|
Condena
a Etchecolatz, desaparición de López y patota en el
Hospital Francés
Una
crisis política latente y polarización
La
desaparición de López ha dejado al gobierno K en una
situación de crisis política latente o larvada; una
crisis que no ha terminado aún de desplegarse plenamente.
Luego de una primera semana de mirar para otro lado (para el
ministro del Interior, López estaba “en la casa de su tía”...),
el gobierno dio un giro. Desde arriba, puso en marcha un
amplio operativo de búsqueda con el premeditado objetivo de
convencer a amplios sectores de masas que el principal
blanco del ataque es el propio Kirchner, que no tendría
ninguna responsabilidad en los hechos. Y si bien luego de la
desaparición del compañero ha seguido una andanada de
amenazas y aprietes sobre cuyo origen el gobierno tampoco
tiene idea, Kirchner ha evitado, hasta ahora, la apertura
de una crisis política en toda la regla.
Sin
embargo, la coyuntura está muy dinámica. Al cierre de esta
edición, una patota (la barra brava de Chacarita, amparada
por el interventor K), ha entrado al Hospital Francés
repartiendo palos a diestra y siniestra. Esto ha generado un
amplio repudio democrático que ha trascendido a los
medios de comunicación nacionales. Los sentimientos democráticos
se han ido sensibilizando y, en cualquier momento, podrían
eclosionar en una amplia movilización o irrupción de masas
que hasta ahora el gobierno ha logrado evitar.
Cualquier
nuevo giro en la situación en lo que hace a la desaparición
de López (por ejemplo, un hallazgo macabro) podría
transformar esta crisis política latente o potencial en una
abierta crisis política,
la más importante bajo el gobierno K.
¿Semana
Santa K, giro reaccionario o coyuntura de polarización?
Dos
interpretaciones, igualmente unilaterales, se han tirado a
rodar desde la izquierda para caracterizar el actual momento
político a partir de la desaparición del compañero López.
Estaríamos o bien ante la “Semana Santa de K” (el caso
del PO) o bien ante una “coyuntura reaccionaria” (entre
otros, el PTS). Entendemos que ambas interpretaciones, aun
teniendo elementos de verdad, son unilaterales.
Respecto
de la primera, hay que constatar que, hasta ahora, el
gobierno no ha dado un giro en su política inaugurada con
la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto
Final. Es decir, aún no ha capitulado ante los
genocidas, como sí lo hizo Raúl Alfonsín en la Semana
Santa de 1987. Si bien es un hecho que los indultos no han
sido anulados, es evidente que en el terreno de la política
de “derechos humanos”, los elementos de ruptura de K con
las orientaciones de los 90 todavía sobresalen por encima
de los elementos de continuidad.
Hasta
ahora, el gobierno no ha decretado un nuevo “punto
final”. Por el contrario, por boca de Alberto Fernández,
ha salido a rechazar los pedidos de amnistía vertidos en el
acto derechista del 5 de octubre en la Plaza San Martín.
Esto no quiere decir que no pueda hacerlo en el futuro, o
que su ya limitada y en última instancia tramposa política
“reformista” en el terreno de los DDHH no incorpore,
después de estos hechos, aún más límites y tibieza.
Esta
realidad es la que explica que, hasta ahora, estos hechos no
signifiquen una “bisagra” categórica en la experiencia
de las masas con el gobierno K, como sí lo fueron los de
1987 con el gobierno radical, que a partir de esa Semana
Santa comenzó una caída en picada que no paró hasta su
salida anticipada del poder.
Pero
también es unilateral la interpretación simétrica y
opuesta de que estaríamos ante un giro a la derecha de
la situación política. Esto todavía no es así. Es
evidente que se han ido acumulando una serie de elementos
reaccionarios; el más grave, gravísimo, es la propia
desaparición del compañero López. Pero creemos que este
hecho expresa, centralmente, un zarpazo fascista pero defensivo,
que no alcanza –por lo menos, no aún– a imponer un
giro reaccionario en el conjunto de la situación política.
Ubicarse
de esa manera es peligroso en un doble sentido. Por
un lado, contribuye a hacer pasar una política que tiende a
diluir la responsabilidad política de K en los
actuales acontecimientos.[1] Y además, puede ayudar a
plantear una orientación de “frente único con el
gobierno”, lo que sería un error completo: de ninguna
manera estamos ante las puertas de un golpe de estado ni
nada que se le parezca, hecho que sí nos podría ante
la obligación de defender incondicionalmente al gobierno K,
aunque sin darle un gramo de apoyo político.
Una
nueva coyuntura con elementos de polarización política
En
todo caso, es un hecho que ha habido cambios en la
coyuntura. Veníamos en un período muy “planchado” y
con elementos defensivos en lo que hace a las luchas
reivindicativas de los trabajadores. Pero la condena a
Etchecolatz y la desaparición de López muestran la
emergencia de un período político en el que pegan un salto
elementos de polarización política, aun con continuidad
del carácter defensivo de las luchas.
