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K
y los derechos humanos
Donde
mueren las palabras
Por
Ana Vázquez
Con
la trágica desaparición de López (lamentablemente, ya no
hay margen para los supuestos de amnesia temporal, ni la
visita a la tía, ni unos días en el campo), se ven los
límites del discurso y la política “progre” en
derechos humanos de este gobierno. Esta desaparición
muestra que de poco sirven los Museos de la Memoria, el 24
de marzo como día feriado, los cambios en las cúpulas de
las FF.AA., la designación de Nilda Garré (ex integrante
del CELS) como ministra de Defensa, el encuadramiento detrás
de su política de organismos de derechos humanos, la
blasfemia de que los “desaparecidos setentistas”
luchaban por “esta democracia”.
El
“gobierno de los derechos humanos” además de ser campeón
en casos de gatillo fácil y torturas seguidas de muerte
[1], no protege ni siquiera a los testigos de un resonante
juicio que él mismo promovió. Al gobierno le ha estallado
este dramático caso porque no resuelve los problemas de
fondo de los derechos humanos, que no son sólo los de los
represores de ayer, sino los de hoy.
¿Por
qué le ha tocado a este gobierno y no a los anteriores? ¿Por
qué no le tocó a Alfonsín durante el cual se realizó el
juicio a las Juntas o a los sucesivos que siguieron
barriendo la basura debajo de la alfombra? ¿Por qué ahora,
se preguntan desde algunos medios, cuando la
“democracia” está consolidada y no antes que estaba en
pañales?
Justamente,
creemos que esta desaparición ha ocurrido a más de 30 años
del golpe porque se han ido acumulando contradicciones
entre la herida abierta por el genocidio y la impunidad.
El fortalecimiento de la democracia burguesa no ha hecho más
que desarrollarlas, al punto que cuando empieza a haber
condenas efectivas y la posibilidad de otras, ocurre la
primera desaparición política luego de la caída de la
dictadura.
Por
eso criticamos la política de conjunto del gobierno: sus
medidas reformistas son puntos de apoyo para continuar y
profundizar la movilización, como la anulación de las
leyes de punto final y obediencia debida. Pero si no van
acompañadas por cambios de fondo, estructurales, también
revientan como globos, como éste que le estalló al
Presidente.
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