Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 86, 31/08/06
 

 

 

 

 

 

¿Hacia un instrumento político de los trabajadores?

Las semillas del Marzo Paraguayo

Agrupamiento por el Socialismo

Reproducimos la editorial del periódico de Agrupamiento por el Socialismo, nuestros compañeros de Paraguay. En este país comienzan a soplar los vientos del resto de la región. Aparecen nuevas figuras que buscan emular a Evo Morales o Chávez, como monseñor Lugo. Por esto es tan importante también en ese país la pelea por poner en pie una herramienta política clasista alternativa a cualquier variante frentepopulista y de conciliación de clases.

El marzo paraguayo marcó a sangre y fuego un antes y un después en la conciencia de los trabajadores y el pueblo explotado en general. Y aún hoy soplan con fuerza los vientos que traen consigo los recuerdos de los gritos y disparos en la Plaza. Las 35.000 personas que salieron a las calles el 29 de marzo pasado gritando ¡Dictadura nunca más! como un no rotundo al intento de Nicanor de autoprorrogarse en el poder, manifestándose por un ¡basta de dictaduras y de dictadores!, son el producto de la maduración en la conciencia de los trabajadores y el pueblo de las semillas del marzo paraguayo. Es la negativa férrea a una vuelta atrás, la afirmación de que no se va a transigir ni especular con las conquistas democráticas que tanta sangre nos han costado.

Sin embargo, a pesar de esta conquista política, actualmente nos encontramos con un fenómeno contradictorio. La gran contradicción no está –centralmente– en la conciencia de los y las 35.000 personas, organizaciones sociales, de trabajadores, colectivos e individualidades que dieron, en este contexto, su apoyo a Resistencia Ciudadana participando bajo su convocatoria, sino en las figuras y organizaciones que son hoy su dirección política.

Hoy algunos ven hasta con sorpresa que uno de los principales implicados en la masacre de las plazas frente al Congreso hoy llegue a presidirlo. De la mano de una “concertación” producto del proceso iniciado con Resistencia Ciudadana, los que asumieron la dirección de un frente único entre diversos sectores conformado contra la dictadura y el autoritarismo votaron en el parlamento para que González Quintana, oviedista de pura cepa, condenado por las muertes de estudiantes y campesinos durante el marzo paraguayo, ocupe la presidencia del Congreso.

Una de las mayores contradicciones de Resistencia Ciudadana y de la futura “concertación opositora” está en el carácter nada democrático y progresista de los principales partidos que componen la dirección política de la misma, concretamente Patria Querida, el PLRA y el UNACE.

Ese es el gran dilema de Resistencia y de la “concertación”, por más amplia que sea la participación de gremios trabajadores y de organizaciones sociales ampliamente enraizadas en las luchas del movimiento popular que apoyan a este frente por verlo, erróneamente, como un instrumento válido para llevar adelante las luchas de los explotados. Terminan siendo furgón de cola de partidos patronales y latifundistas, y, como en el caso del oviedismo, abiertamente antidemocráticos y con las manos manchadas de sangre.

Y qué nos puede sorprender de un partido como Patria Querida, al cual no le tembló la mano en absoluto para concebir algo tan atroz para el nivel de vida de los trabajadores como el impuestazo, o la aprobación y firma de la inmunidad para las tropas yanquis que ingresaron a nuestro territorio. Evidentemente, no les va a costar nada votar por alguien responsable del asesinato de jóvenes estudiantes.

La cuestión de fondo es de clase, no la llamada “alternancia democrática”

Siempre se recuerda como balance del marzo paraguayo que el gobierno producto de esa verdadera rebelión popular fue, paradójicamente, mucho peor que el que fuera derrotado por aquella heroica movilización de estudiantes, obreros y campesinos. Efectivamente, tanto González Macchi como sus secuaces no tenían mucho que ver con las reales aspiraciones de los luchadores y mártires del marzo paraguayo.

Ése es el problema de fondo: en aquella lucha, a pesar de que el pueblo en las calles derribó a un gobierno por autoritario y neoliberal, el poder termina en manos de otro grupo gobernante, que sacando cuentas al final es tan represivo y neoliberal como el anterior. ¿Por qué? Porque la alianza de los partidos políticos defensores de los intereses de los patrones y terratenientes que formaban parte del Congreso durante el curso de esa rebelión hicieron todo lo posible por desmovilizar, absorber y desviar el proceso desencadenado en la conciencia del pueblo trabajador.

