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Elecciones
a candidatos de la Lista Roja del Garrahan
¿Método
clasista o método populista?
Trabajadores de
Salud del MAS
A fines de
noviembre se realizarán las elecciones para elegir a la
Junta Interna de ATE del Hospital Garrahan.
La Lista
Roja, actual conducción del hospital, que dirigió el durísimo
conflicto del 2005, convocó a una asamblea para decidir cómo
se iban a elegir los precandidatos a delegados de la lista.
Para nosotros este proceso tiene una gran importancia para
fortalecer la lista eligiendo a los mejores compañeros. Esto implica reafirmar la confianza en los delegados
que cumplieron un papel destacado en el 2005 y, al mismo
tiempo, acercar a otros que, sin ser delegados en ese
momento, cumplieron también un gran papel. También, en un
plano más general, la elección de candidatos de la Lista
Roja del Garrahan expresa una instancia de reorganización
de una de las conducciones democráticas y combativas que
existen en la vanguardia obrera.
Sin embargo,
una serie de decisiones políticas adoptadas por la mayoría
de la interna han funcionado como un obstáculo en relación
a estos objetivos.
El método
propuesto por Gustavo Lerer y la mayoría de la interna
consistía en el voto secreto de los precandidatos. La
manera en que esto se implementó resultó en otro problema
adicional: las urnas se llevaron a los puestos de trabajo
para que los compañeros no se tuvieran que movilizar, ni
siquiera, para ir a votar. En nombre de hacer una elección
más democrática, se terminó estimulando que votaran compañeros
que nada tienen que ver con la lista, su programa y su
perspectiva.
La otra
propuesta, planteada por los compañeros del MAS, del PO, e
independientes; consistía en que los precandidatos sean
elegidos en los sectores y votados en una asamblea general
de los integrantes y simpatizantes de la Lista. A través
de este método, se hubiera conseguido una lista más
representativa del conjunto de los trabajadores del hospital
y no solamente de un sector (enfermería).
El primer método
expresaba una propuesta populista, es decir, no clasista, en
el que la participación en la elección de candidatos de la
Lista Roja no expresaba ninguna clase de compromiso real, ni
con su programa ni con su acción sindical.
Nosotros
somos partidarios del método propio de la clase obrera, la
democracia directa, con la participación activa de los
compañeros votando a mano alzada en asamblea. El mismo que
caracterizó a la Junta Interna durante el paro del año
pasado, convirtiéndolo en un ejemplo para otros
trabajadores.
Ganó la
propuesta de Lerer. La campaña que resultó de todo eso dejó
a la vista los inconvenientes que acarrea a los trabajadores
adoptar esta metodología. Por ejemplo, candidatos que no
votaban a otros candidatos a delegados, aun reconociendo que
eran buenos compañeros, por temor a no entrar en la lista.
Es decir, la especulación deformó una instancia que debía
expresar la unidad de los trabajadores.
Además, el método
elegido tiene otro problema, que es el de la
representatividad, porque la participación masiva
diluyó los votos de los activistas en una montaña de votos
que representan cualquier cosa (votaron compañeros que
ven con indiferencia nuestra lucha, médicos y hasta
carneros) y que reflejan, más que nada, a la retaguardia de
los trabajadores del hospital.
Esto explica
por qué, en la misma semana en que se realizaron las
elecciones, hubo una asamblea convocada por la Junta Interna
en apoyo a los trabajadores del lactario en conflicto, a la
que solamente concurrieron cincuenta compañeros, mientras
que dos días antes habían votado en las elecciones ¡setecientos
cincuenta!
Con el método
de la asamblea, por el contrario, lo que se garantizaba era
la participación del activismo, que hoy es poco porque el
Garrahan no escapa a la coyuntura más general de
achatamiento de las luchas, pero que, sin duda, son los
compañeros que por haber participado en el conflicto,
pueden hacer un balance más objetivo de los precandidatos
por el rol que cumplieron en el mismo.
Lo que está
planteado en esta discusión es quiénes eligen a los
delegados de la Lista Roja: si la vanguardia o la
retaguardia de los trabajadores del hospital. Sin lugar
a dudas, una lista que se define como antipatronal,
antigubernamental, antiburocrática y clasista debe ser
elegida por la vanguardia, sobre todo en una situación de
retroceso.
El no haberlo
hecho de esta forma dejó a valiosos activistas fuera de
la lista y a sectores que habían presentado sus
precandidatos, sin ninguna representación (administrativos
e instrumentadoras).
La pregunta
que, seguramente, a esta altura del artículo se hará el
lector es: ¿Por qué la combativa Junta Interna del
Garrahan dirigida por Gustavo Lerer reniega de un método
principista como es la asamblea para elegir a los delegados?
Es que el método
está unido a los objetivos que se persiguen, en este caso, mantener
una hegemonía con delegados total o supuestamente
incondicionales, tratando de excluir a todos aquellos
que osen cuestionar algo.
Esto explica
por qué los “trotskistas” del PRS hicieron campaña
en contra de los candidatos, también, trotskistas del PO y
del MAS, y de algún compañero independiente sospechado de
rebelde, sin importarles de que se trataba de importantes
luchadores.
Pero, como si
esto fuera poco, lo que resulta indigerible para cualquier
socialista revolucionario, es que hayan hecho campaña a
favor de los candidatos del reconocidamente stalinista
PCR, en cuya práctica sindical habitual figura
frecuentemente la alianza con la burocracia.
La política
de alianzas en el Garrahan parece ir a contramano de lo que
las corrientes de izquierda vienen haciendo. Como en la CTA
donde el MAS, el PO, el PTS y el PRS formaron la Lista N°3
para las elecciones del 09/11. En la que, paradójicamente,
Lerer va como primer candidato en Capital; por lo que sería
bueno que en su campaña dijera: “Haz lo que yo digo pero
no lo que yo hago (en el Garrahan)”.
A modo de
conclusión, la preselección de los candidatos de la Lista
Roja, que fue vendida tanto hacia adentro como hacia fuera
del hospital como un método superador de la
“devaluada” asamblea, no fue más que un mamarracho
populista que nada tiene que ver con las mejores tradiciones
del clasismo. Su objetivo fue imponer a los candidatos
“oficiales”, para lo cual la participación masiva fue
utilizada de manera deshonesta, apoyándose en compañeros
casi sin compromiso con la lista y en el desconocimiento de
los compañeros, muchos de ellos nuevos, para influenciar su
voto.
Finalmente,
satisfechos con el resultado (a pesar de que se le colaron
algunos indeseables) los impulsores de este mamarracho dirán
muy sueltos de cuerpo que, pese a quien pese, “los que
deciden son los trabajadores”.
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