Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 91, 10/11/06
 

 

 

 

 

 

Nicaragua: victoria del sandinismo

De la revolución a la “reconciliación”

El triunfo de Daniel Ortega y el FSLN en las elecciones nicaragüenses merece atención por varias razones. Por un lado, representa un nuevo dolor de cabeza para Bush, en el marco de las buenas relaciones del sandinismo con Hugo Chávez. Por el otro, cabe despejar cualquier mirada romántica sobre los ex guerrilleros y los comandantes sandinistas como Ortega, que han dejado de lado toda característica de “revolucionarios” (salvo la retórica electoral) y se postulan para administrar el capitalismo sin la menor pretensión de ruptura. A continuación, presentamos una versión editada de artículos tomados del periódico El Trabajador Centroamericano, del Partido Revolucionario de los Trabajadores de Nicaragua (PRT), números 57 a 59. Allí, además de explicar quién es quién en la política nicaragüense, se hace una instructiva reseña de la evolución –o mejor dicho, involución– del Frente Sandinista y sus principales dirigentes.

Sin una opción clasista

Por Alex Burguess
El Trabajador Centroamericano Nº 59

La burguesía ha lanzado cuatro opciones políticas, cada una representativa de los intereses particulares de los grupos económicos de poder. El FSLN [Frente Sandinista de Liberación Nacional] y el PLC [Partido Liberal Constitucional], que no son más que la cara política de una incipiente burguesía criolla, nacida de la piñata (1990) y del saqueo del Estado desde el gobierno de Alemán (1996) respectivamente; y que han encontrado su nutriente en el pacto político que les permite seguir enriqueciéndose aun sin controlar el Poder Ejecutivo. Y por otro lado, sus alas reformistas, MRS [Movimiento Renovador Sandinista] y ALN [Alianza Liberal Nicaragüense] nacen como reacción al pillaje y medios empresariales gangsteriles de las cúpulas de sus partidos. Representan en el caso del MRS a la pequeña burguesía incipiente; y por otro lado, a la oligarquía tradicional (Grupo Bancentro y Grupo BAC) en el caso de la ALN.

Ambas fracciones burguesas ven en el pacto FSLN-PLC una grave amenaza a sus negocios por la competencia desleal que éstos representan, legalizada por el Poder Judicial en manos del FSLN.

Lo relevante de estas elecciones es que el bipartidismo de facto que se mantiene desde 1990 se ve resquebrajado. Pero esta ruptura, lejos de amenazar el régimen, más bien es un proceso natural de “sanación”, pues todos los partidos abogan por el modelo neoliberal, y su programa es dirigido a satisfacer las necesidades de su grupo económico, dejando irresuelta la problemática del pueblo trabajador.

El FSLN es sin duda un partido burgués, que hace mucho abandonó la lucha por la emancipación de la clase obrera, y ahora se ubica abiertamente del lado de los patronos, llamando a la “reconciliación” y propugnando un profundo respeto a la propiedad privada, pero aún se escuda en la retórica populista y antiimperialista a fin de engañar al pueblo trabajador más humilde.

No hay por quién votar

En Nicaragua, la frase de “no hay por quién votar” tiene una connotación especial. Fue levantada por primera vez en 1975 por Pedro Joaquín Chamorro, el líder de la oposición burguesa, posteriormente asesinado por esbirros de la dictadura somocista.

Después de 1990, los espacios políticos se han venido cerrando de manera paulatina. El “pacto” Ortega-Alemán del año 2000 restableció el bipartidismo en Nicaragua. Al igual que la Constitución, la Ley Electoral fue reformada con el objetivo de que no surgieran nuevas fuerzas políticas. En esa ocasión fueron ilegalizados 36 partidos, entre ellos el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Ahora está de moda la lucha contra el pacto. Como dos retoños, de los troncos podridos del liberalismo y del sandinismo han surgido dos nuevas opciones electorales: la ALN del banquero Eduardo Monteleagre, y el MRS dirigido por el neoliberal de izquierda Edmundo Jarquín. Estas son las llamadas fuerzas “antipacto”.

Por el otro lado, está el sempiterno candidato del FSLN, Daniel Ortega, que lleva como candidato a vice nada menos que al ex asesor político de la contra Jaime Morales Carazo. El FSLN tiene como programa político la “reconciliación nacional”. El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) es el partido del ex presidente [condenado por corrupción] Arnoldo Alemán.

