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XXI
Encuentro de Mujeres en Jujuy
Un
ejemplo de “consenso”... con el obispo y
el gobernador
Por
Patricia López
Al
finalizar el Encuentro anterior, en Mar del Plata, se impuso
por aclamación realizar el siguiente Encuentro en Jujuy,
por una sola razón: la lucha por la libertad de Romina
Tejerina. En el acto de apertura de Jujuy, la comisión
organizadora menciona al pasar “que no haya más Rominas”.
Las miles de participantes gritan: “a los violadores la cárcel
ya, para Romina la libertad”. Durante todo el desarrollo
del Encuentro, a pesar del constante reclamo de las
participantes en las comisiones, y a pesar del consenso
logrado el año anterior, la comisión organizadora mantuvo
su cerrada negativa a pronunciarse por la libertad de Romina.
Durante
el debate en las comisiones, las mujeres de la Iglesia nos
informaron lo siguiente: que nosotras somos invitadas en la
casa de otros, que las dueñas de casa son las jujeñas, y
que Jujuy no defiende a Romina porque es una chica mala. Las
coordinadoras asentían sonrientes. Qué conveniente es el método
del consenso, ¿verdad? Si no querés pelear por la libertad
de Romina, no te esfuerces en convencer a miles de mujeres
de que abandonen esa bandera: basta con traer a la Iglesia a
los encuentros, y con una, sólo una participante que
esté en contra, esta lucha pasará al cuarto de los
recuerdos. No nos tiene que asombrar entonces el repugnante
espectáculo que ofrecen las militantes del PCR haciéndole
la “seguridad” a la gente de la Iglesia cuando las
mujeres indignadas se les van encima. La comisión
organizadora consensúa con la Iglesia, no con el movimiento
de mujeres.
El
acto por Romina, o cómo convertir un reclamo en lamento
“Sólo
nosotros tenemos derecho a hablar de Romina, porque la
abogada se la pusimos nosotros, y gracias a ella le dieron
solamente catorce años”. Esto respondían las militantes
del PCR cuando las mujeres reclamaban que el Encuentro se
pronuncie por la libertad de Romina. Veamos cuál fue la
actitud de la comisión organizadora y del PCR en cuanto al
acto en el penal.
En
reuniones previas al Encuentro, las mujeres de varias
corrientes de izquierda habíamos acordado movilizarnos al
penal y hacer un acto por la libertad de Romina. Cuando
llegamos a Jujuy, nos encontramos con un documento ya
redactado, en el cual las compañeras del PCR expresan su
tristeza por las cosas terribles que nos pasan a las mujeres
en general y a Romina en particular. Y punto. Nada de
libertad a Romina. Nada de lucha por el aborto legal, aunque
se menciona que si existiera, Romina no estaría presa.
Salvo el PTS, las demás corrientes decidimos ir igual, con
nuestras consignas y banderas, a enfrentar esta maniobra y
hacer oír el reclamo de “libertad”, como había
sucedido ya en el acto de apertura a pesar de las evasivas
de la comisión organizadora.
Esta
comisión no había informado que iba a haber un acto en el
penal. Las mujeres se fueron enterando de boca en boca. A
pesar de eso, miles de mujeres intentaron movilizarse al
penal. No había medios de transporte. Las que teníamos
micros subimos a todas las que pudimos, y muchas paraban
colectivos de línea con piquetes para poder llegar. En
medio de esta impresionante movilización espontánea
llegamos al penal, y nos encontramos con que ¡el acto había
terminado!. En efecto, el PCR, gente muy ocupada, había leído
los discursos rapidito y se aprestaba a irse. Pero se vieron
obligados a hacer el acto de nuevo, porque las que llegábamos
éramos miles y las del acto “oficial”, doscientas.
Entonces sí, la consigna que sonó fue “libertad a Romina
y cárcel al violador”, impuesta a gritos por sobre el
pedorro documento oficial.
Como
vemos, esta realidad está lejos, muy lejos del cuento chino
que relata el PCR en el “balance del Encuentro” que
publicaron. Allí hablan de mujeres organizadas subiendo a
los micros “dispuestos” (¿dispuestos por quién?)
para ir al penal, como si las organizadoras del
Encuentro hubieran promovido el acto, invitado a las mujeres
y garantizado su llegada. Compañeras, ¿se puede ser tan
caradura?
