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Iraq:
¿Un
nuevo Vietnam?
Por
Claudio Testa
Según las
encuestas, la mayoría de los norteamericanos ya están
convencidos que el desastre de Iraq es un “nuevo
Vietnam”... En ese sentido popular –el fracaso de EEUU
en la aventura de invadir y ocupar un país del Tercer
Mundo– Iraq y Vietnam son efectivamente similares.
Siguiendo
la analogía, también son parecidas varias de las consignas
y tareas políticas que se plantean a los trabajadores y los
pueblos de todo el mundo, y en especial de los países
comprometidos en la ocupación colonial de Iraq. Por el
ejemplo, el reclamo exigiendo la retirada total, inmediata e
incondicional de todas las tropas imperialistas de Iraq,
Afganistán y del resto de la región. También es un deber
internacionalista la defensa de la legítima resistencia
iraquí frente el imperialismo, aunque se pueda diferir con
sus políticas.
Teniendo
esto cuenta, hay que saber al mismo tiempo que la situación,
tanto de Iraq como la de su principal agresor, Estados
Unidos, difieren bastante de la de Vietnam y EEUU en los 60
y 70. Esto es importante saberlo, porque marca problemas políticos
y establece tareas y programas particulares.
La
situación en Estados Unidos
Comenzando
por EEUU, señalemos que, al igual que Vietnam, el fracaso
militar ha generado una crisis política del gobierno
imperialista. En el caso de Bush, esta crisis puede
reflejarse en las próximas elecciones legislativas del 7 de
noviembre, quizás con la pérdida del control de las cámaras
por los republicanos. En este marco, está planteada hasta
la posibilidad de la destitución y/o renuncia de Bush, si
las cosas se van haciendo cada vez más catastróficas. Esto
no es hoy lo más probable, pero podría plantearse si lo de
Iraq deriva en una catástrofe: Bush y Rumsfeld podría ser
los “chivos emisarios” que paguen por el fracaso.
Sin
embargo, este cuadro presenta un rasgo muy importante y
diferente al de la época de Vietnam. Aunque el movimiento
contra la guerra de Iraq viene en ascenso, todavía está
lejos de ser un movimiento de masas de las dimensiones
colosales que alcanzó el de Vietnam. Tampoco llega a la
misma radicalización política.
Por
un lado, hay gran oposición a la guerra, pero
mayoritariamente es aún pasiva y en muchos se va a expresar
sólo en el voto anti-Bush. Por el otro, incluso en sectores
que se oponen activamente a la guerra, hay confusión política.
No todos son, por ejemplo, antiimperialistas. Es decir, no
están por una retirada incondicional de las tropas yanqui
de todos los países, sino que distinguen entre
intervenciones “correctas” (como sería, por ejemplo,
Afganistán) e intervenciones “equivocadas” (Iraq).
Este
es uno de los “caballitos de batalla” de los falsos
“opositores” del Partido Demócrata: no critican a Bush
por sus agresiones imperialistas, sino por ser un obtuso que
las conduce mal y las lleva a la derrota.
La
situación en Iraq
Aún
más diferencias y complejidades presenta la situación de
Iraq en comparación Vietnam. La primera que salta a la
vista es la de la resistencia y su conducción.
En
Indochina, los diversos aparatos estalinistas que condujeron
la lucha antiyanqui –los de Vietnam, Camboya y Laos–
fueron responsables de enormes desastres y crímenes políticos.
La principal consecuencia de eso fue que, después de la
derrota (y huida) de EEUU, el proceso revolucionario en el
Sudeste de Asia sufrió paradójicamente un grave retroceso.
Sin
embargo, con todas esas calamidades, esas conducciones
estalinistas encabezaron combates unificados y centralizados
contra la invasión imperialista. Es evidente que esto no se
ha logrado aún en Iraq.
Las
razones sociales y políticas son complejas e imposibles de
explicar a fondo en unas pocas líneas. Allí se combinan,
en resumen:
1)
Cuestiones étnicas, religiosas y estructuras tribales que
vienen del pasado precapitalista. En el caso del actual Iraq,
principalmente las etnias árabes y kurdas, y las corrientes
del Islam sunnita y shiíta (que en general reflejó a los
sectores más oprimidos).
