviembre acudamos
a las urnas y votemos nulo, rayando la papeleta, a fin de
que en el recuento refleje la insatisfacción con los
partidos de los patronos.
Más
importante es retomar conciencia de la necesidad de forjar
una opción política independiente, que no estando atada a
ningún grupo económico, defienda los intereses de la clase
obrera. Ninguno de los partidos de la contienda electoral
está levantando las reivindicaciones y los problemas más
sentidos de los trabajadores. El FSLN se ha convertido en
los últimos 25 años en el principal sostén del orden
burgués en Nicaragua. Sólo hace falta hacer una pequeña
retrospectiva: el día de la aprobación del Tratado de
Libre Comercio (TLC) con EEUU, el FSLN dio quórum en la
Asamblea Nacional para que se aprobara.
La
transformación del Frente Sandinista
Por
Sebastián Chavarría Domínguez
El Trabajador Centroamericano Nº 57
De
la guerrilla heroica al poder
En
la historia del sandinismo deben analizarse tres etapas. La
primera (1961-1979), la de su nacimiento como un acto de
rebeldía de la clase media contra la dictadura somocista,
especialmente de los sectores estudiantiles radicalizados.
Fue
la etapa heroica, de la guerrilla valiente que se enfrentaba
con pistolas a los rifles Garand de la Guardia Nacional, en
la que forjó su mística y capacidad de sacrificio, que le
permitió sentar una tradición revolucionaria. Este factor
fue decisivo para que las masas vieran en el FSLN una
organización de lucha inclaudicable contra la dictadura,
que lo convirtió en el periodo 1978-1979 en una organización
guerrillera con influencia de masas, que encabezó la
insurrección popular hasta la toma del poder el 19 de julio
de 1979.
La
segunda etapa es la del FSLN en el gobierno, que va de 1979
hasta 1990, cuando fue derrotado en las urnas por Violeta
Chamorro. Bajo el gobierno sandinista se produjeron tres
tipos de gobierno.
El
primer gobierno fue de Unidad Nacional (1979-1982) con la
burguesía opositora (Violeta Chamorro y Alfonso Robelo),
que fracasó estrepitosamente por el empuje de las masas.
Este es el periodo en donde las masas lograron obtener
importantes conquistas materiales: subsidios, comisariatos,
etc. Estas conquistas comenzaron a disolverse en 1982, año
que marca el inicio de la “guerra secreta” contra
Nicaragua que posteriormente se convertiría en una
verdadera guerra civil.
El
segundo gobierno sandinista (1982 a 1985) fue de alianza del
FSLN con la sombra de la burguesía, con la permanencia
primero de Arturo Cruz y después con Rafael Córdoba Rivas
dentro de la Junta de Gobierno. El FSLN inauguró un régimen
bonapartista sui generis, al apoyarse en las masas para
resistir la agresión imperialista, al mismo tiempo que hacía
esfuerzos denodados por mantener funcionando la economía
capitalista. Guerra, sacrificios y austeridad capitalista
minaban por dentro la revolución.
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El
FSLN, con la Iglesia contra el aborto
La
discusión sobre el aborto terapéutico y su posible
ilegalización en el nuevo Código Penal a ser
aprobado por la Asamblea se inició en agosto cuando
Edmundo Jarquín, candidato presidencial del
Movimiento Renovador Sandinista (MRS) manifestó su
abierta simpatía por esta legislación.
Inmediatamente, el reaccionario clero de la Iglesia
Católica, las demás iglesias, y los candidatos de
los partidos de la burguesía, incluyendo al FSLN,
procedieron a “condenar” el aborto terapéutico,
proclamando la necesidad de la “cultura de la
vida”.
La
legalidad del aborto terapéutico data de 1893
(Revolución Liberal), cuando el presidente liberal
José Santos Zelaya lo incluyó entre una serie de
medidas progresistas y modernas en la legislación
nacional. La Iglesia Católica, que universalmente
se ha opuesto al aborto terapéutico y a los métodos
anticonceptivos, nunca se había manifestado tan
radicalmente contra esa legislación.
Cassandra
García, El Trabajador Centroamericano Nº 59
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El
tercer gobierno se inauguró cuando el FSLN ganó las
elecciones de 1984. Daniel Ortega dejó de ser el
coordinador de una Junta de Gobierno y pasó a ser el
presidente de la República. Fue un gobierno netamente del
FSLN con alianzas con sectores de la burguesía
agroexportadora.
