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México
- Oaxaca
Sigue
la campaña por la defensa de
la comuna popular
Por
Isidoro Cruz Bernal
La
situación política existente en este estado mexicano se
hace más compleja con el correr de los días. La Asamblea
Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) continúa su pelea
por la destitución del gobernador, al tiempo que sufre
fuertes presiones políticas para que capitule. Estas
presiones implican tanto la amenaza de represión directa
como los intentos de dividir a los maestros para que
abandonen su conflicto.
El
gobierno de Fox ha vuelto a afirmar la alianza entre su
partido (el PAN) con el PRI, al haberse negado ambos
partidos a declarar la “desaparición de poderes” en el
estado de Oaxaca. Esta figura jurídica, que analizaremos más
adelante, implicaba de hecho el cese del poder para el
gobernador Ulises Ruiz. Las razones para esta convergencia
son obvias: el fraude contra López Obrador necesita, para
sostenerse, de la alianza entre el PAN y el PRI. Sin esto,
se viene abajo. Por supuesto que un partido como el PRI no
trabaja gratis, por mero “patriotismo” en favor del México
capitalista. Exige el pago por sus favores. En este caso,
que el PAN se comprometa y lo apoye en la defensa de una
gobernación más para ellos. Al mismo tiempo el PAN sabe
que restarle apoyo a Ulises Ruiz en Oaxaca podría
significar escupir al cielo, ya que el recientemente ungido
Felipe Calderón es tan ilegítimo como el sátrapa oaxaqueño.
Con la consecuencia de que, en ese caso, el marco sería
nacional, y no acotado al plano de un estado.
Sin
embargo, lo que dejó claro la escaramuza en el Senado el 19
de octubre pasado fue que la alianza PAN-PRI dista bastante
de ser un bloque monolítico. Hubo varios síntomas que lo
manifiestan. Por ejemplo, los tres senadores del PRI que
hablaron en la cámara jamás defendieron al gobierno de
Ulises Ruiz, sino que recurrieron a nobles abstracciones
como el “estado de derecho”. También un senador del PAN
planteó en su exposición que “por el bien de Oaxaca”
sería mejor que Ulises Ruiz renunciara. Después votó
junto con el PRI, por supuesto. El argumento que dio el PAN
para no votar la “desaparición de poderes” fue que
excedía las facultades del Senado. Es decir los
beneficiarios del fraude en las elecciones nacionales se
convirtieron súbitamente en defensores del “equilibrio de
poderes”. Lo cual, en México, es más que humor negro.
Resumiendo:
un Senado unido por alianzas obligadas más que por una
voluntad política concreta sanciona el status de impunidad
para un gobernador que desató una amplia rebelión popular,
y al que su partido ni siquiera defiende explícitamente. La
acción cae sobre un gobierno al que le queda poco más de
un mes. Fox, si bien ha reprimido ferozmente una serie de
conflictos obreros (con muertos como en el caso de los
mineros y otros), duda en despedirse del poder con una
masacre en contra de toda una comunidad. En todo caso, una
masacre abierta, ya que no hay que olvidar que desde
mediados de año a esta parte las bandas del gobernador Ruiz
han asesinado a ocho miembros de la APPO. Esta guerra de
“baja intensidad” es tolerable para los cálculos del
gobierno mexicano. Lo que ya provoca muchas más dudas es
que la situación nacional soporte la suma del fraude en las
elecciones nacionales y una represión abierta en Oaxaca.
La
cuestión institucional
La
“desaparición de poderes” es una figura jurídica
existente en México a la que se recurre en conflictos que,
como en este caso, mediaticen el poder estatal. Una parte de
la población de Oaxaca puso sus esperanzas en que mediante
esta figura se pudiese sacar a Ulises Ruiz, ya que su
aplicación traería el nombramiento de un gobernador
interino por parte del Senado y la convocatoria a nuevas
elecciones en el estado.
La
aplicación de la “desaparición de poderes” legitima la
rebelión oaxaqueña pero también lo hace, parcialmente,
con el régimen, ya que hubiese hecho a un lado a Ulises
Ruiz.
Esta
vía hubiese significado alejar la posibilidad de una
represión abierta por parte del estado burgués mexicano,
pero también implica una política de reabsorción de la
situación de doble poder en Oaxaca. Es decir, instituye
entre los dos poderes en pugna a un nuevo poder delegado del
estado, que es provisorio pero que también implica un grado
de legitimidad mayor al del anterior. Para ser claros en
este punto: la “desaparición de poderes” a la que apostó
el PRD para sacar provecho de Oaxaca y a la que apostó una
parte de la población oaxaqueño es una estrategia de reabsorción.
Implica encarrilar dentro de la institucionalidad existente
a una lucha popular que la desbordó. Puede ser lícito
recurrir a ella en un plano táctico, pero no puede ser el
centro de una estrategia obrera y popular. Por supuesto, a
la distancia no abrimos juicio sobre cuestiones tácticas,
sino que nos referimos a un aspecto más general del
problema, que hace una cuestión de vida o muerte para
cualquier proceso de estas características: actuar con
una perspectiva independiente del régimen existente.
Se
impide la traición
Paralelamente
a la discusión en el Senado, en la instancia regional del
sindicato de maestros se registró un importante
acontecimiento. Rueda Pacheco, principal dirigente sindical
del magisterio local, impulsó una consulta a las bases
docentes sobre si continuar la huelga o no. Inicialmente,
este planteo estaba vinculado a que el Senado sancionase la
“desaparición de poderes”, cosa que no ocurrió. La
dirección regional de los maestros, de esta forma, quería
hacer un “gesto de buena voluntad” en un momento en que
era perjudicial. Sin ir más lejos, el miércoles 18 había
sido asesinado Pánfilo Hernández, maestro de educación
indígena y miembro de la APPO.