No
se trata sólo de nuestro país. En las últimas semanas, en
el conjunto de Latinoamérica parecen estar introduciéndose
elementos de este tipo. Es el caso en México, con el fraude
y el desarrollo de la comuna popular en Oaxaca, ahora bajo
amenaza inminente de ser reprimida. O el enfrentamiento en
Bolivia entre los mineros asalariados y los cooperativistas
pequeños propietarios en Huanuni, que dejó 16 muertos y más
de 60 heridos, al tiempo que sigue la crisis en la
Constituyente y en la pseudo nacionalización del gas.
Toda
esta evolución de la situación no es accidental: está inscripta
en la lógica del ciclo político regional que estamos
transitando. Lógica que combina condiciones de rebelión
popular larvada con el surgimiento de gobiernos de mediación
electoral “progresistas”, pero donde NO se han resuelto
los problemas de fondo. Y comienzan a aparecer sectores de
la propia burguesía –incluida la Iglesia– que buscan poner
límites al arbitraje desde arriba que hacen estos
mismos gobiernos de los intereses patronales y sociales. Es
el caso de la derecha reaccionaria de Podemos en Bolivia, de
haber cortado el acceso a la presidencia de Obrador en México,
del ascenso electoral de la oposición a Chávez en
Venezuela o, incluso, de la candidatura del obispo Pigna en
Misiones.
La
propia dinámica de la situación política está llevando a
estos elementos de polarización: es el choque entre las
tendencias reales (las contradicciones sociales
no resueltas) y las mediaciones formales (el hecho de
que, en última instancia, con la “democracia” en verdad
“no se come, no se educa y no se cura”.
Pero
se trata de un choque de tendencias no resueltas, de una
situación completamente abierta que podría derivar –aquí
y allá– en una reapertura de la crisis latente, más
que un giro en redondo a la derecha, como se argumenta, de
manera impresionista, desde una serie de organizaciones de
la izquierda.
Es
en este marco que hay que inscribir la desaparición de López.
Este zarpazo fascista muestra el polo reaccionario de
esta realidad de polarización de los enfrentamientos. Por
esto mismo, hay que estar en la primera línea de combate
contra este feroz ataque que no se puede dejar pasar.
¿Por
qué no han entrado aún las masas en la pelea democrática?
Fundamentalmente,
por responsabilidad del propio gobierno K. El “mega
operativo” montado desde arriba dando a entender que “el
Estado está haciendo de todo” para encontrar a Lopez, los
mensajes de texto que llegan a los teléfonos móviles, la
recompensa, etc., todo esto no prueba más que la inutilidad
del propio aparato estatal y represivo para encontrar al
compañero secuestrado por miembros de ese mismo aparato. Sin
embargo, sí sirve para “adormecer” a los trabajadores y
las masas que en su mayoría se ha interesado por el caso,
pero no terminan de comprender su gravedad.
Es
decir, la acción del gobierno ha estado enfocada,
precisamente, a evitar que masivamente se pongan en acción.
A esto contribuyen –como no podía ser de otra forma–
los dirigente sindicales de la CGT y la CTA, a los
que no se les ha pasado por la cabeza llamar a un paro
general por la aparición del compañero.
Es
por esto mismo que, si bien el llamado a la movilización
debe ser unitario incluyendo a muchos de aquellos que aún
confían en K, subrayar la responsabilidad del gobierno
en la desaparición de Lopez es de inmensa importancia.
No se puede ni se debe soslayar que el propio gobierno que
impulsó la anulación de las leyes de Obediencia Debida y
Punto Final es el garante de la continuidad de las
fuerzas represivas connaturales al carácter capitalista del
Estado y del gobierno. Un aparato represivo que actúa
una y otra vez, a instancias del propio gobierno, contra los
trabajadores, como se ha podido ver con los petroleros de
Las Heras o ahora, nuevamente, en el amparo a la patota del
Hospital Francés.
Como
aprendiz de brujo
No
sería la primera vez que un gobierno capitalista como el de
K oficie de “aprendiz de brujo”: es decir que desate
con su acción desde arriba consecuencias por abajo que
vayan más allá de sus intenciones. Es el caso de la
anulación de las leyes de impunidad. Se trata del terreno más
“reformista” del gobierno de Kirchner, en el cual,
efectivamente, se dio un giro en redondo respecto de las
políticas prevalecientes en la ultima década y media.
Pero esto no quiere decir que haya sido el gobierno el que
haya impulsado juicios como el sustanciado a Etchecolatz. Y,
menos que menos, la imposición de la figura del genocidio.
Si esto ha ocurrido es porque entre las brechas abiertas
“en las alturas” estuvo la acción independiente de
los sectores de organismos de derechos humanos que no han
sido cooptados por el gobierno y que fueron los que
impulsaron el juicio y la condena de este genocida a cadena
perpetua. Ha sido la lucha popular y no el Estado la que
obtuvo el inmenso triunfo del castigo a este asesino serial,
como lo definió el propio López.