Párrafo
aparte merece el sectarismo milenario del PTS, que se negó
a ir al acto para “no hacerle el caldo gordo al PCR”.
Pero todo el Encuentro de Jujuy estuvo manejado, maniobrado
y pactado entre el PCR, la CTA, la Iglesia y el gobierno. La
idea de las mujeres de izquierda era ofrecer una posición
alternativa, anticonciliadora, y pelearla. Si accedieron a
hacerlo en el resto de las actividades del Encuentro, ¿por
qué no en el acto por Romina?
“Anticonceptivos
para no abortar... ¿cómo seguía?... era algo para no
morir... ay, no me acuerdo”
En
los meses anteriores, los casos de las dos adolescentes
discapacitadas, embarazadas por violadores, en Buenos Aires
y Mendoza, habían puesto el tema del aborto a la orden del
día. A pesar de eso, y de que una indiscutible inmensa
mayoría de las participantes en el Encuentro (todas
menos la Iglesia) está a favor del aborto legal, libre y
gratuito, la comisión organizadora se negó también a que
este derecho de las mujeres fuera consigna del Encuentro. Ni
siquiera a las promotoras de la tibia “Campaña” se les
permitió subir al escenario. El reclamo de aborto legal
desapareció de los discursos, debates y cantitos por parte
de la comisión organizadora. Incluso, la habitual comisión
de “estrategias para la legalización”, en este
Encuentro se transformó en “estrategias para la
despenalización progresiva”.
Algunas
representantes de la “Campaña” (no todas las mujeres
que participaron de ella expresaron las mismas posiciones)
opinaron que sí vamos a lograr alguna ley a favor, aunque
no va a ser la que queremos. Además, dicen, si queremos
legalización del aborto le tenemos que poner un plazo de
tres meses de embarazo, para que no haya problemas con los médicos.
Aunque las compañeras se indignan cuando les decimos que
están bajando el programa de su propia campaña, nos dio la
impresión de que la “Campaña por el aborto legal, seguro
y gratuito” ya está abriendo el paraguas para dejar de
serlo, y promover alguna “ley trampa” de despenalización
parcial.
¿Por
qué decimos “ley trampa”? Sin duda, sería un avance
que, al calor de la lucha por el aborto legal, seguro y
gratuito, lográramos, por ejemplo, la despenalización en
caso de embarazo por violación o con un límite de tiempo
de embarazo. Pero ya sabemos que hecha la ley, hecha la
trampa. Por ejemplo: ¿cuánto tarda una mujer en probar
ante la justicia que sufrió una violación, y que el
embarazo es producto de esa violación? ¿Tres meses, tres años?
Y en cuanto a poner un plazo: la gran mayoría de los
embarazos no deseados se detectan tarde; son pocos los casos
de menos de tres meses. Además, si no hay legalización
total, las mujeres pobres (las que se mueren por esta causa)
seguirían sin solución, porque nada obligaría a los
hospitales a practicarles un aborto gratuito: aunque no
vayan presas, igual no se lo pueden hacer.
Si
se lograra una ley parcial, como dicen las militantes de la
“Campaña”, podremos denunciar sus limitaciones y luchar
para superarlas sólo si no nos bajamos de “aborto legal,
libre y gratuito”, si la trampa la pone el Estado y no
nosotras mismas. Pero si ya desde el vamos limitamos nuestra
demanda, ¿qué camino queda para superar la trampa?
Marcha
final y conversaciones con los jujeños
La
comisión organizadora pactó con el obispo y el gobernador
de Jujuy que la marcha de las mujeres no pasaría por
ninguna iglesia. ¿Por qué? Porque se enteraron de que hay
“grupos” que tienen intenciones de pintarrajear las
iglesias. Y usted vio cómo es Jujuy, hay iglesias por todos
lados, así que sólo podemos marchar por el centro
comercial, y terminar en la estación de tren. O sea: la
culpa de que en lugar de movilizarnos contra los centros de
poder de la provincia, vayamos a mirar vidrieras para luego
tomar el tren, no es del pacto PCR-CTA-Fellner-sotanas, sino
de las herejes que quieren pintar cosas feas en la iglesia,
o sea de la izquierda. Esta decisión tan “horizontal” y
“consensuada” nos fue comunicada el domingo por miembros
de la comisión organizadora, al mismo tiempo que se nos
informaba el fin anticipado de los debates “porque hay que
ir corriendo a organizar la marcha”. La indignación fue
general. Muchas mujeres independientes, que durante los
debates se mostraron acordes con las posiciones de las
organizadoras, pidieron que en la lectura de las
conclusiones se incluyera una severa crítica a la comisión
por esta decisión.
