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Esteros
del Iberá
D’Elía
y el cuento de la expropiación
Por Oscar Alba
El conflicto en
Corrientes alrededor de la propiedad de tierras estratégicas,
parte del acuífero Guaraní, y la intervención de la
“tenaza justiciera” de Luis D’Elía plantean el
problema de cómo defender de manera efectiva los recursos
naturales del saqueo imperialista.
A nadie escapa que desde
hace unos años se desarrolla una pelea por la posesión de
los recursos naturales del planeta, que se están agotando o
directamente inutilizando por la acción de empresas
multinacionales que, con la complicidad de los gobiernos,
lucran cotidianamente a costa de la destrucción de selvas,
cerros, llanuras, ríos y mares, buscando crear sus
“enclaves ambientales”. El gas, el petróleo, el agua y
otros recursos naturales están en la mira del imperialismo
y los capitalistas, que no miden métodos, leyes ni
maniobras para lograr su objetivo, mientras que los
trabajadores y las masas empobrecidas de todo el mundo
sufren las consecuencias de este verdadero expolio
capitalista.
El
conflicto en los Esteros del Iberá
Es en este marco general que
tenemos que ubicar el conflicto político suscitado en
Corrientes cuando el piquetero devenido subsecretario del
gobierno kichnerista, Luis D’Elía, rompió los candados
que cierran los campos de la estancia El Tránsito y unas
240.000 hectáreas que encierran parte del acuífero Guaraní.
Dos días después el mismo D’Elía aseguró que impulsaría
junto a diputados nacionales una ley de expropiación para
que el estado resguarde sus recursos naturales estratégicos.
La intervención de D’Elía en el
paraje Yahaveré, lindante con los esteros del Iberá, puso
sobre el tapete el conflicto de propietarios, productores
forestales, trabajadores y comunidades originarias alrededor
del proyecto de la Naciones Unidas, que supuestamente busca
aportar a la preservación de las 1.300.000 hectáreas que
conforman la Reserva Natural del Iberá. Este proyecto está
impulsado por el Programa de las Naciones unidas para el
Desarrollo (PNUD), financiado “por el Fondo mundial
para el Medio ambiente (GEF por sus siglas en inglés) y
ejecutado por la ONG Ecos” (La Nación, 27-8-06).
El proyecto despertó la inquietud de los distintos sectores
sociales de la provincia que entrecruzan y enfrentan
intereses cotidianamente.
El
dueño de los campos en donde D´Elia irrumpió con su
tenaza justiciera es Douglas Tomkins, un millonario
estadounidense que preside la fundación ecologista
Conservations Land Trust (CLT), la cual, desde hace ya
varios años, en aras de la filantropía ambiental ha venido
comprando tierras también
en la Patagonia y Chile. Estas tierras del sur han sido
reconvertidas en “protegidas”. Mientras, Tomkins ha
seguido con su cruzada millonaria a la sombra de los
gobiernos. Curiosamente, “a pesar de que la organización
que encabeza figuraba en varios de los documentos, el
multimillonario ha negado con insistencia su vinculación,
la última vez en la Legislatura de Corrientes” (La
Nación).
En Corrientes, Tomkins ha
sido denunciado por echar y amenazar a antiguos habitantes
de la zona, por haber tirado abajo una escuela dentro de sus
campos y por haber cerrado caminos de paso.
La
disputa por los esteros del Iberá se muestra hoy como un
entramado de intereses con organizaciones, millonarios y
funcionarios políticos nacionales y provinciales. No se
puede decir que la mayor reserva de agua dulce del mundo está
siendo amenazada. Ya está siendo atacada por los
capitalistas. Tomkins es el rostro visible de este saqueo.
Pero entre muchos de los que lo denuncian, comenzando por
D’Elía, que se apoya en un problema real de los
pobladores de la región, también está la carroña
capitalista.
La
defensa de los recursos naturales también es una lucha
contra el gobierno
A poco que
D’Elía anunciara que en el Congreso iban a trabajar una
ley de expropiaciones, el jefe de gabinete Alberto Fernández
dejó claro que el Gobierno no apoya la iniciativa del
subsecretario de Hábitat Social. De esta manera, mientras
D’Elía abría tranqueras mediáticas en el litoral, el
gobierno comenzaba a cerrar candados legales.
Alberto
Fernández afirmó que al gobierno le preocupa la cuestión
de las tierras en manos privadas. En realidad, al gobierno
lo que le preocupa es bajo qué condiciones los capitalistas
se adueñan de estos espacios, y en este caso tiene a D’Elía,
como latiguillo funcional a sus necesidades políticas. D’Elía
fue a Corrientes no sólo para abrir un camino cerrado por
Tomkins a los pobladores de la zona, sino también para
abrir el camino a una posible negociación, en mejores
condiciones, con el multimillonario Tomkins. Es curioso que
este fantoche extraoficial de Kirchner aún no haya
promovido, por ejemplo, la expropiación de los inquilinatos
donde, desde años, se hacinan familias pobres, y en cambio
corra a ladrar a los campos de Corrientes. Los trabajadores
y los pueblos originarios de Corrientes no pueden confiar en
él, como tampoco en Kirchner y el gobernador Arturo Colombi,
un radical de los que ahora se recuestan del lado del
presidente, que también descartó de plano toda iniciativa
expropiadora.
En
Latinoamérica hemos asistido recientemente a
“expropiaciones” de tierras en Venezuela y Bolivia. Los
gobiernos de Chávez y Evo Morales las han puesto como
conquistas de sus gobiernos para los trabajadores y los
sectores populares y campesinos. No obstante, estos repartos
han sido fundamentalmente de tierras improductivas o
fiscales. Es decir, no han tocado en absoluto la estructura
de la propiedad agraria capitalista, uno de los puntos
fundamentales en donde se asienta la economía de los
campesinos pobres de esos países. En Venezuela, muchos
campesinos han sido muertos por las bandas armadas de los
terratenientes en su intento de ocupar tierras para poder
sobrevivir.
El
gobierno de Kirchner ni siquiera habla de expropiar. El caso
de Corrientes es una muestra clara de la política de este
gobierno burgués hasta la médula.
Muchos
trabajadores conocen cómo estos millonarios al estilo de
Tomkins compran tierras bajo las cuales yacen los recursos
naturales más preciados. En este sentido, la lucha contra
el saqueo de la biodiversidad y el remate del territorio
nacional debe incorporarse a la lucha global contra el
gobierno peronista y contra el sistema capitalista desde una
óptica de clase. Debemos pelear contra los enclaves
ambientales que promueve el imperialismo en nuestro país,
luchando para que estos espacios sean declarados bienes públicos
e inalienables, así como por la estatización con control
de los trabajadores y las comunidades originarias de la
producción y la preservación de esos lugares.
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