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Oaxaca:
fracasa la represión, triunfo de la APPO
México
se suma al ciclo de rebeliones latinoamericanas
Por
Isidoro Cruz Bernal
La
lucha del pueblo de Oaxaca ha pasado una muy importante
prueba en los últimos días. El fin de semana del 27 al 29
de octubre, el gobierno federal mandó a 5.000 miembros de
la Policía Federal Preventiva, un cuerpo policial
claramente militarizado, a retomar el control de la ciudad
de Oaxaca. De esa forma trataban de hacer tabla rasa con la
abierta rebelión popular existente en la zona. La decidida
resistencia de la Asamblea Popular logró abortar el intento
represivo y le dio nuevo aire a una lucha que ya lleva meses
conmoviendo a México y a todo el continente.
Recordemos
que esta rebelión se originó a partir de una dura y
combativa huelga docente que fue reprimida por el gobernador
del PRI Ulises Ruiz Ortiz (llamado el URO por la población).
A partir de allí se conformó la Asamblea Popular de los
Pueblos de Oaxaca (APPO), que logró reunir en torno a los
maestros, al principio, a toda la población explotada y
oprimida (campesinos, pobres urbanos, indígenas, jóvenes
marginados de la vida económica, estudiantes y profesores
de la Universidad, etc.). En los últimos meses, estos
sectores han llevado a cabo un rápido aprendizaje político
y organizativo que los ha hecho avanzar en forma
cualitativa. Eso es lo que pretendía cortar de raíz el
estado capitalista mexicano al enviar a las fuerzas
represivas con el pretexto de restaurar el orden.
Pero
como habíamos consignado en nuestra anterior edición, el
frente burgués contra la Comuna de Oaxaca presenta ciertas
fisuras (el tener que moverse con mucho cuidado a partir de
haberle robado las elecciones a López Obrador, los roces y
contradicciones de la alianza forzada entre los dos partidos
del fraude, el PAN y el PRI, el carácter impresentable de
URO, etc.). Este cuadro de situación ha determinado que el
tipo de represión llevada adelante tuviera, en cierto
sentido, un carácter relativamente “débil”. Quiero
decir que la represión no entró “a sangre y fuego” a
Oaxaca sin preocuparse en lo más mínimo por las
consecuencias de su accionar. Comparándola incluso con
otras acciones represivas del estado mexicano en las que el
mínimo de víctimas no baja de 500 o 600. El gobierno de
Fox ha intentado mantener una careta “democrática” al
mismo tiempo que reprime al pueblo. Su cara pública
pareciera querer limitar las acciones represivas a un mínimo
común necesario. Pero hay que tener claro que es una máscara
que oculta su falso rostro represivo y reaccionario. De
todas formas, que recurra a esa máscara es indicativo de
que su accionar tiene límites marcados por la situación
política.
Al
mismo tiempo se sigue desarrollando una “guerra sucia”
contra la APPO. Las bandas al servicio del gobernador,
mezcladas con policías de civil y diversos elementos de la
represión y del PRI, siguen llevando a cabo lo mismo que
hacían antes de la intervención federal: una campaña de
asesinatos selectivos contra los miembros de la APPO
combinada con otras tareas de hostigamiento. La mayoría de
las víctimas de los últimos días tuvieron su causa en
este tipo de accionar.
Este
carácter combinado de los ataques contra la Comuna de
Oaxaca son fruto de un plan y una estrategia consciente que
busca mostrar una cara tolerablemente legalista al mismo
tiempo que continúa la pelea para destruir a la APPO.
Sin
embargo hay que destacar una muy importante contratendencia
en la situación en Oaxaca. La APPO actuó con gran
inteligencia y cedió el centro de la ciudad a las fuerzas
represivas. En el centro de Oaxaca están los edificios públicos
que la APPO mantuvo ocupados durante meses. La Comuna decidió
replegarse y hacerse fuerte en los barrios periféricos y en
las poblaciones cercanas. Las fuerzas represivas han
resultado hasta ahora impotentes para acabar con la APPO en
ese terreno. Ésta no tiene poder de fuego pero su masividad,
organización y arrojo han permitido poder enfrentar
exitosamente las arremetidas del gobierno. Es importante señalar
que las armas empleadas en los combates callejeros son
piedras, bombas molotov y cohetones. El punto más alto de
este tipo de combate se registró el 2/11 cuando mediante
este tipo de armamento nada sofisticado y una voluntad de
lucha impresionante, la APPO rompió el cerco policial sobre
la universidad local, la Universidad Autónoma Benito Juárez
de Oaxaca. Esto constituyó una humillación completa para
las fuerzas represivas.
La
masiva marcha del 5
La
resistencia heroica de los oaxaqueños ha despertado gestos
de solidaridad entre los trabajadores de todo el mundo y
también entre millones de mexicanos, que pese a sus
direcciones han empezado a demostrar su apoyo a la Comuna.
La APPO llamó a una movilización nacional en apoyo a la
Comuna. La respuesta no se hizo esperar. Según los
organizadores, más de un millón de personas marcharon
unidos en su común voluntad de detener la represión contra
la Comuna de Oaxaca. También hay que tener en cuenta las
movilizaciones espontáneas que se dieron en pleno Distrito
Federal. Más allá de las dispares versiones sobre la
asistencia, un hecho es indiscutible: la lucha de Oaxaca ha
calado hondo en la sociedad mexicana, y al generar un amplio
movimiento de solidaridad, amenaza de manera más aguda a
los personajes e instituciones del régimen.