Concluida
la marcha oficial, miles de mujeres nos movilizamos a la
Catedral, la Policía y la Gobernación, dándole al
Encuentro un final más digno de mujeres que luchan por sus
derechos.
Pero
para completar este cuadro de divorcio cada vez mayor entre
las organizadoras y las mujeres que participan de estos
Encuentros, hay que comprender en qué provincia justamente
se dio este pacto desembozado con el poder político y
religioso. Jujuy es la provincia con mayor índice de niñas
embarazadas y de violaciones. Los jujeños con los que
hablamos, gente del lugar que no pertenece a ninguna
organización, nos decían que a Romina la condenó la
sociedad, que en Jujuy la violación no es vista como un
delito, que es cosa de todos los días, y que el movimiento
de mujeres tenía que denunciar muy fuerte eso. Y había que
ver los “ejemplos de vida” con que se vino la Iglesia al
Encuentro. Una mujer con cuatro hijos de cuatro violaciones
y que había perdido dos embarazos por los golpes del
marido; una chica de quince años que estaba embarazada por
segunda vez de las violaciones de su propio hermano. A estas
mujeres puso la Iglesia como ejemplo de lo que agrada a
Dios, porque a pesar de todo no abortaron. El Encuentro
estaba lleno de funcionarias de minoridad y familia de
Jujuy. Ninguna salió corriendo a denunciar en un juzgado a
ese hermano abusador o a ese marido golpeador que provocó
dos abortos. Eso es común en Jujuy. Y en este lugar, con el
poder que promueve y sostiene este estado de cosas para las
mujeres, pactó la comisión organizadora, la democrática y
combativa CTA y el Partido... ¡Comunista Revolucionario!
Qué baratos son los nombres en este país generoso.
“Y
con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve
el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas...”
La
pelea que pudimos dar en este Encuentro viciado fue sin duda
fortalecida por las reuniones y acuerdos previos que las
corrientes de izquierda logramos antes de viajar. Pero
podemos hacer mucho más. Luego de este bochorno de las
organizadoras, creemos que muchas compañeras feministas, y
muchas no organizadas, se mostrarán más dispuestas a
autoconvocarse durante el año para continuar en la calle
con la pelea por nuestros derechos. Desde las facultades,
barrios y lugares de trabajo tenemos que promover acciones
permanentes, charlas, marchas, etc., para extender el
movimiento de mujeres, y llegar al próximo Encuentro con un
frente sólido que rechace las maniobras y permita que las
mujeres trabajadoras y luchadoras se “apropien” del
Encuentro y lo conviertan en una verdadera organización de
lucha.
Sabemos
que muchas compañeras sienten rechazo a las discusiones
subidas de tono que se dieron en Jujuy, pero tenemos que
saber que este Encuentro no es en realidad la expresión de
mujeres con parecidos intereses. Las diferencias no son sólo
de ideas, ni se discuten a la vista de todos. Las mismas
organizadoras que rechazan las votaciones porque producen
“peleas de aparato”, son las que negocian con los
aparatos del poder a espaldas de todas nosotras. Lo que hay
en juego son intereses. El feminismo es, además de un
conjunto de ideas, un movimiento que ha sido cooptado en
parte por el sistema, y muchas de sus representantes gozan
de privilegios, algunas con sueldos de funcionarias.
Lamentablemente, cuando estas diferencias de intereses
empiezan a tallar, no alcanza con el intercambio de ideas o
con sólo “escucharnos”: hay que dar pelea, porque en el
movimiento de mujeres hay enemigos de las mujeres, así como
en el movimiento sindical hay enemigos de los trabajadores.
Invitamos
a todas las compañeras que se interesan por la lucha de la
mujer a debatir con nosotras en la agrupación Las Rojas y a
programar entre todas un plan de lucha por el aborto legal,
libre y gratuito, la libertad de Romina y todos nuestros
derechos.
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