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A
más de un mes de su secuestro
¿Qué
política para pelear por la aparición de López?
A
un mes de la desaparición del compañero López, existe
bastante confusión sobre cómo seguir la lucha entre los
organismos de derechos humanos, estudiantes y trabajadores
independientes del gobierno de Kirchner que están a la
cabeza en la pelea por la aparición con vida de López y
por encarcelar a todos los genocidas.
En
la multisectorial de La Plata, donde se dio el proceso de
movilización que puso entre rejas a Etchecolatz por
genocidio y se reaccionó inmediatamente ante el secuestro
del testigo; en Memoria, Verdad y Justicia, en Buenos Aires,
y en cada ciudad del país en la que se conformaron
espacios, existe cierta desmoralización ante la evidencia
de que todo lo hecho hasta el momento no alcanza. Esto debe
llevar a hacer un balance de las orientaciones que hay sobre
la mesa sobre cómo encarar la lucha y reencauzarla.
En
primer lugar, tiene que quedar claro que el gobierno, con la
complicidad de los medios de comunicación, decidió sacar
de la agenda política el “caso López” luego de su
marcha del 6 de octubre, convocada por Abuelas de Plaza de
Mayo y otra serie de organizaciones afines a Kirchner. En
esa ocasión, Estela de Carlotto, abonó la hipótesis de
que López está escondido por miedo y no desaparecido.
“Esta plaza te tiene que dar fuerzas para que salgas,
Julio”, dijo Carlotto. En la misma línea, pero con un
estilo más brutal, Hebe de Bonafini había atacado a la víctima
López.
A
esta altura queda claro que el gobierno y sus amigos, tras
las crecientes movilizaciones independientes y después del
exabrupto de Bonafini, debieron movilizar pero intentando
sembrar confusión, y convirtiendo la lucha por la exigencia
al gobierno nacional por la aparición con vida en un pedido
a “Julio para que salga”.
En
la marcha a Plaza de Mayo del 18, a un mes de la desaparición,
Carlotto y compañía se ausentaron y sólo la CTA y los
kirchneristas de Libres del Sur (ex Patria Libre y PC
Congreso Extraordinario entre algunos de ”izquierda”)
participaron con modestísimas delegaciones. Igualmente se
negaron a entrar a la Plaza, ya que el documento consensuado
le exige al gobierno nacional.
Creemos
que es evidente a esta altura el callejón sin salida que
nos propone el MST-Unite de “no ser sectarios” y hacer
un gran frente único democrático con los kirchneristas. La
necesidad de masificar la movilización no puede ser a costa
de cambiar el contenido de lucha, que es por la aparición
con vida del desaparecido López y no por que “López
aparezca”.
En
tanto, el PCR, que busca defender a los espacios
independientes como dirección del movimiento ante el
kirchnerismo, con su lógica de “unidad”, se niega a
avanzar en las críticas al gobierno “para no echarlos de
las movilizaciones”. Nos parece que este tipo de política
que correctamente hace centro en la exigencia al gobierno
nacional pero se niega a avanzar en la crítica al propio
gobierno, es limitada e impide golpear a Kirchner. ¿Cómo?
Exigiéndole que rompa el silencio sobre la investigación,
denunciando que aún hoy toma el caso López como si estuviéramos
frente a un caso de búsqueda de paradero, mostrando que su
acción es limitada porque sabe que ir a fondo en la búsqueda
puede atacar al aparato de seguridad; el mismo que el
gobierno necesita para reprimir a los trabajadores y demás
sectores populares que salen a reclamar.
En
este momento el gobierno es visto por muchos trabajadores
como responsable de la agresión de la patota en el Hospital
Francés y de encubrir a sus amigos los sindicalistas que
desataron el escándalo en San Vicente. Pero justamente
cuando mejores condiciones hay para acorralarlo y obligarlo
a hacerse cargo de su obligación de que aparezca López
vivo o eventualmente su cuerpo, se sigue sosteniendo que no
hay que pegarle al gobierno para no romper la unidad.
A
este tipo de políticas que diluyen la responsabilidad de
Kirchner, se llega también por vías de caracterizaciones
equivocadas como la del PCR, que sostiene que “el fascismo
se está rearmando”, e incluso llegan a pegarle por
derecha a Kirchner diciendo que el gobierno da pie a ese
resurgir “por atacar en bloque a las fuerzas armadas”,
lo que daría lugar a que sectores descontentos por bajos
salarios, “patriotas y malvineros”, presten oídos a los
sectores fascistas. Irónicamente, el mismo PCR niega aún
hoy que en los 70 la triple A actuaba desde el gobierno de
Isabel Perón, donde sí se venía el fascismo y organizado
desde el propio gobierno.
Hoy
está claro que no es Kirchner el que manda a secuestrar a López,
más allá de su responsabilidad por sostener el aparato
represivo en el que se incuban las bandas fascistas. Hoy las
burguesías de la región y de Argentina no quieren hacer
olas, buscan evitar la polarización social, y tienen como
política enterrar las rebeliones populares con gobiernos
“progres” como el de K, que reabsorban las demandas del
período anterior. No hace falta caracterizar que se viene
el fascismo para tomar con toda seriedad la pelea por la
aparición de López y por aplastar a los sectores de
derecha que quieren la amnistía.
Para
eso hay que profundizar la movilización. Hay que seguir
exigiendo a la CGT y la CTA que llamen a paro, pero a la vez
hay que construirlo por abajo, como se hizo en el Astillero
Río Santiago o en el Hospital Francés que encabezó la
marcha. Y junto con eso, golpear al gobierno, que es quien
tiene que dar respuestas.
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