El MRS ha centrado su campaña en la “Nicaragua linda”, y en hacer un “pacto limpio con la gente”. El “feo” Jarquín [ex funcionario del Banco Mundial y el BID, que lleva como vice a Carlos Mejía Godoy, reconocido cantautor nicaragüense, también disidente sandinista] tiene el apoyo de Otón Solís, ex asesor del gobierno de la ex presidenta Violeta Chamorro.

El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) llama en estas elecciones a hacer el uso del voto como medio de repudio activo a estos partidos; el 5 de noviembre acudamos a las urnas y votemos nulo, rayando la papeleta, a fin de que en el recuento refleje la insatisfacción con los partidos de los patronos.

Más importante es retomar conciencia de la necesidad de forjar una opción política independiente, que no estando atada a ningún grupo económico, defienda los intereses de la clase obrera. Ninguno de los partidos de la contienda electoral está levantando las reivindicaciones y los problemas más sentidos de los trabajadores. El FSLN se ha convertido en los últimos 25 años en el principal sostén del orden burgués en Nicaragua. Sólo hace falta hacer una pequeña retrospectiva: el día de la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU, el FSLN dio quórum en la Asamblea Nacional para que se aprobara.


La transformación del Frente Sandinista

Por Sebastián Chavarría Domínguez
El Trabajador Centroamericano Nº 57

De la guerrilla heroica al poder

En la historia del sandinismo deben analizarse tres etapas. La primera (1961-1979), la de su nacimiento como un acto de rebeldía de la clase media contra la dictadura somocista, especialmente de los sectores estudiantiles radicalizados.

Fue la etapa heroica, de la guerrilla valiente que se enfrentaba con pistolas a los rifles Garand de la Guardia Nacional, en la que forjó su mística y capacidad de sacrificio, que le permitió sentar una tradición revolucionaria. Este factor fue decisivo para que las masas vieran en el FSLN una organización de lucha inclaudicable contra la dictadura, que lo convirtió en el periodo 1978-1979 en una organización guerrillera con influencia de masas, que encabezó la insurrección popular hasta la toma del poder el 19 de julio de 1979.

La segunda etapa es la del FSLN en el gobierno, que va de 1979 hasta 1990, cuando fue derrotado en las urnas por Violeta Chamorro. Bajo el gobierno sandinista se produjeron tres tipos de gobierno.

El primer gobierno fue de Unidad Nacional (1979-1982) con la burguesía opositora (Violeta Chamorro y Alfonso Robelo), que fracasó estrepitosamente por el empuje de las masas. Este es el periodo en donde las masas lograron obtener importantes conquistas materiales: subsidios, comisariatos, etc. Estas conquistas comenzaron a disolverse en 1982, año que marca el inicio de la “guerra secreta” contra Nicaragua que posteriormente se convertiría en una verdadera guerra civil.

El segundo gobierno sandinista (1982 a 1985) fue de alianza del FSLN con la sombra de la burguesía, con la permanencia primero de Arturo Cruz y después con Rafael Córdoba Rivas dentro de la Junta de Gobierno. El FSLN inauguró un régimen bonapartista sui generis, al apoyarse en las masas para resistir la agresión imperialista, al mismo tiempo que hacía esfuerzos denodados por mantener funcionando la economía capitalista. Guerra, sacrificios y austeridad capitalista minaban por dentro la revolución.

El FSLN, con la Iglesia contra el aborto

La discusión sobre el aborto terapéutico y su posible ilegalización en el nuevo Código Penal a ser aprobado por la Asamblea se inició en agosto cuando Edmundo Jarquín, candidato presidencial del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) manifestó su abierta simpatía por esta legislación. Inmediatamente, el reaccionario clero de la Iglesia Católica, las demás iglesias, y los candidatos de los partidos de la burguesía, incluyendo al FSLN, procedieron a “condenar” el aborto terapéutico, proclamando la necesidad de la “cultura de la vida”.

La legalidad del aborto terapéutico data de 1893 (Revolución Liberal), cuando el presidente liberal José Santos Zelaya lo incluyó entre una serie de medidas progresistas y modernas en la legislación nacional. La Iglesia Católica, que universalmente se ha opuesto al aborto terapéutico y a los métodos anticonceptivos, nunca se había manifestado tan radicalmente contra esa legislación.

Cassandra García, El Trabajador Centroamericano Nº 59

El tercer gobierno se inauguró cuando el FSLN ganó las elecciones de 1984. Daniel Ortega dejó de ser el coordinador de una Junta de Gobierno y pasó a ser el presidente de la República. Fue un gobierno netamente del FSLN con alianzas con sectores de la burguesía agroexportadora.