Estos
hechos, sumados a las dificultades hasta ahora insuperables
que tiene la represión en el combate con la APPO,
constituyen un importantísimo triunfo político para la
Comuna y deja a URO al borde del precipicio, al debilitar
las políticas que han intentado salvarlo de su caída.
Oaxaca
no es una isla
Con
todo lo importante que es el proceso en Oaxaca y los
intentos hasta ahora fracasados por reprimirlo, no queremos
sin embargo dar una mirada excesivamente que peque de
ligereza triunfalista.
Existe
un problema muy importante. A pesar de que la Comuna de
Oaxaca expresa el proceso más alto de la lucha de clases en
México, hay que señalar que hay otros procesos y frentes
de lucha de importancia: 1) la Comuna de Oaxaca; 2) la lucha
contra el fraude, que ha movilizado a más de dos millones
de personas; 3) las luchas obreras contra las
privatizaciones; 4) el espacio nucleado en torno al
zapatismo y a parte de la extrema izquierda mexicana que es
conocido como “la Otra Campaña”.
Sin
embargo, estos cuatro territorios de la lucha de clases han
permanecido como compartimientos estancos, separados uno del
otro. Y esto se debe a la puesta en práctica de
determinadas líneas políticas.
Tomemos
el caso de Oaxaca que es el que requiere solidaridad de modo
más urgente. ¿Qué han hecho López Obrador y el
subcomandante Marcos? El primero se limitó a un repudio
verbal y a ignorar cualquier compromiso práctico en la
lucha contra la represión. El trotskista argentino-mexicano
Adolfo Gilly escribió lo siguiente en torno a esto: “La
carta de Andrés Manuel López Obrador, publicada el domingo
29 de octubre, no es aceptable. Se limita a denunciar la
acción policial, el pacto entre el PAN y el PRI y el
gobierno ‘siniestro y represor’ de Ulises Ruiz. Declara
que la renuncia de éste es la única solución posible y
recuerda que en la elección de julio pasado la mayoría de
los oaxaqueños votó por su candidatura. Es todo. La
secuela de estas constataciones puede suponerse que sería
llamar a una gran movilización en el Distrito Federal y en
otros lugares de la República en defensa del movimiento
oaxaqueño, contra los asesinatos de los paramilitares de
Ulises Ruiz y contra la represión del gobierno federal. Un
llamado así viniendo de quien tuvo 15 millones de votos,
llevaría a desbordar el Zócalo y otras muchas plazas de la
República. Una mera denuncia tardía y nada más, como es
el contenido de aquella carta, no sirve para nada” (La
Jornada, 30-10-06). Nada tenemos que agregar a este análisis.
Marcos,
principal referente de La Otra Campaña decía hace un mes
lo siguiente en torno a la situación en Oaxaca. Afirmaba
que los zapatistas se limitarían a “ver y aprender”,
que era un “movimiento de por sí complejo” y que la
aparición zapatista en el terreno de los hechos despertaría
“confusión y recelos”. Decía además que “el
movimiento del pueblo oaxaqueño ha sido acusado de tener
ligas con grupos armados, nuestra presencia directa haría
crecer la campaña mediática que ya tienen en contra” (La
Jornada, 28-9-06). Es decir, Marcos afirmó una posición
completamente abstencionista de “apoyo moral” desde
lejos y nula actividad práctica para sostener a Oaxaca.
Es
necesario reconocer que en los últimos días el EZLN ha
procedido a cortar y bloquear una serie de caminos en
defensa de Oaxaca. Pero dudamos que cambie su posición de
fondo que es abstencionista con respecto a cualquiera de los
otros movimientos y procesos que se dan paralelamente. En el
mismo reportaje citado Marcos tampoco apoya las
movilizaciones contra el fraude electoral en nombre de la
diferencia en cuanto a los objetivos finales. Marcos dijo
que no apoyarán las movilizaciones convocadas por López
Obrador “porque no compartimos con ellos ni el camino ni
el destino”. Como se ve, el pensamiento del dirigente
zapatista está completamente imbuido de abstencionismo
porque mezcla dos cosas bien diferentes. No es necesario
compartir el programa burgués de López Obrador; es más,
estamos en contra de votarlo, pero otra cuestión muy
diferente es que avalemos con nuestra inacción el fraude a
la voluntad popular.
También
existe una tendencia abstencionista en la APPO (que
valoramos en forma cualitativamente distinta ya que una cosa
son los errores de una corriente política y otra muy
distinta los que comete un organismo de doble poder, aún a
escala embrionaria), cuando ésta se ha conducido como si el
problema del fraude no existiera.
Una
nueva situación política
La
nación mexicana vive una coyuntura en que aparece con
firmeza la lucha de masas en varios escenarios, por ahora
separados. Esto se combina con un régimen político que
entró en grave crisis, que ha recurrido al fraude electoral
y que aun en estas deterioradas condiciones pretende seguir
avanzando en una orientación neoliberal. Podemos
permitirnos dudar de la suerte de este curso político. Es
que se está abriendo una nueva situación política en la
que aparecen posibilidades ciertas de avance para los
trabajadores y las clases populares, a condición de que
puedan confluir en una lucha común contra el régimen del
PRI-PAN, superestructura podrida, aunque feroz y agresiva,
del capitalismo mexicano. México parece entrar así, de
pleno derecho, en el ciclo de rebeliones populares que viene
barriendo todo el continente.
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