Y lo más importante es que esto sólo fue posible porque no existía un polo político independiente que reflejara y canalizara la fuerza de este ascenso y lo llevara consecuentemente hacia adelante. Ese polo sólo podía ser un polo clasista, es decir, que representara los verdaderos intereses de la rebelión popular, los intereses de los trabajadores, los campesinos, y los estudiantes.

El vacío de poder, la falta de una alternativa real propia de los y para los trabajadores, independiente, clasista, y con metas que van más allá de meras reformas democráticas y donde se plantee consecuentemente como programa histórico trascender el sistema capitalista, sólo conduce a una vía muerta a cualquier iniciativa que pretenda cambiar algo de fondo en este país.

Los organizaciones que depositan su esperanza en Resistencia Ciudadana y en la “concertación” con Fernando Lugo a la cabeza –aunque esto sea una expresión de cómo los llamados “sectores sociales” están viendo la forma de expresarse políticamente, y es un salto enorme ver la necesidad de proponer alternativas de poder– buscan en la alternancia al viejo aparato burocrático que maneja el estado paraguayo, la ANR, la solución a todos los males que nos aquejan socialmente, y están errando el camino.

Pues la alternancia que conciben parte de la premisa falsa de la necesidad de aliarse con los partidos burgueses que se hacen llamar de “oposición” para, según ellos, poder enfrentar con éxito en las elecciones de 2008 a la burocracia colorada. Precisamente esta alianza con los mismos partidos que traicionaron el marzo paraguayo, incluyendo al que estaba en la vereda de enfrente apretando el gatillo, es un nuevo intento de absorber, maniatar y desviar el proceso de politización creciente de los trabajadores, producto de la lenta recomposición que se está gestando en los últimos dos años.

Reactivar el Frente Único de los trabajadores del campo y la ciudad

Seguimos sosteniendo que el Frente Nacional de Lucha por La Soberanía y la Vida, que aglutinaba en su seno a las más combativas organizaciones obreras y campesinas de nuestro país, debió tomar como suya la discusión de construir una herramienta política de los trabajadores. Sin embargo, varios gremios que lo conformaban decidieron dar su apoyo a la “concertación”, dejando de lado al FNLSV. No nos referimos a la vieja burocracia corrupta de ciertas centrales fantasmas que intenta aparecer en la palestra pública nuevamente, sino a otras organizaciones, que, como ya dijimos, creen realmente que sólo la figura de Fernando Lugo, con los sapos a ser tragados que le siguen, pueden cambiar la desesperante situación en que vivimos.

Nuestra posición es que sólo un polo independiente de los trabajadores del campo y la ciudad puede garantizar la salvaguarda de las conquistas democráticas y la profundización de las mismas. Independiente de los partidos que representan a los patrones y latifundistas como Patria Querida, el PLRA o el UNACE, cómplices del Partido Colorado y el imperialismo en el saqueo y la explotación de las clases trabajadoras.

No perdamos más tiempo: las luchas de trabajadores urbanos y la vuelta a escena del combativo campesinado necesitan ser unificadas y fortalecidas y al mismo tiempo realizar la discusión de la necesidad histórica de esta herramienta política clasista, combativa, anticapitalista y revolucionaria. Debemos reactivar el FNLSV y que en su seno se discuta ampliamente en las bases la construcción de nuestra propia herramienta política.

Sólo una alternativa clasista puede garantizar la conquista de los derechos básicos que hoy nos son negados sistemáticamente, como la salud, la educación, la vivienda, el derecho a un empleo digno y el acceso a la tierra. Sólo si las organizaciones de lucha obreras, campesinas, barriales, y estudiantiles van a la cabeza, con sus propias reivindicaciones, se podrá empujar el proceso a la izquierda.

Hacemos un llamado a los sectores del movimiento que hoy ven a la “concertación” con esperanzas a que rompan con la burguesía, con los partidos patronales y latifundistas, y construyamos juntos la herramienta política de los trabajadores, los campesinos, los estudiantes, las organizaciones barriales y de base, con el pueblo explotado en general.