Aun
a la distancia que tenemos con respecto al terreno de la
acción, sabemos que es frecuente que en conflictos tan
largos y duros como el que protagonizan hace meses los
maestros de Oaxaca haya sectores de la base que quieran
largar la pelea antes de que llegue a su punto de definición.
Las burocracias sindicales de todo pelaje siempre se suben a
ese colectivo para llevar adelante su política de
convivencia con el estado burgués.
Sin
embargo, a Rueda Pacheco la cosa no le salió bien. Porque
por más que la dirección sindical quería hacer su
“gesto” a cambio de nada, el resultado de la consulta
(que mostraba una mayoría a favor de levantar la huelga)
fue impugnado por la asamblea estatal de secretarios
generales, formada por centenares de miembros y que es el
segmento sindical más claramente conectado con la base.
Rueda Pacheco había llevado adelante un fraude muy
desprolijo en el que las cifras de votos no coincidían con
las de votantes. Esto generó una situación de repudio
entre los activistas docentes, las organizaciones de mujeres
oaxaqueñas y los miembros de la APPO. Rueda Pacheco tuvo
que escapar disfrazado y escondiéndose de la ira popular.
Cabe
recordar que a pesar de los manejos de la dirección
sindical, en el magisterio mexicano existe una muy
importante tradición de organización por abajo que ha
tenido continuidad a lo largo de décadas.
Los
maestros, la huelga y la APPO
Por
otra parte, la relación entre el sindicato de maestros y la
APPO introduce una cuestión estratégica a la que no hay
que sacarle el cuerpo. El sindicato de maestros es la
organización más importante y poderosa de la APPO. En el número
anterior de SoB subrayamos que este componente de
trabajadores daba una enorme importancia a la lucha de la
Comuna de Oaxaca y un matiz diferenciado respecto de la
lucha contra el fraude o el escenario de Chiapas.
El
hecho de que existan sectores de los maestros que piensen
que es el momento adecuado de abandonar la lucha no
desmiente esa afirmación, sino que obliga a ver la realidad
en toda su complejidad. En esto hay dos aspectos: uno
estructural, que hace a la lógica de los sujetos sociales,
y otro estratégico.
El
primero muestra a los maestros divididos en relación a la
perspectiva de su lucha. Se advierte, sin embargo, la
presencia de una vanguardia gremial que impulsa el proceso
con todo y que se encuentra perfectamente integrada a la
APPO. También existe un sector confundido por la dirección
sindical, aunque es difícil dar cuenta de su entidad. A
esto hay que sumar el fuerte impacto militante que genera el
accionar de los demás sectores de la APPO en todo el estado
de Oaxaca. Se ve a pobres urbanos, jóvenes, indígenas,
comunidades campesinas, excluidos que no han tomado la vía
de emigrar a EEUU, etc., hacerse cargo de tareas de
abastecimiento de alimentos en los campamentos de la APPO en
todo el estado, así como de la vigilancia de los barrios
populares contra los delincuentes (incluidos muchos
recientemente liberada por Ulises Ruiz para usarla contra la
APPO). Es decir, se ve al componente de tipo más popular,
que está por fuera de la relación salarial, tomando un
papel quizás más activo que el sector de trabajadores.
Esto no debe asombrar, ya que en momentos de agitación política
estos sectores suelen salir muy abruptamente de su pasividad
y, como tienen menos que perder que el sector estructurado,
toman una acción más radicalizada.
Y
aquí entramos a la segunda cuestión, la estratégica. Los
socialistas revolucionarios somos partidarios de realizar
todo tipo de consultas a las bases en medio de una lucha
sindical (incluso, en ciertas condiciones, con voto
secreto). Pero no somos puramente sindicalistas. Y además
la pelea en Oaxaca va más allá de lo sindical, aunque haya
empezado por un conflicto de este tipo. Desde nuestro punto
de vista, puede haber consultas a la base, pero la dimensión
que ha tomado la lucha oaxaqueña impide que encuentre un
punto de resolución en un mero referéndum interno
sindical. Ésta sería una política sindical completamente
corporativa y reaccionaria. En el caso concreto de Oaxaca,
cualquier decisión por parte de los maestros respecto a su
conflicto tiene que procesarse en una instancia mayor que es
la APPO, que tiene características de organismo de poder
dual. Esto puede implementarse de muchas formas. Pero de lo
que no cabe duda es de que los trabajadores no pueden
convertirse en caudillos de los sectores oprimidos si llevan
adelante una política sindical corporativista que vota si
sigue o levanta sin tener en cuenta al resto de los sectores
en lucha, que al fin y al cabo entraron en la pelea
impulsados por la represión a los maestros.
Defendamos
la comuna oaxaqueña
Continuando
con el llamado de nuestra anterior edición, proponemos una
campaña en defensa de la lucha de Oaxaca. Hay que dar a
conocer la situación entre todo el activismo sindical,
estudiantil, de derechos humanos y entre toda la población
trabajadora. Las organizaciones de la izquierda
anticapitalista latinoamericanas tenemos que coordinar una
campaña en común frente a las dependencias consulares del
estado mexicano para dejar a la vista que la pelea en Oaxaca
excede el marco nacional y cuenta con el apoyo de millares
de latinoamericanos. Esto incluye exigir a los gobiernos
sedicentemente izquierdistas de la región, especialmente al
de Hugo Chávez, que se comprometan en acciones concretas
para evitar cualquier represión al pueblo oaxaqueño.
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