Para 1987 el país ya estaba exhausto por los efectos de la guerra civil, la contra y una hiperinflación del 32.000% anual, la más alta del mundo, que consumía el salario de hambre de los trabajadores. Los intentos de huelgas y protestas populares fueron reprimidos brutalmente por el FSLN, sea con sus fuerzas de choque (las “turbas”) o con los órganos de seguridad. Ese año marcó la definición del FSLN: ante la gravedad de la crisis se negó a expropiar a la burguesía y los comandantes prefirieron negociar con el imperialismo norteamericano y sus agentes centroamericanos, convirtiéndose en el corto plazo en un partido burgués.

El salto en calidad fue la piñata de 1990, cuando el FSLN perdió las elecciones y entregó a sus principales dirigentes, como propiedad privada, los bienes que habían sido confiscados al somocismo. Dejó el gobierno para iniciar una nueva fase de colaboración “desde el llano”. Este fue el bautismo de la burguesía sandinista.

15 años de statu quo

Luego de la derrota de 1990, el FSLN inicia su proceso de transformación en un partido burgués, formando una burguesía amamantada de la “piñata” de los bienes estatales, su dirección central (Daniel Ortega, Coronel Kautz, Bayardo Arce, etc.) se convierte en la “facción política” de una casta de empresarios enriquecidos desde el poder.

En 1990-1992 el FSLN impulsó luchas sociales para terminarlas negociando con Antonio Lacayo, el poderoso yerno de Violeta Chamorro, en la mesa de la “concertación económica y social”, que terminó en una segunda piñata a favor de los dirigentes sindicales. La privatización de muchos bienes a “favor de los trabajadores” fue el tiro de gracia para muchos sindicatos, porque dejaron de convertirse en organismos de lucha para administrar empresas contra sus propias bases obreras. La piñata costó 800 millones de dólares en indemnizaciones a los antiguos propietarios, que todavía forman parte de la deuda interna de Nicaragua.

El FSLN ha desarrollado la habilidad de mantener un discurso opositor, contra el imperialismo y el “neoliberalismo”, un discurso populista de izquierda que le produce alguno réditos políticos. Pero, en realidad, la clave de por qué el FSLN conserva su votación reside en que decenas de miles de personas fueron beneficiadas con las migajas de la piñata. Mientras la burguesía sandinista se quedó con la mayor parte de las empresas y fábricas, miles de personas agarraron un terrenito, recibieron un camión, una mantenedora, tierras para cultivar, una indemnización, algo que les permitió iniciar la dura lucha por la sobrevivencia económica.

El FSLN terminó cogobernando, transformado en un pilar del estado burgués en Nicaragua. El FSLN estaba presente en todas las instituciones del estado (Policía, Ejército, burocracia estatal) sin tener ministros.

Con el ascenso de Alemán, el FSLN inicia los llamados “pactos”, que superficialmente se manifiestan en el reparto de cuotas en los poderes del Estado, con las reformas a la Constitución en el 2000, pero en el fondo es un acuerdo entre dos burguesías criollas nutridas del saqueo estatal, de realizar negocios y hacer fortuna; un caso elemental son los CENIS, mediante el cual ambas facciones del pacto se robaron mas de 500 millones de dólares.

Este modus operandi gangsteril provocó que surgieran alas en ambos partidos, Montealegre (oligarquía) desde el PLC y el difunto Lewites (pequeña burguesía) en el FSLN, quien representaba los intereses de un sector de la pequeña burguesía amenazado por el pacto. Su programa se perfilaba como una centro izquierda moderada, al estilo Lula o Kirchner.

En estos 15 años, y más concretamente bajo la administración Bolaños, el FSLN desarrolló abiertas tendencias conciliadoras. Nunca ha renunciado a iniciar movilizaciones callejeras de protesta en los diferentes sectores sociales, pero su objetivo estratégico ha sido el de consolidarse económicamente como una nueva burguesía, peleando espacios de poder y mercados.

La transformación abiertamente burguesa de la dirigencia sandinista se manifiesta simbólicamente en que Daniel Ortega, el sempiterno dirigente del FSLN, entró a la plaza en el acto del 19 de julio pasado montado en un caballo blanco de pura raza, de la misma forma que el general Anastasio Somoza entraba a sus mítines políticos.