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A
39 años del asesinato del Che
Revolución,
métodos y sujetos
Por
Oscar Alba
La
abnegación no es una palabra menor en la vida de los
revolucionarios, y en esto el Che Guevara fue un ejemplo. Su
impulso revolucionario lo llevó a dejar la comodidad de las
oficinas del Banco Central de Cuba, del cual era presidente,
para internarse en el monte nuevamente y luchar hasta su
muerte. El imperialismo y la burguesía, después de
matarlo, han buscado mercantilizarlo y ubicarlo como fetiche
de vidriera. Por nuestra parte, creemos que debemos partir
de su reivindicación como revolucionario y de una evaluación
objetiva pero también crítica de su trayectoria militante,
para que sea un aporte a las nuevas generaciones de obreros
y estudiantes para poder avanzar en la lucha por la que el
Che ofreció su vida y su muerte: el socialismo.
El
9 de octubre de 1967 era asesinado en Bolivia Ernesto Che
Guevara. En la Quebrada del Yuro terminaba su vida física y
se proyectaba a todo el mundo su inmensa figura política.
Su trayectoria, que había tenido sus primeros escarceos en
Guatemala, donde participó de la lucha contra el golpe que
derrocó a Jacobo Arbenz (1954), tuvo en el triunfo de la
columna que él comandaba en la batalla de Santa Clara, Cuba
–y que terminó con la resistencia del dictador Fulgencio
Batista en diciembre de 1958–, la legitimación como
dirigente revolucionario.
No
cabe duda que la experiencia de la revolución cubana marcó
a fuego los futuros pasos políticos del Che. Pero aunque no
se puede hablar del Che sin hacer referencia al triunfo
revolucionario en Cuba, hay que reconocer que sus
convicciones y acciones fueron mucho más allá. Así, en
abril de 1965 renuncia a todos sus cargos en el gobierno
cubano y a esa nacionalidad [1] y en julio parte hacia el
Congo. Al año siguiente, de marzo a junio, recorre Uruguay,
Brasil, Paraguay, Argentina y Bolivia. En este itinerario,
Guevara siempre tuvo como objetivo impulsar la lucha
revolucionaria a partir de su experiencia acumulada,
fundamentalmente, en el proceso cubano.
La
práctica y las concepciones políticas del Che Guevara
conformaron un proyecto que se desarrolló como una
corriente política, fundamentalmente en amplios sectores de
la vanguardia latinoamericana a finales de los 60 y durante
gran parte de los 70. Esta corriente propugnó la lucha
armada guerrillera como la vía política hacia la revolución
socialista. De ahí que adquiere una gran importancia una
evaluación de ese proyecto, tarea que no puede convertirse
en un panegírico acrítico de la trayectoria del Che
Guevara ni de la corriente guevarista. Quienes asumieron
integralmente las posiciones del Che fueron parte de un
proceso de ascenso del movimiento obrero y popular en los años
posteriores a su asesinato. Y hoy, a casi cuarenta años de
la muerte de Guevara, la putrefacción del capitalismo, la
superexplotación y la opresión de las masas trabajadoras y
en Latinoamérica el surgimiento de gobiernos de centro
izquierda como respuesta a la lucha de los trabajadores y
las masas populares hacen necesario profundizar el debate de
sus concepciones. En primer lugar, porque el Che fue un
luchador consecuente contra el imperialismo y las burguesías
locales, levantando la bandera de la revolución socialista.
En otro sentido y en otro nivel, porque gobiernos como el de
Chávez quieren erigirse como modelo hacia el socialismo del
siglo XXI reivindicando, entre otras, la figura de Guevara.
La
concepción guevarista
La
riqueza de la práctica y el legado político del Che abarca
diversos problemas de la revolución socialista. Sus
conclusiones a partir de la experiencia cubana con relación
al método, la estrategia y la transición hacia el
socialismo conforman una globalidad conceptual. Al mismo
tiempo, requieren un tratamiento específico de cada
aspecto. En este caso, queremos referirnos a una cuestión
para nosotros fundamental para la evaluación del guevarismo.
La concepción acuñada por Guevara de desarrollar una
estrategia de guerra de guerrillas y la conformación de
focos guerrilleros a escala continental como vía de la
revolución socialista no sólo es un problema de método
revolucionario, sino que implica y plantea el debate de cuáles
van a ser los sujetos sociales y políticos, esto es, quién
dirige y con qué estrategia, el proceso hacia la revolución.
La
caída del Muro de Berlín y la ofensiva imperialista
neoliberal trajeron también una ofensiva ideológica
respecto de la clase obrera y su rol. Se decía que las
nuevas tecnologías matarían al trabajo. El postmodernismo
y las corrientes autonomistas cuestionaron a la clase obrera
como fuerza social capaz de ganar el poder político y
construir el socialismo. De la mano de las derrotas de las
revoluciones del siglo XX, se buscó desautorizar a los
postulados del marxismo por toda una etapa, y algunos lo
dieron por muerto para siempre. Las rebeliones populares de
principios del 2000 y la reciente entrada en escena de
sectores obreros en las luchas han vuelto a actualizar el
debate sobre las vías y el sujeto de la revolución.
Las
revoluciones de posguerra, entre las cuales se incluye la
Revolución Cubana no fueron producto de que la clase obrera
tomara concientemente, en sus manos las tareas que implicaba
el desarrollo de la revolución. En este sentido la
experiencia hecha por Guevara, que tuvo el gran mérito,
entre otros, de buscar ir más lejos que el resto de la
dirección cubana, significó que fuera el ejercito
guerrillero, apoyado por los campesinos pobres, el que
sustituyera el papel de la clase obrera.