El
caso es que la imputación de haber cometido delitos de lesa
humanidad configurado dentro de la caracterización de
“genocidio” planificado que se hizo de la dictadura
militar implica la imprescriptibilidad de los
delitos.[2] Y, por tanto, la eventualidad de la apertura de
decenas de juicios a genocidas, que podrían alcanzar no sólo
a personal retirado, sino a camadas más jóvenes en
actividad.
En
verdad, el gobierno, que sólo buscaba un terreno
“gratis” desde el cual llevar a cabo la relegitimación
de las instituciones de la “democracia” dañadas luego
del “que se vayan todos”, ha contribuido a generar una
dinámica de polarización política (crítica recurrente de
la Iglesia y la oposición). En primer lugar, al constatarse
que para los militares no hay “seguridades” ni una línea
que separe claramente quiénes serán afectados y quiénes
no por esta nueva ronda de juicios. El eventual efecto
“derrame” del fallo a Etchecolatz puso en alerta a todos
los genocidas. De ahí el zarpazo fascista del secuestro
a López, que polariza y puede, eventualmente, radicalizar
toda la situación política al introducir un elemento “setentista”.[3]
El
acto derechista del 5 de octubre
¿Cuáles
son los elementos “polares” de esta situación? Uno ha
sido el triunfo que ha sentado un precedente histórico de
la condena a perpetua de Etchecolatz. Y otro, como brutal
respuesta, el secuestro del compañero López. Es en este
marco que se debe inscribir el acto de la Plaza San Martín
del pasado 5 de octubre.
Nos
parece un error decir que de trata del mismo sector que
secuestro a López. Sin duda, puede haber vínculos entre
unos y otros. Pero los métodos puestos en práctica son
distintos. La desaparición “muda” de López ha sido
lisa y llanamente, una acción fascista. El acto del 5 fue
una demostración política ultraderechista pero, hasta
ahora, dentro de los marcos de la democracia burguesa. Es
decir, se trata de un sector que no ha pasado –no aún–
a la “acción”. De ahí también el programa
del acto: la exigencia de una “amnistía”, que el
gobierno gire 180 grados en su política, volviendo a los
90, y el pedido de la realización de una “consulta
popular” alrededor del tema.
La
puesta en marcha de una campaña política alrededor de
estos reclamos reaccionarios y de la reivindicación de la
dictadura militar y la “lucha contra la subversión”
puede intentar crear las condiciones para pasar a la acción
y transformarse en grupos fascistas. Pero todavía no se
trata de esto, sino más bien de movimientos
“defensivos” que apuntan a poner un límite, a
evitar el “efecto derrame” de la condena a Etchecolatz y
a asustar y “castigar” a los eventuales testigos.
Kirchner
es responsable: paro general y movilización por la aparición
de López
Ya
hemos señalado que el responsable político de la
desaparición de López y de la “desmovilización” es el
propio gobierno. La mayoría de las corrientes de la
izquierda y de los organismos de derechos humanos afirman
que les parece “sectario” subrayar esta responsabilidad,
como estamos haciendo desde el nuevo MAS. Pero sin señalarla
no sólo no puede haber un castigo integral y efectivo a
todos los genocidas –lo que necesariamente implica la
disolución de los aparatos represivos– sino tampoco
un impulso consecuente a la movilización obrera y
popular.
El
gobierno pretende “resolver” el problema desde arriba
porque le teme como a la peste al ingreso a la lucha
democrática de los trabajadores y las amplias masas. De
ahí que la CGT y la CTA se han hecho bien los desentendidos
a la hora de cumplir con una obligación elemental: convocar
de inmediato a un paro general por la aparición de López.
Es
esta la perspectiva por la que peleamos los socialistas
revolucionarios. En última instancia, del ingreso de los
trabajadores a esta pelea y de la masificación de la lucha
democrática depende que se puedan parar en seco los
zarpazos fascistoides. De no ocurrir así,
necesariamente, van a tender a incrementarse y pueden,
eventualmente, derivar en coyunturas reaccionarias. El
ingreso de los trabajadores a la lucha democrática, la
huelga general, la ocupación de lugares de trabajo y
estudio y la masificación de esta pelea deben ser las
palabras de orden de las corrientes revolucionarias.
Notas:
1.
Por supuesto, la responsabilidad a la que aludimos es una responsabilidad
política; de ninguna manera que Kirchner o su gobierno
como tales estén involucrados en la desaparición de López.
2.
En nota aparte se analizan las implicancias de esta figura
jurídica.
3.
Hay compañeros que creen que el grupo fascista que secuestró
a López es semejante a la Triple A de los 70. Esto no es así.
La Triple A bajo el último gobierno de Perón era una
organización paramilitar alentada y amparada desde el
propio gobierno. No es para nada el actual caso:
Kirchner no alienta ni ampara a los secuestradores de López,
ni éstos tienen la capacidad operativa de la Triple A. Más
bien se trataría de sectores residuales y/o en actividad de
la propia Bonaerense, lo que no quita la
“profesionalidad” con la que han llevado a cabo el
secuestro y eventual asesinato de López.
|