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El
bochorno en San
Vicente
Una
pelea entre burócratas
Por
Oscar Alba
Los
hechos ocurridos en San Vicente el pasado 17 de octubre,
durante el traslado de los restos de Perón, nos muestran
con claridad qué es lo que ha quedado de la “columna
vertebral” del movimiento peronista: una mafia totalmente
ajena a los trabajadores que se pelea por prebendas del
poder político.
Desde
sus inicios en la década del 40, la dirigencia peronista,
con Perón a la cabeza, sostenía que el movimiento obrero
era la columna vertebral del peronismo. Sin dudas, la
irrupción del peronismo en la vida política de la
Argentina significó también la entrada en escena de una
generación de obreros que tomaron al entonces coronel Perón
como su representante. Y durante más de cincuenta años,
este apoyo le ha servido al peronismo para llegar al
gobierno y ser uno de los pilares del capitalismo en la
Argentina. También desde los inicios del peronismo, los
sindicatos fueron asimilados rápidamente como apéndices
del Estado y del régimen y sus dirigentes se convirtieron
en parte de una capa social privilegiada por las prebendas
del gobierno y la patronal: la burocracia sindical.
Desde
la movilización obrera del 17 de octubre de 1945, en
defensa de Perón, hasta los actos y marchas multitudinarios
de la década del 70 tuvieron como componente fundamental la
presencia de trabajadores.
Este
año, bajo el gobierno de Kirchner, el traslado del féretro
con los restos del líder peronista se convirtió en una
parodia de aquellas masivas concentraciones peronistas.
Mas allá de algunos trabajadores que se asomaron a la ruta
para ver el cortejo-marcha, la caravana estaba encabezada
por los burócratas y algún que otro geronte sobreviviente
de aquellos años, como el senador Antonio Cafiero. Y como
broche de oro del ridículo y circense trayecto, el
enfrentamiento entre las patotas sindicales de la burocracia
de Moyano y los “muchachos” del “Pata” Medina de la
UOCRA platense mostró el verdadero rostro de estos
dirigentes sindicales y a quiénes representan.
Una
disputa por la tajada más grande de la torta
La
pelea entre los sectores sindicales no es nueva. El
enfrentamiento entre los “gordos” de Martinez de la
UOCRA y los camioneros de Moyano tiene su historia, pero
esta pelea resulta ajena
a los intereses de los trabajadores. La mayor porción
de poder que se disputan los burócratas es para negociar
sus propios beneficios frente al gobierno y la patronal.
El
gobierno de Kirchner ha logrado el acuerdo con Moyano en el
tema salarial y también está discutiendo retoques a la
legislación laboral en el Congreso de la Nación en lo que
se conoce como el “paquete Recalde”,
una serie de reformas que el diputado Recalde, ligado
al sector de Moyano, ha presentado para su aprobación. De
ahí que ante el enfrentamiento en San Vicente, Kirchner
haya sido cuidadoso en un primer momento y luego
respaldara de manera no grosera pero evidente a Moyano. De
hecho, Moyano y Viviani –del gremio de los taxistas–
fueron recibidos por el ministro del Interior, Aníbal Fernández,
en la Casa de Gobierno, tanto como para mostrar con quién
dialoga primero el gobierno.
Frente
a lo ocurrido en San Vicente, el gobierno recurrió a la
teoría del complot. Algo que en un primer momento había
dicho Piumato, el burócrata judicial y ladero de Moyano.
Los medios, por su parte, criticando el violento
enfrentamiento, mostraban a Quirós disparando con un arma
en medio de los incidentes y a los barrabravas de uno y otro
sector apaleándose. Mientras algunos se preguntaban quién
les pagaba a estos matones, lo primero que debemos denunciar
es cuánto se está embolsando la burocracia. Sólo así es
posible entender la defensa que hace de sus sillones y de
sus intereses, para la cual organizan y bancan a la lacra
social del matonaje.
Porque
el acuerdo de Kirchner con los burócratas, desde ya, tiene
su costo. Kirchner, que fue en su momento apoderado del
sindicato de los petroleros (SUPE) y de ATE en el sur patagónico,
conoce bien a la burocracia sindical. El acuerdo con Moyano
ha significado el desembolso de 544,7 millones de pesos
en aportes y subsidios para el sector camionero. Desde
mediados de 2003 hasta setiembre de 2006, el gremio y los
empresarios del sector recibieron una ayuda estatal de más
de 60 millones de pesos, y a esta “ayudita” hay que
agregarle 67,5 millones por la rebaja en los peajes. Moyano
recibe estos beneficios en su doble papel de dirigente de la
CGT, por un lado, y como dirigente de la Federación de
Trabajadores Camioneros, por el otro.
La
mayor parte de estos subsidios proviene a partir de la
implementación del Registro Único del Transporte Automotor
(RUTA), que en los papeles se hizo para regularizar el
trabajo en blanco de los conductores que trabajan
informalmente (Clarín, 22-10). A Moyano y sus amigos
del sindicato esto le permite aumentar la cantidad de
afiliados y de ingresos por los exámenes de aptitud psicofísica
y la capacitación laboral de los trabajadores del sector.
Hay
que terminar con la burocracia sindical
De
esta mugre no puede salir nada beneficioso para los
trabajadores. Por el contrario, son una escoria enquistada
en la superestructura política que se arroga la
representación obrera, pero que hace rato dejaron de
representar a los asalariados y viven a costa de frenar sus
luchas y
entregar sus conquistas. Y se cobijan en el peronismo, lo
cual no es casual. Porque el movimiento nacional
justicialista fue siempre burgués y, como tal, fue la
apoyatura política fundamental de la patronal.
Una
nueva generación de obreros está surgiendo en un país y
en un mundo distinto al que vio nacer al peronismo. Es
necesario impulsar la lucha contra la putrefacta burocracia
sindical peronista a partir de los procesos de lucha que van
surgiendo. Debe ser un proceso que debe tener su raíz en
las nuevas bases obreras. Los jóvenes trabajadores deben
tomar conciencia que hay que hacer saltar por los aires a
los Moyano, Gerardo Martínez, José Rodríguez y compañía.
Pero eso sólo puede ser a condición de que sean los
propios trabajadores con sus organizaciones, sus métodos de
lucha y una clara conciencia de clase quienes lo lleven
adelante.
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