Más
allá de las declaraciones de Fidel Castro en los años
iniciales de la revolución [2], lo cierto es que los
trabajadores cubanos fueron enchalecados por las directivas
de los Comandantes. El 21 de noviembre de 1959 se eligió la
dirección de la Central de Trabajadores Cubanos. Los
delegados del Movimiento 26 de julio y otros sumaban unos
3000 delegados mientras que los comunistas solo 265. Fidel
Castro intervino contra la polémica instalada en el
congreso y remarcó que los trabajadores querían constituir
el ejército para la defensa de la revolución, por lo que
no se podía aceptar que un ejército tuviera fracciones.
Sin dudas, una definición totalmente opuesta a la
democracia obrera.
Por
su parte, el Che afirmaba en 1961: “Apuntando ya que las
condiciones se completan mediante el ejercicio de la lucha
armada, tenemos que explicar una vez más que el escenario
de esa lucha debe ser el campo, y que, desde el campo, con
un ejército campesino que persigue los grandes objetivos
por los que debe luchar el campesinado (el primero de los
cuales es la justa distribución de la tierra), tomará las
ciudades. Sobre la base ideológica de la clase obrera,
cuyos grandes pensadores descubrieron las bases sociales que
nos rigen, la clase campesina de América dará el gran ejército
libertador del futuro, como lo dio ya en Cuba. Ese ejército
creado en el campo, en el cual van madurando las condiciones
subjetivas para la toma del poder, que va conquistando las
ciudades desde afuera, uniéndose a la clase obrera y
aumentando el caudal ideológico con esos nuevos aportes,
puede y debe derrotar al ejército opresor en escaramuzas,
combates y sorpresas, al principio; en grandes batallas al
final, cuando haya crecido hasta dejar su minúscula situación
de guerrilla para alcanzar la de un gran ejército popular
de liberación” [3]
Es
decir, la centralidad de la clase obrera en el proceso
revolucionario, la autoorganización obrera, la huelga
general insurreccional y la construcción de un partido
obrero revolucionario no eran parte de la estrategia
guevarista. El Che Guevara llegó a reconocer cierta
excepcionalidad de la revolución cubana, haciendo
referencia a que cada revolución tenía sus
particularidades que las hacían distintas de las otras.[4]
Pero no tenía en cuenta como “regla” de esa
excepcionalidad que el proceso de revolución socialista tenía
una condición fundamental: la clase obrera como sujeto político-social
del proceso. En este sentido, consideramos equivocado hacer
un paralelo entre las posiciones del Che y las de León
Trotsky alrededor del proceso de revolución permanente, tal
como lo plantean algunos sectores del trotskismo.[5]
Efectivamente,
el Che partía la necesidad de combatir contra el
imperialismo y las burguesías de los países, a diferencia
del estalinismo, que toda su vida buscó algún burgués
“progresista” para hacer el frente nacional y popular
para después, en otra etapa luchar por el socialismo. Y el
Che también planteó, y murió en ese intento (traicionado
por el Partido Comunista en Bolivia), el carácter
internacionalista de la revolución. No obstante, Trotsky
planteó que la lucha contra el imperialismo y las burguesías
nativas debían ser encabezadas por la clase obrera. Para
Trotsky, esta era una condición indispensable para definir
el carácter socialista y permanente de la revolución.
Los
focos o grupos guerrilleros impulsados en Latinoamérica a
la luz de la concepción guevarista fracasaron y fueron
exterminados por las fuerzas represivas burguesas. Esto en
gran parte fue posible al aislamiento político y
territorial que sufrieron, sobre todo en países como
Argentina, Uruguay y Brasil. Pero hay que hacer notar que
muchos de esos movimientos, a diferencia del Che Guevara,
que se oponía al burocratismo y el “etapismo”
estalinista, terminaron reivindicando el papel de los
partidos comunistas. Esta fue una de las primeras
diferencias que tuvo el Che con el naciente régimen
castrista, y que lo puso en la mira del estalinismo.
Notas:
1.
En febrero de 1959, el Che Guevara fue declarado por decreto
ciudadano cubano
2.
“La clase
obrera es la clase fecunda y creadora, la clase obrera es la
que produce cuanta riqueza material existe en un país. Y
mientras el poder no esté en sus manos, mientras la clase
obrera permita que el poder siga en manos de los patronos
que la explotan, en manos de los especuladores, en manos de
los terratenientes, en manos de los monopolios, en manos de
los intereses extranjeros o nacionales, mientras las armas
estén en manos al servicio de esos intereses y no en sus
propias manos, la clase obrera estará obligada a una
existencia miserable por muchas que sean las migajas que les
lancen esos intereses desde la mesa del festín” (Fidel
Castro, publicado en la revista Verde Oliva, 9-4-61)
3.
“Cuba: excepción histórica o vanguardia de la lucha
anticolonial”, Ernesto Che Guevara, Escritos y
discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
1977.
4.
“Aceptamos que hubo excepciones que le dan un carácter
peculiar a la revolución cubana, es un hecho que,
claramente, cada revolución cuenta con este tipo de
caracteres específicos, pero no está establecido que todas
ellas seguirán leyes cuya violación no esté al alcance de
las posibilidades de la sociedad”, en “Cuba…”, cit.
5.
“(…) reivindicamos la concepción
socialista e internacionalista, de independencia de clase
del Che. Nahuel Moreno, nuestro fundador, lo definía como
el ‘héroe y mártir de la revolución permanente’
cuando lo asesinaron en 1967 (...) Más allá de las anécdotas,
las posiciones del Che sobre el internacionalismo y la
revolución socialista confluyen con la visión de la
revolución permanente de León Trotsky”, Mercedes Petit,
en El Socialista, 2-10-05)
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