Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 89, 11/10/06
 

 

 

 

 

 

K y los derechos humanos

Donde mueren las palabras

Por Ana Vázquez

Con la trágica desaparición de López (lamentablemente, ya no hay margen para los supuestos de amnesia temporal, ni la visita a la tía, ni unos días en el campo), se ven los límites del discurso y la política “progre” en derechos humanos de este gobierno. Esta desaparición muestra que de poco sirven los Museos de la Memoria, el 24 de marzo como día feriado, los cambios en las cúpulas de las FF.AA., la designación de Nilda Garré (ex integrante del CELS) como ministra de Defensa, el encuadramiento detrás de su política de organismos de derechos humanos, la blasfemia de que los “desaparecidos setentistas” luchaban por “esta democracia”.

El “gobierno de los derechos humanos” además de ser campeón en casos de gatillo fácil y torturas seguidas de muerte [1], no protege ni siquiera a los testigos de un resonante juicio que él mismo promovió. Al gobierno le ha estallado este dramático caso porque no resuelve los problemas de fondo de los derechos humanos, que no son sólo los de los represores de ayer, sino los de hoy.

¿Por qué le ha tocado a este gobierno y no a los anteriores? ¿Por qué no le tocó a Alfonsín durante el cual se realizó el juicio a las Juntas o a los sucesivos que siguieron barriendo la basura debajo de la alfombra? ¿Por qué ahora, se preguntan desde algunos medios, cuando la “democracia” está consolidada y no antes que estaba en pañales?

Justamente, creemos que esta desaparición ha ocurrido a más de 30 años del golpe porque se han ido acumulando contradicciones entre la herida abierta por el genocidio y la impunidad. El fortalecimiento de la democracia burguesa no ha hecho más que desarrollarlas, al punto que cuando empieza a haber condenas efectivas y la posibilidad de otras, ocurre la primera desaparición política luego de la caída de la dictadura.

Por eso criticamos la política de conjunto del gobierno: sus medidas reformistas son puntos de apoyo para continuar y profundizar la movilización, como la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida. Pero si no van acompañadas por cambios de fondo, estructurales, también revientan como globos, como éste que le estalló al Presidente.