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Después
de San Vicente
El
gobierno de las patotas
En
nuestra edición anterior decíamos que estábamos ante una crisis
política latente o larvada, y que ésta no había
terminado de desplegarse plenamente. En estos últimos
quince días, estos elementos no pararon de desarrollarse y
se siguen acumulando nuevos hechos que golpean al
gobierno, a sus más importantes aliados y a sus más
importantes iniciativas políticas. En poco más de un
mes, se ha pasado de una situación de relativa estabilidad
social y política a una coyuntura que, por primera vez
desde que asumió Kirchner, tiene al gobierno a la
defensiva. A esto puede agregarse la posibilidad de
una derrota electoral en Misiones, donde el protegido de
Kirchner, Carlos Rovira que hace uso del peor
clientelismo pejotista, ve amenazada una victoria que
creía segura en las elecciones para reformar la Constitución
y permitir su reelección indefinida.
La
“relegitimación institucional”, bajo fuego
La
desaparición de López cuestiona toda la política del
gobierno en derechos humanos por derecha, pero no lo
convierte en víctima sino en responsable directo. La
derogación de las leyes de obediencia debida y punto final
tuvieron como objetivo fundamental cerrar el “que se vayan
todos” del Argentinazo por la vía institucional. La política de derechos humanos de K fue una de las
avanzadas del gobierno “progresista” para relegitimar
las instituciones y congraciarse con la sociedad. Pero es
desde las propias instituciones, de los aparatos de
seguridad o por lo menos con su complicidad que se cuestiona
esa política y se intenta golpear a la vanguardia
independiente.
La
gravedad de la desaparición de López es mucho mayor
de lo que admite el gobierno, con la ayuda de los medios
que, gradualmente, van barriendo el caso debajo de la
alfombra. No se trata sólo de que la vida del compañero
está en peligro cierto y las expectativas son más
pesimistas a medida que pasan los días (cosa que
normalmente a los gobiernos patronales les importa poco).
Hubo además una sucesión de agresiones y amenazas a
militantes de los organismos de derechos humanos y de la
izquierda, a lo que se suman otras a jueces y fiscales. Nada
de esto ha sido esclarecido ni existe un solo acusado
por estos hechos. Siquiera el menor indicio.
De
esta manera, toda la política del gobierno de relegitimación
“por izquierda” vía los “nuevos juicios” está en
entredicho: ¿cómo van a continuar los juicios
programados si hay continuas amenazas a fiscales y testigos
sin que nadie identifique ni mucho menos frene a los
intimidadores? ¿Qué garantías ofrece K de que no va a
haber un nuevo caso como el de Julio López, si a más de un
mes de su desaparición debe reconocer que no tiene la más
mínima pista? ¿En qué posición quedaría el gobierno si
hay un hallazgo macabro al respecto?
Todas
preguntas sin respuesta que le abren al gobierno un
potencial frente de profundización de la crisis.
“Descansando
en paz”
El
traslado de los restos de Perón al Mausoleo, a cargo de la
CGT, es parte de un operativo mayor que viene haciendo la
burguesía y este gobierno: lavar la imagen de la
burocracia sindical para que pueda cumplir su rol
traidor en forma eficiente. Es decir, su rol de carcelero
de la clase trabajadora. Los “gordos” más allá que
mantengan en buena medida el control sindical, son
impresentables para la sociedad y no puedan cumplir esa
función fundamental para la burguesía: tener controlados a
los trabajadores.
El
operativo “lavada de cara” estuvo centrado en Moyano y
en su sector, que habían mantenido cierto perfil opositor
al menemismo y cierta aura luchadora. El acto en las puertas
de la CGT y el final en San Vicente era parte de esta política
de consolidación de la burocracia y su acuerdo con el
gobierno. Este operativo relegitimador quedó
fuertemente herido por los hechos de San Vicente. El
gobierno, en defensa de la burocracia y en defensa propia,
salió a esgrimir un supuesto complot señalando hacia
Duhalde. Pero el juez de la causa aseguró que “el tema
del complot hace un par de años que lo vengo escuchando en
distintos momentos políticos: parecería que es algo grave,
pero nadie aporta pruebas para poder investigarlo”.
Las
consecuencias del escandalete del 17 están todavía por
verse. Kirchner ha dicho a algunos medios internacionales,
que el hecho le costó “un millón de votos”. Pero al
mismo tiempo, hace todo lo posible para que Moyano no sea
desplazado de la CGT y salga lo menos debilitado posible
porque lo necesita para que intente en 2007 lo que hizo
en 2006: es decir, ser el garante de que el movimiento
obrero en su conjunto acepte la pauta de techo salarial.