Para
1987 el país ya estaba exhausto por los efectos de la
guerra civil, la contra y una hiperinflación del 32.000%
anual, la más alta del mundo, que consumía el salario de
hambre de los trabajadores. Los intentos de huelgas y
protestas populares fueron reprimidos brutalmente por el
FSLN, sea con sus fuerzas de choque (las “turbas”) o con
los órganos de seguridad. Ese año marcó la definición
del FSLN: ante la gravedad de la crisis se negó a expropiar
a la burguesía y los comandantes prefirieron negociar con
el imperialismo norteamericano y sus agentes
centroamericanos, convirtiéndose en el corto plazo en un
partido burgués.
El
salto en calidad fue la piñata de 1990, cuando el FSLN
perdió las elecciones y entregó a sus principales
dirigentes, como propiedad privada, los bienes que habían
sido confiscados al somocismo. Dejó el gobierno para
iniciar una nueva fase de colaboración “desde el
llano”. Este fue el bautismo de la burguesía sandinista.
15
años de statu quo
Luego
de la derrota de 1990, el FSLN inicia su proceso de
transformación en un partido burgués, formando una burguesía
amamantada de la “piñata” de los bienes estatales, su
dirección central (Daniel Ortega, Coronel Kautz, Bayardo
Arce, etc.) se convierte en la “facción política” de
una casta de empresarios enriquecidos desde el poder.
En
1990-1992 el FSLN impulsó luchas sociales para terminarlas
negociando con Antonio Lacayo, el poderoso yerno de Violeta
Chamorro, en la mesa de la “concertación económica y
social”, que terminó en una segunda piñata a favor de
los dirigentes sindicales. La privatización de muchos
bienes a “favor de los trabajadores” fue el tiro de
gracia para muchos sindicatos, porque dejaron de convertirse
en organismos de lucha para administrar empresas contra sus
propias bases obreras. La piñata costó 800 millones de dólares
en indemnizaciones a los antiguos propietarios, que todavía
forman parte de la deuda interna de Nicaragua.
El
FSLN ha desarrollado la habilidad de mantener un discurso
opositor, contra el imperialismo y el “neoliberalismo”,
un discurso populista de izquierda que le produce alguno réditos
políticos. Pero, en realidad, la clave de por qué el FSLN
conserva su votación reside en que decenas de miles de
personas fueron beneficiadas con las migajas de la piñata.
Mientras la burguesía sandinista se quedó con la mayor
parte de las empresas y fábricas, miles de personas
agarraron un terrenito, recibieron un camión, una
mantenedora, tierras para cultivar, una indemnización, algo
que les permitió iniciar la dura lucha por la sobrevivencia
económica.
El
FSLN terminó cogobernando, transformado en un pilar del
estado burgués en Nicaragua. El FSLN estaba presente en
todas las instituciones del estado (Policía, Ejército,
burocracia estatal) sin tener ministros.
Con
el ascenso de Alemán, el FSLN inicia los llamados
“pactos”, que superficialmente se manifiestan en el
reparto de cuotas en los poderes del Estado, con las
reformas a la Constitución en el 2000, pero en el fondo es
un acuerdo entre dos burguesías criollas nutridas del
saqueo estatal, de realizar negocios y hacer fortuna; un
caso elemental son los CENIS, mediante el cual ambas
facciones del pacto se robaron mas de 500 millones de dólares.
Este
modus operandi gangsteril provocó que surgieran alas
en ambos partidos, Montealegre (oligarquía) desde el PLC y
el difunto Lewites (pequeña burguesía) en el FSLN, quien
representaba los intereses de un sector de la pequeña
burguesía amenazado por el pacto. Su programa se perfilaba
como una centro izquierda moderada, al estilo Lula o
Kirchner.
En
estos 15 años, y más concretamente bajo la administración
Bolaños, el FSLN desarrolló abiertas tendencias
conciliadoras. Nunca ha renunciado a iniciar movilizaciones
callejeras de protesta en los diferentes sectores sociales,
pero su objetivo estratégico ha sido el de consolidarse
económicamente como una nueva burguesía, peleando espacios
de poder y mercados.
La
transformación abiertamente burguesa de la dirigencia
sandinista se manifiesta simbólicamente en que Daniel
Ortega, el sempiterno dirigente del FSLN, entró a la plaza
en el acto del 19 de julio pasado montado en un caballo
blanco de pura raza, de la misma forma que el general
Anastasio Somoza entraba a sus mítines políticos.
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