2)
La acción del imperialismo desde el siglo XIX, primero
anglofrancés y luego angloyanqui. Por un lado, como táctica,
cultivaron esas diferencias para enfrentar a unos contra
otros y dominarlos a todos. A eso se agregó que, luego del
desmoronamiento del Imperio Turco al final de la Primera
Guerra Mundial (1914-18), los imperialismos de Francia e
Inglaterra trazaron las nuevas fronteras teniendo sólo en
cuenta el reparto entre ellos, y no la voluntad y los
derechos de los pueblos de la región. El pueblo kurdo, por
ejemplo, fue repartido entre cuatro países: Turquía, Iraq¸
Irán y Siria, sin derecho a un estado propio.
3)
El fracaso del nacionalismo laico para independizarse
totalmente del imperialismo, reabsorber las diferencias
confesionales y los problemas étnicos. Después de la
Segunda Guerra Mundial (1939-45), el ascenso de los
movimientos nacionalistas laicos (nasserismo en Egipto,
Baath en Siria e Iraq, etc.) se realizó bajo la bandera de
unificar a los pueblos árabes y de Medio Oriente contra el
dominio imperialista. Pero, una vez en poder, cada uno de
ellos actúo según los intereses particulares de su estado
y de su burguesía nacional. Así, el imperialismo yanqui
pudo jugar con esas diferencias, alentar guerras fraticidas
–como la de Iraq-Irán– y ponerlos finalmente a su
servicio, como sucedió con Sadam en Iraq y los ex
naseeristas en Egipto.
4)
Las derrotas del movimiento obrero y la política de los
partidos comunistas de la región. Iraq fue el centro de un
poderoso movimiento obrero que jugó un papel de vanguardia
en el proceso revolucionario iniciado en 1958, con el
derrocamiento y ejecución del rey títere de Inglaterra.
Sobre esa base se organizó un fuerte Partido Comunista.
Pero la conducción del PC iraquí, obedeciendo la política
de Moscú de subordinarse y apoyar a la “burguesía
nacional progresista” llevó a un desastre tras otro, como
el de apoyar inicialmente la dictadura de Sadam Husein.
5)
Las corrientes islámicas, que toman la posta sin dar solución.
El descrédito de los nacionalismos laicos y de los partidos
comunistas (agravado luego por el rechazo a la invasión
soviética a Afganistán) dio la alternativa a las
corrientes “islamistas”. Uno de sus argumentos más
fuertes era que los nacionalismos laicos había dividido a
los pueblos islámicos frente al imperialismo. Por el
contrario, el Islam puede unirlos internacionalmente en la Umma
(la comunidad de los creyentes). Sin embargo, los hechos en
Iraq dicen que bajo el Islam la fragmentación es igual o
peor que bajo el nacionalismo laico. El imperialismo yanqui
ha podido así fomentar y aprovechar los sangrientos choques
sectario-religiosos.
6)
Los intereses de las distintas facciones burguesas y/o de
los aparatos religiosos. Bajo la capa de la “guerra
civil” y los enfrentamientos sectario-religiosos y/o étnicos,
se esconden los intereses concretos de facciones burguesas y
de las jerarquías religiosas y tribales por el reparto de
la migajas de la renta petrolera. El plan de balcanización
de Iraq alentado por el imperialismo, de dividirlo en tres
“regiones” o directamente en tres estados, se asienta en
el apetito de esos grupos.
Sin
embargo, a pesar de estos graves problemas que han
fragmentado la resistencia, el pueblo de Iraq ha demostrado
un heroísmo y una capacidad de lucha sin par. La gran
cuestión estratégica es si de estas derrotas que está
sufriendo el imperialismo, pudiera surgir una alternativa
independiente de las pandillas burguesas y/o sectarias que
han colaborado con el ocupante o, por lo menos, complicado
la lucha consecuente por expulsarlo de Iraq.
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