Si este año el aumento fue del 19%, para 2007 se baraja
no más del 12 ó 13%. Y Kirchner necesita un Moyano lo más
fuerte posible para hacer pasar esa miseria y mantener
la conflictividad obrera más o menos bajo control.
La
“base política activa” que sustenta a Kirchner
Hace
rato que el gobierno encontró una base político/material
que lo sostenga: el aparato del PJ y el aparato de la
burocracia, junto con el asistencialismo clientelar de D’
Elía (FTV), Pérsico (MTD Evita) y otros por el estilo. La
imagen del presidente, el día después de los hechos de San
Vicente, diciendo “que intentan frenar el cambio”,
mientras a su lado estaba el impresentable intendente de José
C. Paz Mario Ishii y entre los concurrentes destacados
estaba el aún más impresentable Jesús Cariglino,
intendente de Malvinas Argentinas, entre otros varios
personajes por el estilo, hubiera sido cómico si no fuera
patético. Más allá del discurso de la “nueva política”
y de la “transversalidad”, la realidad es que su
capacidad de movilización real se asienta sobre aparatos
descompuestos hasta la médula.
Los
lamentos de las figuras de la oposición reflejan una
paradoja: los defensores de la “institucionalidad”
política no tienen partido (el ARI de Carrió no
califica, el PRO de Macri es más una marca comercial que
una organización real y de la UCR, para qué vamos a
hablar), pero el único partido nacional burgués digno
de ese nombre es un antro de mafias descompuestas e
incontrolables. Lo que establece, por ahora, otro límite
insuperable para la relegitimación del régimen.
El
gobierno de las patotas
En
la desaparición de López el gobierno es responsable por
omisión por no proteger a un testigo clave de las
patotas procesistas y por haber mantenido las continuidad de
esas patotas en los organismos de seguridad.
En
el Hospital Francés la responsabilidad del Ejecutivo es directa.
Fue el gobierno nacional quien intervino el Hospital hace
casi cuatro meses y la intervención entró con la patota
del “Tuto” Muhamad desde el primer día. El 10 de
octubre, la patota de Salvatierra-Muhamad-Kirchner desató
una brutal agresión contra los trabajadores del
hospital. Hasta el día de hoy no sólo la mantiene sino que
la defiende a capa y espada, a pesar de que el repudio a la
patota entre los trabajadores y sectores populares fue
masivo.
Si
faltaba algo para terminar de convencer hasta a los más
incrédulos de que este gobierno es un gobierno de patotas,
la burocracia montó el espectáculo de San Vicente.
El
impacto negativo que significa para el gobierno quedar
pegado –la necesidad tiene cara de hereje– a un Moyano
que sacó patente de organizador de mafiosos parece empezar
a tener impacto en su imagen positiva.
Cuentan
que Kirchner, durante las peleas del 17, se agarraba la
cabeza pensando en el costo que tendría el hecho para su
reelección. Esto empezaría quedar confirmado por las últimas
encuestas.
El
gobierno ahora intenta posar de “duro” y de “hacer
caer todo el peso de la ley” sobre los lúmpenes del
aparato que quedaron más en evidencia. Pero por más
esfuerzos que haga el gobierno para echar tierra al asunto,
es indudable que los coletazos del 17 no terminaron, y el
costo político a pagar todavía es incierto.
Rodear
de apoyo al Francés para que ganen los trabajadores
En
este marco de una coyuntura de crisis política latente o
larvada y donde cualquier hecho podría terminar,
finalmente, de hacerla explotar, comienza a despuntar una serie
de luchas entre los trabajadores ocupados. El paro de
los docentes de la provincia de Buenos Aires fue masivo y
refleja la bronca por el retraso salarial. Los trabajadores
de las terciarizadas de Telefónica y Telecom han vuelto a
la carga para que se los incorpore al convenio telefónico.
Pero sobre todo, el hecho central, es que sigue la lucha de
los trabajadores del Hospital Francés, lucha que se proyectó
nacionalmente y es una parte integrante fundamental de la
nueva coyuntura abierta marcada por la crisis política
gubernamental (cuestión que siquiera los propios
trabajadores del hospital llegan muchas veces a visualizar).
Hasta el cierre de esta edición, el impresentable
interventor Salvatierra sigue ahí. Redoblar el apoyo a la
lucha de los compañeros, el sostenimiento de su fondo de
huelga, y la realización de de actos para arrancarle
otro triunfo a un gobierno que atraviesa un momento de
cierta debilidad imponiéndole el retiro de la intervención
patotera y la estatización bajo control de los trabajadores
del Hospital.
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